Diálogo
en el metro:
-Papá ¿México
es independiente?
-Si, hija, es independiente
-entonces ¿tú eres
independiente papá?
- Sí, si lo soy…
-ay, chismoso…! la maestra
dice
que sólo es independiente
el que lucha…
El
decaimiento de la “conciencia
nacional” entre la clase
obrera y las masas populares de
nuestro país causa desesperación
a los burgueses y empresarios
nativos, defensores de la “mexicanidad”
y la “soberanía nacional”
(entendida como la soberanía
para garantizar sus negocios y
sus intereses), pues de la mano
de los intelectuales y cronistas
pequeño burgueses han utilizado
en diversas etapas de la historia
reciente la exaltación
del origen nacional para hacer
valedera su dominación
entre éstas, para apuntalar
la democracia burguesa en tiempos
de relativa calma o para apuntar
hacia las masas amenazadoramente
como las culpables del desastre
económico, político
y social del país.
A la propaganda nacional la han
utilizado también como
contrapeso a un enemigo histórico
que amenaza con absorberles, con
desaparecer todo signo de la existencia
puramente nacional del capital,
para incorporar por completo la
riqueza concentrada por la burguesía
mexicana a la dinámica
de la dominación del capital
financiero internacional hegemónico
y parasitario: el imperialismo,
particularmente para nosotros,
el imperialismo yanqui.
Pero, se preguntará más
de uno, ¿No es acaso importante
que los nacionalistas empujen
más fuertemente, en estos
tiempos, la fortaleza nacional?
¿No se desarrolla una amenaza
tan grande para los mexicanos
que el hecho de ver amenazada
su independencia social y económica?
¿No ha despertado los nervios
nacionales la posición
cada vez amenazante de los imperialistas
yanquis por hacerse de “nuestras
fuentes de progreso”? ¿No
es, acaso, el imperialismo el
principal enemigo de los obreros
y del país? y después
de estas preguntas, tal vez estas
exclamaciones: “¡cerremos
filas, por el bien nacional!”
“¡a todos interesa
la integridad de la patria!”
“¡México para
los mexicanos!”
Tan compleja situación
para las masas proletarias y populares
está planteada. Pues aunque
el “sentimiento nacional”
en el sentido que lo propagan
los nacionalistas está
evidentemente decaído (y
así lo evidencian los resultados
de las últimas elecciones,
donde las posiciones nacionalistas
también fueron duramente
castigadas con la abstención)
y aunque también los políticos
pro-imperialistas se disfracen
de “unidad nacional”
sin tener aún los éxitos
que el imperialismo les exige,
es evidente que los principales
actores y beneficiarios del movimiento
“nacional” siguen
siendo los burgueses de todos
los colores.
En esta situación no son
pocos los sindicatos, militantes
de izquierda u organizaciones
seudo-revolucionarias que se movilizan
masivamente bajo las banderas
del movimiento nacional que la
burguesía promueve y que
invariablemente dan un sí
inmediato a las preguntas formuladas
más arriba. ¿El
resultado?: las masas proletarias
y populares que espontáneamente
se han despegado y desilusionado
de los resultados de la lucha
nacional de los burgueses y sus
partidos repentinamente se encuentran
a la vuelta de la esquina con
que también algunos “avanzados”
van tras la cola nacionalista.
Peor aún, no faltan a la
cita los intelectuales fatalistas
de la pequeña burguesía
o neo-historiadores que cual trovadores
errantes tratan de encontrar el
hilo negro de la apatía
de las masas para consolidar la
democracia burguesa y van haciendo
retrospectivas históricas
que aluden a una supuesta conciencia
nacional derrotista, de falta
de iniciativa para “progresar”,
de un pueblo siempre pisoteado
e indiferente ante el aplastamiento,
la invasión, fundamentalmente
subyugado, pisoteado y sin capacidad
de respuesta a lo largo de toda
la historia. En realidad a lo
que se dedican estos expertos
charlatanes es a tergiversar toda
una tradición guerrera
del pueblo mexicano, que ha pagado
con cuota de sangre la conformación
de la actual nación burguesa
mexicana y hacer olvidar a los
proletarios que en las grandes
batallas de clases, los oprimidos
antes y después de este
hecho histórico echaron
a la historia hacia delante, es
decir, tomaron consecuentemente
su papel en ésta, de acuerdo
a sus intereses de clase. Quien
pretenda poner en el mismo saco
y medir en la misma balanza todas
las etapas históricas de
la nación mexicana estará
tergiversando para el bien de
la ideología dominante.
