Año 1 Número 3 Julio-Septiembre de 2007
Clase Obrera

Acerca del ejército
industrial de reserva
“…a todo capitalista le interesa, de manera absoluta arrancar una cantidad determinada de trabajo de un número menor de obreros, en vez de extraerla, con la misma baratura e incluso a un precio más conveniente, de un número mayor…”
Carlos Marx. El Capital, T I, Cap.23

Vínculo intrínseco entre acumulación capitalista
y el ejército industrial de reserva


Durante todo el desarrollo y fortalecimiento del capitalismo la coexistencia con una masa obrera desplazada de las fuentes de empleo es una constante y una necesidad para la acumulación del capital.

Si una sobrepoblación relativa es el producto necesario de la acumulación y/o desarrollo de la riqueza sobre una base capitalista, la sobrepoblación se cristaliza, a su vez, en palanca de la acumulación capitalista e incluso en condición de existencia del modo capitalista de producción. Esa sobrepoblación crea, el material humano explotable y siempre disponible, independientemente de los límites del aumento real experimentado por la población. Constituye un ejército industrial de reserva a disposición del capital.

Como ejército industrial de reserva, se conoce a la cantidad, sobrante de obreros en comparación con la demanda de fuerza de trabajo de los capitalistas, esto es, la población obrera sobrante (parados) y no se trata de una sobrepoblación “natural”, porque como lo señaló Carlos Marx cada modo de producción tiene sus leyes demográficas, por lo que si existiera sobrepoblación relativa o ejército industrial de reserva en el capitalismo, ésta sería en relación con los requerimientos de la acumulación capitalista.

“…La denominamos 'relativa' porque proviene, no de un aumento positivo de la población obrera, que supere los límites de la riqueza en vías de la acumulación, sino, por el contrario, de una reducción acelerada del capital social que le permite prescindir de una parte más o menos considerable de sus trabajadores. Como esta superpoblación solo existe respecto de las necesidades momentáneas de la explotación capitalista, puede crecer y disminuirse de manera repentina.

…Tal es la 'ley de la población' que distingue a la época capitalista y corresponde a su modo de producción específico.” (Marx, Karl. El Capital, Tomo I, Cap. XXIII, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973, pág. 606)

Con la acumulación y el consiguiente desarrollo de la fuerza productiva del trabajo se acrecienta la fuerza expansiva del capital, porque –entre otras variables, como el crédito- las circunstancias técnicas del proceso mismo de producción: maquinaria, control del proceso productivo, medios de transporte, etc., facilitan, entre otras cosas, la más rápida transformación de plus producto (producto creado durante las horas excedentes que trabaja el obrero más allá de las necesarias para producir los valores necesarios para su subsistencia, salario y reposición de materias, equipos, etc.) en medios de producción suplementarios.

La expansión brusca y recurrente del grado de producción es imposible si no existe el material humano disponible, “si en el número de los obreros no se produce un aumento independiente del crecimiento absoluto de la población”. Este aumento sólo se genera mediante el simple proceso que "libera" continuamente una parte de los obreros, aplicando métodos y técnicas que reducen, en comparación con la producción acrecentada, el número de los obreros ocupados. Toda la forma de movimiento de la industria moderna deriva de la transformación constante de una parte del ejército industrial activo en “brazos desocupados” o “semi-ocupados”.

Durante los períodos de estancamiento y de prosperidad media, el ejército industrial de reserva ejerce presión sobre el ejército obrero activo, y pone coto a sus exigencias durante los períodos de sobreproducción. La sobrepoblación relativa es, entonces, “el trasfondo sobre el que se mueve la ley de la oferta y la demanda de trabajo”.

