Año 1 Número 3 Julio-Septiembre de 2007
Lucha ideológica

Comunismo y lucha armada

ElAnte los recientes bombazos en los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en Querétaro y Guanajuato, reivindicados por el Ejército Popular Revolucionario (EPR) en exigencia de la presentación de sus militantes desaparecidos; el Estado buscó retomar el hecho como pretexto para la represión. Estas acciones hacen surgir de nuevo en los medios de comunicación burgueses el tema de la lucha armada como forma de lucha, descalificándola por supuesto, buscando que al hacerlo se legitimen los procesos legales de su cacareado “Estado de Derecho”, se prestigie el cretinismo parlamentario y todos los cauces que son “aceptables” para la oligarquía.

Consideramos pertinente dar nuestra opinión entorno a la lucha armada como forma de lucha sujeta al desarrollo del movimiento de masas, no tanto con el ánimo de polemizar, sino de contribuir al debate y aportar nuestros puntos de vista exponiendo nuestra concepción política, haciendo énfasis en que no rechazamos ninguna forma de lucha por sí misma, sino que buscamos ubicar cada una en el contexto que se encuentra y el papel que juega con miras a la Revolución Socialista.

Bajo una nube de polvo los intelectuales al servicio de la oligarquía y los monopolios hacen eco de la supuesta necesidad de salvaguardar con la custodia militar las instalaciones estratégicas de cualquier atentado, como si esto engañara al pueblo en torno a las verdaderas intenciones privatizadoras y entreguistas del gobierno.

Todo ello sin dejar de lado la verdadera intención de fondo con la militarización: la represión masiva y selectiva contra las organizaciones populares en resistencia frente a la política del régimen. Ya sea con el pretexto del combate al narcotráfico, o con el pretexto del terrorismo, el Estado busca echar tierra a los ojos de la clase obrera y el pueblo para afianzar su control.

En este contexto, en el pasado reciente las fuerzas militares burguesas se han experimentado el hostigamiento al EZLN en Chiapas, han practicado desde hace décadas los métodos de guerra sucia y de baja intensidad en Guerrero, Hidalgo, Veracruz y otros estados. Más recientemente, en Atenco se han estrenado en las tácticas de “control de población” utilizadas en Vietnam para someter y atemorizar a pueblos enteros; y en Oaxaca han medido fuerzas y perfeccionado métodos de sometimiento (incluso en combates cuerpo a cuerpo) ante los levantamientos populares en donde prácticamente toda la población se vuelca a las calles a enfrentarles.

A grandes rasgos así se presenta la correlación de fuerzas entre la fuerzas represivas de la burguesía y su todavía control político-ideológico, por un bando; por otro, la clase obrera y el pueblo en resistencia, haciendo uso de variados métodos de lucha, desde los reclamos más elementales hasta el enfrentamiento físico, en ocasiones violento contra los cuerpos policíaco-militares.

Los comunistas marxista-leninistas analizamos constantemente este desarrollo de la lucha de clases, a la vez que estudiamos las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre la revolución, retomamos que “la estrategia y la táctica del leninismo son la ciencia de la dirección de la lucha revolucionaria del proletariado.” (Fundamentos del leninismo, J. Stalin).

Planteamos los objetivos de la estrategia para cada periodo situando al enemigo principal, ubicamos como la fuerza fundamental de la revolución al proletariado y reconocemos sus reservas, así como sus aliados. Planteamos la dirección del golpe principal para cada periodo y el plan de disposición de fuerzas, etc. Tratamos pues, la lucha revolucionaria del proletariado como una ciencia.

De la misma manera reconocemos que en cada paso concreto del desarrollo del movimiento por la emancipación social hay etapas y periodos más cortos, donde el objetivo fundamental se mantiene pero que hay que modificar la táctica concreta, misma que puede ir desde labores legales e ilegales, acciones de tipo pedagógico y de tipo militar, formas de lucha económicas y políticas; todas ellas subordinadas a la dirección estratégica de la etapa de la revolución en cuestión. Dentro de estas fases indudablemente que esta la lucha armada.

Por supuesto que los comunistas vemos inevitable la lucha violenta, dado que las colisiones entre el proletariado y el campesinado pobre frente a la burguesía se tornan cada vez más álgidas, más impetuosas, porque la oligarquía no dejará el poder por “sensibilización”. Pero para nosotros lo central no es una acción violenta aislada por sí misma, sino cómo las determinadas formas de lucha que se llevan a la práctica son asimiladas, responden al estado de ánimo y contribuyen a la insurrección de las masas explotadas y oprimidas. Lo central aquí es cómo la dirección de la clase obrera y su partido de vanguardia es reconocida como necesidad histórica a partir de la propia experiencia de lucha de las masas.

Existen muchas concepciones militares, esto es, enfoques sobre las formas de actuar de manera violenta y armada; los comunistas no condenamos estas de por sí, sino que reconocemos que el acervo de los pueblos del mundo en lucha por su liberación ha realizado enormes aportes en este sentido. Pero para nosotros lo fundamental es la lucha política, no la lucha armada. Nuestro camarada Sergio Barrios decía que el nivel más alto del revolucionario es el ser comunista, enseñando con esto que es la comprensión y acción política de la lucha de clases en perspectiva de la revolución socialista, y no la acción armada por sí misma lo que da la clave hacia el socialismo.

