Número 170/septiembre/2003
El fracaso de la OMC en Cancún y la ideología “globalifóbica”
En la pasada Quinta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, celebrada en Cancún, aparecieron los grupos de manifestantes de todos los colores, como se había anunciado; y ante la falta de acuerdos entre los países reunidos se adjudicaron su boicot. Pero ¿qué fue lo que realmente pasó?

Lo que más destacaron los medios de información fue la muerte del dirigente campesino coreano Lee, que se suicidó en los inicios de los trabajos de la cumbre, a un kilómetro de distancia, este acontecimiento marcó el tono de la manera en que se cubrió la reunión. El hecho es que no se alcanzaron acuerdos mínimos entre el bloque de potencias dominantes (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón) y los países del Grupo de los 23, entre ellos Brasil, China, India y México.

Por una parte, el bloque dominante se empecinaba en buscar acuerdos en torno a medidas que les permitieran la adquisición de productos básicos a muy bajos precios, estrangular a las burguesías agrícolas de los países dependientes y a los pequeños agricultores y superar las trabas de la inversión. Las potencias no quieren ceder en sus subsidios a la producción de sus respectivos monopolios agroindustriales; por otra parte, los países dependientes quieren entrar al juego del mercado mundial burgués en igualdad de condiciones.

Pero, ¿por qué es tan difícil? Acaso, ¿no predican las potencias imperialistas el libre comercio y la competencia económica como la forma más avanzada de la economía? Pues sí, pero sólo cuando les conviene, a los imperialistas sólo les interesa la máxima ganancia no importa cómo, así sea subsidiando, creando aranceles o “liberando” países para luego adueñarse de sus recursos, tanto por la "vía aceptable" de la inundación de mercancías a precios de dumping (competencia de rapiña a precios por debajo de costos en los países donde se venden), como por “vías alternas”: haciendo la guerra o invadiendo, sin importarles que en ambos casos las masas de todo el mundo padezcan hambre debido a los precios de monopolio. Nunca podrá volver el panorama de la libre competencia en igualdad de condiciones, si es que acaso lo hubo alguna vez, la situación mundial es el dominio de los monopolios más allá de las fronteras nacionales, principalmente de los norteamericanos, esto en la agricultura (controlan los mercados) y en casi todas las demás ramas de la producción.

La Organización Mundial de Comercio es un organismo creado en 1995 para controlar los mercados por la vía de los acuerdos. La OMC, como toda organización burguesa que vela por los intereses del dinero, no puede regirse por métodos democráticos. Para ilustrar: dos tercios de los 148 países que componen la OMC buscaban en Cancún la reducción de subsidios a la agricultura en los países ricos; mientras que éstos se concentraban en buscar vías para que la inversión fuera más fluida en los países neocoloniales, para que se abriera la competencia, esto significa dominar los mercados internos de los países por completo a favor de los monopolios. Las ventajas, así como quedan luego de esta conferencia, redundan en favor de las grandes potencias, sin ceder terreno en sus presiones sobre inversiones (tal y como vienen haciendo desde hace años, aunque no hayan tenido en ello el éxito esperado); la Unión Europea seguirá sustrayendo anualmente por la vía de sus aranceles 20,000 millones de dólares a los países sujetos a su dominación, los burgueses yanquis se adjudicarán por esta misma vía otros 11,000 millones, y el Japón 11,000 millones; y entre tanto, América Latina reducirá sus ingresos de exportación agrícola en 8,300 millones.

¿Quiénes son los globalifóbicos? Desde los hechos de Seattle, el expresidente Ernesto Zedillo habló de una fobia (miedo) a la globalización, de aquí toman su nombre. Si bien en Seattle se manifestó la clase obrera (aún corporativizada), las cámaras las ocuparon los estrafalarios pequeños burgueses que desde distintas partes del mundo se reunieron para expresar su repudio a las medidas neoliberales (imperialistas). En síntesis: la pequeña burguesía arruinada y en vías de depauperarse, aferrada fuertemente a sus preceptos de clase. Y si bien en muchos países de Europa las manifestaciones “antiglobalización” (antiimperialistas por su contenido) reúnen a buena parte de la clase obrera, por la forma que adquieren en el terreno de la lucha de clases, son de carácter pequeño burgués.

