El
capitalismo monopolista de Estado
apuesta a barrer de un solo golpe
las garantías de los trabajadores
conquistadas a través de
años de innumerables luchas
y sacrificios.
Las llamadas “reformas estructurales”
impulsadas por el imperialismo
en los países dependientes,
son muestra de esta situación
encaminada a conseguir nuevas
zonas de influencia para sus mercados
y el saqueo de los recursos de
cada país, conteniendo
la lucha de los pueblos. Las medidas
de control y la militarización
de la economía, dictadas
por la oligarquía financiera,
tienen como último recurso
la guerra de rapiña, como
institución del capital
monopólico.
La división social del
trabajo cambia para abarcar nuevos
terrenos y poder sostener la propiedad
privada. La generalización
de la enajenación social,
el desclasamiento o lumpenismo
y el desempleo, como primeros
factores de la degradación
del genero humano, forman, a la
vez, el enorme ejército
de desocupados que abarata la
mano de obra proletaria y son
fuerza de trabajo de reserva para
la burguesía.
El desconocimiento de los derechos
adquiridos por la clase obrera,
la especulación con los
recursos de los trabajadores,
como sucede con las AFORES, donde
la jubilación ha dejado
de ser una obligación del
Estado y los fondos de los obreros
se convirtieron en un negocio
de los bancos, el escamoteo del
reparto de utilidades, del aguinaldo,
la prima vacacional, las indemnizaciones,
la seguridad social y hasta las
liquidaciones, denotan el carácter
explotador de la dictadura burguesa
y su incesante búsqueda
de la ganancia máxima.
La manipulación social
de las necesidades y el hambre
del pueblo trabajador adquieren
formas bestiales, fáciles
de observar en los requisitos
y condiciones laborales; las pruebas
de ingravidez en el caso de la
mujer obrera, y su relegación
a actividades inferiores a las
del hombre, tales como trabajos
de limpieza y otros que no requieren
mayor capacitación; la
carta de no antecedentes penales
y de extensas referencias personales,
bajo la lógica burguesa
de que “todo obrero es un
delincuente potencial y un holgazán”.
Con la ausencia de contratos colectivos
o simplemente violándolos,
la patronal impone contratos a
prueba o individualizados, para
una libre explotación de
los trabajadores, como “ayudantes
generales”, otorgándose
la facilidad de recurrir a los
despidos injustificados a su antojo.
La práctica de una vida
sindical desleal, llevada a cabo
por sectores privilegiados, formados
de entre la clase obrera por el
imperialismo, tales como el charrísimo,
el blanquismo, el oportunismo
y las grandes cúpulas de
la aristocracia obrera, como cuerpos
represivos, vende y rompe huelgas,
impiden el ejercicio democrático
y clasista de la libre asociación
de los trabajadores de la ciudad
y el campo.
Las condiciones deplorables de
vida que pesan sobre el pueblo
trabajador destacan la necesidad
de buscar una independencia de
clase, formando sus propias organizaciones
ante el poder de la burguesía,
buscando representar con su lucha
tenaz los genuinos intereses de
todos los explotados.
Es en este terreno donde la propuesta
de un sindicalismo de clase, unitario,
democrático, asambleísta,
revolucionario e internacionalista,
impulsada por la CTR, cobra vital
importancia en la lucha por la
emancipación de los trabajadores
concientes de que la acción
y línea política
únicas de la clase más
revolucionaria, el proletariado,
debe estar basada en la lucha
de clases en guerra franca contra
la burguesía, no sólo
por sus demandas inmediatas, sino
por el encuentro de su enorme
tarea histórica: la abolición
del sistema de trabajo asalariado;
reconociendo como medio indefectible
para lograrlo, la guía
acertada del partido de vanguardia
de la clase obrera, organizada
por la toma del poder del Estado
y la apropiación efectiva
de todos los medios de producción,
para propiciar un desarrollo vertiginoso
de las fuerzas productivas contenidas
bajo el capitalismo y la abolición
total de la explotación
del hombre por el hombre.
Las bases de la producción
social al servicio de los trabajadores
están cimentadas en el
desarrollo de la ciencia y la
técnica y la capacitación
cultural de los obreros, a partir
de la organización y la
disciplina. Sobrevive la propiedad
privada, sin embargo ya suenan
las últimas campanas del
régimen de la esclavitud
asalariada. Las rojas banderas
del marxismo-leninismo ondean
anunciando la inminente derrota
de las clases opresoras y pese
a lo sinuoso del camino, el futuro
es brillante para el proletariado
y las masas trabajadoras.
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