En la labor de ampliar sus instrumentos de dominación ideológica sobre los trabajadores, los que detentan el poder económico-político han encontrado en los medios masivos de comunicación una forma bastante efectiva. Los medios han adquirido rapidez, oportunidad, omnipresencia y capacidad de influir en la población; a través de estos elementos se logra vender productos, y al mismo tiempo se imponen una serie de valores, emociones, pensamientos y actitudes que facilitan la enajenación de una población que se encuentra en situación de explotación económica y opresión político-social.
Gracias a esto, en México como en la mayoría de los países, los medios se han convertido en toda una industria que además de ganancias económicas, genera diariamente ideología, avasallando toda ley que intente normar la producción y transmisión de todos los tipos de información. En especial, los medios audiovisuales han logrado penetrar particularmente en la conciencia de la población, ya que una buena parte de ella cuenta con un aparato de televisión o radio a través de los cuales se expone constantemente a contenidos de todo tipo que por diferentes que pudieran parecer, cuentan siempre con mensajes que refuerzan la ideología dominante.
A partir de la Segunda Guerra Mundial y en plena guerra fría, se desarrollaron vertiginosamente una serie de teorías y técnicas relacionadas con la comunicación, en especial con la propaganda. Así la propaganda pasó del volante y el cartel a niveles más sofisticados y efectivos, el papel de los Estados Unidos de Norteamérica ha sido el más notable en la utilización de los medios y de la propaganda para conseguir sus fines imperialistas.
Personajes tan famosos como el Pato Donald, Barney o los integrantes de Plaza Sésamo con sus modernas versiones latinoamericanas no cumplen realmente una función de entretenimiento, sino de transmisión de valores, costumbres e ideas que convienen a sus patrocinadores; los marines representados en el Pato Donald no son en lo esencial personas alegres y parlanchines, forman parte de un aparato de guerra, por tanto su función no es la de fraternizar con la población, aunque la idea es que se crea que es así, tratando de acostumbrar a las personas a la presencia de los soldados y la violencia reaccionaria.
Algo similar ocurre con las mega producciones fílmicas norteamericanas donde se presentan situaciones de guerra, terrorismo, etc., y los héroes salvadores del mundo siempre resultan ser los gringos, mientras que los clásicos malos o terroristas terminan siendo los rusos, los árabes y últimamente los latinoamericanos, es decir, los países en donde se generó o se generan luchas organizadas del pueblo trabajador. El alcance de estas farsas es grande, tan sólo el 85% de las películas proyectadas a nivel mundial en las salas de cine vienen de Hollywood.
Aquí cabría preguntarse si únicamente se trata de la influencia norteamericana o si sólo es cuestión de la influencia de una nación sobre otra, pues para decir de algunos teóricos nacionalistas la solución al problema se encontraría en desarrollar la industria nacional de medios de comunicación y a través de los cuales proyectar los valores “propios” del país, así como crear nuestros propios medios de investigación sobre medios en México, para la cual habría que responder que sería exactamente lo mismo, pues no se trata de visiones nacionales, sino de los intereses económicos que al igual que los medios están internacionalizados, y ya fueran dueñas de los medios empresas nacionales o extranjeras, su interés de mantener dominada a la población es el mismo.
La radio no se queda atrás, pues aún cuando prácticamente difunde contenido musical, sin dejar de lado que la música que se comercializa es en sí un elemento enajenante, una parte importante de su programación son los noticieros y programas de opinión donde a falta de imagen, la visión ideológica del locutor es sumamente importante, pues así como interpreta la realidad, así transmite la información, en esta línea, dado que en México la mayoría de las estaciones de radio forman parte de grandes empresas de comunicación, lo que se transmite está determinado por los intereses de los grupos económicos.
Los medios escritos, aunque no tienen el mismo alcance en poblaciones como la nuestra, cumplen también su papel desinformador y de manipulación de la información, al igual que la televisión, el cine y la radio, ocultan o tergiversan la información, crean cortinas de humo, dicen mentiras, o estructuran su información de forma tal que resulta tendenciosa, muchas veces parece que se esta leyendo un boletín gubernamental en lugar de un articulo de la llamada prensa libre.
Los periodistas, salvo en algunos casos, realmente no tienen opción de escoger las noticias que son trasmitidas por cualquiera de los medios, ni tampoco de decir la verdad, ya que trabajan en medios cuyos dueños tienen intereses económicos defendidos por el gobierno, por tanto tienen que hacer eco de las de las posiciones oficialistas. De esta forma los medios de comunicación, junto con la educación oficial, la familia, la iglesia y demás instituciones conforman las herramientas con que se trata de mantener dominados en el aspecto ideológico a la clase obrera y la población en general.
Es lo mismo con el receptor de la información, puede decirse que tiene muchas opciones dentro de las cuales puede escoger que toma y que deja, pero la verdad es que estas opciones aunque numerosas son limitadas, y los límites los pone precisamente quien controla estas opciones, es decir, los dueños de los medios de comunicación. No hay que ir más lejos para demostrar lo dicho, Televisa y TV Azteca durante años han impuesto lo que es posible ver, escuchar o leer en el país, y lo que no se dice en esos medios, difícilmente puede llegar a un radio amplio de población.
