Número 171/noviembre/2003

La clase obrera y las condiciones
actuales de su explotación

El capitalismo monopolista de Estado apuesta a barrer de un solo golpe las garantías de los trabajadores conquistadas a través de años de innumerables luchas y sacrificios.

Las llamadas “reformas estructurales” impulsadas por el imperialismo en los países dependientes, son muestra de esta situación encaminada a conseguir nuevas zonas de influencia para sus mercados y el saqueo de los recursos de cada país, conteniendo la lucha de los pueblos. Las medidas de control y la militarización de la economía, dictadas por la oligarquía financiera, tienen como último recurso la guerra de rapiña, como institución del capital monopólico.
La división social del trabajo cambia para abarcar nuevos terrenos y poder sostener la propiedad privada. La generalización de la enajenación social, el desclasamiento o lumpenismo y el desempleo, como primeros factores de la degradación del genero humano, forman, a la vez, el enorme ejército de desocupados que abarata la mano de obra proletaria y son fuerza de trabajo de reserva para la burguesía.

El desconocimiento de los derechos adquiridos por la clase obrera, la especulación con los recursos de los trabajadores, como sucede con las AFORES, donde la jubilación ha dejado de ser una obligación del Estado y los fondos de los obreros se convirtieron en un negocio de los bancos, el escamoteo del reparto de utilidades, del aguinaldo, la prima vacacional, las indemnizaciones, la seguridad social y hasta las liquidaciones, denotan el carácter explotador de la dictadura burguesa y su incesante búsqueda de la ganancia máxima.

La manipulación social de las necesidades y el hambre del pueblo trabajador adquieren formas bestiales, fáciles de observar en los requisitos y condiciones laborales; las pruebas de ingravidez en el caso de la mujer obrera, y su relegación a actividades inferiores a las del hombre, tales como trabajos de limpieza y otros que no requieren mayor capacitación; la carta de no antecedentes penales y de extensas referencias personales, bajo la lógica burguesa de que “todo obrero es un delincuente potencial y un holgazán”.

Con la ausencia de contratos colectivos o simplemente violándolos, la patronal impone contratos a prueba o individualizados, para una libre explotación de los trabajadores, como “ayudantes generales”, otorgándose la facilidad de recurrir a los despidos injustificados a su antojo. La práctica de una vida sindical desleal, llevada a cabo por sectores privilegiados, formados de entre la clase obrera por el imperialismo, tales como el charrísimo, el blanquismo, el oportunismo y las grandes cúpulas de la aristocracia obrera, como cuerpos represivos, vende y rompe huelgas, impiden el ejercicio democrático y clasista de la libre asociación de los trabajadores de la ciudad y el campo.

Las condiciones deplorables de vida que pesan sobre el pueblo trabajador destacan la necesidad de buscar una independencia de clase, formando sus propias organizaciones ante el poder de la burguesía, buscando representar con su lucha tenaz los genuinos intereses de todos los explotados.

Es en este terreno donde la propuesta de un sindicalismo de clase, unitario, democrático, asambleísta, revolucionario e internacionalista, impulsada por la CTR, cobra vital importancia en la lucha por la emancipación de los trabajadores concientes de que la acción y línea política únicas de la clase más revolucionaria, el proletariado, debe estar basada en la lucha de clases en guerra franca contra la burguesía, no sólo por sus demandas inmediatas, sino por el encuentro de su enorme tarea histórica: la abolición del sistema de trabajo asalariado; reconociendo como medio indefectible para lograrlo, la guía acertada del partido de vanguardia de la clase obrera, organizada por la toma del poder del Estado y la apropiación efectiva de todos los medios de producción, para propiciar un desarrollo vertiginoso de las fuerzas productivas contenidas bajo el capitalismo y la abolición total de la explotación del hombre por el hombre.

Las bases de la producción social al servicio de los trabajadores están cimentadas en el desarrollo de la ciencia y la técnica y la capacitación cultural de los obreros, a partir de la organización y la disciplina. Sobrevive la propiedad privada, sin embargo ya suenan las últimas campanas del régimen de la esclavitud asalariada. Las rojas banderas del marxismo-leninismo ondean anunciando la inminente derrota de las clases opresoras y pese a lo sinuoso del camino, el futuro es brillante para el proletariado y las masas trabajadoras.

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