Número 174/febrero/2004

El poder de la oligarquía financiera se pone de manifiesto para cerrar filas en Estados Unidos en las elecciones de éste año, hoy como antaño las dos prominentes estructuras políticas de la gran burguesía norteamericana van tras la presidencia de la superpotencia.

Los candidatos pronuncian palabras adormecedoras de cara a las masas, y hasta Bush se pone piel de cordero y lanza lemas de compasión por el mundo. Demócratas y republicanos no tienen nada que ofrecer a las masas en Estados Unidos que no sea para empeorar su situación. Unos y otros hoy como ayer tocan las puertas de los grandes magnates para contar con los recursos suficientes para apuntalar a su favor el proceso electoral.

Ante este circo político la oligarquía se muestra complacida otorgando a todos algo de sus arcas con la seguridad de que ambos partidos son garantía para sostener su poder como hasta ahora. Claro que Bush, que ha demostrado no sólo ser un fascista redomado, sino un eficiente servidor de los monopolios, se encuentra hasta el momento en las preferencias del gran elector (que ahí es más abiertamente visible: el capital financiero), contando con una bolsa electoral de 100 millones de dólares, y no es para menos, él ha elevado las arcas de los magnates a costa del empobrecimiento de las masas de Estados Unidos (44 millones para la primera potencia mundial).

Las clases dominantes en Estados Unidos se sienten más seguras con Bush, pues éste, es el elemento idóneo para la grave situación a que ha llegado el capitalismo mundial y particularmente los Estados Unidos, donde se destaca el estancamiento de la economía, las crisis, la paralización de los mercados y la fuerte competencia interimperialista; los oligarcas saben perfectamente que la política a tono con los acontecimientos actuales es la que sustenta George Bush, el intervencionismo, la militarización económica, la fascistización de su país, las guerras por mercados y territorios, el acecho a los rivales, las guerras de rapiña y el saqueo despiadado sobre los pueblos del mundo y de los propios Estados Unidos.

Sin embargo, se debe reconocer que Bush, John Kerry o cualquier otro son piezas del tablero en la política de la oligarquía financiera, unos mejores que otros, aunque a la oligarquía no le interesan los tipos brillantes, sino los eficientes y firmes para ejercer el poder como aconsejan los altos intereses de la hegemonía mundial del gran capital yanqui.

No hay otra cosa qué esperar bajo el dominio de la oligarquía financiera y el resto de sectores de la burguesía norteamericana. Las elecciones bajo el poder de la prensa, la televisión, y todas las expresiones del gran capital llevan el sello de la democracia capitalista, turbiedad de negocios, dictadura de los trust y cartels, apuntalamiento de los monopolios, incremento de impuestos a las masas, subsidio a las empresas, superexplotación de inmigrantes, etc.

De lo demás que hemos de ser testigos este año, son las clásicas manipulaciones de imágenes para atolondrar a un pueblo de por sí bastante sumido en las redes del control ideológico. Y por si fuera poco, el chantaje sobre los terrorismos, las bondades de la democracia americana, la migración, etc. Para cautivar las mentes del pueblo y no volver a enfrentarse a las vergüenzas de las anteriores elecciones resueltas por el fraude “legal”, aunque en última instancia, si las pugnas interoligárquicas se complican, cualquier vía servirá para guardar los altos intereses de los monopolios.

Los magnates yanquis en la voz de sus serviles políticos quieren hacer creer a las masas que en esta contienda “se pondrán en juego los valores de la democracia”, lo cual constituye un simple ardid, para inducir a la participación electoral y darle a la farsa su condimento “popular”, ante la ausencia de expresiones claras de las masas que pudiesen manifestar entusiasmo. En la política de la burguesía norteamericana pregonar bienestar a las masas se ha convertido en una vulgar demagogia, a la que sólo “embellece” el derroche de recursos, hablar de desarrollo para el país ya no significa otra cosa que no sea ensanchamiento de ganancias para las clases privilegiadas, disertar sobre justicia y libertad ahora que se amedrenta y persigue a las masas no significa otra cosa que régimen fascista que cierra filas contra las masas para resguardar el patrimonio de la oligarquía.

La democracia en Norteamérica no es otra cosa que la democracia del gran capital para explotar y oprimir a las masas; situación que se renueva y fortalece en cada elección, Detrás del parapeto de la gran república yanqui está la más consagrada dictadura del capital, el poder de los monopolios, el régimen de los grandes Bancos y de las poderosas industrias, el poder de los Morgan, Rockefeller y Gates.

Las elecciones de Estados Unidos deben ser repudiadas por las masas, la oligarquía financiera junto con su régimen de explotación y miseria debe ser combatida, las masas en Estados Unidos tendrán que pasar por el tránsito de reconocerse en su condición proletaria, en su condición de enemigos irreconciliables con la burguesía, en su condición de desposeídos. La reconstrucción del movimiento comunista en Estados Unidos es una tarea urgente, el sostenimiento de la lucha de clases del proletariado es urgente en el corazón mismo de este país.

En este 174
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