Número 169/agosto/2003
...Por estos días...
Que pánico tuvieron las burguesías imperialistas de Estados Unidos y Canadá, simplemente por que una falla en el fluido de energía eléctrica paralizó por unas horas, industria, la bolsa, los bancos, las comunicaciones, los aeropuertos, el metro, la internet, y otros servicios en algunas ciudades, de la Costa Atlántica, de estos dos países. Con ello, en unas horas, perdieron cuantiosas ganancias. ¿Cuánto perderían los capitalistas si en cada país y a nivel mundial la clase obrera y en general las amplias masas populares explotadas y oprimidas organizamos de verdad UN PARO DEL TRABAJO? Con ello, estaríamos enrumbándonos hacia la revolución proletaria.

Las instituciones de la burguesía, aunque aparentan gozar de cabal salud, están maltrechas, desgastadas. Están envejeciendo rápidamente y se abre una buena oportunidad para ondear banderas rojas y un polo político democrático-revolucionario que empuje un programa alternativo desde una perspectiva de la clase obrera y de los campesinos pobres.

Las elecciones del 6 de julio, son un mandato claro y contundente: ¡¡Ninguna institución burguesa, ningún partido de la burguesía, ningún corifeo de la burguesía, puede mandar o gobernar en nuestro nombre!! No están autorizados para cambiar nada que modifique la vida constitucional. No deben reformar nada que posibilite una mayor entrega de la soberanía nacional a los monopolios nacionales o extranjeros y en general a las diversas fracciones imperialistas. No se atrevan a imponernos desde sus cochupos burgueses, medidas o reformas que atenten en contra de nuestras ya, de por sí paupérrimas condiciones de vida, de trabajo y estudio y de nuestros maltrechos derechos políticos y libertades democráticas. ¡¡Nunca fueron autorizados para hacerlo!!

El próximo 1° de septiembre y alrededor de este hecho, se profundizará la lucha entre dos posiciones en torno a los caminos que hay que recorrer para darle solución a los grandes problemas nacionales. Uno, el oficial y oficioso que incluye a todos los poderes públicos en sus distintos niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) que usurpan la soberanía nacional y popular; a los partidos políticos burgueses y pequeñoburgueses con o sin representación oficial; a los sindicatos patronales (que controlan principalmente la bolsa, la banca y la industria); a la aristocracia obrero-sindical; a los dirigentes corrompidos del movimiento campesino; a la jerarquía de la iglesia católica; a las cúpulas de las burocracias que dirigen las universidades públicas y privadas; a los grandes medios de comunicación; a los intelectuales de derecha y convenencieros cuyas plumas se han puesto al servicio del capital. Y el otro, el popular, que incluye fundamentalmente a los productores de la riqueza a los obreros y a los campesinos pobres, y junto a ellos a una gama de pequeños productores arruinados del campo y la ciudad.

El primero, desde el poder y desde el gobierno, pretende seguir cabalgando sobre la soberanía nacional y sobre el hambre y miseria de las amplias masas populares; el segundo, desde la lucha callejera; desde la movilización política de masas; desde la lucha por la presentación con vida de todos los detenidos-desaparecidos; desde la lucha por la libertad de todos los presos políticos; desde la lucha contra la militarización y paramilitarización y contra la represión; desde la lucha por un sindicalismo de clase, unitario, asambleísta, democrático, revolucionario e internacionalista; desde la defensa de la universidad pública y la educación pública, democrática, laica, gratuita y popular; desde la lucha en defensa del empleo, por puestos de trabajo y por mejores salarios; desde la lucha en defensa de la seguridad social; desde la lucha contra el IVA en alimentos, medicinas y libros; desde la lucha en defensa del patrimonio cultural; desde la pelea por vivienda y servicios públicos dignos; desde el combate contra la reforma laboral, la reforma energética (eléctrica, petrolera, nuclear); la reforma fiscal, la reforma educativa y la reforma social; desde la movilización contra el TLCAN, el ALCA y el Plan Puebla Panamá; desde la lucha por un presupuesto público que privilegie el gasto social; luchando por mejores condiciones de vida y de trabajo y de estudio y en defensa y por la ampliación de las libertades democráticas y los derechos políticos de las amplias masas populares; se apresta, en el ejercicio de la autodeterminación de los pueblos, a formular las líneas generales, de un nuevo proyecto nacional.

Desde el 1° de septiembre y hasta el 2 de octubre, estas dos tendencias, empujaran una nueva correlación de fuerzas. En particular, nuestro Partido, el FPR y sus organizaciones, la Promotora por la Unidad Nacional en Contra del Neoliberalismo, la CNTE, El Frente Sindical Mexicano, el Frente Nacional de Resistencia Contra la Privatización de la Industria Eléctrica, el EZLN y los Caracoles, los diversos esfuerzos de unidad y convergencia popular locales y regionales y las diversas organizaciones políticas y sociales del campo popular, tenemos que jugar un papel de primer orden para unificar el descontento de nuestro pueblo y empujarlo organizadamente hacia una salida democrática y revolucionaria.

La burguesía y sus partidos, han medido los efectos del 6 de julio, se aprestan para reponerse de ello y para darle mayor estabilidad a sus instituciones rumbo a la sucesión presidencial del 2006.

Nosotros, la jornada nacional de lucha que inicia el 1° de septiembre y concluye el 2 de octubre, debemos convertirla en la voz organizada y combativa de los que no votaron el seis de julio y de quienes habiendo votado, necesitan de una alternativa de lucha de oposición popular contra el régimen. El 1º de septiembre, Vicente Fox Quezada, rendirá un nuevo Informe de Gobierno (un nuevo informe de mentiras), el Congreso de la Unión, iniciará también un nuevo periodo de sesiones en donde se intenta aprobar las contrarreformas estructurales para imponerle a la clase obrera y a las amplias masas populares mayores cargas para pagar la crisis del sistema; y también se estrenan los nuevos diputados (toman posesión) que fueron aplastados por más del 60% del abstencionismo que se registró el próximo pasado 6 de julio. Que esta jornada, sirva para que desde la calle, el grito del silencio se deje escuchar ¡¡Que se vayan todos!!, avanzar la organización del descontento popular expresado en el boicot electoral de las pasadas elecciones, convertir esa fuerza en acción de masas en lucha por sus derechos políticos y económicos, y preparar el boicot a la próxima sucesión presidencial burguesa del 2006; y nos alcemos con una victoria popular en el combate contra ellos… los explotadores y opresores.

¡¡Todos a la marcha el 1º de septiembre del Monumento a la Revolución al Palacio Legislativo!!

¡¡Vamos a construir el Paro Cívico Nacional!!

Así están las cosas por estos días.
En este 169
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