El
pasado 14 de agosto, en el noreste
de Estados Unidos (E.U.) y la
frontera canadiense se produjo
un apagón que se estima
afectó a 50 millones de
personas y varias ciudades. Entre
las afectadas estuvo la ciudad
de Nueva York, una de las más
importantes de E.U., reconocida
mundialmente como la ciudadela
del capitalismo. Primero circularon
versiones sobre la posible autoría
terrorista, después se
quiso culpar a Canadá,
pero mas tarde E.U. tuvo que reconocer
que fueron las empresas privadas;
o mejor dicho, que los autores
no eran los terroristas a los
que se les adjudica este tipo
de actos, sino eran los terroristas
del gran capital.
E.U. padece una grave crisis energética
a consecuencia de la privatización
de la industria eléctrica
norteamericana, el irracional
crecimiento y concentración
de la industria en general, el
consumo exagerado de energía
por parte del ejército,
del despilfarro de energía
por la sociedad capitalista, la
especulación financiera
de los monopolios que producen
y distribuyen energía eléctrica
(recordemos el caso Enron).
Desde que el capital privado entró
con rienda suelta a la administración
de la energía eléctrica
los problemas no han dejado de
agravarse. La mentalidad burguesa
liberal del “dejar hacer
y dejar pasar” es la causa
de los apagones, ya que se idealiza
la desregulación económica,
aun contra la opinión de
algunos organismos oficiales,
como El North American Electric
Reliability Council (Consejo de
Seguridad de Funcionamiento Eléctrico
de los Estados Unidos), quien
“tenía diez años
advirtiendo que la falta de inversión
en la capacidad de transmisión
y la saturación provocada
por transferencias económicas
en las que las empresas canalizaban
electricidad desde cientos de
millas por su bajo precio, había
puesto en riesgo la totalidad
del tendido eléctrico.”
Esta era una catástrofe
anunciada, el Secretario de Energía
de la administración Clinton,
el Consejero General de la Organización
Nacional para el Funcionamiento
de la Energía Eléctrica,
y otros importantes funcionarios
lo señalaban. Nadie hizo
caso, no convenía a los
magnates hacer caso.
El caso de Estados Unidos es aleccionador,
ya que es frecuente que se tome
como ejemplo de éxito de
las empresas privadas. Pero estas
conclusiones no son tan claras
ni tan ciertas, de hecho son una
muestra de la descomposición
y parasitismo a que llega el capitalismo,
pues habiendo posibilidades de
generar energía de manera
suficiente y segura, no se hace
debido al interés de lucro.
De esta experiencia se hacen dos
lecturas principales. Veamos:
1. Los representantes de la oligarquía
financiera pro imperialista de
México dicen que la enseñanza,
de los apagones en California
como el de Nueva York, es la necesidad
urgente de privatizar la energía
eléctrica, de desregular
y permitir la inversión
del capital extranjero para manejar
el rubro con criterios empresariales
de rentabilidad. Aquí se
encuentran sobre todo los voceros
del foxismo, la ultraderecha y
las cúpulas financieras.
2. Los “nacionaleros”.
Los “hijos de la Revolución
Mexicana”, gentes relacionadas
con las más rancias tradiciones
priístas y otros incrédulos
de la ausencia de patria del capital:
Este sector se opone hoy porque
sabe que si privatiza no tendrá
en sus manos el proceso y no obtendrá
ganancia, porque aunque ahora
pidan que se siga produciendo
energía desde las empresas
paraestatales, al igual que la
distribución y comercialización;
ellos aprobaron desde Carlos Salinas
las modificaciones para iniciar
la privatización de petróleo
y la energía eléctrica
a través de los pidiregas
y otras leyes secundarias. Aquí
encontramos a los priístas.
También nos encontramos
a los que consideran que el gobierno
debe ser quien salvaguarde los
“intereses” del pueblo.
Aquí la socialdemocracia
del PRD, aunque en la realidad
a ellos solo les interesa los
votos o llegar a acuerdos, y se
incluyen hasta algunos grupos
de izquierda.
Pero los comunistas no nos dejamos
llevar por los vientos del oportunismo.
Primero. Es obvio que la oligarquía
financiera quiere “apoderarse”
no sólo en el sector eléctrico,
sino de cualquier otro donde tenga
superganancias. Y utilizan al
estado para desregular o incentivar
o subsidiar cualquier sector si
les conviene. Así se demuestra
los millonarios subsidios al campo
en Estados Unidos o en el apoyo
económico a las líneas
aéreas después del
11 de septiembre. Los gobiernos
de las superpotencias imperialistas
están controlados por la
oligarquía financiera.
En el caso de la electricidad
en Estados Unidos, venían
lucrando con manga ancha, debido
a la falta de regulación;
estalla la bomba y el gobierno
(de ellos) no es “capaz”
de fincar ninguna responsabilidad.
Segundo. El sector energético
en México está “controlado”
por el Estado. Esto lleva al enriquecimiento
de funcionarios. Ahora, al verse
desplazada la familia “revolucionaria”,
los burgueses nacionaleros apelan
al “amor a la patria”
y al Estado como garante de los
intereses de todas las clases
sociales, de los “intereses
de la nación”. Y
con estas “razones”
la “izquierda” electoral
nos quiere echar tierra a los
ojos, porque ni en México
ni en ninguna parte del mundo
actualmente existe un gobierno
que representen a todas las clases;
“todo estado señalaba
Marx- es la dictadura de una clase
social sobre otra”. Así
que el asunto no se trata de los
discursos patrióticos de
la burguesía, sino en la
satisfacción de las necesidades
de las masas, y esto no lo puede
hacer la burguesía en el
poder, grátese del PRI,
o del PAN o del PRD.
El proletariado sólo recibe
del gobierno represión,
bajos salarios, hambre y miseria;
no vendrá nada bueno de
este gobierno, lo poco que logremos
será por medio de la organización
y únicamente un gobierno
propio, de obreros y campesinos
pobres, surgido de la lucha popular,
podrá sentar las bases
para enfrentarlas las penurias
de las masas. |