Número 172/diciembre/2003
La cuestión de la unidad en la Jornada Nacional de Lucha por la Defensa de la Soberanía Nacional
La unidad de los poderosos, para perpetuar su dominación política y económica sobre los pueblos del mundo y garantizar la continuidad de la extracción de plusvalía a la clase trabajadora de todo el planeta, se concreta en la llamada globalización. Esta realidad plantea a los pueblos y al movimiento obrero de todos los países, la necesidad de tejer otra unidad, con un contenido diferente, que se proponga derrocar esta dominación imperialista, y encontrar los caminos para forjar una nueva sociedad sin explotados.

Bajo esta premisa el Frente Popular Revolucionario (FPR) participó en la Jornada Nacional Obrera Campesina y Popular por la Soberanía Nacional y Contra el Neoliberalismo. Reconocer la necesidad de la unidad es relativamente fácil, lo difícil ha sido siempre su concreción práctica. Ejemplos de esta afirmación nos lo enseña la historia del movimiento obrero y de liberación de todas las naciones. En cada movimiento o proceso político que se proponga acabar con toda dominación, se presentan y actúan las diferentes expresiones teóricas, ideológicas y organizativas que en definitiva tienen su fundamento y razón de ser en los diversos intereses de clase de los protagonistas. En cada uno de estos procesos, debemos anteponer los intereses de todo el movimiento a los intereses particulares de cada sector de clase mediante la identificación del problema más urgente e identificando el obstáculo principal a vencer.

Hablar de unidad y trabajar por ella no es algo nuevo en nuestro país. En otros momentos se han hecho esfuerzos importantes para hacer realidad esta aspiración, pero en la mayoría de los casos, dichos esfuerzos se han diluido en las luchas internas de los diversos actores, para desgracia de los de abajo.

Hoy reconocemos que se implementa, desde hace no menos de veinte años, una política de Estado que se ha dado en llamar neoliberalismo. La incertidumbre de los nuevos tiempos ha identificado a un culpable, a este enemigo que se encuentra arraigado en nuestra vida cotidiana. De manera sutil, en algunos sectores como los sindicalizados, de manera velada en otros de clase media, cruenta y salvaje entre los emigrantes, campesinos e indígenas de nuestro país, permanentemente ha golpeado, sin piedad, a los sectores más concientes y organizados de la clase obrera; este enemigo viene ganando terreno y se consolida con las medidas que implementa el régimen de Vicente Fox y el sistema de partidos, el cual mantiene y perpetua el poder de los banqueros, y dueños hasta hoy de nuestras vidas. El llamado neoliberalismo ha adquirido carta de naturaleza en nuestra conciencia, pero también viene ganando terreno el reconocimiento de la necesidad de su derrocamiento.

En este contexto se desarrolla la presente jornada de lucha, en la que el Frente Popular Revolucionario ha decidido participar en cada una de las actividades programadas. La jornada ha identificado una prioridad política que ha permitido aglutinar a diversos sectores de trabajadores organizados en los sindicatos nacionales, así como a organizaciones y corrientes políticas de un variado espectro ideológico organizativo. Detener las llamadas reformas estructurales, identificadas con las medidas neoliberales, se plantea hoy como tarea urgente y de primer orden.

Las primeras actividades de esta jornada han concluido, generando una expectativa importante de movilización unitaria, que adquiere incluso, una dimensión histórica. En la decisión del régimen queda el que se llegue hasta el punto de concretar un paro nacional.

Las actividades de la caravana por ejemplo, han permitido llevar la semilla de la inconformidad a diversos sectores de la población. A los no organizados y a los organizados como los sindicatos y las organizaciones sociales. Y han permitido la incorporación de importantes sindicatos nacionales como el Mexicano de Electricistas, el de Telefonistas, del IMSS y diversas e importantes organizaciones políticas y sociales del país.

La distribución de volantes, la realización de mítines en los lugares públicos y centros de trabajo, y de ruedas de prensa, contribuyeron a crear un clima favorable para las demás actividades, como la Convención Obrera y Popular en Defensa de la Soberanía y la mega-marcha el día 27 de noviembre. Esto ha permitido generar la inquietud por la lucha política, contribuyendo a comprender la necesidad de la organización y vinculación de los diversos sectores. La regularidad y sistematización de estas actividades permitirán que no solamente se incorporen las dirigencias de los sectores organizados, sino también, extender la participación a sus bases sociales y se incorporen en masa los sectores no organizados.

