Número 169/agosto/2003
3er informe Fox

¡Poder burgués no!
¡Poder obrero sí!


¡Por un gobierno provisional revolucionario
!
Las cosas están claras para los sucesos políticos de este primero de septiembre en el Palacio Legislativo. Los intereses directos de la clase obrera y de las masas trabajadoras no están representados ni en su conjunto ni en lo particular por ninguno de los partidos ni Diputados Federales que formarán parte de la nueva bancada en el Congreso de la Unión. Su composición está hecha fundamentalmente, por un lado, en función de los intereses de la oligarquía financiera para orientar la política económica que garantice mayores beneficios para el capital financiero a costa de la explotación de la clase obrera y la expoliación de las masas populares, y por el otro, para mantener el rumbo político del país ante posibles turbulencias y virajes por los estragos de la crisis económica. Con detalles más, detalles menos, pero en esencia este es el escenario que se presenta con la realización del 3er informe presidencial y la instalación de la LIX Legislatura del Congreso de la Unión y la apertura de su primer periodo ordinario de sesiones.

Los catastróficos resultados económicos del “gobierno del cambio” durante la primera mitad de su mandato han provocado descrédito y desconfianza, a tal grado que en las elecciones federales pasadas el nivel de abstención llegó a un histórico 60%. Esto no le ha permitido a la burguesía orientar las políticas antipopulares a su antojo y conveniencia, por temor a una respuesta popular de grados significativos. Por ello ha sido necesaria la unión de los sectores de la burguesía, comandados por el capital financiero, estableciendo una serie de negociaciones entre las fracciones de la oligarquía financiera en el poder, entre sus representantes políticos, el PRI, el PAN y el PRD, a través de todas las instancias institucionales y el sondeo y compromisos con los sectores empresariales más significativos de la burguesía nacional, para poder establecer una composición y líneas de trabajo que solventen las premuras que en orden económico y político serán fundamentales para saciar los apetitos voraces de los monopolios internacionales y los grandes capitales nacionales.

A veces en lo oscuro, otras veces cínicamente anunciados, los arrumacos entre las representaciones parlamentarias de los tres partidos mencionados se dan en estos momentos con el fin de negociar la administración de los trabajos de la LIX Legislatura para, sobre la coincidencia de los intereses burgueses, representados en cada uno de ellos, avanzar en la implementación de las reformas estructurales, principalmente la reforma a la Ley Federal del Trabajo (que modificará la relación obrero-patrón en beneficio del último), la hacendaria (imponer impuestos a alimentos y medicinas, entre otras) y la de energéticos (que pretende la privatización formal del sector eléctrico y de PEMEX).

En reuniones por aquí, reuniones por allá, los consensos de la burguesía en consonancia con los dictámenes de Washington se van dando. Los representantes de las fracciones de los tres partidos principales, del Revolucionario Institucional, Elba Esther Gordillo; de la Revolución Democrática, Pablo Gómez, y Acción Nacional, Francisco Barrio se han reunido ya con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), y su Círculo de Grandes Empresas, además de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), la Consejo Nacional Agropecuario (CNA) y la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra). En estas reuniones los esfuerzos por llegar a conciliar intereses no han manifestado mayor contradicción pues en opinión del sector empresarial, en voz de León Halkin Bider, presidente de la Concamin: “Los industriales están ''sorprendidos'' por la disposición de los coordinadores parlamentarios y su cercanía con la posición del sector privado”, y estos, la patronal, insistiendo en esta santa alianza anti obrera dejan ver el grado de compromiso y confianza por los amarres y sus perspectivas, pues el presidente de la Coparmex, José Luis Barraza, ha mencionado: "Dennos señales de confianza al concretar las reformas estructurales (...) la inversión y la generación de empleo vendrán por añadidura." (La Jornada, 29 de agosto).
Asimismo, en las discusiones sobre el control de las mesas directivas y coordinaciones tanto de la Cámara de Senadores como la de Diputados, en un restaurante ostentoso del sur de la ciudad, estos mismos representantes parlamentarios, han venido trabajando formulaciones que arrojen acuerdos previos para la administración de estos tres años venideros de usufructo popular (Reforma, 29 de agosto). Estas combinaciones tienen que ver, aparte de los cabildeos para poder aprobar las reformas, con las premisas de gobernabilidad y alternancia que la burguesía sigue entretejiendo con el fin de apuntalar su estancia en el poder ante posibles descalabros e irrupciones populares que pusieran en peligro al régimen.

La burguesía, con lo anteriormente dicho, demuestra, que está en condiciones de llamar a la cruzada antipopular a todas las clases explotadoras y reacomodar sus piezas de control para garantizar su dominio. Que no hay ingobernabilidad y que ante cualquier turbulencia se prepara y saldrá airosa si una ofensiva popular no emerge de la conciencia obrera y popular para organizar su caída.
Ante los llamados de las fuerzas populares a la resistencia, debemos completar, en el debate y la práctica, que la ofensiva anticapitalista por la toma del poder debe ser nuestra prioridad de construcción en estos momentos, que las reformas estructurales avanzan, y así lo ha demostrado la historia, porque la clase obrera y las masas populares no se mueven en clara efervescencia y ofensiva contra el régimen, porque su pasividad permite a la burguesía determinar cada paso de la política nacional al no encontrar en el movimiento obrero una verdadera oposición al atentar contra sus intereses.

Solo fuertes sacudidas populares obligarán al estado a echar marcha atrás a las reformas antipopulares que pretende, por ello debemos trabajar hacia una Convergencia Nacional de Oposición Popular al Régimen, que vaya destrabando las fuerzas populares atoradas en el aislamiento que tiene cada piquete de huelga obrera y cada enfrentamiento de los oprimidos contra el capital, y vaya despertando las fuerzas dormidas del vigor popular por sus ansias de emancipación y liberación de este régimen de explotación. Debemos trabajar porque todos los arroyuelos de descontento y lucha del pueblo se aproximen y encuentren coincidencia de clase en un fuerte movimiento que se convierta en un torrente revolucionario de masas que luche por el poder.
La posibilidad de construir un gobierno obrero campesino y popular debe ser bandera del movimiento para juntos luchar porque la organización de explotados y oprimidos instaure insurreccionalmente un Gobierno Popular Revolucionario y convoque a una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular, construyendo así los cimientos de una República Democrática y Popular.
En este 169
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