El problema de
la unidad de clase
En este periodo muy particular de la lucha de clases, en el cual distintas fuerzas políticas vienen encontrando los puntos de convergencia para resistir la ofensiva neoliberal del capitalismo, los retos propios de esta convergencia de las organizaciones del proletariado consisten en lograr consolidar la presente acumulación de fuerzas, sabiendo orientar estos esfuerzos de unidad lo más amplia posible de la clase obrera, el pueblo trabajador, las masas oprimidas y explotadas, hacia la consolidación de una plataforma común, que ponga en el centro las demandas que en este momento han logrado unir a la clase trabajadora en contra de la burguesía, que tiene que ver con la abrogación de la nueva reforma a la Ley del ISSSTE y la libertad de nuestros presos políticos, más la obtención de mejores condiciones de vida y trabajo, orientando la lucha hacia la consecución de sus aspiraciones históricas de liberación, como clase social explotada.
El pueblo trabajador y sus organizaciones, creadas ex-profeso para la defensa de sus intereses, llámese sindicatos, corrientes sindicales, organizaciones populares o sociales, persisten en coronar con éxito los anteriores precedentes organizativos, como la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo (PUNCN), La Otra Campaña (LOC), la Convención Nacional Democrática (CND), el Diálogo Nacional (DN), el Consejo Nacional de Huelga (CNH). Por más que algunas posiciones aún insistan en mantener divididos a los trabajadores, la realidad es terca y empuja hacia crear un frente común, que logre organizar la resistencia y mantener la lucha hacia delante, para pasar a una ofensiva de la clase trabajadora contra el capital. Si ello por el momento no ha sido así, se debe a varias razones, principalmente porque las condiciones subjetivas, de conciencia de clase, no pueden darse de manera mecánica como reflejo de las condiciones objetivas de miseria y hambre de los trabajadores; sino que requiere de una ardua labor de parte de las conciencias progresistas, revolucionarias y comunistas. Pero estas conciencias se tienen que enfrentar a los rezagos de la ideología dominante, que se traducen en diversas corrientes de opinión, como la derecha más recalcitrante, el oportunismo, el reformismo, el charrismo sindical y el ultraizquierdismo, los cuales aún en el mejor de los casos sin proponérselo, sabotean de manera permanente la unidad de la clase obrera en defensa de sus intereses como clase.
Sin embargo, tenemos que el gobierno neoliberal, fiel a los dictados del imperialismo, está empecinado en imponer sus reformas estructurales, a diferencia de otros tiempos, ya no le importa mantener popularidad ni los votos de castigo, incluso de manera abierta ejecuta sus planes acompañado de una política fascista, ofreciendo a quienes se oponen la bota de la represión, donde el propio Calderón, se pone al nivel del crimen organizado, planteando “la defensa de las plazas” con la militarización del país.
A ello debemos sumar como un elemento más que inhibe la toma de conciencia, los llamados de corrientes pacifistas de todo tipo, que tratan de amortiguar la lucha de clases incentivando la conciliación, logrando desorientar a una parte de la clase trabajadora, además de dividir, depositando toda su confianza en las leyes burguesas que han sido creadas para oprimir al pueblo explotado, apoyándose en argumentaciones de todo tipo, como “el sentido de la responsabilidad”, “el respeto a la legalidad”, etc.; esto, más el egoísmo e individualismo inculcado por la ideología burguesa en las filas de la clase trabajadora, lleva a que la respuesta de las masas a los llamados a la organización y la lucha, puedan ser en apariencia desarticulados.
La legalidad burguesa y su sistema parlamentario, contiene una serie de mecanismos, como el “Amparo” ante la violación de las garantías constitucionales por parte del Estado, que están pensados en darle cauce legal a cualquier inconformidad y evitar de ese modo la protesta, dándole largas y enredando más un problema, que en solucionar las demandas de justicia social, prácticamente inexistente dentro del sistema capitalista. Por ello, y además porque los aparatos de “justicia”, junto con el parlamentarismo y el poder ejecutivo, están íntimamente ligados y son parte del mismo Estado burgués, es por lo que los trabajadores no pueden pensar que allí se le puede dar solución a sus problemas. Antes bien, la ineficacia del poder ejecutivo, legislativo y judicial, como sistema caduco y retrógrada ha demostrado ser ineficiente para darle una salida a los problemas sociales que es causa de tantas manifestaciones de descontento y de movilización de la clase trabajadora, prácticamente harta y que no confía en los cauces legales, porque la experiencia ha confirmado la necesidad de otro sistema social.