Recordemos que la pequeña burguesía es una clase en descomposición por el lugar económico que ocupa, se ve arrastrada sin remedio a las filas del proletariado y esto le causa gran temor. En el terreno de la lucha de clases son inestables, ambivalentes: un día están con los obreros, al siguiente apoyan las medidas proteccionistas de los gobiernos burgueses. El miedo a perder su pequeña propiedad o negocio les marca su carácter. Radicales un día, conciliadores al otro; buscan lo simbólico de las manifestaciones, incapaces de concebirlas en el marco de la lucha de clases.

El carácter de clase de los globalifóbicos se expresa nítidamente en sus particulares protestas: lo mismo desnudarse que suicidarse, contestar la represión a palos o con flores, lanzar maldiciones o llamados a la paz. Veamos un ejemplo:

«Cuando la cerca cayó ahí estaban miles de policías antidisturbios claramente dispuestos a la pelea. Pero justo cuando pensaban que los iban a atacar, los coreanos que estaban en el frente les dieron la espalda, todos se sentaron, cientos de flores aparecieron y tuvimos un funeral multitudinario en memoria del señor Lee. Marcial, del Movimiento de los Sin Tierra, cantó Imagine, de John Lennon, se quemó la efigie de la OMC y nos pusimos de pie para abandonar el lugar. La policía quedó con la boca abierta, sin nadie a quien combatir. Los cientos de periodistas que estaban presentes se maravillaron de nuestra habilidad colectiva de hacer lo inesperado y transformar la amenaza de violencia en emocionante paz, y emitir una declaración tan poderosa que la OMC no pudo ni esperar resistir.» (La Jornada, 17 de septiembre del 2003).

Sólo falta que digan que la pobreza en el mundo no se resuelve con comida, sino con flores.

Pero los marxista-leninistas no nos dejamos impresionar con facilidad, sabemos que mientras hoy se rasgan las vestiduras, mañana venderían su alma al capital para mantener sus privilegios. La miopía política de estos grupos les hizo pensar que por ellos (y por supuesto por el sacrificio del señor Lee) la reunión de la OMC fracasó. Dejan de lado los "globalifóbicos" o “altermundistas”, como les ha dado por llamarlos a la socialdemocracia pequeño burguesa, las contradicciones económicas concretas entre el bloque imperialista y algunas contradicciones con la burguesía del G-22. Esto refleja su incomprensión del imperialismo, y es que manteniéndose en el análisis de la globalización como un fenómeno nuevo de los últimos años y negando el análisis marxista-leninista del imperialismo como capitalismo dominado por el capital financiero, seguirán en sus errores.

Esto se demuestra también en el rechazo a la perspectiva revolucionaria: es sinónimo del desinterés globalifóbico por resolver el problema de raíz, sus consignas del tipo “déjenme ser” son una expresión clara del afán pequeñoburgués de mantener su posición de algunos privilegios y evitar a toda costa el verse sumidos en las filas del proletariado.
Naturalmente, debemos luchar por acercar los sectores de las capas medias a las posiciones del proletariado, por desembarazarlos de sus prejuicios de clase y de la mezquindad de sus intereses, luchamos por orientar y organizar la lucha en torno a la acumulación revolucionaria de fuerzas para que se acabe con la dispersión y la marcha sin rumbo de sus movimientos. En este sentido, efectivamente, la lucha contra estas instancias del dominio imperialista es necesaria, pero no debe estar supeditada a uno de sus eventos; se requiere que ante las masas del campesinado y del proletariado esclarezcamos el papel de estos organismos y combatamos las intentonas de “alianza nacional" de la burguesía que sólo asiste para negociar frente a los imperialistas.
El fracaso de la reunión de la OMC no se debió a la intervención de los manifestantes, e incluso no es un éxito para las masas, sino todo lo contrario, demuestra que los imperialistas supieron abortarla para no comprometerse frente a sus subordinados, ni ceder en sus políticas proteccionistas y subsidiarias a los monopolios, donde por ejemplo la Francia de Chirac busca sostener sus subsidios hasta el año 2013. El fracaso de la conferencia se debió a la falta de acuerdos en un contexto mundial en donde quedan muchos problemas sin resolver: la guerra en Irak, las zonas de dominio estadounidenses, inglés y europea. Solo la lucha organizada de las masas populares, guiada por la clase obrera y sus partidos de vanguardia, podrá asestar el golpe demoledor para suprimir la explotación y la opresión capitalista.
En este 170
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