Desde
el año 2000, Vanguardia
Proletaria ha recordado la muerte
de nuestro compañero de
lucha, Cosme Damián Sartreé
Sánchez. Cosme fue militante
del Frente Zapatista de Liberación
Nacional, en Tijuana, Baja California;
asesinado por la policía,
el 3 de octubre de 1999. En el
marco del programa “Cero
tolerancia”, aplicado en
esta ciudad fronteriza por el
Gobierno municipal del panista
Francisco Vega de la Madrid. El
mismo programa que esta imponiendo
Marcelo Ebrard y Andrés
Manuel López Obrador (PRD),
con la anuencia de los otros partidos
burgueses y de ricachones del
tipo de Carlos Slim.
Hoy sigue siendo vigente lo planteado
(Vanguardia Proletaria, 162).
En 1999 “se acentúan
los rasgos de la brutalidad policíaca
heredados de la aplicación
del programa mencionado. La prueba
son las redadas policíacas,
principalmente contra los jóvenes
de los barrios; la movilización
de enormes grupos de la fuerza
pública, incluyendo a la
Policía Federal Preventiva,
en las colonias populares; la
militarización de la ciudad;
la restricción, en los
hechos, de las garantías
individuales más elementales,
para la clase trabajadora; la
proliferación de “suicidios”
en los penales del estado; el
horario restringido en Tecate
para la juventud (“toque
de queda”), la prohibición
de vestirse de mujer a los homosexuales;
entre otras cuestiones”.
Estos últimos hechos, desarrollo
lógico de lo primero. Es
decir, tenemos la representación
de cómo los ricos (la burguesía,
principalmente su sector dominante:
la oligarquía financiera)
pretenden “resolver”
el problema de la inseguridad:
mayores restricciones para el
pueblo, más represión,
dosis “controladas”
de fascismo, persecución
de los luchadores populares, empleo
selectivo del terrorismo de estado.
La única inseguridad que
les preocupa a los ricos es la
que “atenta” contra
su propiedad privada, contra su
orden social. Propiedad privada
que, por cierto, existe a condición
de estar anulada para las nueve
décimas partes de la población,
como planteó Marx. Ahí
está parte del origen de
la inseguridad: la explotación,
la opresión de la mayoría
de la sociedad (obreros, campesinos
pobres, trabajadores) para beneficio
de una minoría.
Siempre supimos dónde estaba
la verdad, en el caso de Cosme
Damián: marcas de estrangulamiento
en su cuello; la desaparición
de su cuerpo, por horas, en el
interior del penal; la participación
activa de un policía cuya
presencia se relacionaba con otros
“suicidios”; la enorme
cantidad de irregularidades en
su proceso; las autopsias amañadas.
Hemos dicho: Cosme nunca fue un
comunista. Pero marchó
en muchas ocasiones al lado del
sector de izquierda del FZLN,
delimitado, visible, tras su muerte.
Al igual que exigimos la presentación
con vida del camarada Gregorio
Alfonso Alvarado López,
desaparecido por las fuerzas represivas
del Estado; al igual que peleamos
por la liberación del compañero
Julio Sandoval Cruz y de todos
los presos políticos; también
demandamos que la muerte de Cosme
no quede en el olvido, que sirva
para mantener la llama de la lucha
prendida, la esperanza en un mundo
donde la explotación del
hombre por el hombre desaparezca.
A cuatro años de su asesinato
a manos de la policía,
exigimos castigo a los culpables.
¡No olvidamos! |