La importancia de esta jornada permitió, incluso, que personeros del propio sistema se hayan pronunciado en apoyo de las demandas y objetivos que se han planteado. Se manifiestan ya las rupturas en los instrumentos tradicionales de control político como son los partidos; en los sindicatos coorporativizados también se observan cosas novedosas. No sólo porque les preocupe directamente el hecho que puedan afectarse los derechos de sindicalización, de asistencia social y de huelga, sino también en virtud de que las dirigencias perciben el riesgo que implica ser rebasadas y se apresuran a pronunciarse a favor de la jornada de lucha y aún de la huelga general.

El balance de la jornada de lucha permite avizorar la posibilidad de avanzar en la perspectiva de la unidad, en un proceso amplio en el que se incluyen clases y sectores de clase diferentes. La clase obrera, los campesinos pobres y la pequeña burguesía, incluyendo algunos sectores de la burguesía mediana. Varias de estas clases quisieran que este proceso de unidad sirva solamente para defender los recursos naturales, energéticos y la soberanía, que abonen su propia lucha y tener la posibilidad para gobernar el país. Para que sean ellos, los sectores de la pequeña burguesía, quienes estén al servicio de la política de la oligarquía financiera. Es la burguesía financiera, y no otra clase, quien está detrás de todas las llamadas “reformas estructurales”, quien a la par de profundizar la explotación de la clase obrera, propicia la ruina de la pequeña empresa y las clases medias. A pesar de ello, no quisieran que la lucha contra el régimen rebase el marco capitalista, por eso están interesados en que algunos personajes o personalidades representantes de las clases medias y pequeña burguesía encabecen este proceso, temen que la lucha y la organización de los obreros y de los campesinos pobres pueda profundizarse y cuestionar la estructura económica y social sobre la que se sostiene esta sociedad. Por ello se incorporan a la lucha.

El Frente Popular Revolucionario, junto a otras fuerzas que buscan el cambio revolucionario en el país, tiene la tarea de cuidar que el presente proceso y descontento popular no camine bajo el cauce pequeño burgués. La tarea es empujar hacia una mayor confrontación con el régimen capitalista, con un perfil y contenido de clase proletario. Que sirva para despertar del letargo en que hasta hoy vive la clase obrera, la organice y la movilice, junto a su aliado estratégico, el campesinado pobre.

La incorporación de las masas a la actividad política, en defensa de sus derechos y de la Soberanía Nacional, es un elemento que garantiza la continuidad y el triunfo de nuestras tareas inmediatas. Consolidar estos éxitos pasa por construir los instrumentos organizativos de toma de decisiones y de movilización política, pasa por concretar una instancia organizativa que se perfile como una real Convergencia Nacional de Oposición Popular al Régimen, que le dispute, palmo a palmo, cada una de las esferas de dirección a este régimen que únicamente responde a los dictados de los monopolios internacionales y ha dejado de lado los intereses de la gran mayoría: los obreros, campesinos pobres y sectores populares.

Construir la unidad en esta perspectiva ha contribuido esta jornada de lucha y ha contribuido además a facilitar que una gran cantidad de expresiones políticas organizativas se manifiesten. Ha permitido, por ejemplo, que el Frente Popular Revolucionario, como propuesta organizativa amplia de masas del Partido Comunista de México (marxista-leninista), haya difundido sus objetivos políticos programáticos. Como lo es, la necesidad de discutir y trabajar por la instauración de un Gobierno Provisional Revolucionario, en que estén representados los intereses históricos de los trabajadores del campo y la ciudad, de los obreros y campesinos pobres.

Un Gobierno Provisional Revolucionario que garantice, haciendo realidad, el derecho al trabajo, a gozar de salud, a una vivienda digna, a educación. Un gobierno de obreros y campesinos que sea capaz de convocar y llamar a la unidad de todo el pueblo en la realización de una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular, a fin de que delibere y apruebe las nuevas leyes que han de regir en la nueva sociedad, a la que aspiramos, sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores, sin pobres ni ricos, sin la supeditación del trabajo al capital. Una Asamblea Nacional Constituyente que elimine el nefasto neoliberalismo que no es más que expresión moderna de la barbarie capitalista.

SOLO LA REVOLUCION SOCIALISTA ES CAMBIO.
¡¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!!
En este 172
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