Las
cosas están claras para
los sucesos políticos de
este primero de septiembre en
el Palacio Legislativo. Los intereses
directos de la clase obrera y
de las masas trabajadoras no están
representados ni en su conjunto
ni en lo particular por ninguno
de los partidos ni Diputados Federales
que formarán parte de la
nueva bancada en el Congreso de
la Unión. Su composición
está hecha fundamentalmente,
por un lado, en función
de los intereses de la oligarquía
financiera para orientar la política
económica que garantice
mayores beneficios para el capital
financiero a costa de la explotación
de la clase obrera y la expoliación
de las masas populares, y por
el otro, para mantener el rumbo
político del país
ante posibles turbulencias y virajes
por los estragos de la crisis
económica. Con detalles
más, detalles menos, pero
en esencia este es el escenario
que se presenta con la realización
del 3er informe presidencial y
la instalación de la LIX
Legislatura del Congreso de la
Unión y la apertura de
su primer periodo ordinario de
sesiones.
Los catastróficos resultados
económicos del “gobierno
del cambio” durante la primera
mitad de su mandato han provocado
descrédito y desconfianza,
a tal grado que en las elecciones
federales pasadas el nivel de
abstención llegó
a un histórico 60%. Esto
no le ha permitido a la burguesía
orientar las políticas
antipopulares a su antojo y conveniencia,
por temor a una respuesta popular
de grados significativos. Por
ello ha sido necesaria la unión
de los sectores de la burguesía,
comandados por el capital financiero,
estableciendo una serie de negociaciones
entre las fracciones de la oligarquía
financiera en el poder, entre
sus representantes políticos,
el PRI, el PAN y el PRD, a través
de todas las instancias institucionales
y el sondeo y compromisos con
los sectores empresariales más
significativos de la burguesía
nacional, para poder establecer
una composición y líneas
de trabajo que solventen las premuras
que en orden económico
y político serán
fundamentales para saciar los
apetitos voraces de los monopolios
internacionales y los grandes
capitales nacionales.
A veces en lo oscuro, otras veces
cínicamente anunciados,
los arrumacos entre las representaciones
parlamentarias de los tres partidos
mencionados se dan en estos momentos
con el fin de negociar la administración
de los trabajos de la LIX Legislatura
para, sobre la coincidencia de
los intereses burgueses, representados
en cada uno de ellos, avanzar
en la implementación de
las reformas estructurales, principalmente
la reforma a la Ley Federal del
Trabajo (que modificará
la relación obrero-patrón
en beneficio del último),
la hacendaria (imponer impuestos
a alimentos y medicinas, entre
otras) y la de energéticos
(que pretende la privatización
formal del sector eléctrico
y de PEMEX).
En reuniones por aquí,
reuniones por allá, los
consensos de la burguesía
en consonancia con los dictámenes
de Washington se van dando. Los
representantes de las fracciones
de los tres partidos principales,
del Revolucionario Institucional,
Elba Esther Gordillo; de la Revolución
Democrática, Pablo Gómez,
y Acción Nacional, Francisco
Barrio se han reunido ya con la
Confederación Patronal
de la República Mexicana
(Coparmex), y su Círculo
de Grandes Empresas, además
de la Confederación de
Cámaras Industriales (Concamin),
la Consejo Nacional Agropecuario
(CNA) y la Cámara Nacional
de la Industria de Transformación
(Canacintra). En estas reuniones
los esfuerzos por llegar a conciliar
intereses no han manifestado mayor
contradicción pues en opinión
del sector empresarial, en voz
de León Halkin Bider, presidente
de la Concamin: “Los industriales
están ''sorprendidos''
por la disposición de los
coordinadores parlamentarios y
su cercanía con la posición
del sector privado”, y estos,
la patronal, insistiendo en esta
santa alianza anti obrera dejan
ver el grado de compromiso y confianza
por los amarres y sus perspectivas,
pues el presidente de la Coparmex,
José Luis Barraza, ha mencionado:
"Dennos señales de
confianza al concretar las reformas
estructurales (...) la inversión
y la generación de empleo
vendrán por añadidura."
(La Jornada, 29 de agosto).
Asimismo, en las discusiones sobre
el control de las mesas directivas
y coordinaciones tanto de la Cámara
de Senadores como la de Diputados,
en un restaurante ostentoso del
sur de la ciudad, estos mismos
representantes parlamentarios,
han venido trabajando formulaciones
que arrojen acuerdos previos para
la administración de estos
tres años venideros de
usufructo popular (Reforma, 29
de agosto). Estas combinaciones
tienen que ver, aparte de los
cabildeos para poder aprobar las
reformas, con las premisas de
gobernabilidad y alternancia que
la burguesía sigue entretejiendo
con el fin de apuntalar su estancia
en el poder ante posibles descalabros
e irrupciones populares que pusieran
en peligro al régimen.
La burguesía, con lo anteriormente
dicho, demuestra, que está
en condiciones de llamar a la
cruzada antipopular a todas las
clases explotadoras y reacomodar
sus piezas de control para garantizar
su dominio. Que no hay ingobernabilidad
y que ante cualquier turbulencia
se prepara y saldrá airosa
si una ofensiva popular no emerge
de la conciencia obrera y popular
para organizar su caída.
Ante los llamados de las fuerzas
populares a la resistencia, debemos
completar, en el debate y la práctica,
que la ofensiva anticapitalista
por la toma del poder debe ser
nuestra prioridad de construcción
en estos momentos, que las reformas
estructurales avanzan, y así
lo ha demostrado la historia,
porque la clase obrera y las masas
populares no se mueven en clara
efervescencia y ofensiva contra
el régimen, porque su pasividad
permite a la burguesía
determinar cada paso de la política
nacional al no encontrar en el
movimiento obrero una verdadera
oposición al atentar contra
sus intereses.
Solo fuertes sacudidas populares
obligarán al estado a echar
marcha atrás a las reformas
antipopulares que pretende, por
ello debemos trabajar hacia una
Convergencia Nacional de Oposición
Popular al Régimen, que
vaya destrabando las fuerzas populares
atoradas en el aislamiento que
tiene cada piquete de huelga obrera
y cada enfrentamiento de los oprimidos
contra el capital, y vaya despertando
las fuerzas dormidas del vigor
popular por sus ansias de emancipación
y liberación de este régimen
de explotación. Debemos
trabajar porque todos los arroyuelos
de descontento y lucha del pueblo
se aproximen y encuentren coincidencia
de clase en un fuerte movimiento
que se convierta en un torrente
revolucionario de masas que luche
por el poder.
La posibilidad de construir un
gobierno obrero campesino y popular
debe ser bandera del movimiento
para juntos luchar porque la organización
de explotados y oprimidos instaure
insurreccionalmente un Gobierno
Popular Revolucionario y convoque
a una Asamblea Nacional Constituyente
Democrática y Popular,
construyendo así los cimientos
de una República Democrática
y Popular. |