Tampoco hay pues opción para el que recibe la información, evidentemente un público acostumbrado a los contenidos enajenantes de los medios, se acostumbra y crea cierta demanda de los mismos por mucho que sean denigrantes, ofensivos, racistas, sexistas, y en muchos casos anticomunistas, pero eso no quiere decir que sea lo único que las personas quieren ver, sino que es lo único que hay, está condicionado por la necesidad de la burguesía de seguir transmitiendo los mismos tipos de contenidos, por la misma razón la información transmitida está prácticamente homogeneizada en la mayoría de los medios.
En el caso más específico de la información noticiosa se observan de mejor forma las limitaciones impuestas por el régimen, pues la dichosa libertad de prensa en realidad no existe, por mucho que esté garantizada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, tal es el caso de lo que establecen los Artículos 6 y 7, en cuanto a que “Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia” (Art. 7º.), y encontramos por ejemplo múltiples candados y limitaciones en la Ley de Imprenta hacia todo aquello que se diga, escriba, publique, dibuje, fotografíe o filme, donde sólo saben ellos qué cosas concretamente atacan a la moral y a las “buenas costumbres”.
Existen también cientos o quizá miles de panfletos, revistas, periódicos y páginas web con la llamada información alternativa, que han sido prohibidas o copadas por el Estado; los casos del periódico “El Excélsior” que dirigía hace muchos años Julio Sherer o más recientemente Radio Monitor que fueron copados por el Estado son sintomáticos en cuanto a la actitud a tomar por el gobierno cuando un medio de comunicación dice la verdad e incluso se atreve a denunciar las condiciones en las que se encuentra el pueblo mexicano.
En el caso del internet, podría hablarse de una buena opción por la libertad a que se presta el medio para publicar lo que sea, pero en primera instancia está el bajo porcentaje de personas que en México no tienen acceso a este medio (sólo el 17% aproximadamente lo tiene) y por otra parte lo que el gobierno permite y lo que no, el espionaje electrónico es un hecho, así como lo es el bloqueo y la vigilancia constante de las páginas electrónicas poco convenientes para el Estado.
Sin embargo, existen millones de páginas pornográficas en la red que funcionan sin problema alguno, pero las páginas progresistas, revolucionarias son constantemente hackeadas y bloqueadas, para el gobierno es mil veces mejor que los usuarios accedan a contenidos denigrantes y enajenantes aunque ilegales, a que entren a páginas que purgan por dar información verídica de lo que sucede y crear conciencia sobre ello.
Las primeras teorías sobre las comunicaciones -como la de la “aguja hipodérmica” y de “los dos pasos”- son representativas de la búsqueda de una forma realmente efectiva de llegar a las masas vía medios masivos de comunicación, así pues queda claro que los medios de comunicación si son capaces de crear ciertas respuestas deseadas en la audiencia, como los valores nacionalistas, racistas, anti-obreros, anticomunistas, etc., junto con la labor de las otras instituciones sociales y del estado propias del sistema capitalista.
Paradójicamente el Artículo 5 de la Ley Federal de Radio y Televisión establece lo que los medios de comunicación deben procurar a la sociedad (fracción II y III): “II.- Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud, III.- Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.”, esto es lo que contienen en el papel, pero cualquiera que se haya sentado un tiempo a ver la televisión con la intención de analizar la programación se dará cuenta inmediatamente que en ésta se exhiben todo lo contrario a lo que dispone la Ley, pero no hay sanción alguna.
Ni hablar ya del Artículo 63 de dicha Ley, que prohíbe transmisiones que corrompan el lenguaje, comerciales que engañen al público, publicidad que incite a la violencia y publicidad de comida chatarra que trastorne la alimentación, si la ley se cumpliera, prácticamente las empresas no tendrían qué transmitir, pero claro está que al Estado no le interesa cumplir con sus hipócritas leyes.
El mismo destino ha tenido la Ley de Imprenta, que por si acaso, en el Artículo 3 condena como un ataque al orden y a la paz pública:
I.-Toda manifestación o exposición maliciosa hecha públicamente por medio de discursos, gritos, cantos, amenazas, manuscritos, o de la imprenta, dibujo, litografía, fotografía, cinematógrafo, grabado o de cualquier otra manera, que tenga por objeto desprestigiar, ridiculizar o destruir las instituciones fundamentales del país; o con los que se injuria a la nación mexicana, o a las entidades políticas que la forman.
II.-Toda manifestación o expresión hecha públicamente por cualquiera de los medios de que habla la fracción anterior, con la que se…provoque o excite directamente al publico en general a la anarquía, al motín, sedición o rebelión, o a la desobediencia de las leyes o de los mandatos legítimos de la autoridad; se injurie a las autoridades del país con el objeto de atraer sobre ellas el odio, desprecio o ridículo; o con el mismo objeto se ataque a los cuerpos públicos colegiados, al ejército o guardia nacional o a los miembros de aquellos y estas, con motivo de sus funciones…
De esta manera cualquier ataque a las instituciones podridas del sistema capitalista está condenado legalmente, por lo que aún siendo la mayoría de la población quien ejerciera este ataque contra quienes la oprimen, legalmente está impedida para hacerlo, afortunadamente el pueblo cada vez cree menos en la burguesía, ni sus leyes, en la vía de los hechos se organiza y lucha contra ella.
