El
capitalismo va de crisis en crisis,
la burguesía y sus partidos
hacen cálculos complejísimos
para “sacar al país
de la situación actual”,
recurren al montaje de escenarios
celestiales y/o apocalípticos
ocultando la esencia de los fenómenos,
y predican el bien común;
todo para reforzar la explotación
y opresión capitalista.
El hecho de que nuestro país
esté sujeto a la dominación
neocolonial por el imperialismo,
más la naturaleza rapaz
de la oligarquía nacional,
agrava lo que de por sí
es norma en el sistema, una continua
pauperización en las masas.
La historia nos demuestra toda
la verdad contenida en la obra
de Carlos Marx: para que la burguesía
amplíe sus ganancias, tiene
que “acortar la parte de
la jornada en que el obrero necesita
trabajar para sí, y, de
ese modo, alargar la parte de
la jornada que entrega gratis
al capitalista.” (El Capital,
Cap. XIII, Maquinaria y gran industria
p. 302, Fondo de Cultura Económica).
Y esta labor la realiza mediante
diversas acciones tales como la
maquinización del proceso
de producción, el alargamiento
de la jornada de trabajo o la
utilización de una organización
racional del proceso.
La legislación laboral
en el capitalismo, no ha hecho
más que llevar al rango
de ley el derecho burgués
a explotar y oprimir al proletariado,
el campesinado y masas en general.
En la legislación vigente
ese derecho está más
que consagrado, aún cuando
la burguesía se vio obligada
a hacer importantes concesiones
al proletariado y masas trabajadoras,
que hoy busca revertir.
La burguesía y los imperialistas
viven una situación en
que ya no conciben la explotación
más que en su nivel extremo,
y no podría ser de otra
manera en virtud de la ley de
maximización de la ganancia
que rige al capitalismo imperialista,
la falta de mercados, y la feroz
competencia entre los monopolios.
En medio de las convulsiones de
un sistema en descomposición
los oligarcas están desesperados
por incrementar sus ganancias,
están haciendo todo lo
posible por desregular la explotación
de la fuerza de trabajo, es en
este marco en que se suscriben
las distintas “iniciativas”
de reforma a la Ley Federal del
Trabajo (LFT) de los partidos
burgueses y otras organizaciones
del mismo corte.
Las distintas “iniciativas”
se centran en modificar los aspectos
más neurálgicos
de la actual ley, enfatizando
en la fractura de las conquistas
obtenidas por las masas trabajadoras,
para beneficiar indiscutiblemente
a la burguesía y su proceso
de acumulación de capital.
Hay que agregar que aún
cuando la ley vigente tiene sus
contradicciones que facilitan
el manejo a placer de la burguesía,
no es cumplida a cabalidad por
ésta (cada año se
producen alrededor de 100 mil
violaciones a la LFT).
La situación de la burguesía
y el imperialismo resulta peligrosa,
en tanto que no tienen todos los
soportes legales a su actual forma
de operar, encontrándose
con restricciones. La clase obrera
siente en carne propia las consecuencias
de la “nueva” visión
burguesa sobre plusvalía;
la ganancia empresarial es el
65% del PIB, el ingreso del trabajo
se ha reducido al 35%, en los
últimos 23 años
su salario se contrajo un 89%;
el 80% de la población
del país no tiene acceso
a la canasta básica.
En un plano general, lo que marca
la diferencia de unas propuestas
respecto de las otras, es que
unas apuntalan la extracción
de plusvalía en forma brutal
(PAN, PRI); otras, lo hacen promoviendo
patrones de colaboración
capital-trabajo (PRD-UNT), pero
en el fondo, guardan una misma
esencia, asegurar al sistema una
mayor extracción de plusvalía.
Los objetivos que la burguesía
y el imperialismo se han puesto
a través de sus partidos,
las burocracias sindicales, cámaras
y otras organizaciones son muy
conocidos: incrementar la productividad
y competitividad, flexibilidad,
movilidad, polivalencia e inversión
extranjera. A su vez, las afinidades
burguesas a algunas expresiones
políticas son claras, aunque
no implican necesariamente una
demarcación, lo fundamental
para ella son estos principios.