En el mundo desde hace unos 35 años se desarrolla, por no decir se impone, lo que los tecnócratas del capital han llamado la “modernidad laboral” que no es otra cosa que ajustar las relaciones laborales a los ritmos del desarrollo de la acumulación capitalista que hoy se conoce como neoliberalismo, política económica de sobre-explotación del imperialismo hacia el proletariado y los pueblos del orbe. Esto es la explotación más descarada (retornando a la precariedad del llamado “capitalismo salvaje”), la pauperización y flexibilización laboral, el ajuste de cuentas entre el capital y el trabajo; ajuste que es facilitado ante la derrota momentánea que sufrió la lucha obrero-sindical en general, y el marxismo-leninismo en particular, como instrumento del proletariado para la lucha cotidiana contra el capital hasta su emancipación total de éste.

México en la reestructuración mundial del proceso productivo

En México, la política económica del régimen, es acorde a las estrategias del capital financiero internacional, por lo que los planteamientos de la “modernidad laboral”, se tradujeron en lo que se conoció como “nueva cultura laboral”. En términos prácticos ha sido de mayor marginalidad el mercado laboral, esto es: pauperización de las condiciones de trabajo y salariales de los trabajadores y depresión de la demanda de fuerza de trabajo acrecentando el ejército industrial de reserva, para someter a los trabajadores en activo, fundamentalmente a aquellos que rebasando a sus dirigencias sindicales charras se encuentran organizados.

En este proceso se observa cómo los sindicatos son para los oligarcas, altamente incompatibles para el desarrollo de acumulación del capital por lo que en una tendencia a exterminarlos se va imponiendo un criterio de descalificación que en la práctica hace ver como inservibles, inútiles o estorbosos a las organizaciones obreras, a esto antepone nuevas formas de contratación cuando se establecen contratos individuales en clara contraposición a los Contratos Colectivos de Trabajo. Hay que señalar que para esto se apoyan en la burocracia sindical quien como corifeo de los patrones, actúa bajo los dictados de la oligarquía.

Esta reestructuración de la que se habla, va estableciendo geográficamente a nuevos corredores industriales, donde nuevos modelos de producción se van imponiendo, eliminando como es obvio a esos corredores o zonas industriales donde la tecnología de producción resultaba ya insuficiente o inservible a los propósitos centrales de los capitalistas, mayor ganancia.

De esta manera se ve como durante la segunda mitad de la década de los noventas se instalan nuevos corredores en seis nuevas zonas:

1.- A lo largo de la frontera norte,
2.- El conocido como Eje Saltillo-Monterrey, pero que se extiende hasta Monclova,
3.- El corredor de Salina Cruz a Manzanillo,
4.- El del Bajío y del Occidente,
5.- El de la Península de Yucatán,
6.- El del Valle del Mezquital.

Se señaló que en 1996 el 30% de las plazas laborales de la Industria habían sido relocalizadas a dichas franjas, donde predominan condiciones de precariedad de trabajo y de salarios. Explotar la fuerza de trabajo a costos verdaderamente raquíticos es el objetivo central de la estrategia capitalista, sin importar dónde, ese es el principio fundamental de la “modernidad laboral” o “nueva cultura laboral”.

En estudios difundidos durante el 2005 por la Universidad Obrera de México (UOM), refiriéndose a la caída del empleo de unos de los sectores de la producción que poco antes se consideraba como la panacea para abatir el desempleo, es decir, en el de las maquiladoras; del año 2000 al 2004 cayó del 10.2 % que tenía al 8.7% lo que representó la pérdida de 198 mil plazas laborales.

En estudios posteriores la misma UOM, señala: “si consideramos el comportamiento del empleo en el periodo foxista y tomáramos el promedio anual de los asegurados en el IMSS, el ISSSTE y el crecimiento de la población económicamente activa (PEA) tenemos que entre el 2001 al primer trimestre del 2005 el crecimiento de la PEA en promedio anual fue de 1,200,000 (un millón doscientas mil), según el Consejo Nacional de Población, por lo que en este periodo hubo un crecimiento de la PEA de 5,200,000 (cinco millones doscientas mil), lo anterior en un contexto en el que durante dicho periodo se perdieron 417,500 (cuatrocientos diecisiete mil quinientos) puestos de trabajo y sólo se generaron 327,647 (trescientos veintisiete mil seiscientos cuarenta y siete) por lo que el saldo neto de plazas fue negativo en 89,853 plazas.” (Hoja Obrera N° 73)

