Llegaron
las medidas propuestas por Giuliani
y lo que se anunciaba se hizo
realidad: represión y hostigamiento
para el pueblo serán las
medidas para acabar con la “delincuencia”.
De hecho, con estas medidas, y
de acuerdo a los mismos métodos
con los que el Jefe de Gobierno
Manuel López Obrador le
gusta medir su popularidad, se
demuestra que las medidas no son
tan populares. Por ejemplo, según
una encuesta de Mitofsky, dos
terceras partes (59%) de los encuestados
reprueban la contratación
de Giuliani.
Por otro lado, el estudio de Giuliani
Partners Group costó 4.3
millones de dólares para
llagar a conclusiones tales como:
“la policía no investiga”.
Por si esto fuera poco, un estudio
de la UAM-Azcapotzalco ya había
llegado a esos resultados (Diario
Reforma, 01-08-03). Pero sin duda
que, para el populista López
Obrador que prepara su camino
a la presidencia en el 2006, el
contratar al “héroe
de Nueva York” era más
rentable, proyectaba su “preocupación”
por la seguridad y se mostraba
dócil con el imperialismo
norteamericano, quien tiene en
Giuliani a uno de sus principales
propagandistas.
¿Y las medidas propuestas?
Las mismas que se habían
anunciado, ya mencionábamos
en Vanguardia Proletaria que se
criminalizaría la pobreza
y el trabajo ambulante. A esta
se sumaron medidas como “mejorar
la imagen de la ciudad”,
de la ciudad de los grandes comerciantes,
claro está.
Otra de las medidas recomendadas,
que ya se puso en práctica,
es “dar confianza”
a la ciudadanía en la policía.
Para esto, el pasado desfile del
16 de Septiembre marcharon los
cuerpos represivos del Distrito
Federal, cosa que no sucedía
desde hace 35 años, desde
1968. Lo que ningún gobierno
priísta se atrevió
a hacer desde la matanza de Tlatelolco,
lo hace López Obrador.
Según Marcelo Ebrard, Secretario
de Seguridad Pública, el
desfile simboliza la cercanía
de la policía con la comunidad;
más aún, menciona
que una policía aislada
no obtiene buenos resultados,
¡y cómo no iba a
ser importante!, ya que otra de
las medidas de Giuliani es que
el pueblo se delate entre ellos,
que sean “indicadores”,
orejas, en lenguaje común.
No cabe duda, entre los priístas,
panistas y perredistas la única
diferencia es el color de su logotipo;
todos protegen al gran capital
y reprimen al pueblo.
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