En
la pasada Quinta Conferencia Ministerial
de la Organización Mundial
de Comercio, celebrada en Cancún,
aparecieron los grupos de manifestantes
de todos los colores, como se
había anunciado; y ante
la falta de acuerdos entre los
países reunidos se adjudicaron
su boicot. Pero ¿qué
fue lo que realmente pasó?
Lo que más destacaron los
medios de información fue
la muerte del dirigente campesino
coreano Lee, que se suicidó
en los inicios de los trabajos
de la cumbre, a un kilómetro
de distancia, este acontecimiento
marcó el tono de la manera
en que se cubrió la reunión.
El hecho es que no se alcanzaron
acuerdos mínimos entre
el bloque de potencias dominantes
(Estados Unidos, la Unión
Europea y Japón) y los
países del Grupo de los
23, entre ellos Brasil, China,
India y México.
Por una parte, el bloque dominante
se empecinaba en buscar acuerdos
en torno a medidas que les permitieran
la adquisición de productos
básicos a muy bajos precios,
estrangular a las burguesías
agrícolas de los países
dependientes y a los pequeños
agricultores y superar las trabas
de la inversión. Las potencias
no quieren ceder en sus subsidios
a la producción de sus
respectivos monopolios agroindustriales;
por otra parte, los países
dependientes quieren entrar al
juego del mercado mundial burgués
en igualdad de condiciones.
Pero, ¿por qué es
tan difícil? Acaso, ¿no
predican las potencias imperialistas
el libre comercio y la competencia
económica como la forma
más avanzada de la economía?
Pues sí, pero sólo
cuando les conviene, a los imperialistas
sólo les interesa la máxima
ganancia no importa cómo,
así sea subsidiando, creando
aranceles o “liberando”
países para luego adueñarse
de sus recursos, tanto por la
"vía aceptable"
de la inundación de mercancías
a precios de dumping (competencia
de rapiña a precios por
debajo de costos en los países
donde se venden), como por “vías
alternas”: haciendo la guerra
o invadiendo, sin importarles
que en ambos casos las masas de
todo el mundo padezcan hambre
debido a los precios de monopolio.
Nunca podrá volver el panorama
de la libre competencia en igualdad
de condiciones, si es que acaso
lo hubo alguna vez, la situación
mundial es el dominio de los monopolios
más allá de las
fronteras nacionales, principalmente
de los norteamericanos, esto en
la agricultura (controlan los
mercados) y en casi todas las
demás ramas de la producción.
La Organización Mundial
de Comercio es un organismo creado
en 1995 para controlar los mercados
por la vía de los acuerdos.
La OMC, como toda organización
burguesa que vela por los intereses
del dinero, no puede regirse por
métodos democráticos.
Para ilustrar: dos tercios de
los 148 países que componen
la OMC buscaban en Cancún
la reducción de subsidios
a la agricultura en los países
ricos; mientras que éstos
se concentraban en buscar vías
para que la inversión fuera
más fluida en los países
neocoloniales, para que se abriera
la competencia, esto significa
dominar los mercados internos
de los países por completo
a favor de los monopolios. Las
ventajas, así como quedan
luego de esta conferencia, redundan
en favor de las grandes potencias,
sin ceder terreno en sus presiones
sobre inversiones (tal y como
vienen haciendo desde hace años,
aunque no hayan tenido en ello
el éxito esperado); la
Unión Europea seguirá
sustrayendo anualmente por la
vía de sus aranceles 20,000
millones de dólares a los
países sujetos a su dominación,
los burgueses yanquis se adjudicarán
por esta misma vía otros
11,000 millones, y el Japón
11,000 millones; y entre tanto,
América Latina reducirá
sus ingresos de exportación
agrícola en 8,300 millones.
¿Quiénes son los
globalifóbicos? Desde los
hechos de Seattle, el expresidente
Ernesto Zedillo habló de
una fobia (miedo) a la globalización,
de aquí toman su nombre.
Si bien en Seattle se manifestó
la clase obrera (aún corporativizada),
las cámaras las ocuparon
los estrafalarios pequeños
burgueses que desde distintas
partes del mundo se reunieron
para expresar su repudio a las
medidas neoliberales (imperialistas).
En síntesis: la pequeña
burguesía arruinada y en
vías de depauperarse, aferrada
fuertemente a sus preceptos de
clase. Y si bien en muchos países
de Europa las manifestaciones
“antiglobalización”
(antiimperialistas por su contenido)
reúnen a buena parte de
la clase obrera, por la forma
que adquieren en el terreno de
la lucha de clases, son de carácter
pequeño burgués.