Ante ello, a pesar de la amplia respuesta de parte de los trabajadores que se encuentran catalogados como burócratas y que prestan sus servicios remunerativos al gobierno y afectados por las reformas a la Ley del ISSSTE, ha existido prácticamente un consenso de las organizaciones de los trabajadores, principalmente en el CNH, en cuanto a darle cauce legal a la oposición a las reformas, por medio de Amparos ante la violación de parte del Estado a los derechos laborales, pero sin que ello signifique sujetar las esperanzas a los tribunales legales encargados de administrar la justicia, sino más bien debe servir para reconocer la necesidad de medidas como la movilización, la lucha, el paro y la huelga para lograr abrogar las reformas reaccionarias. Pero sin denostar a quienes en este momento decidiesen ir por el camino de la legalidad, pues en el mejor de los casos, éstas pueden convertirse en una forma de aglutinar a un mayor numero de trabajadores descontentos, además de que los trabajadores deben reconocer por propia experiencia, que las leyes burguesas están diseñadas para oprimir y garantizar la explotación capitalista.
Así tenemos que por un lado, lo anterior ha servido para que algunos elementos del movimiento social, sindical y popular, principalmente surgidos de las filas de la ultraizquierda o disfrazados así, se den a la tarea de torpedear desde fuera esta táctica diseñada por el CNH, al estar más interesados en reclutar adeptos del aventurerismo que en lograr que el movimiento obrero y popular avance hacia adelante en organización, unidad y lucha en contra del capital. Por otro lado, el oportunismo, encaramado en las organizaciones corporativas, principalmente sindicales o populares, surgidas de la lucha, en varias de ellas se han erigido como dirigentes y les ha permitido escalar socialmente, convirtiéndose en patéticos pequeño burgueses interesados en el control de los trabajadores, para poder seguir manteniendo ese estatus, reconociendo que un cambio social de algún modo afectaría sus intereses personales, por lo que su propuesta consiste en desmovilizar. Este último, es un factor que de algún modo sirve a la burguesía para despolitizar al pueblo trabajador y son elementos que intentan inhibir su conciencia, creando o bien falsas expectativas o desilusión.
La actual ofensiva capitalista obliga a la realización de acciones contundentes, de masas, y no nos permite desdeñar a ninguna organización de trabajadores, de cualquier tipo, obligados por las condiciones actuales a sumar esfuerzos y organizar el descontento, para orientarlo correctamente en la actual etapa de la lucha de clases, pensando en la necesidad de la unidad más amplia de los trabajadores y las masas explotadas para golpear al enemigo común, basando esta unidad en los intereses de clase, esto no nos permite menospreciar cualquier tipo de lucha que de algún modo contribuya al avance del movimiento obrero y popular, antes bien, debe ser aprovechado para ir hacia adelante, sea porque las desviaciones se desenmascaren por si mismas y las posiciones progresistas, revolucionarias y comunistas se afiancen, sea porque esto pueda servir como un elemento para que las masas trabajadoras se vean obligadas a organizarse y tomar por asalto sus organizaciones, para democratizarlas y llevarlas por el sendero de la unidad de la clase trabajadora para acabar con la opresión y explotación, como se ha propuesto la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y viene sucediendo en las filas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la UNAM, o sea porque en el mejor de los casos, las organizaciones de los trabajadores interesadas realmente en un cambio social y acabar con la explotación capitalista, se reencuentren en las acciones.
El problema de la unidad de la clase obrera entonces, tiene que ir por todo tipo de caminos, algunos escabrosos, otros no tanto, donde para el caso del CNH hemos logrado cumplir con los planes de acción propuestos, que si bien no se han cumplido al cien por ciento, si han demostrado la fuerza que puede obtener la clase trabajadora con organización y unidad, a pesar del desdén de los medios de comunicación. Esta organización de la cual se viene dotando el proletariado, debe ser aprovechada cerrando filas para lograr concretar la organización de un Frente Único en contra del capital y con un programa basado en la defensa de los intereses inmediatos e históricos de los explotados.
Necesidad de una
reorganización
del movimiento
sindical
En esta lucha de clases que se libra actualmente, dada la necesidad existente de medidas tácticas y organizativas para frenar los planes pro-imperialista del régimen actual, la necesidad y posibilidad de la Huelga General, aún y con sus vicisitudes que puede presentar el preámbulo del 31 de agosto y primero de septiembre próximos y a pesar de sus detractores, se viene presentando ante los progresistas, democráticos y revolucionarios, preocupados por un avance del movimiento, la tarea de la organización del proletariado, donde los procesos unitarios pudiesen resultar insuficientes como entes para articular la organización propia de la clase trabajadora. No bastan para ello las lamentaciones contra el charrismo, ni que ante la impotencia por haber abandonado a su suerte a la clase obrera y los trabajadores por décadas, hoy se pretenda una búsqueda exhaustiva de sindicatos democráticos para que emprendan las tareas de la acumulación revolucionaria de fuerzas, siendo esto tarea propia de los revolucionarios.
