Número 174/febrero/2004

Contra la política de exterminio de
las normales rurales

A partir de la creación de las normales rurales en 1922, éstas se caracterizaron por ser instituciones que representaban una oportunidad de acceder a la educación y al empleo digno para los hijos de campesinos pobres, así como apoyo para la atención de las zonas rurales marginadas. La fundación en sí de estas escuelas y la orientación socialista que en la década de los 30, que se adoptó a través de la Federación Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), fueron algunas de las causas de que se impulsara no solamente la participación en la lucha campesina por parte de los estudiantes normalistas, sino en toda la problemática que envuelve las luchas populares, como los movimientos de ferrocarrileros, maestros, médicos, petroleros, las huelgas obreras etc. Durante muchos años también las normales rurales contribuyeron con un sin número de luchadores.

Los ataques del estado mexicano que desde entonces iba en el camino de fortalecerse como aparato de control de la clase burguesa no se hicieron esperar, desapareciendo algunas normales, principalmente en el período de Díaz Ordaz, por lo que quedaron solamente 17; desde entonces el estado ha pugnado por cerrar las que restan por medio de presiones económicas y provocaciones que tienen como finalidad evidenciar falsamente ante la sociedad “la necesidad de terminar con las normales rurales”, combinando esta campaña de desprestigio con una represión sistemática que aumentaba a la par de la radicalización de los normalistas.

A pesar de esto, el propio sistema de internado y la organización política de los estudiantes cuya máxima expresión fue la creación de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) sentó las bases para crear las condiciones que permitieran el compromiso de las normales con la defensa de los derechos del pueblo, ésto quedó plasmado en los estatutos de la FECSM, según los cuales: “… es una organización democrática, combativa y revolucionaria, sus sociedades serán consideradas como centros de educación política de acuerdo a las leyes objetivas del desarrollo social al que permitirán la ubicación del movimiento estudiantil en su papel histórico como aliado del proletariado por la destrucción del estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado.”, así es como, enarbolando el marxismo-leninismo como guía ideológica y práctica “…en pro de un régimen que lleve a una igualdad económica, política y social.” (Estatutos), los normalistas supieron defenderse durante todos estos años de la embestida contra la educación como un derecho básico del pueblo a la par de la lucha popular.

Sin embargo en la última década los ataques cada vez más fuertes del estado (Mactumatzá, Chis.; Amilcingo, Mor.; Atequiza, Jal.; El Mexe, Hgo.; y Tamazulapan, Oax.), el cerco político y policiaco, y la propaganda reaccionaria del Estado; coincidieron con una etapa de reflujo en la que se dejaron ver vicios arrastrados por estructuras organizativas de cada escuela y por la federación misma: la reivindicación en el discurso pero no en la práctica de sus propios estatutos, el distanciamiento hacia las organizaciones políticas y sociales solidarias, la condena hacia los activistas normalistas por acercarse a estas organizaciones, el relegar la importancia del papel del trabajo político entre las mismas masas, lo que devino después en la polarización entre la dirección y la base estudiantil, y el limitarse a la mera lucha estudiantil por demandas económicas; en el fondo, estos problemas han sido parte de la misma estrategia del estado para aislar a las normales y facilitar su erradicación; lo cual ha dado origen a la crisis por la que actualmente pasa el normalismo rural.
El proceso de reforma (así llamado para maquillar el exterminio) a las normales rurales que comenzará a aplicarse en agosto de este año según la SEP, consistente en la disminución de la matrícula, el cambio de sistema de internado por becas externas, el arrebato de las plazas magisteriales automáticas que constituían uno de los derechos primordiales, la implantación de un plan de estudios de carácter politécnico, etc., parece ser el golpe maestro que las autoridades esperan para asestar en el momento más crítico de la organización política normalista, englobando este golpe dentro del paquetazo que la oligarquía financiera en el poder pretende imponer al pueblo mexicano, tirando por la borda todas las conquistas que le han costado sudor y sangre a la clase obrera y al pueblo trabajador.

La cuestión es clara: si bien en el discurso burgués se manifiesta el argumento de que sobran maestros, por el contrario existe la tendencia a valerse de soldados para la educación primaria, de los promotores de CONAFE y abrir nuevas normales, lo cual en sí no es negativo, sino el enfoque bajo el cual son empleados estos “recursos”, más baratos para desplazar la oferta de los internados, a golpe de represión a éstas últimas y de las campañas oficiales de desprestigio; en las nuevas escuelas normales la preparación de los futuros profesores ha perdido los más destacados aportes de la formación pedagógica en aras de la “innovación” al estilo de la escuela norteamericana con escaso aporte humanista.

Es visible también que lo que pretende el Estado es poner a venta la enseñanza normalista, y para ello busca deshacerse de la oferta educativa de las normales rurales como sistemas de internados con todas sus ventajas económicas y educativas, que fue el pilar para que más del 90 % de los alumnos pudieran terminar sus estudios, promocionando las normales urbanas o semirurales donde el estudiante deba pagar por su enseñanza, y sin lugar a dudas, en las redes de la corrupción, a su vez, no faltan los intereses por pasar a apoderarse de los recursos que hasta ahora se destinan a estas escuelas. Tal es la forma como hoy pretenden arrebatarnos esta conquista.

La lucha normalista rural debe vincular nuevamente la problemática estudiantil con la lucha de clases actual desechando los actos contestatarios, sectarios y gremialistas para contrarrestar la política divisionista del gobierno y avanzar en el aseguramiento de las condiciones necesarias para la educación normalista y para toda la educación en general, en este sentido es necesario construir una Central Estudiantil Revolucionaria que impulse una ofensiva contra el reformismo y el oportunismo al seno del movimiento estudiantil, que permita unificar las fuerzas democráticas y revolucionarias cuya tarea sea hacer del movimiento estudiantil una fuerza permanente de organización alrededor de la lucha del pueblo con alcances no solamente nacionales sino internacionales también, es decir que impulse la lucha contra el imperialismo y el fascismo en el mundo. El normalismo rural tiene una sola opción: sostenerse al calor de la lucha revolucionaria del proletariado.

En este 174
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