Adentrando en los procesos de la lucha de clases, se destaca un aspecto que merece la atención para quienes combaten por cambiar el estado de cosas: los hechos nos llevan continuamente a enfrentar grandes problemas en el ámbito del pensamiento materialista histórico, a menudo el transcurrir de las acciones conlleva importantes elementos que ameritan atención para aplicar consciente y ampliamente las leyes del movimiento de masas.
Nuestra necesidad de apuntalar la tendencia revolucionaria en el seno del movimiento, obliga precisamente a aguzar el conocimiento y manejo de las reglas básicas y de las líneas que pueden transformar la realidad, encausándose la lucha estratégica de los explotados. El objetivo de estructurar nuestras posiciones respecto de las líneas de la historia presente, es para nosotros los revolucionarios un rasgo fundamental que nos permite orientarnos en la complejidad de los diversos combates en que el proletariado y sus aliados están inmiscuidos continuamente; pero esto mismo que parece un simple punto de partida inmediatamente se convierte en un exponente de la forma en que nuestra clase en su conjunto puede ser capaz de organizarse y enfrentar a sus enemigos.
Debemos aclarar que esta tarea, siendo necesaria, no puede abocarse a crear esquemas o sistemas cerrados de los elementos que hoy concurren en los actuales procesos de la lucha de clases, hay que considerar que ésta es cambiante, ya que está sujeta a los ascensos y descensos de la actividad popular, a las influencias internas y externas. Nos vemos trasladados a nuevas situaciones en que unos u otros aspectos surgen o desaparecen, haciendo cambiar cada proceso, y por tanto las posiciones deben variar, ajustarse o transformarse muy profundamente para asegurar que sus desafíos calen hondo en las entrañas del capitalismo y sus pasos encuentren la resonancia esperada. Se trata de cambios en términos de subir de tono al combate aprovechando las condiciones reales y las fuerzas existentes, sin subjetivismo alguno o radicalismos de conveniencia, antistalinistas y sectarios, del carácter de aquellos que se lanzan contra todo pero que son incapaces de contribuir al avance de la unidad por ejemplo.
La significación que ello adquiere en el terreno concreto de la lucha de clases nos parece esencial, en tanto movimiento comunista, porque para nosotros cada enfrentamiento con las posiciones de la burguesía y sus servidores, puede ser reforzado en su dirección solo si usamos el conjunto de formas de lucha, condiciones, mecanismos de organización y recursos para continuar la marcha que ahí mismo corroboramos como imprescindible en la línea fundamental de la lucha de clases.
Por tanto, el instinto de clase, es decir, el rechazo de primera instancia de los trabajadores y sectores populares a la política del régimen en general y la de los patrones en particular, aún manteniéndose en sus distintos niveles y cubriendo una parte básica del rechazo de los explotados a su propia condición, afianzándose en sus formas primarias de organización; crea las premisas para transformarse en conciencia de clase, afirma la estructuración de los combates, que arropa en sus tácticas y su estrategia remolcando tras de sí a todas las formas de la actividad de la clase obrera. Esos son en forma sintética los impulsos a que hoy nos enfrentamos los revolucionarios, las masas y todos los activistas democráticos que anhelan transformar la sociedad actual en pro de los intereses de todas las clases explotadas y oprimidas en pugna contra la oligarquía financiera, su Estado y los monopolios.
En ese drama, la concepción materialista de la historia encuentra un arduo qué hacer, recupera posiciones, proyecta la visión total sobre el capitalismo, proyecta los ideales libertarios y destaca múltiples líneas de trabajo que nos permiten a los revolucionarios orientarnos mejor en nuestras tareas, conociendo la realidad concreta, las tendencias de la oligarquía financiera, la etapa de penetración neocolonial, la naturaleza del fascismo, la agudización de contradicciones entre las clases sociales y la reaparición del proletariado en la arena política. Así en el entorno de la lucha de clases adquiere relevancia tratar de despejar los diversos aspectos que hoy inciden en forma especial en el febril proceso que atornilla al capitalismo y la revolución.
Al hablar de la historia, nos encontramos en un campo amplísimo que contempla su marcha, sus relaciones en una sociedad dividida en clases sociales, explaya la interpretación de éstas y bosqueja sus caminos, sus confrontaciones; siendo tan extenso el contexto al que nos abocaremos, estamos ante la cuestión de recurrir a diversas abstracciones para concentrarnos en los problemas que directamente se conectan a la acción revolucionaria del proletariado, y su necesidad de dominar las leyes sociales que se le ofrecen en cumplimiento de sus objetivos.
