Eran
comunistas forjados con ese
acero especial del que hablaba
Stalin. Fueron y son ejemplo
de firmeza, de luchadores infatigables,
eran…, utilizando versos
de Pablo Neruda:
“...el árbol de
la tormenta,
el árbol del pueblo.
De la tierra suben sus héroes
como las hojas por la savia...
...Este es el árbol de
los libres.
El árbol tierra, el árbol
nube
¡El árbol pan,
el árbolflecha,
el árbolpuño,
el árbolfuego.
Este es el árbol,
el árbol del pueblo
de todos los pueblos
de la libertad, de la lucha...”
Aciago aquel 3 de octubre de
1998 en que Washington Álvarez,
miembro del Secretariado del
PCMLE, caía fulminado
No menos aciago fue el 16 de
febrero del 99, cuando Jaime
Hurtado, uno de los fundadores
del PCMLE y miembro de su Buró
Político, era vilmente
asesinado por la reacción
junto a sus compañeros
Pablo Tapia y Wellington Borja.
El 1 de agosto de 2001, era
a su vez asesinado por paramilitares
colombianos, el camarada Mariano
Báez, Secretario de Relaciones
Internacionales del Partido
hermano dominicano, cuando regresaba
de una misión encomendada
por su partido.
Gregorio Alfonso Alvarado sigue
presente entre nosotros con
su abnegado y fervoroso compromiso
revolucionario, con su sencilla
personalidad, a pesar de que
el régimen lo mantenga
en sus mazmorras clandestinas
desde aquel 26 de septiembre
de 1996 en que nos lo arrebataron.
Sergio Barrios, fundador del
P.C. de México (m-I),
a cuya cabeza estuvo hasta el
momento de su muerte, mestizo
de sangre maya, principal artífice
de la política del FPR
de México, moría
el 24 de septiembre de 2001
cuando se aprestaba a clausurar
la Conferencia de Partidos y
Organizaciones MIL, celebrada
en su país y que él
había organizado con
el entusiasmo y entrega que
le caracterizaba.
La muerte alcanzó a estos
entrañables camaradas.
Su desaparición fue una
pérdida inconmensurable
para los comunistas del mundo.
Como tantos y tantos camaradas,
ellos eran “árbol
de todos los pueblos”.
Si tuviera que destacar alguna
característica particular
de ellos, yo que los conocí
personalmente, que tuve el honor
de tratarlos y confraternizar
con ellos, diría que
Jaime era la alegría,
la sonrisa, el optimismo del
comunista. De Washo, el inolvidable
El Hochi, su mirada penetrante
a la que nada se escapaba. Mariano
el dinamismo que todo lo hacía
fácil. Sergio, era la
sencillez personificada, ello
junto al ocuparse siempre de
los demás olvidándose
de sí mismo, le ganó
el cariño de la militancia.
Muchos, si no todos los partidos
aquí presentes, hemos
sufrido el doloroso zarpazo
de la reacción y hemos
perdido camaradas. Siempre hemos
sostenido que allá donde
asesinan o muere un comunista,
asesinan y muere algo nuestro.
Mas apretamos los puños,
cerramos los dientes y seguimos
adelante con más ahínco
si cabe. Todos sabemos que para
alcanzar nuestra meta, arrostramos
múltiples sacrificios,
y según avanza la revolución,
nos exigimos más y más.
Y también sabemos todos,
que llegará el día
en que el amanecer, el alba,
será rojo y victorioso.
Será un alba de esperanza.
Jaime, Washo, Sergio, Mariano
también lo sabían.
Eran militantes forjados día
a día, eran y son bandera
de libertad, de esa libertad
que nadie nos regala, que hay
que conquistar con la lucha,
unas veces soterrada, clandestina,
otras abiertas y al final, inevitablemente,
armada. Y siempre optimistas
y seguros de la justeza de nuestra
lucha.
Si, por ejemplo, hoy se encontraran
aquí Jaime y El Hochi,
los veríamos firmes,
resueltos, pero en absoluto
sorprendidos por los éxitos
alcanzados en estos cinco años
por el PC MLE. Por que estos
logros, estos éxitos
son la consecuencia lógica
de una política marxista-leninista
en la que ellos estaban empeñados,
así como en su aplicación.
Empero ninguno de ellos estará
jamás físicamente
con nosotros. Así es
la muerte. ¡Pero su ejemplo,
su temple y firmeza, sí
está aquí, camaradas,
con nosotros y nos alientan
y animan! ¡Y aquí
están sus banderas, que
son tus banderas, vuestras banderas,
nuestras banderas! ¡Banderas
que jamás serán
arriadas y que un día
ondearán triunfantes
en ciudades y pueblos, en montes
y valles por todo el mundo!
Continuar la lucha sin desmayo.
Ese es el mejor homenaje que
podemos hacer a nuestros camaradas.
El único que ellos hubieran
aceptado.
¡Honor y Gloria a los
camaradas!
¡Viva la Revolución
Proletaria!