Cabe hacer notar que ese saldo negativo, son plazas jamás recuperadas, por lo que se integran al ejército industrial de reserva del país al que igual se sumó la nueva PEA, sumando 5,289,853 de personas más al desbordado ejército industrial de reserva, ya que encontramos dos factores que influyeron en este crecimiento: a) repulsión del ejército industrial activo a las reservas, y; b) incapacidad del capital invertido en la nación para absorber la fuerza de trabajo joven.

Debe quedar claro que lo hasta aquí señalado, pertenece a los parámetros oficiales medidos a partir solo de los registros, que incluso tendenciosamente, se establecen en base a los datos proporcionados por el propio Estado.

De entre esos datos está, por ejemplo, lo que acontece en el sector público se observa en la propia página web de la presidencia, como durante el sexenio pasado fueron rescindidas 95,000, plazas de alta rentabilidad, es decir, de las que ostentaban un salario de no menos de 3 salarios mínimos, con prestaciones laborales y con seguridad social.

Aquí vale la pena recordar los compromisos contraídos en 1987 por los sectores productivos del país con el gobierno en turno y que se conocieron como “Pacto de solidaridad económica”, donde los empresarios se comprometen a elevar la producción y a moderar los nuevos precios de sus productos, la representación de los campesinos hace el compromiso de mantener los precios de los productos del campos (muy bajos en cuanto a los costos de producción) y el gobierno se compromete a: reducir gastos, suprimir subsidios, vender empresas del Estado y a reducir las plantillas federales de las dependencias de gobierno.

Bajo esta perspectiva las condiciones laborales precarias, sin derechos laborales, jornadas extenuantes, donde no se respeta el derecho a la sindicalización, donde se eliminan las prestaciones laborales y la seguridad social, la reducción de las plantillas laborales es una constante en todas las factorías, trátese del rubro que se trate, y todavía hay que agregar las salidas que la burguesía da para enfrentar la sobre-producción, con las acciones impuestas de “paros técnicos” mediante los cuales se imponen reducciones salariales con el falaz argumento de conservar la plantilla laboral.

Por todo esto, no es casual que en las campañas electorales todos los cretino-parlamentarios ya sea con signos partidarios o sin ellos, es decir, los llamados candidatos externos o independientes, centren sus respectivas campañas en la promesa de incrementar el empleo a sabiendas de que el ejército industrial de reserva, representa en suyo un número, un agregado muy importante de votantes cautivos o potenciales. Como podemos ver el fenómeno sobre la existencia del cada vez más creciente, ejército industrial de reserva, es inherente al propio desarrollo del capitalismo.

La cuentas alegres del INEGI establecen que de los 42,600,000 (cuarenta y dos millones seiscientas mil) personas que componen la Población Económicamente Activa, sólo dos millones no tienen empleo, nos señala además que 18,000,000 (diez y ocho millones) reciben menos de dos salarios mínimos como salarios mensuales, el resto percibe entre los 3 y 5 salarios mínimos mensuales.

Cuentas alegres sin duda. Ya que basta asistir a la hemeroteca para consultar de entre los diarios de 1992, de los cuales el Sol de México, fechado el 22 de julio de ese año, publicó que los propios comerciantes y empresarios reconocían la cifra de 5,500,000 (cinco millones quinientos mil) desempleados, cifra reconocida también por la cúpula sindical de la Confederación de Trabajadores de México, aunque estimaciones independientes en ese mismo año recocían a mas de 7 millones de desempleados.