¿Qué aspectos merecen destacarse en éste problema? Aquellos que participan en forma sustancial de la vida social del país, aquellos que se sabe inclinan la balanza de los problemas sociales, aquellos que aún sin revelarse en toda su magnitud claramente convocan a los hombres a luchar, aquellos que ordenan en el interior del modo de producción capitalista los procesos que le dan vida, aquellos que en el acumulado de la experiencia popular y proletaria establecen las prioridades del movimiento.
I. El problema del capitalismo
a) La explotación
La burguesía pregona extensamente las virtudes del régimen, refuerza sus estructuras e innova nuevos procedimientos para extraer el máximo de ganancias en sus establecimientos, y a pesar de todo tiene ante sí el problema de afianzar en la sociedad los ideales propios de su clase, no puede abrir plenamente su posición de que todo su mundo tiene sustento en la explotación de los trabajadores del campo y la ciudad.
Patrocinar la explotación, a pesar de todo, se ha convertido en una necesidad para los capitalistas, para lo cual emplean a quien se preste y usan todo cuanto sea posible, sus argumentos tienden a aligerar el hecho, propugnan porque las masas explotadas acepten su condición e incluso abracen una política fascista, de cara a las oleadas pro yanquis que han de continuar en la línea de agresiones.
En torno al eje de la reforma laboral, se expresa esa tendencia, por ello persisten en convencernos de que se puede vivir con menos, y si deseas más, la única salida es doblar la jornada de trabajo, suprimir el sindicato y acelerar el proceso productivo. Especialmente se incentiva un discurso sobre la productividad donde se guarda mucho de decir que eso es incrementar la intensidad en la explotación del trabajo, así con ello se persigue un nuevo efecto: hacer retroceder la conciencia del trabajador colocándolo en un submundo donde la explotación no es tal, la rapiña contra el asalariado no es más que una forma de ayudarle a sobrevivir, y los medios de producción pertenecen por derecho natural a los explotadores.
Pero precisamente al llevar las cosas a estos extremos, los burgueses se sienten amenazados, tomando su política una forma de ofensiva clara contra las tendencias populares y especialmente contra todo repunte revolucionario en la clase obrera, rechazando de tajo los principios democráticos y revolucionarios que sustentan la destrucción del sistema actual, hasta el propio principio liberal burgués de sostener la soberanía del Estado-nación que ahora les restringe su apetito de máximas ganancias.
Los explotadores se han abrazado con particular fuerza a la política anticomunista, todo lleva el sello de las irresistibles presiones de competencia inter burguesa en donde, para acomodarse a la situación de flujo de ganancias a favor de los monopolios más fuertes requieren sostener un ritmo elevado de la explotación de la fuerza de trabajo. Para el movimiento de masas el problema de la explotación exige de sus programas una atención primordial, en ellos debe constatarse que en todas sus formas y en sus trazos actuales, no cabe hablar de un verdadero proceso de emancipación sin poner al centro la necesidad de la expropiación de los medios de producción, desenmascarando a quienes pregonan rehuir la cuestión.
b) Crecimiento económico
El crecimiento inusitado del capitalismo mundial trajo nuevas cargas contra la lucha de clases, haber logrado un crecimiento grande o pequeño en los diversos países, no simplemente fue una cuestión de oportunidad para que los capitalistas acrecentaran sus ganancias y poder, les aseguró un arsenal de “razones” contra la revolución, en el supuesto de que éste podía resolver los grandes problemas sociales, incluso hoy cuando tal crecimiento se anula, encuentra argumentos para prometer un futuro bajo nuevos empujes de progreso, como enganche ideológico para mantener a las masas trabajadoras tras de sí.
El tema del crecimiento económico, en particular, ha sido un puntal de las doctrinas capitalistas, un puntal que permite a la burguesía y sus distintas capas irradiar influencia y doblegar a las fuerzas revolucionarias, que en primer lugar destacan la ruptura con el régimen; por ello, es natural que a pesar de que hoy el crecimiento se torna un supuesto, difícil de conseguir, más que en las cuentas de contados magnates, que se enfoque las baterías a atormentarnos con el esquema de que sólo el capitalismo resulta ser un sistema en crecimiento, mas todas las patrañas que se inventan no cubren el hecho de que cada vez en mayor rigor el crecimiento cuando se suscita, deriva en el despojo inmediato de los últimos recursos de los pueblos, en la distribución inequitativa de la riqueza y la agudización de todo antagonismo de clase.
