La
unidad de los poderosos, para
perpetuar su dominación
política y económica
sobre los pueblos del mundo y
garantizar la continuidad de la
extracción de plusvalía
a la clase trabajadora de todo
el planeta, se concreta en la
llamada globalización.
Esta realidad plantea a los pueblos
y al movimiento obrero de todos
los países, la necesidad
de tejer otra unidad, con un contenido
diferente, que se proponga derrocar
esta dominación imperialista,
y encontrar los caminos para forjar
una nueva sociedad sin explotados.
Bajo esta premisa el Frente
Popular Revolucionario (FPR) participó
en la Jornada Nacional Obrera
Campesina y Popular por la Soberanía
Nacional y Contra el Neoliberalismo.
Reconocer la necesidad de la unidad
es relativamente fácil,
lo difícil ha sido siempre
su concreción práctica.
Ejemplos de esta afirmación
nos lo enseña la historia
del movimiento obrero y de liberación
de todas las naciones. En cada
movimiento o proceso político
que se proponga acabar con toda
dominación, se presentan
y actúan las diferentes
expresiones teóricas, ideológicas
y organizativas que en definitiva
tienen su fundamento y razón
de ser en los diversos intereses
de clase de los protagonistas.
En cada uno de estos procesos,
debemos anteponer los intereses
de todo el movimiento a los intereses
particulares de cada sector de
clase mediante la identificación
del problema más urgente
e identificando el obstáculo
principal a vencer.
Hablar de unidad y trabajar por
ella no es algo nuevo en nuestro
país. En otros momentos
se han hecho esfuerzos importantes
para hacer realidad esta aspiración,
pero en la mayoría de los
casos, dichos esfuerzos se han
diluido en las luchas internas
de los diversos actores, para
desgracia de los de abajo.
Hoy reconocemos que se implementa,
desde hace no menos de veinte
años, una política
de Estado que se ha dado en llamar
neoliberalismo. La incertidumbre
de los nuevos tiempos ha identificado
a un culpable, a este enemigo
que se encuentra arraigado en
nuestra vida cotidiana. De manera
sutil, en algunos sectores como
los sindicalizados, de manera
velada en otros de clase media,
cruenta y salvaje entre los emigrantes,
campesinos e indígenas
de nuestro país, permanentemente
ha golpeado, sin piedad, a los
sectores más concientes
y organizados de la clase obrera;
este enemigo viene ganando terreno
y se consolida con las medidas
que implementa el régimen
de Vicente Fox y el sistema de
partidos, el cual mantiene y perpetua
el poder de los banqueros, y dueños
hasta hoy de nuestras vidas. El
llamado neoliberalismo ha adquirido
carta de naturaleza en nuestra
conciencia, pero también
viene ganando terreno el reconocimiento
de la necesidad de su derrocamiento.
En este contexto se desarrolla
la presente jornada de lucha,
en la que el Frente Popular Revolucionario
ha decidido participar en cada
una de las actividades programadas.
La jornada ha identificado una
prioridad política que
ha permitido aglutinar a diversos
sectores de trabajadores organizados
en los sindicatos nacionales,
así como a organizaciones
y corrientes políticas
de un variado espectro ideológico
organizativo. Detener las llamadas
reformas estructurales, identificadas
con las medidas neoliberales,
se plantea hoy como tarea urgente
y de primer orden.
Las primeras actividades de esta
jornada han concluido, generando
una expectativa importante de
movilización unitaria,
que adquiere incluso, una dimensión
histórica. En la decisión
del régimen queda el que
se llegue hasta el punto de concretar
un paro nacional.
Las actividades de la caravana
por ejemplo, han permitido llevar
la semilla de la inconformidad
a diversos sectores de la población.
A los no organizados y a los organizados
como los sindicatos y las organizaciones
sociales. Y han permitido la incorporación
de importantes sindicatos nacionales
como el Mexicano de Electricistas,
el de Telefonistas, del IMSS y
diversas e importantes organizaciones
políticas y sociales del
país.
La distribución de volantes,
la realización de mítines
en los lugares públicos
y centros de trabajo, y de ruedas
de prensa, contribuyeron a crear
un clima favorable para las demás
actividades, como la Convención
Obrera y Popular en Defensa de
la Soberanía y la mega-marcha
el día 27 de noviembre.
Esto ha permitido generar la inquietud
por la lucha política,
contribuyendo a comprender la
necesidad de la organización
y vinculación de los diversos
sectores. La regularidad y sistematización
de estas actividades permitirán
que no solamente se incorporen
las dirigencias de los sectores
organizados, sino también,
extender la participación
a sus bases sociales y se incorporen
en masa los sectores no organizados.
