Anteriormente habíamos hablado en Vanguardia Proletaria de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, decíamos que aunque parte de la lucha contra el sistema es la denuncia y la agitación contra la corrupción, ésta no puede ser la única alternativa, sino la lucha contra la piedra angular de este sistema: el capital, su obtención mediante la plusvalía que sume en la miseria al obrero y su santificación en propiedad privada.
Por estas fechas la preocupación de organismos internacionales ha aumentado, la ONU ha realizado una investigación sobre derechos humanos en México y sobre el caso de las muertas de Juárez en particular. Por su parte, Amnistía Internacional se ha reunido con funcionarios federales sobre el asunto, sin que estos últimos hayan hecho nada importante. Por otro lado, el 26 de noviembre marcharon en la Ciudad de México cientos de mujeres para protestar contra la impunidad en los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua; la marcha acabó con una entrevista entre una comisión de las manifestantes con Vicente Fox.
Pese a todo esto, la situación real de las mujeres -sobre todo obreras- no ha cambiado, tampoco se han esclarecido los crímenes.
Repasemos.
En general los asesinatos de mujeres han aumentado en el país según la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones sociales, pero para Patricia Espinosa Torres, directora del Instituto Nacional de las Mujeres, de la Secretaría de Gobernación, no hay indicios de esto.
La ONU ha realizado una investigación (Proceso, 1414) donde centra sus resultados en la corrupción de las autoridades. Identifica negligencias tales como “la falta de seguimiento en los casos, la pérdida de la información, descuido en las escenas del crimen, la ausencia de peritos en pruebas científicas como el ADN, el retraso en los informes policíacos, la falta de un sistema de protección de testigos y de un programa de capacitación técnica para los reporteros que cubren la información.”
Incluso el gobierno italiano pedirá revisar el caso en la reunión entre la Unión Europea, América Latina y el Caribe, en mayo del 2004.
La misma Amnistía Internacional ha documentado la actitud de las autoridades frente al problema: “En más de una ocasión las mismas mujeres fueron culpadas de su desaparición y asesinato debido a su forma de vestir o por trabajar de noche en bares. Pasados los años, en febrero de 1999, el ex Procurador de Justicia del Estado, Arturo González Rascón, todavía afirmaba que ÌLas mujeres que tienen vida nocturna salen a altas horas de la noche y entran en contacto con bebedores, están en riesgo. Es difícil salir a la calle y no mojarse.ì ì” (página web de AI)
Pero este “interés” de las organizaciones como la ONU no debe hacernos pensar ni en una solución de tajo a los crímenes de las muertas de Juárez, ni de las obreras de la frontera o de ninguna otra parte. Por ejemplo, el investigador designado por la ONU es el fiscal español Carlos Castresana, quien dio comienzo al juicio contra Pinochet; y si bien ha iniciado investigaciones importantes contra violaciones de derechos humanos en el cono sur, sería difícil que nos explicara porque estos mismos derechos humanos no se respetan con los pueblos de España (la prohibición de Herri Batasuna, por ejemplo).
Y esto es lo más natural en el orden burgués, es el mismo caso del juez Baltasar Garzón, que se erige en paladín de la democracia y los derechos humanos y persigue a los refugiados vascos en México violando tratados internacionales; tal y como era el caso de Luis Echeverría Álvarez en México, que dirigía la persecución contrainsurgente (llamada guerra sucia) en México al tiempo que daba asilo a refugiados de las dictaduras sudamericanas. Pero qué otra cosa se podía esperar de estos “candiles de la calle y oscuridad de su casa”.
El problema fundamental es el de la pobreza, pero no entendido en el sentido pequeño burgués de la exclusión social de un sector que se resolvería con políticas públicas dentro del marco del Estado burgués pro imperialista, sino que es un problema sistémico. Mientras sigan existiendo las relaciones de producción capitalistas la pobreza será el polo obligado de la “prosperidad”, ¿qué sería de las maquiladoras sin la mano de obra barata de las humildes mujeres de los cinturones de miseria de Juárez? Según la ONU “un gran número de mujeres viven aisladas física, social y culturalmente, con esperanzas de vida cortas, sin acceso a la educación, a la salud, a trabajos remunerados y servicios de apoyo a sus tareas domésticas, en tanto que otras han logrado su incorporación plena a la corriente del desarrollo del país” (citado por Proceso, 1414, p.12). Así, es claro que los asesinatos muchos de estos seriales- no son producto de las mentes perversas que se generan in vacuo, sino de las condiciones de explotación, de opresión en que las obreras y sus familias tienen que sobrevivir, de la “…violación sistemática a los derechos laborales.” (Ibíd.) Estas relaciones de producción, que generan las relaciones sociales, echan al traste el ideal conservador de familia. “Las adversas condiciones económicas y sociales de este grupo social provocaron una explosión de familias monoparentales: Sólo en 2001, 55.7% de los niños que nacieron en Ciudad Juárez fueron registrados como hijos de madres solteras…” (Ibíd.).
Vemos pues que las cantaletas de “fomentos de valores” de sectores neoconservadores de la derecha no son sino golpes de pechos de los mismos responsables de estos crímenes: la burguesía que fomenta y sostiene la explotación y la opresión capitalistas.
Nuestra solidaridad con las madres y las familias de las muertas de Juárez, nuestra condena al régimen responsable de las condiciones