Sin duda alguna ésta situación que el capitalismo vivió, desorientó y desarticuló innumerables procesos anticapitalistas, los arrinconó y favoreció su destrucción, era, hasta cierto punto una cuestión permisible que así sucediera; el capitalismo, los capitalistas y sus representantes encontraron por doquier recursos para desplazar y desbaratar las grandes luchas que en las décadas pasadas ocurrieron, elementos que se ligaron a los problemas internos que enfrentaron la clase obrera y los comunistas.
c) La deriva del desarrollismo
De la mano del crecimiento, la burguesía supo aprovechar los rasgos del desarrollo capitalista, en referencia al desenvolvimiento del sistema en mayores vías, en nuevas ramas económicas y brechas para su actividad explotadora que durante algún tiempo le han permitido expandir sus dimensiones. Esa trama de crecimiento y desarrollo vino a reforzar la línea ofensiva de los capitalistas contra la clase obrera, incrementar sus objetivos fundamentales de despojo a los trabajadores, e incremento de la extracción de plusvalía en campos en que pudo contar con la desorganización y esterilización de nuevos y viejos sectores de la clase de los proletarios que aparecían en todas partes, pero en especial en las ciudades del país.
Con este desarrollo la burguesía dio un toque de interés fingido por los problemas sociales que nos preocupan, reorganizó en su entorno a las capas medias, incluso a los campesinos pobres y algunos importantes sectores del proletariado al precio de la violencia en sus sindicatos y su corporativización. El desarrollismo plasmó una visión primero nacional y después pro imperialista en la cual constató la conducción gran burguesa del régimen y los preceptos de la gran propiedad privada al igual que la apuesta a las leyes del mercado, que llevaron a México a las crisis más graves que los países capitalistas han sufrido en los últimos tiempos.
En su forma actual, crecimiento y desarrollo traen a la luz la ofensiva de los monopolios, la supeditación de los procesos de reproducción del capital a los intereses de la oligarquía financiera; los saldos de la economía mexicana hablan de esos términos en el entendido del avance macroeconómico para eludir que el capitalismo sigue un camino que anula toda posibilidad de que las masas se beneficien de su trabajo, nos plantea que solo un puñado de capitalistas nacionales y extranjeros encuentran perspectiva de crecimiento y desarrollo.
Sin embargo, este proceso de acumulación se ve frenado por el control de los monopolios internacionales, la sujeción del país al mercado norteamericano y las propias presiones de la acumulación ya consolidada, que se ve circunscrita al rechazo de movimientos económicos de calada que alteran su control sobre el país, por si fuera poco también se encuentra sujeto a las limitaciones de un mercado interno comprimido por la escasa capacidad de compra de las mayorías.
Los nuevos contextos en que se afianza el capitalismo han traído a su vez, punto por punto, y en forma conjugada, el crecimiento, desarrollo y agudización de las contradicciones sociales, mismas que ahora se colocan en un enfrentamiento constante por el futuro del país. Lo que se opone en el país, no son otra cosa que las contradicciones del capitalismo, ahora sobre una base más consolidada de la acumulación de capital a gran escala.
d) Decadentismo
de los monopolios
La perspectiva de progreso, argüida detrás de los anteriores elementos de la política económica burguesa, queda en una mala colocación, si bien se mantiene bajo presión con el recurso de la demagogia fascista, nacionalista y socialdemócrata, no consigue convertirse en el elemento de confianza que antes permitió doblegar la voluntad de los explotados y aproximarlos a las políticas desarrollistas.
Sin abandonar esas tres cuestiones, la burguesía traza los ejes de adaptación a la condición del neocolonialismo que vivimos, descubre que no puede siquiera eludir los problemas y trata de articular discursos y políticas que eleven en algún grado la creencia de los trabajadores en el capital internacional, sin conseguir gran cosa, porque para ello habría de dar muestras contantes y sonantes, en tanto la penuria se acrecienta. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue una de esas acciones del imperialismo con la que se predicó llegado el momento de mejores condiciones de vida y trabajo, pero ello solo fue un ardid para trabar la movilización en su contra, tal Tratado sólo arrojó mayores calamidades al pueblo, al tiempo que creó una casta de 12 magnates controladores del país.
Junto a las exigencias del Banco Mundial y los monopolios internacionales, la burguesía viene ahora con esa jerga privatizadora, para convocar al pueblo a unírsele, a que permita nuevos despojos, a que no rechace aquellas cadenas porque con ellas se asegura los preceptos básicos que dice representar, pero la experiencia sufrida es una buena consejera para rechazar las pretensiones gran burguesas.
Así, viene a destacarse un nuevo problema, el régimen entra en una fase en que avanza a una especie de crisis política de las reformas bajo el autoritarismo tradicional y el fascismo moderno, en su insaciable sed de impulsar la política de los monopolios, que dicha situación trae graves problemas a la lucha de clases al ilegalizar sus avances en materia de derechos políticos y sociales, pero que crea un inmenso capital democrático-revolucionario entre las masas, fortaleciendo el deseo de lucha y la aspiración de cambios desde abajo en la situación actual.