La lucha política se refiere a los enfrentamientos entre las clases sociales que componen una sociedad determinada, entre quién tiene el poder y de qué forma lo mantiene, cómo domina, en beneficio de quién; frente a quién, cómo y para qué se lo disputa. Situamos a la lucha armada como una expresión de la lucha política. Lenin retomaba la tesis del teórico militar Clausewitz: "La guerra es la prolongación de la política por otros medios," para explicar esta cuestión.

En torno a la teoría militar, como revolucionarios guiados por el materialismo dialéctico, no podemos simplemente optar a priori por una u otra estrategia militar. Eso sería tanto como definirnos por una u otra manera de propagandizar nuestra política, ya que la elección de estas formas de lucha no se realiza por voluntarismo del revolucionario, sino que al revés, se le imponen por las condiciones concretas en que se combate contra el régimen.

En el movimiento de masas se expresan las más variadas formas de lucha: manifestaciones pacíficas legales, parlamentarismo, huelga general, combates en barricadas, levantamientos armados parciales, insurrección general, guerra de guerrillas, etc. Estas formas no son unilaterales, es decir, no se presentan porque “así lo deciden los revolucionarios”, sino que se ubican históricamente, de acuerdo al momento concreto de la lucha, de las condiciones objetivas y subjetivas. Además, éstas responden a los métodos de represión de la burguesía, que utiliza todos sus medios en mantener su orden; cuando se prueban entre sí, cada bando asimila nuevas experiencias y se prepara el siguiente encontronazo.

“En ciertos períodos de crisis económicas y políticas agudas, la lucha de clases, al desenvolverse, se transforma en guerra civil abierta, es decir, en lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está obligado a tomar posición por la guerra civil. Toda condenación moral de ésta es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo… En una época de guerra civil, el ideal del Partido del proletariado es un partido de combate. Esto es absolutamente incontrovertible.” (V. I. Lenin, La guerra de guerrillas)

Pero, como señalábamos arriba, este desarrollo no es voluntarismo del comunista. Si bien el revolucionario marxista toma como deber el “acelerar” estas condiciones, en sacar las mejores enseñanzas de cada escaramuza legal o ilegal, en tomar cada caso concreto de explotación y abuso para agitar y sacar del letargo, y poner en contexto cada uno de estos casos en el cuadro general capitalista con su propaganda; o puede a su voluntad “optar” por tomar las armas.

Los comunistas, en lo que a la lucha armada se refiere somos partidarios de la insurrección obrera con su partido de vanguardia a la cabeza y en alianza con el campesinado pobre, que jalone a las amplias capas de las masas explotadas y oprimidas. Pero esta insurrección no la concebimos de ninguna manera como un simple acto mecánico donde las masas se levantan y ya, sino como el elemento fundamental que marca el cambio cualitativo del estado que guarda la lucha de clases, marcando la ruptura violenta con el régimen y definiendo el periodo como guerra civil.

Así, tratamos a la insurrección como una arte y una ciencia. Recordemos lo que dice Lenin al respecto:

“Para poder triunfar, la insurrección debe apoyarse no en una conjuración, no en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución. Esto en tercer lugar. Estas tres condiciones, previas al planteamiento del problema de la insurrección, son las que precisamente diferencian el marxismo del blanquismo.” (Lenin, El marxismo y la insurrección).

En la sistematización de Stalin con respecto a los Fundamentos del leninismo retoma: “1) No jugar nunca a la insurrección, y, una vez empezada ésta, saber firmemente que hay que llevarla a término. 2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivo fuerzas muy superiores, porque, de lo contrario, el enemigo, mejor preparado y organizado, aniquilará a los insurrectos. 3) Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con la mayor decisión y pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. 'La defensiva es la muerte de la insurrección armada'. 4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el momento en que sus tropas se hallen dispersas. 5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso podría decirse que a cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a toda costa la superioridad moral.” (J. Stalin, Los fundamentos del Leninismo).

Es bien sabida la oposición inicial de Marx a la insurrección de los obreros franceses en la Comuna de París, pues como científico sabía de la condena al fracaso de esta epopeya en lo que a conflicto militar se refiere. Y nosotros no podemos sino reconocer la confirmación por los hechos de este pronóstico.

De la misma forma hoy reconocemos que en el país no están dadas las condiciones para pasar a la insurrección, para descargar el golpe decisivo, que la crisis no ha llegado ya a su punto culminante, ni la vanguardia está dispuesta a luchar hasta el fin.

Se puede considerar completamente maduro el momento de la batalla decisiva -dice Lenin- si "(1) todas las fuerzas de clase que nos son adversas están suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas"; si "(2) todos los elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se diferencia de la burguesía, se han desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se han cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica": si "(3) en las masas proletarias empieza a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía. En ese momento es cuando está madura la revolución, en ese momento nuestra victoria está asegurada, si hemos sabido tener en cuenta... todas las condiciones indicadas más arriba y hemos elegido acertadamente el momento".

Al heroico
pueblo de Oaxaca
en el primer año de sus combates contra el régimen

La APPO ejemplo de
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