Desde entonces a la fecha no ha existido recuperación alguna en materia de empleo, por el contrario de lo que se establece como parámetro para la recuperación es en el orden de la creación de 1,200,000 (un millón doscientos mil) empleos por año y de las pírricas cifras que han dado las ultimas administraciones en materia de recuperación que, además son empleos creados sin garantías de estabilidad laboral, con bajos salarios y sin prestaciones sociales y laborales, amén de que la gran mayoría de esos empleos son en el sector de la construcción, fundamentalmente de obra pública y mediante el esquema de subrogación del trabajo; nos arrojan que son creadas setecientas mil nuevas plazas por lo que quinientas mil personas se quedan fuera incluso de los parámetros marcados y si a esto le sumamos la demanda anual que año con año se va agregando que corresponde a la cifra aproximada de otros seiscientos mil, entonces vemos que el rezago crece y crece, y eso a partir de estas mentadas cifras.

Pero como hemos visto el incremento del desempleo no sólo se debe a la falta de creación de plazas laborales, sino también a la introducción de tecnología moderna con lo que los patrones pueden reducir los puestos de trabajo y despidiendo a cientos de trabajadores y esto pasa tanto en la industria para-estatal como en la privada.

Crecimiento de la sobrepoblación relativa hasta el pauperismo

Marx reconoce diferentes matices existentes entre la sobrepoblación relativa que es importante mencionar para reconocer la degradación en sus diferentes faces que sufre la población ante el poder del capital.

Encontramos la sobrepoblación fluctuante, que se refiere al proceso de atracción y repulsión de la fuerza de trabajo que, a la larga, resulta mayor el número de trabajadores explotados aunque, en general, éstos son más reducidos en comparación del crecimiento de la población. Vemos entonces que como se va extendiendo la “gran industria” se va extendiendo la sobrepoblación.

Esta industria solo ocupa a los trabajadores hasta la edad madura, por lo que estos se ven expulsados y recurren, en algunos casos, a la migración, a la búsqueda de una nueva fuente de trabajo –por ejemplo en las nuevas ramas de la industria-, aquí tenemos que hay una sustitución individual por fuerza de trabajo más joven; pues, el movimiento mismo del capital siempre necesita de más mujeres, niños, adolecentes y jóvenes antes que de hombres maduros. Por lo que hemos visto, por ejemplo, que la tasa de crecimiento de ocupación es más alta en mujeres que en hombres, debido también a que el hombre se incrusto en la industria moderna primero y que gradualmente ha sido arrancada a la mujer y a los hijos del seno familiar para abaratar la fuerza de trabajo con un nuevo ejército industrial de reserva.

La sobrepoblación latente, proviene de las masas expulsadas del campo, una vez que ha sido trastocado por el capital, creando así la industria agrícola y tecnificando al campo, ocupando de esta manera menos fuerza de trabajo. Este sector no se ve recompensado por nuevas masas de trabajadores, por lo que estos se ven orillados a emigrar a los centros urbanos, convirtiéndose en esta manera parte del ejército de trabajadores en espera de vender su fuerza de trabajo no calificada para las nuevas ramas industriales, viéndose a un paso del pauperismo.

La tercera categoría, la estancada, corresponde a parte del ejército industrial activo, mas con una extrema irregularidad en su ocupación, siendo así parte de las fuerzas en disponibilidad para la ocupación. Acostumbrados a la miseria crónica, a todo tipo de condiciones de existencia precarias y por de bajo del nivel normal a la de la clase obrera, se convierte en material de amplias ramas de explotación especiales, donde ven alargada la jornada de trabajo extenuante y reducida la tasa de salario. Un ejemplo que desde el nacimiento del capitalismo y hasta nuestros días es ocupado por el capital para ampliar sus ganancias es: el trabajo a domicilio, donde no se cuenta con un horario de trabajo ni seguridad social, etc., en una palabra el trabajo es precario.

El sedimento más bajo de la sobrepoblación relativa se aloja, finalmente, en la esfera del pauperismo. En “abstracción” de los “vagabundos, criminales, prostitutas, mendigos y toda esa gente a la que la burguesía la denomina peligrosas”, esta capa la componen tres categorías:

La primera abarca a los obreros capaces de trabajar cuando se reactiva abundantemente el capital en las diferentes ramas.