II. Dificultades de la lucha de clases
a) La crítica revolucionaria
Las etapas de las que el capitalismo tuvo oportunidad de beneficiarse y despuntar la súper acumulación de capital, trajeron de por sí graves problemas para que la clase revolucionaria ejerciese su crítica con la misma contundencia con que la había llevado a cabo en tiempos anteriores, es evidente que ahí influyeron muchos otros factores que en buena medida nuestro Partido viene resaltando en sus diversos documentos y en las páginas de ésta revista; sin embargo, nos concentramos en los aspectos materiales que potenciaron la labor política de la burguesía para torpedear la agitación revolucionaria y hacer que el discurso comunista fuera desplazado de la arena internacional, y de ahí, convertirlo en centro de sus agresiones y calumnias apoyada por las diversas tendencias ideológicas pequeño burguesas.
En los últimos tiempos el problema llegó al extremo de que el movimiento comunista tuvo grandes dificultades para procesar las nuevas condiciones y esbozar de nueva cuenta sus premisas de emancipación, pues se encontró con un mayor cerco para hacerse escuchar, para penetrar en el seno de su clase y hacer la labor de impulso a las luchas populares. Se había arrojado tanta confusión que se requirió recomenzar desde muy abajo, enarbolando los principios, pero teniendo dificultades para ligarlos a los procesos de masas, así la burguesía ganaba por partida doble el aislamiento de las masas y los revolucionarios.
La crítica revolucionaria contra el sistema capitalista se enfrenta a las nociones de la burguesía y sus diversas capas, está empeñada en salir con las armas reforzadas del marxismo-leninismo, haciendo hincapié en los fundamentos de la lucha de clases, sin embargo, aún no rebasa las limitaciones para confrontar las teorías y posiciones burguesas en los más diversos escenarios, no obstante para los explotados y oprimidos el argumento comunista es vital en su perpetua lucha. Especialmente el problema del planteamiento del Poder guarda todavía un amplio trecho que debe ser cubierto, los trabajadores requieren mayores argumentos, experiencias y discusiones en torno a la lucha por el establecimiento de un poder suyo, proletario, no porque los que cuenta no sean importantes o esenciales, sino porque en las nuevas condiciones ameritan su fortalecimiento.
Destacar la cuestión de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado en los procesos del movimiento de masas, en estos momentos es sumamente indispensable, incluso contamos con más posibilidades de reorientar su discusión, de ejecutar el programa democrático-revolucionario. Los revolucionarios podemos percatarnos que esta cuestión pertenece a los trabajadores, y es en su seno en donde debe generarse su procesamiento. Hacerse conscientes de ésta última cuestión en particular implica una actividad de masas constante, resolver el problema del objeto de todas las organizaciones de los trabajadores, la perspectiva de su movimiento y las tareas más convenientes para ponerla en marcha. En primer lugar, la crítica revolucionaria de nuestros días debe concentrarse en las realidades del capitalismo para fortalecer las tareas de la revolución.
b) Los niveles de la lucha
En México vienen desarrollándose las diversas formas de lucha de las masas trabajadoras, incluida su forma superior, la lucha revolucionaria contra el capitalismo, de las que destacan las jornadas proletarias por la huelga general y las del pueblo oaxaqueño; en correspondencia se afirman las tácticas de revolucionarse, por apoyarse en estas luchas y proyectar un nuevo sentido a la acumulación de fuerzas que aproxime a los explotados y oprimidos de este país a la lucha directa por el socialismo, se evidencian en todo ello elementos históricos de trascendentales luchas pasadas, pero también nuevos aspectos surgidos de la correlación y características de los escenarios actuales.
La lucha de clase se desplaza en diversos niveles; el lugar que debemos tomar en éstos es el de colocar a las fuerzas del proletariado a la cabeza de todas las formas y condiciones de lucha, en ellos, sin debilitar alguno, antes al contrario, fortaleciéndolos para que las masas se politicen; hay que destacar las formas revolucionarias como conductoras de todo el movimiento de masas, como acabamos de decir en alusión a un aspecto general: dichas formas impulsan la marcha de una táctica y una estrategia enfocadas al combate directo contra el capitalismo, por tanto deben situarse en el centro para que sirvan de ejemplo y pongan el acento en los mecanismos que superan los combates parciales, economicistas y hasta políticos que sólo se ocupan de un problema temporal o una reivindicación de corto plazo.
No se trata de acusar unas u otras luchas, sino de apoyarnos en todas para que se asegure que las masas discutan, comprendan y resalten cuál de ellas es la más importante, la preponderante, la que les alienta y les esclarece en su lucha de largo alcance. Esto, asegurar una evaluación general de las luchas y las formas en que cada una contribuye al proceso general nos permitirá afianzar la trayectoria de una táctica eficaz para enfrentar a los explotadores en el nivel que se requiere.
