Que
pánico tuvieron las burguesías
imperialistas de Estados Unidos
y Canadá, simplemente por
que una falla en el fluido de
energía eléctrica
paralizó por unas horas,
industria, la bolsa, los bancos,
las comunicaciones, los aeropuertos,
el metro, la internet, y otros
servicios en algunas ciudades,
de la Costa Atlántica,
de estos dos países. Con
ello, en unas horas, perdieron
cuantiosas ganancias. ¿Cuánto
perderían los capitalistas
si en cada país y a nivel
mundial la clase obrera y en general
las amplias masas populares explotadas
y oprimidas organizamos de verdad
UN PARO DEL TRABAJO? Con ello,
estaríamos enrumbándonos
hacia la revolución proletaria.
Las instituciones de la burguesía,
aunque aparentan gozar de cabal
salud, están maltrechas,
desgastadas. Están envejeciendo
rápidamente y se abre una
buena oportunidad para ondear
banderas rojas y un polo político
democrático-revolucionario
que empuje un programa alternativo
desde una perspectiva de la clase
obrera y de los campesinos pobres.
Las elecciones del 6 de julio,
son un mandato claro y contundente:
¡¡Ninguna institución
burguesa, ningún partido
de la burguesía, ningún
corifeo de la burguesía,
puede mandar o gobernar en nuestro
nombre!! No están autorizados
para cambiar nada que modifique
la vida constitucional. No deben
reformar nada que posibilite una
mayor entrega de la soberanía
nacional a los monopolios nacionales
o extranjeros y en general a las
diversas fracciones imperialistas.
No se atrevan a imponernos desde
sus cochupos burgueses, medidas
o reformas que atenten en contra
de nuestras ya, de por sí
paupérrimas condiciones
de vida, de trabajo y estudio
y de nuestros maltrechos derechos
políticos y libertades
democráticas. ¡¡Nunca
fueron autorizados para hacerlo!!
El próximo 1° de septiembre
y alrededor de este hecho, se
profundizará la lucha entre
dos posiciones en torno a los
caminos que hay que recorrer para
darle solución a los grandes
problemas nacionales. Uno, el
oficial y oficioso que incluye
a todos los poderes públicos
en sus distintos niveles de gobierno
(federal, estatal y municipal)
que usurpan la soberanía
nacional y popular; a los partidos
políticos burgueses y pequeñoburgueses
con o sin representación
oficial; a los sindicatos patronales
(que controlan principalmente
la bolsa, la banca y la industria);
a la aristocracia obrero-sindical;
a los dirigentes corrompidos del
movimiento campesino; a la jerarquía
de la iglesia católica;
a las cúpulas de las burocracias
que dirigen las universidades
públicas y privadas; a
los grandes medios de comunicación;
a los intelectuales de derecha
y convenencieros cuyas plumas
se han puesto al servicio del
capital. Y el otro, el popular,
que incluye fundamentalmente a
los productores de la riqueza
a los obreros y a los campesinos
pobres, y junto a ellos a una
gama de pequeños productores
arruinados del campo y la ciudad.
El primero, desde el poder y desde
el gobierno, pretende seguir cabalgando
sobre la soberanía nacional
y sobre el hambre y miseria de
las amplias masas populares; el
segundo, desde la lucha callejera;
desde la movilización política
de masas; desde la lucha por la
presentación con vida de
todos los detenidos-desaparecidos;
desde la lucha por la libertad
de todos los presos políticos;
desde la lucha contra la militarización
y paramilitarización y
contra la represión; desde
la lucha por un sindicalismo de
clase, unitario, asambleísta,
democrático, revolucionario
e internacionalista; desde la
defensa de la universidad pública
y la educación pública,
democrática, laica, gratuita
y popular; desde la lucha en defensa
del empleo, por puestos de trabajo
y por mejores salarios; desde
la lucha en defensa de la seguridad
social; desde la lucha contra
el IVA en alimentos, medicinas
y libros; desde la lucha en defensa
del patrimonio cultural; desde
la pelea por vivienda y servicios
públicos dignos; desde
el combate contra la reforma laboral,
la reforma energética (eléctrica,
petrolera, nuclear); la reforma
fiscal, la reforma educativa y
la reforma social; desde la movilización
contra el TLCAN, el ALCA y el
Plan Puebla Panamá; desde
la lucha por un presupuesto público
que privilegie el gasto social;
luchando por mejores condiciones
de vida y de trabajo y de estudio
y en defensa y por la ampliación
de las libertades democráticas
y los derechos políticos
de las amplias masas populares;
se apresta, en el ejercicio de
la autodeterminación de
los pueblos, a formular las líneas
generales, de un nuevo proyecto
nacional.
Desde el 1° de septiembre
y hasta el 2 de octubre, estas
dos tendencias, empujaran una
nueva correlación de fuerzas.
En particular, nuestro Partido,
el FPR y sus organizaciones, la
Promotora por la Unidad Nacional
en Contra del Neoliberalismo,
la CNTE, El Frente Sindical Mexicano,
el Frente Nacional de Resistencia
Contra la Privatización
de la Industria Eléctrica,
el EZLN y los Caracoles, los diversos
esfuerzos de unidad y convergencia
popular locales y regionales y
las diversas organizaciones políticas
y sociales del campo popular,
tenemos que jugar un papel de
primer orden para unificar el
descontento de nuestro pueblo
y empujarlo organizadamente hacia
una salida democrática
y revolucionaria.
La burguesía y sus partidos,
han medido los efectos del 6 de
julio, se aprestan para reponerse
de ello y para darle mayor estabilidad
a sus instituciones rumbo a la
sucesión presidencial del
2006.
Nosotros, la jornada nacional
de lucha que inicia el 1°
de septiembre y concluye el 2
de octubre, debemos convertirla
en la voz organizada y combativa
de los que no votaron el seis
de julio y de quienes habiendo
votado, necesitan de una alternativa
de lucha de oposición popular
contra el régimen. El 1º
de septiembre, Vicente Fox Quezada,
rendirá un nuevo Informe
de Gobierno (un nuevo informe
de mentiras), el Congreso de la
Unión, iniciará
también un nuevo periodo
de sesiones en donde se intenta
aprobar las contrarreformas estructurales
para imponerle a la clase obrera
y a las amplias masas populares
mayores cargas para pagar la crisis
del sistema; y también
se estrenan los nuevos diputados
(toman posesión) que fueron
aplastados por más del
60% del abstencionismo que se
registró el próximo
pasado 6 de julio. Que esta jornada,
sirva para que desde la calle,
el grito del silencio se deje
escuchar ¡¡Que se
vayan todos!!, avanzar la organización
del descontento popular expresado
en el boicot electoral de las
pasadas elecciones, convertir
esa fuerza en acción de
masas en lucha por sus derechos
políticos y económicos,
y preparar el boicot a la próxima
sucesión presidencial burguesa
del 2006; y nos alcemos con una
victoria popular en el combate
contra ellos… los explotadores
y opresores.
¡¡Todos a la marcha
el 1º de septiembre del Monumento
a la Revolución al Palacio
Legislativo!!
¡¡Vamos a construir
el Paro Cívico Nacional!!
Así
están las cosas por estos
días.
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