La segunda comprende a los huérfanos y a los hijos de pobres que reciben ayuda oficial, son otros tantos candidatos de reserva industrial en épocas de abundancia.
La tercera se refiere a los miserables: obreros y obreras que el desarrollo social han marginado al suprimir su oficio de talle que la división de trabajo había convertido en su único recurso; aquellos que han superado la edad normal de los asalariados; las víctimas directas de la industria: enfermos, incapacitados, viudas, etc.

“El pauperismo es el hospital de los inválidos del ejército activo del trabajo, y el peso muerto de su reserva. Su producción se encuentra incluida en la de la sobrepoblación relativa, su necesidad en la necesidad de ésta. Constituye con ella una condición de existencia de la riqueza capitalista.” (Marx, Karl. Op. cit. pág. 618).

Los burgueses han tratado de aparentar que el capital trae un mundo de confort y superabundancia para la mayoría de la población, que los “pocos” que no gozan de las dádivas del capital es porque no lo quieren, no intentan superarse, subir su “status” en la estructura social o porque andan de “revoltosos” en vez de ponerse a trabajar.

Para poder hacer esta simulación de prosperidad se han valido históricamente de diversos instrumentos de distracción, enajenación e influencia ideológica: medios masivos de comunicación, instituciones educativas, religiones y fanatismos, la cultura dominante, así como la creación de organismos especiales “filantrópicas”, propagandísticas de la ideología dominante y contenedoras del movimiento obrero-popular: Organizaciones no Gubernamentales.

Pero la propaganda de masas burguesa, la “filantropía pequeñoburguesa” –ya sea a nivel nacional o internacional-, no logran ocultar la realidad con sus “estudios” y cifras estadísticas, donde se empeñan en teorías y metodologías acientíficas que tergiversan la verdadera magnitud tanto del desempleo como de la degradación y descomposición social ocasionada por el capitalismo.

El ejército industrial de reserva es tanto más numeroso cuanto más lo son la riqueza social, el capital en funcionamiento, la amplitud y energía de su crecimiento, y por lo mismo, la masa absoluta del proletariado y la fuerza productiva de su trabajo.

“…cuanto más crece este ejército de reserva en comparación con el ejército activo del trabajo, más crece la sobrepoblación consolidada…cuya miseria es inversamente proporcional a los tormentos de su trabajo. Cuanto más crece, por último, esta capa de los Lázaros de la clase asalariada, más crece, asimismo, el pauperismo oficial. Esta es la ley absoluta, general, de la acumulación capitalista.” (Ídem.)

Entonces, para concluir, tenemos que todos los medios para desarrollar la producción se convierten en medios para dominar y explotar al productor: hacen de él “un hombre truncado, fragmentario, o el apéndice de una máquina”. Sustituyen al trabajo atractivo y liberador por el trabajo forzado y enajenador; que las condiciones en que se desarrolla éste sean cada vez más anormales sometiendo al trabajador a un “despotismo” tan mezquino como ilimitado.

Mas todos los métodos, medios e instrumentos que ayudan a la producción de plusvalía favorecen también a la acumulación, y toda expansión de ésta se convierte en palanca de desarrollo para estos métodos, medios o instrumentos.
Al desarrollarse los medios de producción, desarrollan a su vez las condiciones necesarias para la superación de su elemento coercitivo, la apropiación privada de estos. Así mismo desarrolla la fuerza material que abrogará este elemento impregnando al trabajo de su intrínseca colectividad. Esta fuerza material no solo se encuentra en el ejército industrial activo, sino, igualmente, en el ejército industrial de reserva; es decir, la población absoluta de proletarios que, enfilará su estrategia y su táctica, elevando su conciencia en clase para sí.


Al heroico
pueblo de Oaxaca
en el primer año de sus combates contra el régimen

La APPO ejemplo de
organización popular
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