Las luchas del pueblo son necesarias sin importar el grado de su desarrollo, de lo que hacemos recuento es de la trascendencia de unas respecto de otras para garantizar nuevos estadios de movilización con consignas que combatan al sistema en su conjunto, que esclarezcan sistemática y prácticamente la profunda gravedad de la situación del capitalismo.
En su generalidad toda lucha puede progresar en sus niveles, o bien, ser punto de apoyo para otras de mayor calado, servir de revestimiento a acciones amplísimas, participar de otras, pero también estrecharse, menguar los procesos de mayor beligerancia y posición más contundente frente a la burguesía, de lo que se trata es de que se coloquen en su justa valía para que atemperen en su conjunto el proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas y sirvan como primer experiencia de combate para sus contingentes, pero que les impulsen a avanzar consecuentemente a nuevas posiciones.
El sectarismo y el espontaneismo son elementos que frecuentemente se han anidado en las luchas más débiles, sin dejar de pretender atar a sus inercias a los movimientos que logran romper con la lucha gremial o limitada a unas u otras banderas económicas. En ocasiones esto sucede con el aliento de discursos seudo-revolucionarios que no atinan a comprender las tareas actuales del proceso, sin embargo, se nos presenta la tarea de contribuir a superar esas limitaciones que hoy pululan en muchas partes, y que encuentran en el ambiente general cierto margen de maniobra cuando escasean las fuerzas revolucionarias y la claridad con respecto de los pasos a seguir en la reafirmación de la lucha contra el capitalismo.
Otros problemas, como el caciquismo y el tribalismo, que permean en corrientes supeditadas a la lucha parcial, cuya visión ha renunciado a toda acción revolucionaria, requieren de igual forma volver a atender en el marco de la movilización general, la importancia de desplegar un combate total frente al régimen hasta para resolver las cuestiones menos complicadas que antes requerían un mínimo de presión y que ahora no encuentran ninguna consideración de nuestros explotadores; metidos en ese terreno, bregando por ayudar a superarse, es como hay que acercar a todos los sectores populares a la tendencia revolucionaria del proletariado y su crítica marxista-leninista.
Ya no se trata de “volver a los orígenes”, ni de encantarnos con las épocas pasadas del capitalismo, la situación no está para ello, por tanto nuestra persistencia en alcanzar en su totalidad niveles elevados de la lucha de clases se convierte en un detonante del debate y la acción socialista y comunista.
c) El giro de la lucha
Hasta hace poco, en México, la lucha giraba entorno a las demandas económicas y sociales de democracia capitalista, porque tal era el grado alcanzado por los contingentes más destacados, las condiciones sólo habían permitido afianzar una posición de resistencia frente a los opresores, y las necesidades de las masas fueron marginadas en torno a esos preceptos básicos de la política de masas del capitalismo.
Pero, sin que se hubiese resuelto una sola de esas banderas, la situación ha dado un viraje que permite atesorar la tendencia revolucionaria y destacar en importantes frentes de lucha diversos rasgos de la lucha revolucionaria de los trabajadores, su programa de gobierno obrero, e incluso de expropiación de los monopolios en una democracia popular.
Eso no surgió como por desencanto ni por enfrentar simplemente con algo más a la clase en el poder, es producto de la maduración y el rechazo del trabajador hacia las formas de dominio del capitalismo. Maduración que cuando no ha encontrado una canalización adecuada ha derivado en el rechazo al sistema electoral y a las formas de la vida de la sociedad burguesa.
La lucha de clases deja de proyectarse en torno a muchos de los elementos de la política oficial, encuentra sus causes por fuera de la institucionalidad burguesa y enfrenta sus primeros dilemas en torno a cómo dotarse de estructuras propias que amplíen las acciones y preserven las conquistas, especialmente organizativas que aseguren mayores escaladas contra el sistema.
d) El frente del oportunismo
La burguesía y sus partidos constatan este creciente rechazo al régimen y batallan porque tanto institucionalmente como en los diversos campos de su actuar, las fuerzas que van desprendiéndose de la política burguesa sean derrotadas y sirvan de lección a quien intente lanzarse contra el capital; Oaxaca ha sido uno de los bastiones que más se han empeñado en derrotar, pero también lo vimos en las acciones contra la clase obrera de la ciudad de Lázaro Cárdenas, en Atenco y las luchas que corren contra las reformas.
El oportunismo igualmente busca canalizar el descontento a sus tradicionales formas de influencia para hacerse de espacios de poder y sujetarnos a sus manejos y controles, asimismo las versiones nacionalistas de la política burguesa y los sucedáneos socialdemócratas para reciclar la política monopolista, fortalecen su labor por llevar a los más destacados movimientos al auxilio de sus tendencias doblegándolos en pro de una interminable espera de reformas democráticas que hoy puede verse se traducen en contrarreformas ultrarreaccionarias de las que los oportunistas participan con todo cinismo, al lado de los grupos de la burguesía, hasta de quienes pregonan hacer causa común con el pueblo respaldan con su pasividad tanto como con sus alternativas de poca monta ante la ofensiva internacional del capital financiero.