Tenemos que partir del hecho de que los sindicatos legalizados y registrados ante las autoridades laborales, en su gran mayoría se encuentran copados por oportunistas, aún y cuando muchos de ellos hayan surgidos de entre las filas de los trabajadores, incluso de corrientes opositoras o democráticas, como es el caso de Francisco Hernández Juárez, Secretario General del Sindicato de Telefonistas o en la mayoría de los sindicatos universitarios. La labor de los oportunistas ha venido consistiendo en desarticular la organización de los trabajadores, para facilitar a la patronal el incremento de su explotación y esto ha sido producto de una serie de compromisos que han ido adquiriendo a través del tiempo estos dirigentes sindicales, tanto con la patronal como con el mismo gobierno, encargado en la práctica de negar o aceptar las actualizaciones de las camarillas que dirigirán los sindicatos, so pena de arrojar todo el aparato gubernamental contra aquellos que osen salirse del control corporativo. Así ha sido a lo largo de la historia del movimiento sindical en México, desde los históricos movimientos ferrocarrileros y de médicos en los 50's, hasta la destitución de Olivo Solís al frente de la Confederación Obrera Revolucionaria (COR) por parte de la Secretaría del Trabajo y de las dirigencias sindicales en La Cervecería Modelo y en Ford Motor Company por parte de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en los 90´s, la desaparición del SUTAUR-100 y del Sindicato de Costureras “19 de Septiembre”, entre otros; y mas recientemente contra la dirigencia sindical del Sindicato Minero Metalúrgico.
Ello ha sido producto de diversos procesos históricos, en donde tenemos que muchos líderes sindicales surgidos de heroicas luchas obreras, por ejemplo de las empresas Spicer, Fanal, Mabe, Carrancedo, Comisión Federal de Electricidad y muchas otras, en lugar de aprovechar su experiencia para las futuras batallas contra el capitalismo hayan sido cooptados, ya sea por la socialdemocracia del PRD o por el oportunismo sindical demagógico de supuesta oposición, por ejemplo de la Unidad Obrero Independiente (UOI), el Frente Autentico del Trabajo (FAT), el Sindicato de Obreros Libres, la COR, etc.; Esto ha llevado por mucho tiempo al problema de la falta de cuadros preparados en el movimiento sindical, que de continuidad a la organización de la clase trabajadora. Si tomamos en cuenta además, la renovación constante de la fuerza de trabajo, la incorporación de miles de jóvenes cada año a la llamada Población Económicamente Activa (PEA), resulta natural que también deban renovarse las filas de la revolución con nuevos combatientes y activistas sindicales. Cosa que por lo que se puede apreciar de los resultados del movimiento obrero y sindical de los últimos años, no se ha hecho, toda vez que el sindicalismo en México actualmente se encuentra anquilosado y las batallas dadas en otras décadas por la clase obrera al interior de sus sindicatos, por renovar las dirigencias e imponer a líderes honestos, se convirtió en cosa del pasado y continua siendo hasta nuestros días, una tarea pendiente. Además de esto, también existe el problema de las maniobras del charrismo para lograr imponer a sus incondicionales, el problema de la represión y por supuesto la miseria en que se encuentra sumida la mayoría de la clase trabajadora, quien sabe perfectamente el papel que juega el charrismo sindical, pero se detiene para evitar las penurias propias del despido.
Ahora bien, partiendo del hecho de que la conciencia de clase en la clase obrera no es un proceso evolutivo, sino tiene que ser introducida desde fuera, esto no significa que los activistas más conscientes surgidos de las filas de otros estratos sociales, estudiantes, amas de casa, etc.; deban desplazar a los propios obreros y trabajadores asumiendo el papel que les toca jugar a ellos. Esto significaría pensar que el problema consiste en una deficiencia o ineficiencia intelectual o práctica de la clase trabajadora y no asumir de manera crítica los desaciertos propios de las organizaciones revolucionarias.
La tarea ha consistido y consiste hasta nuestros tiempos, en estudiar las formas que emplea el corporativismo sindical para lograr mantenerse en un supuesto status de “líderes obreros” y esto solo es posible aprendiendo de las luchas que ha dado la clase trabajadora, además de acercar a la organización revolucionaria a aquellos trabajadores más conscientes, preferiblemente con alguna experiencia de lucha, llamados líderes naturales, limándoles el economicismo propio de sus necesidades inmediatas, no para no enarbolarlas, sino para introducirles y asuman una conciencia revolucionaria. Esto sólo es posible al no negar la necesidad de la construcción de organizaciones de masas de proletarios, que pueden ser dirigidas por la organización revolucionaria pero sin confundirlas, pues una cosa es la organización de los cuadros revolucionarios y otra cosa la organización de masas, las cuales deben ser el arroyuelo que nutra a las primeras.
