Número 170/septiembre/2003
La clase obrera, el internacionalismo
y la conciencia nacional en México
Diálogo en el metro:
-Papá ¿México es independiente?
-Si, hija, es independiente
-entonces ¿tú eres independiente papá?
- Sí, si lo soy…
-ay, chismoso…! la maestra dice
que sólo es independiente el que lucha…


El decaimiento de la “conciencia nacional” entre la clase obrera y las masas populares de nuestro país causa desesperación a los burgueses y empresarios nativos, defensores de la “mexicanidad” y la “soberanía nacional” (entendida como la soberanía para garantizar sus negocios y sus intereses), pues de la mano de los intelectuales y cronistas pequeño burgueses han utilizado en diversas etapas de la historia reciente la exaltación del origen nacional para hacer valedera su dominación entre éstas, para apuntalar la democracia burguesa en tiempos de relativa calma o para apuntar hacia las masas amenazadoramente como las culpables del desastre económico, político y social del país.

A la propaganda nacional la han utilizado también como contrapeso a un enemigo histórico que amenaza con absorberles, con desaparecer todo signo de la existencia puramente nacional del capital, para incorporar por completo la riqueza concentrada por la burguesía mexicana a la dinámica de la dominación del capital financiero internacional hegemónico y parasitario: el imperialismo, particularmente para nosotros, el imperialismo yanqui.

Pero, se preguntará más de uno, ¿No es acaso importante que los nacionalistas empujen más fuertemente, en estos tiempos, la fortaleza nacional? ¿No se desarrolla una amenaza tan grande para los mexicanos que el hecho de ver amenazada su independencia social y económica? ¿No ha despertado los nervios nacionales la posición cada vez amenazante de los imperialistas yanquis por hacerse de “nuestras fuentes de progreso”? ¿No es, acaso, el imperialismo el principal enemigo de los obreros y del país? y después de estas preguntas, tal vez estas exclamaciones: “¡cerremos filas, por el bien nacional!” “¡a todos interesa la integridad de la patria!” “¡México para los mexicanos!”

Tan compleja situación para las masas proletarias y populares está planteada. Pues aunque el “sentimiento nacional” en el sentido que lo propagan los nacionalistas está evidentemente decaído (y así lo evidencian los resultados de las últimas elecciones, donde las posiciones nacionalistas también fueron duramente castigadas con la abstención) y aunque también los políticos pro-imperialistas se disfracen de “unidad nacional” sin tener aún los éxitos que el imperialismo les exige, es evidente que los principales actores y beneficiarios del movimiento “nacional” siguen siendo los burgueses de todos los colores.

En esta situación no son pocos los sindicatos, militantes de izquierda u organizaciones seudo-revolucionarias que se movilizan masivamente bajo las banderas del movimiento nacional que la burguesía promueve y que invariablemente dan un sí inmediato a las preguntas formuladas más arriba. ¿El resultado?: las masas proletarias y populares que espontáneamente se han despegado y desilusionado de los resultados de la lucha nacional de los burgueses y sus partidos repentinamente se encuentran a la vuelta de la esquina con que también algunos “avanzados” van tras la cola nacionalista.

Peor aún, no faltan a la cita los intelectuales fatalistas de la pequeña burguesía o neo-historiadores que cual trovadores errantes tratan de encontrar el hilo negro de la apatía de las masas para consolidar la democracia burguesa y van haciendo retrospectivas históricas que aluden a una supuesta conciencia nacional derrotista, de falta de iniciativa para “progresar”, de un pueblo siempre pisoteado e indiferente ante el aplastamiento, la invasión, fundamentalmente subyugado, pisoteado y sin capacidad de respuesta a lo largo de toda la historia. En realidad a lo que se dedican estos expertos charlatanes es a tergiversar toda una tradición guerrera del pueblo mexicano, que ha pagado con cuota de sangre la conformación de la actual nación burguesa mexicana y hacer olvidar a los proletarios que en las grandes batallas de clases, los oprimidos antes y después de este hecho histórico echaron a la historia hacia delante, es decir, tomaron consecuentemente su papel en ésta, de acuerdo a sus intereses de clase. Quien pretenda poner en el mismo saco y medir en la misma balanza todas las etapas históricas de la nación mexicana estará tergiversando para el bien de la ideología dominante.

Es necesario que la clase obrera de nuestro país se allegue de fuentes certeras que expliquen el desarrollo de la nación, que haga diferencia sobre las etapas prehispánicas, de conquista, coloniales que antecedieron a la conformación del país, y que en el desarrollo del movimiento de Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicanas encuentre los elementos necesarios para entender el devenir de su papel protagónico en la actual sociedad de clases, retomar la tradición de lucha de sus antecesores oprimidos para dar al traste con esa amalgama de nacionalismo exacerbado que pretende una mexicanidad que no existe, que raya en el racismo, y que inevitablemente lleva al enfrentamiento con nuestros hermanos de clase de otros países, pues ante todo, para la burguesía será más importante la “unidad de la nación” que la unidad de los intereses de clase de los proletarios, por ello a la burguesía nativa le viene bien el fortalecimiento del antagonismo entre los obreros estadounidenses y los emigrantes mexicanos, los azuzará para mantener bien demarcada la línea nacional y para anteponer “el país” a la unidad de clase de todos los proletarios del mundo.

Las fronteras nacionales sólo las ha superado el capital de la oligarquía financiera, ha hecho de éste un sujeto inaprensible que viaja con visa universal, y que arruina, como dijera Lenin, con un simple corte de cupón a millones de proletarios de un país entero al instante. Junto con ello la masa contenida de proletarios divididos por naciones, es una gran fuerza social contenida, que reclamará en la próxima oleada revolucionaria primero la conquista de la nación en interés de la misma clase y después la caída de las fronteras en una gran república mundial del proletariado.

Con respecto a cómo respondemos los comunistas las preguntas formuladas más arriba:

1.- Sí, es importante que los nacionalistas empujen la “fortaleza nacional” pues evidencia su carácter burgués. Los comunistas reconocemos la autodeterminación de los pueblos y las naciones. Pero no renunciamos a la lucha de clases interna, es decir a la lucha por qué clase dirige el rumbo de ésta.

2.- Los proletarios desde su aparición como clase viven oprimidos económica, política y socialmente, es por eso que no se les puede llamar independientes en ningún sentido. Pero también en este caso no renunciamos a la lucha de clases interna y a luchar contra amenazas mayores en el caso de los imperialistas.

3.- Los imperialista yanquis quieren las “fuentes de progreso” precisamente debido a que los disfrazados de nacionalistas se las han ofrecido en bandeja de plata. Las “fuentes del progreso” del país son para los obreros, la mayor de las veces, su infierno y purgatorio juntos, la base de su hundimiento humano precisamente por que ellos no administran la fuente. Acerca de los nervios podemos decir que los obreros los enfrentan diariamente, motivo por el cual serán los más preocupados en hacer suyo el “progreso”.

4.- ¡Claro! El imperialismo es el enemigo principal de los obreros de todos los países, el enemigo en la antesala de la revolución proletaria mundial. y es en este sentido que los comunistas no cejamos en nuestro empeño de elevar a la clase como la dominante en todos los países. Ante todo el imperialismo es el enemigo irreconciliable del proletariado. Con respecto a la nación burguesa no sólo hay “acuerdos” con el imperialismo, sino también una alianza poderosísima contra los intereses del proletariado conciente.
En este 170
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vp@pcmml.com