La productividad de que hablan,
no es otra cosa más que
elevar la intensidad de la explotación,
los burgueses reclaman una mayor
aportación de los proletarios,
sin que esto se vea reflejado
en mejoras a sus condiciones materiales,
quieren que los obreros no puedan
recurrir a medidas como el tortuguismo
para expresar sus inconformidades,
se eliminan las reglamentaciones
que contienen el instinto depredador
del capital, para lo cual pretenden,
además, aumentar legalmente
la jornada de trabajo como lo
dice el PAN o como lo propone
el PRD, normar las horas extras;
cuando las contradicciones capitalistas
empujan a la reducción
de la jornada de trabajo.
La competitividad hacia lo interno
y hacia el exterior, se basa fundamentalmente
en la apertura del mercado, cuyas
repercusiones han lacerado la
economía de las masas y
que en lo laboral significará
una constante elevación
de la explotación, debido
a que, con los actuales patrones
tecnológicos, la burguesía
nacional sólo puede competir
a costa de bajar los salarios
y sustraer todos los recursos
posibles a las masas, metiendo
sus pensiones a los mercados financieros,
sus seguros médicos, etc.
Con el pretexto de flexibilizar
y modernizar la LFT, pretenden
sustraer la mediación del
Estado en los aspectos que restringía
los manejos de la patronal para
colocar al proletariado en la
absoluta indefensión; esta
línea es defendida por
Abascal con la eliminación
de las Juntas de Conciliación
y Arbitraje, implementando la
figura de jueces de lo social,
pero también por el PRD
con el mismo fin pero encubriéndose
en la creación de mecanismos
de vigilancia; nosotros decimos,
si ya antes la corrupción
de jueces y el Estado resolvían
en su mayoría a favor de
la burguesía, ¿qué
se espera ahora que se deja a
los obreros a merced de los patrones
y con estructuras de tipo policiaco
y a tono con el modo de vida burgués?
Con esta nueva “cultura
laboral” se pretende cargar
contra los sindicatos como organizaciones
de lucha del proletariado y de
las masas, desmembrar a los de
mayor tamaño, impidiendo
su organización nacional
con una serie de requisitos amañados;
imponer la formación de
pequeños sindicatos al
interior de una misma empresa
o de una misma fábrica
para hacer imposible la organización
de los explotados, crear nuevas
cláusulas de exclusión
para que no se creen nuevos sindicatos,
e ir construyendo organismos de
trabajadores que más que
abocarse a la defensa de sus intereses
se dediquen a promover la productividad
y a “descargar” a
los patrones de las molestias
de una organización sindical.
Los Contratos Colectivos de Trabajo
se pretende sean suplidos por
Contratos de Protección
(de los cuales se dice existen
unos 100 mil) donde el contrato
lo firman el patrón y un
“representante” sindical
a espaldas de los trabajadores,
tal y como hoy hacen con sus consultas
teledirigidas, o por contratos
individuales bajo el pretexto
de la igualdad entre patrón
y trabajador.
La misma suerte ha de correr el
derecho de huelga, hoy sustentado
solo en el papel como letra muerta.
De la huelga, la premisa de los
patrones es que no exista una
sola en la historia por venir,
cualquier soplo de huelga debe
pasar por el acuerdo del patrón
y de las autoridades, y en caso
de suceder, no podrá durar
más de 30 días.
La huelga o cualquier otra acción
organizativa de los trabajadores
pasarían a ser interpretados
como actos “al margen de
la ley”. De estos último
los socialdemócratas dicen
estar bastante indignados, pero
sus observaciones y sus “iniciativas”
dejan las cosas en parecida situación
con la manera en que otorgan poder
a los jueces de lo social y otras
propuestas parecidas. Ellos se
hartan con proclamar la defensa
de la mujer y de los menores de
edad, y sin embargo, su propuestas
son insuficientes al evitar las
sanciones contra la burguesía,
pues no basta decir no a una determinada
forma de operar del capitalismo,
máxime cuando entraron
en el escenario que les preparó
la ultraderecha, y bajo la misma
óptica de reformas antipopulares.
