Número 172/diciembre/2003
Homenaje a los camaradas caídos y desaparecidos
Documento leído en el VI Congreso del PCMME y en el IV Congreso
del PCdeM (m-l).

Eran comunistas forjados con ese acero especial del que hablaba Stalin. Fueron y son ejemplo de firmeza, de luchadores infatigables, eran…, utilizando versos de Pablo Neruda:

“...el árbol de la tormenta,
el árbol del pueblo.
De la tierra suben sus héroes
como las hojas por la savia...
...Este es el árbol de los libres.
El árbol tierra, el árbol nube
¡El árbol pan, el árbolflecha,
el árbolpuño, el árbolfuego.
Este es el árbol,
el árbol del pueblo
de todos los pueblos
de la libertad, de la lucha...”

Aciago aquel 3 de octubre de 1998 en que Washington Álvarez, miembro del Secretariado del PCMLE, caía fulminado No menos aciago fue el 16 de febrero del 99, cuando Jaime Hurtado, uno de los fundadores del PCMLE y miembro de su Buró Político, era vilmente asesinado por la reacción junto a sus compañeros Pablo Tapia y Wellington Borja.

El 1 de agosto de 2001, era a su vez asesinado por paramilitares colombianos, el camarada Mariano Báez, Secretario de Relaciones Internacionales del Partido hermano dominicano, cuando regresaba de una misión encomendada por su partido.

Gregorio Alfonso Alvarado sigue presente entre nosotros con su abnegado y fervoroso compromiso revolucionario, con su sencilla personalidad, a pesar de que el régimen lo mantenga en sus mazmorras clandestinas desde aquel 26 de septiembre de 1996 en que nos lo arrebataron.

Sergio Barrios, fundador del P.C. de México (m-I), a cuya cabeza estuvo hasta el momento de su muerte, mestizo de sangre maya, principal artífice de la política del FPR de México, moría el 24 de septiembre de 2001 cuando se aprestaba a clausurar la Conferencia de Partidos y Organizaciones MIL, celebrada en su país y que él había organizado con el entusiasmo y entrega que le caracterizaba.

La muerte alcanzó a estos entrañables camaradas.

Su desaparición fue una pérdida inconmensurable para los comunistas del mundo.

Como tantos y tantos camaradas, ellos eran “árbol de todos los pueblos”.
Si tuviera que destacar alguna característica particular de ellos, yo que los conocí personalmente, que tuve el honor de tratarlos y confraternizar con ellos, diría que Jaime era la alegría, la sonrisa, el optimismo del comunista. De Washo, el inolvidable El Hochi, su mirada penetrante a la que nada se escapaba. Mariano el dinamismo que todo lo hacía fácil. Sergio, era la sencillez personificada, ello junto al ocuparse siempre de los demás olvidándose de sí mismo, le ganó el cariño de la militancia.

Muchos, si no todos los partidos aquí presentes, hemos sufrido el doloroso zarpazo de la reacción y hemos perdido camaradas. Siempre hemos sostenido que allá donde asesinan o muere un comunista, asesinan y muere algo nuestro. Mas apretamos los puños, cerramos los dientes y seguimos adelante con más ahínco si cabe. Todos sabemos que para alcanzar nuestra meta, arrostramos múltiples sacrificios, y según avanza la revolución, nos exigimos más y más. Y también sabemos todos, que llegará el día en que el amanecer, el alba, será rojo y victorioso. Será un alba de esperanza.

Jaime, Washo, Sergio, Mariano también lo sabían. Eran militantes forjados día a día, eran y son bandera de libertad, de esa libertad que nadie nos regala, que hay que conquistar con la lucha, unas veces soterrada, clandestina, otras abiertas y al final, inevitablemente, armada. Y siempre optimistas y seguros de la justeza de nuestra lucha.

Si, por ejemplo, hoy se encontraran aquí Jaime y El Hochi, los veríamos firmes, resueltos, pero en absoluto sorprendidos por los éxitos alcanzados en estos cinco años por el PC MLE. Por que estos logros, estos éxitos son la consecuencia lógica de una política marxista-leninista en la que ellos estaban empeñados, así como en su aplicación.

Empero ninguno de ellos estará jamás físicamente con nosotros. Así es la muerte. ¡Pero su ejemplo, su temple y firmeza, sí está aquí, camaradas, con nosotros y nos alientan y animan! ¡Y aquí están sus banderas, que son tus banderas, vuestras banderas, nuestras banderas! ¡Banderas que jamás serán arriadas y que un día ondearán triunfantes en ciudades y pueblos, en montes y valles por todo el mundo!

Continuar la lucha sin desmayo. Ese es el mejor homenaje que podemos hacer a nuestros camaradas. El único que ellos hubieran aceptado.

¡Honor y Gloria a los camaradas!
¡Viva la Revolución Proletaria!

En este 172
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