Recordemos que la pequeña
burguesía es una clase
en descomposición por el
lugar económico que ocupa,
se ve arrastrada sin remedio a
las filas del proletariado y esto
le causa gran temor. En el terreno
de la lucha de clases son inestables,
ambivalentes: un día están
con los obreros, al siguiente
apoyan las medidas proteccionistas
de los gobiernos burgueses. El
miedo a perder su pequeña
propiedad o negocio les marca
su carácter. Radicales
un día, conciliadores al
otro; buscan lo simbólico
de las manifestaciones, incapaces
de concebirlas en el marco de
la lucha de clases.
El carácter de clase de
los globalifóbicos se expresa
nítidamente en sus particulares
protestas: lo mismo desnudarse
que suicidarse, contestar la represión
a palos o con flores, lanzar maldiciones
o llamados a la paz. Veamos un
ejemplo:
«Cuando la cerca cayó
ahí estaban miles de policías
antidisturbios claramente dispuestos
a la pelea. Pero justo cuando
pensaban que los iban a atacar,
los coreanos que estaban en el
frente les dieron la espalda,
todos se sentaron, cientos de
flores aparecieron y tuvimos un
funeral multitudinario en memoria
del señor Lee. Marcial,
del Movimiento de los Sin Tierra,
cantó Imagine, de John
Lennon, se quemó la efigie
de la OMC y nos pusimos de pie
para abandonar el lugar. La policía
quedó con la boca abierta,
sin nadie a quien combatir. Los
cientos de periodistas que estaban
presentes se maravillaron de nuestra
habilidad colectiva de hacer lo
inesperado y transformar la amenaza
de violencia en emocionante paz,
y emitir una declaración
tan poderosa que la OMC no pudo
ni esperar resistir.» (La
Jornada, 17 de septiembre del
2003).
Sólo falta que digan que
la pobreza en el mundo no se resuelve
con comida, sino con flores.
Pero los marxista-leninistas no
nos dejamos impresionar con facilidad,
sabemos que mientras hoy se rasgan
las vestiduras, mañana
venderían su alma al capital
para mantener sus privilegios.
La miopía política
de estos grupos les hizo pensar
que por ellos (y por supuesto
por el sacrificio del señor
Lee) la reunión de la OMC
fracasó. Dejan de lado
los "globalifóbicos"
o “altermundistas”,
como les ha dado por llamarlos
a la socialdemocracia pequeño
burguesa, las contradicciones
económicas concretas entre
el bloque imperialista y algunas
contradicciones con la burguesía
del G-22. Esto refleja su incomprensión
del imperialismo, y es que manteniéndose
en el análisis de la globalización
como un fenómeno nuevo
de los últimos años
y negando el análisis marxista-leninista
del imperialismo como capitalismo
dominado por el capital financiero,
seguirán en sus errores.
Esto se demuestra también
en el rechazo a la perspectiva
revolucionaria: es sinónimo
del desinterés globalifóbico
por resolver el problema de raíz,
sus consignas del tipo “déjenme
ser” son una expresión
clara del afán pequeñoburgués
de mantener su posición
de algunos privilegios y evitar
a toda costa el verse sumidos
en las filas del proletariado.
Naturalmente, debemos luchar por
acercar los sectores de las capas
medias a las posiciones del proletariado,
por desembarazarlos de sus prejuicios
de clase y de la mezquindad de
sus intereses, luchamos por orientar
y organizar la lucha en torno
a la acumulación revolucionaria
de fuerzas para que se acabe con
la dispersión y la marcha
sin rumbo de sus movimientos.
En este sentido, efectivamente,
la lucha contra estas instancias
del dominio imperialista es necesaria,
pero no debe estar supeditada
a uno de sus eventos; se requiere
que ante las masas del campesinado
y del proletariado esclarezcamos
el papel de estos organismos y
combatamos las intentonas de “alianza
nacional" de la burguesía
que sólo asiste para negociar
frente a los imperialistas.
El fracaso de la reunión
de la OMC no se debió a
la intervención de los
manifestantes, e incluso no es
un éxito para las masas,
sino todo lo contrario, demuestra
que los imperialistas supieron
abortarla para no comprometerse
frente a sus subordinados, ni
ceder en sus políticas
proteccionistas y subsidiarias
a los monopolios, donde por ejemplo
la Francia de Chirac busca sostener
sus subsidios hasta el año
2013. El fracaso de la conferencia
se debió a la falta de
acuerdos en un contexto mundial
en donde quedan muchos problemas
sin resolver: la guerra en Irak,
las zonas de dominio estadounidenses,
inglés y europea. Solo
la lucha organizada de las masas
populares, guiada por la clase
obrera y sus partidos de vanguardia,
podrá asestar el golpe
demoledor para suprimir la explotación
y la opresión capitalista. |