En la cuestión del trabajo
infantil los socialdemócratas
ni siquiera se inmutan en reglamentarlo,
siendo que de lo que se trata
es de anularlo, ellos no hacen
otra cosa más que reconocer
y afirmar las desigualdades en
el país, de las cuales
el trabajo infantil es una expresión
al tener su origen en el raquítico
salario de los trabajadores adultos.
Otra variante de la flexibilización,
movilidad y polivalencia resulta
de su interpretación como
la posibilidad de agregar a la
carga de trabajo del obrero nuevas
tareas sin aumentar su salario,
disponiendo del trabajador para
un mayor número de tareas
sin nueva contratación
o estipulaciones respecto de incrementar
sus percepciones, redundando en
un claro incremento de plusvalía.
Los ajustes a los deseos de los
grandes monopolios internacionales
son visibles, ellos han derramado
importantes recursos para corromper,
extorsionar y patrocinar la reforma
laboral, el Banco Mundial desembolsó
mil millones de dólares
para tal efecto. Los imperialistas
advierten que los sindicatos deben
ser anulados y los contratos colectivos
vueltos a revisar o a borrar del
panorama, como lo vienen haciendo
algunas transnacionales que repentinamente
se declaran en quiebra, sin otorgar
las liquidaciones de ley por despido
y por antigüedad, y luego
vuelven a recontratar trabajadores
sin el anterior contrato.
Según el Banco Mundial:
“Se debe eliminar el sistema
actual de pago por despidos; la
negociación colectiva y
contratos obligatorios para la
industria (contratos ley); el
ingreso obligatorio a sindicatos
(cláusula de exclusión);
la repartición obligatoria
de utilidades; las restricciones
a los contratos temporales de
plaza, fijos y de aprendizaje;
los requisitos de compromisos
basados en antigüedad; los
programas de capacitación
programados por la empresa y las
obligaciones por los empleados
de subcontratistas (patrón
directo)”.
La panacea foxista para conseguir
el “pleno empleo”
dice que en las actuales condiciones
de la LFT dar empleo resulta demasiado
costoso, nada más grato
a los oídos de la oligarquía
que aspira a reducir al proletariado
a una masa que no haga otra cosa
más que trabajar, sin concederle
pensiones, salarios altos, bienes
y recursos económicos de
sus sindicatos, educación
pública, cultura, etc.
En otras palabras, lo que desean
es quedarse con todos esos paquetes.
¿Pero se encuentra la burguesía
en situación de garantizar
el empleo aún a estos costos?
Naturalmente esto no puede suceder
porque simplemente no es benéfico
para el capitalismo que siempre
ha necesitado del ejército
de desempleados para contener
y disminuir el salario, y, estructuralmente,
la dinámica de acumulación
capitalista arroja al desempleo
a inmensas masas humanas suplantadas
por los más modernos medios
de producción y por las
crisis económicas de sobreacumulación
de capitales. Las cosas no pueden
ser de otra forma porque en la
sociedad capitalista rige esa
ley de extracción de plusvalía,
donde el interés es la
ganancia económica.
El gran cordón sanitario
a las ideas democráticas
y revolucionarias llega al colmo
en los dos extremos de la misma
cadena, por un lado el PAN propone
cambiarle de nombre a la categoría
patrón que llevan los burgueses
por la de “empleador”,
y en el otro cabo, el PRD propone
el término “amplio”
de trabajador para hacer olvidar
el de clase obrera. Así
de grotescas son las tramas de
la política burguesa.
Que las masas puedan salir de
alguna forma beneficiadas de las
reformas impulsadas por la burguesía
es una vil falsedad. La política
laboral que pretenden hacer ley
los imperialistas y la burguesía
nacional solo lleva al incremento
de la miseria entre las masas
trabajadoras, las mismas que no
son tomadas en consideración
y solo entran como el botín
mayor. Hacer el “juego político”
con la burguesía es cosa
de sus partidos. Para los comunistas
esta ofensiva solo se podrá
detener y doblegar con la acción
organizada de las masas al reconstruir
sus sindicatos de clase y desembarazarse
del charrismo, el parlamentarismo
burgués, y de toda la politiquería
empresarial y socialdemócrata
que hoy las ata e imposibilita
para la lucha. |