Número 174/febrero/2004

América Latina en la órbita de la dominación imperialista
¡¡A PROFUNDIZAR LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO Y EL CAPITALISMO!!
¡¡A FORTALECER EL FRENTE UNIDO CONTRA EL IMPERIALISMO!!
¡¡A PREPARAR LA HUELGA POLITICA NACIONAL!!

Las transnacionales y los grandes bancos yanquis, en primer lugar, junto con las oligarquías nacionales, detentan el control en todos los órdenes de la vida, aún cuando son naturales algunas desavenencias de mayor o menor calado entre ellos.

El imperialismo yanqui maniobra en América Latina para afirmar su dominio organizativo, político, económico, militar e ideológico.

Control monopolista sobre sus recursos.

Emigración de millones de seres humanos a las grandes metrópolis del mundo.

Este dominio, ha hecho de América Latina una región con más de 300 millones de seres humanos en la miseria, sujetos a los voraces apetitos de las tradicionales oligarquías y de los imperialistas de todo el mundo. América Latina está sujeta a las cadenas del neocolonialismo y en algunos casos, del colonialismo; lo que prevalece en el subcontinente es una gravosa deuda externa, la extrema explotación de la clase obrera, miseria generalizada en el campo, desempleo masivo.

Control sobre sus políticas económicas por medio de instituciones imperialistas.
Intervencionismo político desde Washington.

Control imperialista sobre sus territorios, sus mares y espacio aéreo.
Trasculturación, y descomposición social.

Sin embargo, la crisis que enfrentan los imperialistas, y que repercute catastróficamente sobre la América Latina, les impulsa constantemente al expansionismo, a costa de una mayor pauperización de las masas y del sometimiento pleno sobre las mismas burguesías nacionales y sus estados.
La crisis de los Estados Unidos y la competencia creciente de los monopolios europeos en la región, ha dado como resultado la profundización de la política fascista de los imperialistas yanquis y de los regímenes locales, para afianzar su hegemonía.

Este conjunto de fenómenos de intereses políticos económicos y militares de los imperialistas encuentran en las burguesías de América Latina (pese a las discordias por la distribución del pastel, -extracción de plusvalía-), el respaldo en lo sustancial, pues de ello depende su propio sostenimiento ante las constantes acciones de descontento de las masas.

De la pasada Cumbre Extraordinaria de las Américas, las masas no podían esperar nada positivo, dicho evento fue un escenario montado para que Bush proyectara al mundo la máxima yanqui de “América para los norteamericanos”, y con ella, poner a tono el carácter de la dominación y los ejes a consolidar: 1.- El control monopólico norteamericano, 2.- Mantener la deuda externa, 3.- Exigir la total apertura de las economías latinoamericanas, 4.- Imponer trabas al capital europeo en América Latina, 5.- Suspender el derecho de las naciones a la autodeterminación, 6.- Hacer inamovible la política neoliberal, llevándola de ser posible a nuevos proyectos constitucionales, 7.- Asegurarse la apertura de nuevas bases militares desde México hasta Argentina y Chile, 8.- Anular los derechos conquistados por las masas trabajadoras, ganar terreno frente al salario, doblegar y desaparecer a los sindicatos, 9.- Apuntalar la contrainsurgencia y desmantelamiento de las movilizaciones y organización revolucionarias y aún económicas de las masas.

En la Cumbre de Monterrey del 12 y 13 de enero, los yanquis tendieron las celadas más ridículas para “cazabobos” con sus iniciativas de política migratoria para acallar voces de descontento sobre la política general, en las cuales no se comprometen más que a registrar en una papeleta los nombres de los inmigrantes, pero manteniendo su condición de fuerza de trabajo sobreexplotada, sólo Fox y algunos otros presidentes le vieron sus puntos buenos, de más está decir que la política de Bush en este terreno se sujeta a dos líneas fundamentales, una es asegurarse las simpatías del electorado, y la otra es lanzar un plato de lentejas para que se le entreguen las riquezas de América Latina. Algo más ruin que delata la faz del foxismo, fue el hecho de que a pesar de que a Fox se le presentaba una situación favorable para sacar mejor partido de la situación de los migrantes (claro que mejor partido para la clase que representa), dejó pasar el momento y terminó aceptando la burla yanqui; como terminó aceptando ser parte del juego electoral al aceptar la invitación de Bush a reunirse en los Estados Unidos y servirle de parapeto a su demagogia de “buenas relaciones” en el sentido de captar al electorado de origen mexicano.

Se resaltó de esta cumbre además la búsqueda de soluciones al problema del narcotráfico, el terrorismo y la corrupción; al margen de su moral protestante, se trata de tres negocios de gran importancia para los imperialistas, uno que como antaño busca destronar a los carteles latinoamericanos para asegurarse del negocio de las drogas (recordemos nada más que los beneficiarios del lavado de dinero en Estados Unidos han resultado ser las grandes corporaciones bancarias); el segundo negocio bien sabemos los resultados para apoderarse de países enteros y al mismo tiempo socavar la lucha de las masas por su emancipación; y el tercero, el de la corrupción, como siempre los yanquis se van de la lengua, pues la corrupción institucional de su país es la mayor del mundo, son ellos además los que compran presidentes para que les sean plenamente incondicionales, otorgándoles grandes recursos y hasta haciéndoles socios de sus empresas, sólo tomemos en cuenta a Fox, Zedillo y Salinas, pero no olvidemos la compra de secretarios de estado, diputados, etc.
Los intereses de los imperialistas tienen su eje asentado en su condición de gran potencia, sobre el cual las burguesías de América Latina buscan sacar alguna ventaja en unas condiciones que les son poco favorables dada la beligerancia imperialista y su capacidad. Pero aún en estas desventajas, lo que vemos es la actitud entusiasta, condescendiente y benévola de la mayoría de las burguesías y sus políticos, e incluso se percibe en los que, aparentemente, cuestionan el status quo imperialista, como el presidente de Argentina, simples rabietas por el atrevimiento de los yanquis a escupirles en su indumentaria de sacrosantos gobernantes, y de Chávez de Venezuela, su aceptación “a disgusto” y con “reservas” de lo dispuesto por los imperialistas.

En estas condiciones, es fundamental que el movimiento de masas en nuestro país y en América Latina siga marchando en torno a la acumulación de fuerzas, abanderando la lucha antiimperialista, afirmando las tareas revolucionarias y desenmascarando los intereses de la burguesía nacional y los imperialistas. Hoy vamos marchando rumbo a la Huelga Económica y Política Nacional de Masas, para cimentar las bases de un sólido movimiento de la clase obrera, donde el antiimperialismo es uno más de los compromisos de acción de nuestros pueblos.


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