El problema sería incluso menor a pesar de los recursos con que cuenta la socialdemocracia perredista, a no ser porque tienen en el seno del movimiento una influencia que apuntala unas tendencias pequeñoburguesas nacionalistas atada a las políticas presupuestales del gobierno de aliento a las economías de las capas medias, mismas que alcanzan a proyectarse e influir sobre muchos otros sectores que se enfrentan ante extremas necesidades de supervivencia.
En el proceso de las fuerzas combatientes ello deriva en un constante debatir acerca de las posibilidades de la lucha o las ventajas de amarrarse a algunas opciones socialdemócratas. Naturalmente que no se trata de que las masas dejen de tomar ventaja de quienes vienen a predicar la esclavitud asalariada, al contrario, hoy, las formas todas, las posibilidades de impulsar las luchas son posibles y factibles, pongamos simplemente por caso los hechos más relevantes en que haciendo uso de la presión y la diplomacia el conjunto del movimiento ha contribuido que incluso el charrismo se vea obligado a ceder terreno frente a los trabajadores y acceder a algunas acciones, esos hechos van sin duda a continuar y acentuarse puesto que en general la ofensiva oligárquica afecta a todos los trabajadores, incluidas las posiciones del charrismo sindical.
III. Las leyes del movimiento
a) Proceso ascendente
En las luchas de clases del mundo destacan los ejes de un proceso claramente acumulativo, que parte de diversos escenarios, donde se contemplan las formas de lucha inferiores como punto de apoyo a la continuación de una cadena de acciones según los acontecimientos que van sucediéndose. Todos los movimientos se sujetan a tal principio, buscan respaldarse en las luchas pasadas, en los bastiones consolidados o por consolidar, y enfrentan nuevos retos frente al sistema que les oprime, ya sea en las etapas en que logran alianzas con la burguesía o como en los actuales en que ya la burguesía está lejos de pretender alianzas donde estaría obligada a ceder algo de sus espacios.
Cuando tal proceso se vuelve consciente, además de significar un ascenso en su política de clase general, permite ubicar en mejor grado las tareas que tiene enfrente y las luchas que puede y debe llevar a cabo. En el caso de nuestro país, tal tendencia se reafirma en la articulación de diversos frentes que hacen de baluartes indiscutibles de la lucha de clases y fortificaciones de respaldo de la lucha de los trabajadores ganándose la simpatía del pueblo en general.
El carácter objetivo de dicho proceso, en otras palabras, su inevitabilidad, es un principio material de la lucha de clases que corre, pero ante las nuevas posibilidades que la burguesía y los imperialistas se valen para manipular y reducir los movimientos, se requiere empeñar muchas fuerzas, sacrificios y una firme política de unidad para que el proceso se concrete en estructuras colocadas frente a la burguesía y su Estado, creen las bases del poder proletario y popular, establezcan un precedente de organización de las masas opuesta al capitalismo y en condiciones de tomar el poder en sus manos.
Los revolucionarios no somos los únicos que percibimos esta realidad, todas las clases sociales lo hacen, aunque se dedican a ajustarlo a sus intereses. Así lo mismo la pequeña burguesía habla de este proceso progresivo destacando sus intenciones de tomar la presión popular para abordar su política de reformas en pro de la pequeña economía capitalista y resguardo del mercado interno, en donde puede sentirse segura de ascender en la escala social y amagar a la oligarquía financiera restringiendo sus apetitos a ciertas normas que preserven un determinado estatus de conservación de la clase obrera y campesinos pobres en mayor grado conectados a la comparsa de sus productos. La mediana burguesía también sigue esos pasos pero con un menor grado de rechazo a la oligarquía financiera. En tanto la oligarquía financiera busca colocarse como abanderado de las demandas populares, y hasta proclamarse la salvaguarda de nuestros intereses a través de sus programas estatales.
Entretanto, el proceso sigue su marcha sufragado por las contradicciones fundamentales que recorren nuestra sociedad, transformándose en el proceso de ascenso de la lucha de clases, organizada y no organizada.
b) Acumulación revolucionaria de fuerzas
Exponer los problemas del capitalismo, ya no puede servir como simple preámbulo a un uso sesgado de las leyes históricas, ni mucho menos cuando entramos a abordar la cuestión del ascenso de la lucha que viene recorriendo nuestro país desde hace un par de años, radicalizándose e insertándose en los diversos ámbitos de la vida de los explotados, incentivando la actuación de los revolucionarios y el despliegue del programa proletario.