Algo muy común es la descontextualización de los hechos, presentar sucesos por sí solos sin relatar lo que sucede alrededor, así como sus causas, por lo que es común que se informe de la realización de una marcha o un bloqueo de vialidades, pero que no se diga más que de forma general quién realiza tales acciones, con cuál finalidad y bajo qué causas, con lo que supuestamente se informa de manera objetiva, pero en realidad se pretende hacer creer que los hechos violentos lo son por sí solos, o haciendo creer que hay violencia por parte de los manifestantes donde realmente la violencia la aplica la fuerza pública.
Está también la cuestión de la procedencia de la información, pues una buena parte de ella viene de las agencias informativas, por tanto, está homogeneizada, además de que cuando se trata de conflictos político-sociales la mayoría se ciñe a las posiciones del gobierno en turno y realiza su labor periodística en consonancia a los intereses del mismo, como las clásicas cortinas de humo:
Ejemplo más reciente, las sumas millonarias encontradas en una casa de seguridad de Zhenli Ye-Gon y vinculadas con Felipe Calderón, que rápidamente fueron pasadas a segundo plano por todos los medios poniendo al centro las explosiones de los ductos de PEMEX reivindicadas por el EPR y las acciones de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) en el marco de la Guelaguetza Popular. Al mismo tiempo que sucedían las detenciones de compañeros del Frente Popular Revolucionario (integrantes de la APPO), acusados falsamente de haber realizado las explosiones mencionadas, con el conveniente eco que se hizo en la prensa para la supuesta vinculación APPO-EPR-Tráfico de Armas.
Está la posibilidad de que en determinados momentos los medios informativos no coincidan con las orientaciones del gobierno, pero esto sucede no porque exista tiranía, como se afirma cuando se plantea a los medios como vigilantes de la democracia, sino que simplemente los intereses económicos detrás de las comunicaciones no coinciden con los intereses económicos predominantes por el momento en el aparato de Estado.
Los casos como la pugna de Hugo Chávez contra una señal televisiva del consorcio venezolano RCTV, o los ataques de las principales televisoras en México contra López Obrador, apoyando velada ó abiertamente a Felipe Calderón antes y después de las últimas elecciones presidenciales en el país, son ejemplo de lo comentado en el párrafo anterior. Hay que tener claro que en última instancia los medios de comunicación van a obedecer a las empresas a que pertenecen, coincidan o no en su momento con las posiciones del Estado.
Así pues, aunque cumplan su papel en la dominación ideológica, no son infalibles, no han logrado, ni lograrán mantener por mucho tiempo las conciencias dormidas, si así fuera no existiría los esfuerzos de lucha y unidad popular que actualmente se desarrollan y que aglutinan a millones de personas en México y el mundo, el poder de influencia de los medios puede ser superado por medio de la organización proletaria, de la formación revolucionaria de las masas y de su consecuente elevación de conciencia.
Tampoco se trata de satanizar en sí a los medios de comunicación, sino de caracterizar los intereses que actualmente están detrás de ellos y la función que terminan cumpliendo en manos de la burguesía y del Estado. En manos del pueblo, los medios cumplen una función totalmente distinta, de formador y educador colectivo, de transmisor de una cultura íntegra y en estos momentos de difusor de una conciencia de clase, así como de herramienta para la organización proletaria y popular.
El caso de la APPO es emblemático, desde la recuperación popular del canal 9, hasta la toma y sostenimiento en su momento de 12 radiodifusoras comerciales y de Radio Universidad, así como la creación de Radio Plantón; el magisterio, los trabajadores, los campesinos pobres, los estudiantes, las mujeres del pueblo oaxaqueño demostraron su capacidad de sostener medios de comunicación dignos, creativos y de calidad, que realmente cumplan un papel social positivo.
En manos de la APPO, la televisión y la radio adquirieron el papel de cohesionador popular y es por eso, principalmente, que los grandes ricos tienen tanto miedo de que vuelva a suceder, por eso el aplastamiento de medios alternativos como lo son las radios comunitarias, las páginas electrónicas y la propaganda escrita revolucionaria, por eso la persecución de periodistas y comunicadores democráticos, progresistas o simplemente solidarios con las luchas populares.
El mensaje de la burguesía es claro: no hay lugar para la expresión democrática en los medios de comunicación, pero el mensaje de los trabajadores también debe ser claro: los medios deben ser del pueblo, hay que recuperarlos, junto con todos los demás recursos del país hoy apropiados por la oligarquía nacional e internacional; el sistema capitalista será pues derrumbado por la insurrección proletaria, sus días de explotación y manipulación deben terminar. |