Es necesario que la clase obrera
de nuestro país se allegue
de fuentes certeras que expliquen
el desarrollo de la nación,
que haga diferencia sobre las
etapas prehispánicas, de
conquista, coloniales que antecedieron
a la conformación del país,
y que en el desarrollo del movimiento
de Independencia, la Reforma y
la Revolución Mexicanas
encuentre los elementos necesarios
para entender el devenir de su
papel protagónico en la
actual sociedad de clases, retomar
la tradición de lucha de
sus antecesores oprimidos para
dar al traste con esa amalgama
de nacionalismo exacerbado que
pretende una mexicanidad que no
existe, que raya en el racismo,
y que inevitablemente lleva al
enfrentamiento con nuestros hermanos
de clase de otros países,
pues ante todo, para la burguesía
será más importante
la “unidad de la nación”
que la unidad de los intereses
de clase de los proletarios, por
ello a la burguesía nativa
le viene bien el fortalecimiento
del antagonismo entre los obreros
estadounidenses y los emigrantes
mexicanos, los azuzará
para mantener bien demarcada la
línea nacional y para anteponer
“el país” a
la unidad de clase de todos los
proletarios del mundo.
Las fronteras nacionales sólo
las ha superado el capital de
la oligarquía financiera,
ha hecho de éste un sujeto
inaprensible que viaja con visa
universal, y que arruina, como
dijera Lenin, con un simple corte
de cupón a millones de
proletarios de un país
entero al instante. Junto con
ello la masa contenida de proletarios
divididos por naciones, es una
gran fuerza social contenida,
que reclamará en la próxima
oleada revolucionaria primero
la conquista de la nación
en interés de la misma
clase y después la caída
de las fronteras en una gran república
mundial del proletariado.
Con respecto a cómo respondemos
los comunistas las preguntas formuladas
más arriba:
1.- Sí, es importante que
los nacionalistas empujen la “fortaleza
nacional” pues evidencia
su carácter burgués.
Los comunistas reconocemos la
autodeterminación de los
pueblos y las naciones. Pero no
renunciamos a la lucha de clases
interna, es decir a la lucha por
qué clase dirige el rumbo
de ésta.
2.- Los proletarios desde su aparición
como clase viven oprimidos económica,
política y socialmente,
es por eso que no se les puede
llamar independientes en ningún
sentido. Pero también en
este caso no renunciamos a la
lucha de clases interna y a luchar
contra amenazas mayores en el
caso de los imperialistas.
3.- Los imperialista yanquis quieren
las “fuentes de progreso”
precisamente debido a que los
disfrazados de nacionalistas se
las han ofrecido en bandeja de
plata. Las “fuentes del
progreso” del país
son para los obreros, la mayor
de las veces, su infierno y purgatorio
juntos, la base de su hundimiento
humano precisamente por que ellos
no administran la fuente. Acerca
de los nervios podemos decir que
los obreros los enfrentan diariamente,
motivo por el cual serán
los más preocupados en
hacer suyo el “progreso”.
4.- ¡Claro! El imperialismo
es el enemigo principal de los
obreros de todos los países,
el enemigo en la antesala de la
revolución proletaria mundial.
y es en este sentido que los comunistas
no cejamos en nuestro empeño
de elevar a la clase como la dominante
en todos los países. Ante
todo el imperialismo es el enemigo
irreconciliable del proletariado.
Con respecto a la nación
burguesa no sólo hay “acuerdos”
con el imperialismo, sino también
una alianza poderosísima
contra los intereses del proletariado
conciente.
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