La tendencia que se va enriqueciendo y extendiendo en todas las luchas es la de colocar todo esfuerzo a la acumulación revolucionaria de fuerzas, trátese de una línea de contribuciones en el movimiento general a encausar las acciones, organizarlas, concentrarlas y mantener una estructura para posteriores combates. La agudización de las luchas nos lleva precisamente a poder orientar los procesos a las necesidades del programa proletario contra el capital, pero no todo está dicho ni hecho, falta asegurar esa marcha, falta convencer y encausar todos los esfuerzos de las masas a la agrupación en las filas revolucionarias, a su misión en la historia.
Los comunistas señalamos que no se trata de cuestiones de radicalismos, sectarismos, dogmatismos o de elementos que descarten unas u otras formas de lucha, sino de retomar en la historia de la lucha de clases en México todas las formas que permiten avanzar el proceso, de aprovechar los reductos que presenta la legalidad, de usar a fondo la ilegalidad, de incentivar toda acción popular, toda protesta, pero en función a desplegar los frentes sectoriales, el frente único, las organizaciones grandes o pequeñas y la concentración de todas ellas para capitalizar el esfuerzo colectivo.
En estos momentos prevalece la necesidad de afianzar el programa y acción generales, de colocarse en el torrente de los intereses del pueblo, en el torrente de lucha frente a los grandes problemas del capitalismo bajo la perspectiva de la transformación revolucionaria de la sociedad. En esa cuestión es mucho lo que hay que bregar, todavía el convencimiento, la consciencia general no alcanza a aterrizar en una plataforma común y aceptada por todos, esta será fruto de nuevas luchas comunes, de nuevos combates en el frente único contra las ofensivas del gran capital como se presentan en torno a las reformas estructurales, la militarización, la privatización y la política inflacionista hambreadora del calderonismo.
Son las concepciones sobre la táctica las que a continuación deben desarrollarse permitiéndonos encontrar nuevas claves de la lucha, nuevos mecanismos del proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas; pero, también esto sólo será fruto del empuje en los combates actuales, si éstos los logramos enfocar, y si logramos sacar partido de todas las movilizaciones, inevitablemente vendrán tareas de mayor envergadura, y con ellas la oportunidad de vigorizar una táctica de gran repercusión. No es que se busque un empirismo revolucionario, sino de abrir la perspectiva a nuestra teoría revolucionaria a partir de la actuación de las fuerzas vivas que le dan sustento, que son causa de su existencia. Juntamos armas contra el capital, establecemos organización y unidad contra su sistema.
c) El Frente Único
Hacemos énfasis en que las leyes del movimiento de masas toman cause en diversos procesos, se arremolinan en distintos escenarios, y delinean la necesidad de construir un amplio frente que abarque las diversas formas de lucha, los diversos intereses de las capas populares y los armonicen en torno a la lucha contra la oligarquía financiera, propugnando por programas generales en torno a la cuestión del poder.
Ya la cuestión no puede soslayarse, la concepción de los revolucionarios en torno a luchar por reunir todas las fuerzas de las masas trabajadoras sobre la base de la alianza de la clase obrera y el campesinado, tiene suficiente relevancia como para no ponerle la atención necesaria en el conjunto de tareas de su movimiento, tareas que si bien son de la más diversa índole, hoy destacan en su eje central el crear la columna vertebral de dicha unidad.
Existe una amplia gama de fuerzas reticentes al proceso, todavía enclavadas en el caudillismo y el sectarismo, casadas con el protagonismo antiproletario, renuentes a la unidad bajo mil pretextos de no compatibilidad ideológica, pero sin embargo están fuera de contexto, porque la lucha de clases hoy no plantea diferenciaciones ideológicas a ultranza en el marco de la acción concreta, sino que pone en mayor importancia la cuestión de la movilización de millones y millones de seres que han estado sujetos a la enajenación burguesa, que han sido sujetos de la ideología burguesa, pero que recién comienzan a elevarse y por tanto tienen dificultades para soltarse definitivamente de aquellas manipulaciones de la clase dominante provenientes de múltiples vías, sean la manipulación deportiva, el cine, la radio, la televisión, las concepciones políticas burguesas y pequeños burguesas, o los propios frenos del Estado de derecho y la represión.
El frente único es una herramienta imprescindible para retomar el movimiento tal como es y proyectarlo hacia su revolucionarización, su concientización y movilización tenaz, multitudinaria contra el capital. El frente único tiene muchos objetivos y tareas, de principio el recuperar otro estilo y dinámica de la lucha de clases, la suya propia que gira en el sentido de que el trabajo fundamental es entre las masas, entre las bases, en su organización, su educación para la lucha contra el régimen, sean cuales sean sus distintas variantes, y no como en mucho tiempo lo hicieron los oportunistas, de todos colores, aprovechando el potencial de las masas para ascender en la estructura estatal o instancias organizativas en aras de acomodar a las masas a una política democrático-burguesa.