En la actualidad, existen las más diversas organizaciones progresistas y democráticas, nutridas de activistas honestos aunque no sean éstas propiamente sindicales, aún y cuando muchos de estos son obreros y trabajadores de diversas ramas de la producción, son los mismos que se encuentran inmersos en las organizaciones del Movimiento Urbano Popular, en LOC, en la CND, en la APPO, en Atenco, etc. Esta clase trabajadora inconforme e inmersa en organizaciones de masas, que son los que han nutrido las grandes movilizaciones de los últimos tiempos, deben empezar a plantearse la tarea de construir las corrientes sindicales en sus centros de trabajo y que habrán de disputarle al charrismo sindical la dirección de los sindicatos.
Las organizaciones revolucionarias ya no pueden seguirse lamentando de la demagogia y traiciones del oportunismo de los sindicatos o de la falta de un programa o la falta de cuadros obreros, cuando muchos proletarios sienten la falta de un ente revolucionario, que les plantee las tareas de agitación y organización que es necesario realizar en su corredor industrial, así como en su centro de trabajo, para afectar realmente los planes capitalistas.
Los elementos perniciosos dentro del movimiento obrero y sindical, mejor conocido como charrismo, con todas sus variantes, se han convertido en un verdadero lastre para los trabajadores, el cual se hace indispensable combatir. Sin embargo, esta lucha contra estos agentes del capital requiere ser dirigida por trabajadores formados profesionalmente, con conciencia de clase para evitar su cooptación por parte de la patronal. En esta lucha por la construcción de corrientes sindicales revolucionarias, habremos de luchar por disputarles a los demagogos, los oportunistas y conciliadores, el reclutamiento de las nuevas generaciones de proletarios que están dispuestos a la lucha, debemos saber combinar y ligar las tareas tácticas de la Huelga General, de construcción del Frente Único, con las tareas de organización proletaria al seno de los sindicatos hoy dominados por el charrismo sindical. Tareas que están unidas con la necesidad histórica de la revolución y el socialismo.
***
En este avance de la lucha de clases ya no hay marcha atrás, sean cuales sean los resultados de las próximas jornadas, sea que el gobierno de marcha atrás en la reforma a la Ley del ISSSTE, sea que las maniobras del neocharrismo intenten desmovilizar, la organización obrera y popular sea como sea, se viene consolidando con la unidad de clase de los trabajadores y la lucha de clases marcha para adelante a favor del proletariado. Por ello la oligarquía financiera no se equivocó en poner a su títere represor Felipe Calderón en el gobierno, pues se va necesitar más que eso para detener la rueda de la historia.
Los procesos de convergencia en la práctica dejan sin argumentos las posiciones divisionistas y sectarias que aún subsisten y demuestran que para la clase trabajadora no existe división de intereses. El hecho de que los asalariados se encuentren divididos por siglas y agrupaciones, se debe a la diversidad de intereses que existen de parte de los distintos dirigentes y sus direcciones, no pocas creadas ex-profeso por el capitalismo para dividir a la clase obrera. El pueblo trabajador viene demostrando una real convergencia en consignas y luchas contra las reformas estructurales, contra la Ley del ISSSTE, contra la carestía de la vida, por empleo digno, contra la represión, por la autonomía y libertad sindical, etcétera. En los nuevos procesos organizativos de la clase trabajadora, el pueblo junto con las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias, debemos ponernos a la cabeza y lograr neutralizar las posiciones adversas, sin caer en las provocaciones ni de quienes no confían en la fuerza y la capacidad de las masas trabajadoras, ni de quienes buscan dividirlas.
Sin duda uno de los retos pendientes, consiste en lograr que, dada la sujeción organizativa de parte de la mayoría de los explotados por el corporativismo, los procesos unitarios a través de las fuerzas progresistas y revolucionarias, deben lograr minar al sindicalismo conciliador y entreguista, que han convertido a los sindicatos en verdaderas fortalezas del oportunismo, logrando nuevos reclutas para la revolución dentro de las filas de la fuerza de trabajo y ofreciendo un puesto de combate a todos los trabajadores dispuestos a la lucha. Ya no sólo para subsanar las conquistas arrebatadas por la burguesía y detener su ofensiva, sino, para orientar está lucha hacia la consecución de sus aspiraciones históricas de liberación como clase social explotada. Este proceso inevitablemente tiene que llevar a la derrota de las posiciones conciliadoras y entreguistas a la patronal, venciéndolas en la práctica tanto ideológica como políticamente, revelando en los hechos la capacidad y fuerza que subyace en la clase trabajadora y la necesidad irrenunciable de tomar por asalto a las organizaciones sindicales.
|