La importancia de esta jornada
permitió, incluso, que
personeros del propio sistema
se hayan pronunciado en apoyo
de las demandas y objetivos que
se han planteado. Se manifiestan
ya las rupturas en los instrumentos
tradicionales de control político
como son los partidos; en los
sindicatos coorporativizados también
se observan cosas novedosas. No
sólo porque les preocupe
directamente el hecho que puedan
afectarse los derechos de sindicalización,
de asistencia social y de huelga,
sino también en virtud
de que las dirigencias perciben
el riesgo que implica ser rebasadas
y se apresuran a pronunciarse
a favor de la jornada de lucha
y aún de la huelga general.
El balance de la jornada de lucha
permite avizorar la posibilidad
de avanzar en la perspectiva de
la unidad, en un proceso amplio
en el que se incluyen clases y
sectores de clase diferentes.
La clase obrera, los campesinos
pobres y la pequeña burguesía,
incluyendo algunos sectores de
la burguesía mediana. Varias
de estas clases quisieran que
este proceso de unidad sirva solamente
para defender los recursos naturales,
energéticos y la soberanía,
que abonen su propia lucha y tener
la posibilidad para gobernar el
país. Para que sean ellos,
los sectores de la pequeña
burguesía, quienes estén
al servicio de la política
de la oligarquía financiera.
Es la burguesía financiera,
y no otra clase, quien está
detrás de todas las llamadas
“reformas estructurales”,
quien a la par de profundizar
la explotación de la clase
obrera, propicia la ruina de la
pequeña empresa y las clases
medias. A pesar de ello, no quisieran
que la lucha contra el régimen
rebase el marco capitalista, por
eso están interesados en
que algunos personajes o personalidades
representantes de las clases medias
y pequeña burguesía
encabecen este proceso, temen
que la lucha y la organización
de los obreros y de los campesinos
pobres pueda profundizarse y cuestionar
la estructura económica
y social sobre la que se sostiene
esta sociedad. Por ello se incorporan
a la lucha.
El Frente Popular Revolucionario,
junto a otras fuerzas que buscan
el cambio revolucionario en el
país, tiene la tarea de
cuidar que el presente proceso
y descontento popular no camine
bajo el cauce pequeño burgués.
La tarea es empujar hacia una
mayor confrontación con
el régimen capitalista,
con un perfil y contenido de clase
proletario. Que sirva para despertar
del letargo en que hasta hoy vive
la clase obrera, la organice y
la movilice, junto a su aliado
estratégico, el campesinado
pobre.
La incorporación de las
masas a la actividad política,
en defensa de sus derechos y de
la Soberanía Nacional,
es un elemento que garantiza la
continuidad y el triunfo de nuestras
tareas inmediatas. Consolidar
estos éxitos pasa por construir
los instrumentos organizativos
de toma de decisiones y de movilización
política, pasa por concretar
una instancia organizativa que
se perfile como una real Convergencia
Nacional de Oposición Popular
al Régimen, que le dispute,
palmo a palmo, cada una de las
esferas de dirección a
este régimen que únicamente
responde a los dictados de los
monopolios internacionales y ha
dejado de lado los intereses de
la gran mayoría: los obreros,
campesinos pobres y sectores populares.
Construir la unidad en esta perspectiva
ha contribuido esta jornada de
lucha y ha contribuido además
a facilitar que una gran cantidad
de expresiones políticas
organizativas se manifiesten.
Ha permitido, por ejemplo, que
el Frente Popular Revolucionario,
como propuesta organizativa amplia
de masas del Partido Comunista
de México (marxista-leninista),
haya difundido sus objetivos políticos
programáticos. Como lo
es, la necesidad de discutir y
trabajar por la instauración
de un Gobierno Provisional Revolucionario,
en que estén representados
los intereses históricos
de los trabajadores del campo
y la ciudad, de los obreros y
campesinos pobres.
Un Gobierno Provisional Revolucionario
que garantice, haciendo realidad,
el derecho al trabajo, a gozar
de salud, a una vivienda digna,
a educación. Un gobierno
de obreros y campesinos que sea
capaz de convocar y llamar a la
unidad de todo el pueblo en la
realización de una Asamblea
Nacional Constituyente Democrática
y Popular, a fin de que delibere
y apruebe las nuevas leyes que
han de regir en la nueva sociedad,
a la que aspiramos, sin explotados
ni explotadores, sin oprimidos
ni opresores, sin pobres ni ricos,
sin la supeditación del
trabajo al capital. Una Asamblea
Nacional Constituyente que elimine
el nefasto neoliberalismo que
no es más que expresión
moderna de la barbarie capitalista.
SOLO LA REVOLUCION SOCIALISTA
ES CAMBIO.
¡¡PROLETARIOS DE TODOS
LOS PAISES, UNIOS!! |