Los proletarios estamos interesados en crear un frente que sin dejar de persistir en las consignas y banderas reivindicativas, incluso en las cuestiones de defensa de los derechos sociales, pueda sembrar a futuro una estructura que soporte las mejores luchas de nuestro pueblo, les proporcione un sentido y afiance la firme convicción de que los oprimidos podemos cultivar la unidad en contra de los enemigos de clase.
Particularmente al destacarse la política de frente único anticapitalista y antiimperialista encontramos un firme apoyo para vigorizar las fuerzas de la revolución, incorporando a los contingentes populares a la acción por la defensa de sus intereses vitales y la construcción de una nueva sociedad sin explotados ni explotadores.
d) El partido del proletariado
El Partido de la clase obrera se inserta en la lucha de clases como una necesidad de organización revolucionaria comunista de la clase obrera, el partido de nuevo tipo se caracteriza por el permanente movimiento de refuerzo de su clase, por sus ajustes para mantenerse en el principio del partido proletario, elemento guía fundamental del desarrollo organizativo que cubre sus tareas en torno al retomar de la marcha por el socialismo y el comunismo.
Somos una pequeña línea de combate de marxista-leninistas enfrentando a un poderoso ejército del capitalismo, por tanto, la idea de organización debe estar fuertemente unida al trabajo entre las masas, no podemos escatimar un solo clavo. Sin embargo, debemos recordar que los comunistas sólo pueden rendir el máximo si se concentran en labores concretas para el efecto. Hay que examinar que las realidades del movimiento espontáneo siguen forcejeando con la construcción del Partido; a simple vista se podría considerar dos soluciones: 1.- abocarnos a la lucha de masas y que los problemas del Partido se vayan solucionando como por rebote; ó, 2.- apartarnos del trabajo entre las masas para que el Partido “logre” resolver su organización. Ambas son sólo vistas parciales del problema, es más, son vistas tendientes a anular un elemento en apariencia contrario, pero todavía aún, son vistas de concepciones débiles en el trabajo: espontaneismo versus sectarismo.
La correlación de fuerzas en el plano nacional, y las particularidades en que ha entrado el régimen de la burguesía, sin duda vienen a crear facilidades y dificultades en el trabajo revolucionario, esta contradicción no es nueva. Los comunistas debemos ser cautelosos en éste terreno, para nosotros la realidad marca aún más el antagonismo fundamental de la sociedad, trae problemas a las masas, al tiempo que las empuja al combate, crea condiciones para la lucha, pero cualquier lucha puede perderse, sin embargo, ésta situación y aspiración de reformas estructurales por parte de la burguesía, pondrá al país ante el pillaje internacional y al movimiento de masas por varios años frente a enconados combates, de donde el proletariado y su partido tendrán que salir fortalecidos a como de lugar.
Dejemos que otros lloren por el nacionalismo burgués y el liberalismo que se van, concentrémonos por levantar la nueva ola revolucionaria del proletariado en México, que en estas condiciones ha de surgir, al momento en que la burguesía siga desmantelando la estructura corporativa sindical que antes le había venido como anillo al dedo, en sus sueños de que ahora todo sea cuestión de mandamases en la fábrica y el campo. Estamos conscientes que la situación entrará en un terreno peligroso, ya que es obvio que al desbaratar o descomponer las leyes laborales, la burguesía sustituye sus formas de control con el fascismo y la militarización, entonces, en nuestro papel y en nuestras condiciones se trata de que emprendamos al máximo la agitación, la propaganda y la organización marxistas-leninistas al seno de las masas.
Cada problema deja de verse como un círculo pequeño en el mar de la lucha, para ubicarse como extensión de las dificultades de la lucha de clases y su desarrollo, de ésta forma abrimos posiciones que afirmen los principios de organización para resolver cualquier problema que se suscite, colocamos nuestras defensas en aras de la corrección puntual de aquello que tenemos y de los errores que, según las tendencias, puedan cometerse en un futuro próximo.
Cada pequeño combate aporta mucho más de lo que nos imaginamos frecuentemente, simplemente porque el ascenso de las masas dista mucho de completarse, porque cada paso real del movimiento afirma nuestras tesis y da motivo a nuevos combates, da coherencia a nuestra táctica y consistencia a lo que venimos haciendo desde que se fundó la organización. Esta línea general de aprovechar la experiencia, se sujeta al uso o inutilización que los organismos comunistas hagan de ella, eso lo decidirá definitivamente.
|