Movimiento obrero y sindical
El movimiento obrero actual en México, tiene ciertas particularidades producto de todo un proceso histórico. En él intervienen algunos aspectos, tales como: la composición de un proletariado en su mayoría joven e inexperto en los artificios del trabajo obrero, la constante reagrupación de las organizaciones obreras, el desencanto hacia los dirigentes sindicales, producto de años de oportunismo en sus filas; entre algunos otros elementos.
De las relaciones sociales de producción, surgen constantemente conflictos obrero-patronales, producto de la explotación de que son objeto los trabajadores y de la lucha de clases, sin embargo, es importante diferenciar entre movimiento obrero y movimiento sindical. El movimiento obrero no necesariamente es o no se convierte en lucha sindical, sino consiste primordialmente en la lucha que se da producto de la contradicción obrero-patronal en torno a elevar las condiciones de vida y trabajo y por consiguiente por elevar el precio de su fuerza de trabajo, situación a la que se opone la patronal, al ser quien se beneficia del producto del trabajo de los primeros, para constantemente incrementar sus ganancias.
Por lo tanto, y producto de lo anterior, constantemente los patrones buscan depurar de las filas de la clase trabajadora a los elementos nocivos a sus intereses, marcándolos como conflictivos y colocándolos en las listas negras de las cámaras patronales, particularmente a aquellos que destacan y se erigen como lideres naturales, por ello son los contratos a prueba, los exámenes psicométricos, los despidos selectivos, etc.; cosa que les permitiría la estabilidad y “prosperidad” de sus empresas..
El movimiento sindical, es aquella lucha de parte de los trabajadores por organizarse, ya sea creando su sindicato o por deshacerse de los dirigentes sindicales vendidos y traidores a sus intereses, situación que les permitiría dentro del capitalismo sentar las bases para negociar y elevar sus condiciones de trabajo de manera colectiva, en el entendido que de esa manera obtienen mayor ventaja que negociando de manera individual, logrando vender su fuerza de trabajo mas arriba de la condición de esclavos.
En el caso de un movimiento, cuando no es sindical, por obtener más salario y prestaciones, muchas veces se da de manera individual y ello hace más fácil para los empresarios la represión y su supresión del centro de trabajo. Otras veces se puede dar de manera colectiva, ya sea en forma abierta o cerrada según el caso y las condiciones del centro de trabajo en cuestión, ello hace que los patrones se tengan que ir con más tiento para poder reprimirlos, tienen que “torear” ese movimiento con ciertas concesiones, para después prescindir de los servicios de los dirigentes mas destacados y así evitar futuras luchas. Pocas veces se da la lucha de manera más organizada, sistemática y profesional, para garantizar el futuro de la lucha contra la explotación. Ejemplo de ello, son las luchas que se dieron en la década de los 90's en la Ford Motor Company, la Cervecería Modelo, la hulera Tornel, en Sabritas, etc.; ello requiere de trabajadores más expertos en la lucha, con experiencia en el combate contra los capitalistas principalmente en el trabajo obrero industrial.
El movimiento obrero entonces, adquiere formas que no siempre son de tipo sindical, en las maquiladoras del norte del país, se han dado muchas experiencias de coalición de trabajadores para obtener aumentos salariales y prestaciones propias de las características de los centros de trabajo, sean guarderías, transporte y otras demandas; esta figura de Coalición incluso, como figura organizativa está contemplada por la Ley Federal del Trabajo, que les permite a los trabajadores unirse temporalmente para un determinado fin, el cual una vez logrado, haría desaparecer la coalición y evitar de esa manera su organización permanente. En estas experiencias del movimiento obrero, se han organizado en considerables ocasiones los trabajadores en comités, lo que obliga a la patronal a negociar ciertas concesiones, a cambio de eficiencia y productividad para resarcir estos logros. Muchas veces en el fondo de estos movimientos obreros, existe un sentimiento antisindical, producto de traiciones de dirigentes sindicales.
Los trabajadores que se llegan a organizar para llevar a cabo un movimiento sindical, la mayor parte de las veces son influidos desde fuera para ello y en el fondo de estas luchas sindicales, subyace el reconocimiento de la necesidad de organizarse de manera permanente y de legalizar su organización y el pacto laboral del centro de trabajo, para de esa forma poder exigir el cumplimiento de tal pacto (léase Contrato Colectivo). En estos casos, a la patronal no le queda más opción que intentar corromper a los trabajadores elegidos en los comités directivos de los sindicatos y en sus respectivas comisiones, de reparto de utilidades, de higiene y seguridad, revisoras de los contratos; el oportunismo y el charrismo sindical, la mayor de las veces son los encargados de disuadir la lucha por la elevación de las condiciones de vida y trabajo, bajo la amenaza del recorte de personal y el desempleo, para el caso de los dirigentes honestos, la maquinaria legal y el desgaste se encargan de aminorar los costos.
Es por estas y otras razones, el movimiento obrero-sindical en estos tiempos, vive aparentemente momentos de reflujo. Decimos que es aparente, porque a pesar de que no se presenta una efervescencia en las fábricas, como se dio en otros momentos en la industria alimenticia, automotriz, electrodomésticos y otras ramas industriales; por diversas razones se presentan luchas en varios terrenos de la lucha de clases, y principalmente en industrias estratégicas. En Sicartsa y en las filas de la clase obrera que labora en la industria minera, existe una resistencia a aceptar la intromisión de los capitalistas en la vida interna del sindicato y con ello impedir que se violen y menoscaben las conquistas logradas a través de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT).
En las filas de los trabajadores de la energía también existe la lucha, en el caso de los trabajadores electricistas, por impedir que se rebajen sus conquistas e impedir la privatización de esta industria; en el caso de los trabajadores petroleros, por reorganizarse en una corriente sindical democrática amplia; en los servicios, por el magisterio democrático -encabezado por las secciones mas combativas-, los trabajadores universitarios y los trabajadores de la salud, entre otros.
Pero hay otros sectores que participan en la lucha, aún y cuando no estén organizados en su gremio o centro de trabajo. Allí tenemos al pueblo trabajador que participa en la Convención Nacional Democrática, en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y las diversas Asambleas que se han creado a su alrededor, en Atenco y diversos movimientos populares y sociales diseminados por todo el país. Esto significa que hay disposición a la lucha, al combate contra el capital, a impedir los designios del imperialismo con sus reformas estructurales; a luchar contra las reformas al ISSSTE, a detener las pretensiones de reformar la Ley Federal del Trabajo. También por ello el aumento salarial de 43% a las fuerzas represivas, su alarde fascista con el asalto a “La fortaleza” en Tepito para encubrir a los verdaderos carteles del narcotráfico y a los deshuesaderos en Iztapalapa con la expropiación de toda una colonia, con la finalidad de hacer ostentación de la capacidad policiaco-militar de nuestros verdugos e inhibir la organización popular y democrática.
La lucha por salario y por elevar las condiciones
de vida y trabajo
La forma más visible de cómo el salario ha venido perdiendo su poder adquisitivo, es comparándolo con el aumento de la inflación, de tal forma que hoy en día es de todos conocido que la canasta básica ya no puede ser adquirida con un salario promedio, ni qué decir de un salario mínimo; sumando a ello que el salario constitucional no lo perciben más de la mitad de la clase trabajadora, toda vez que de la llamada Población Económicamente Activa (PEA) de 42.3 millones (en la economía formal e informal) en 2006, no reciben ingreso por su trabajo 3.2 millones de ocupados, perciben menos de un salario mínimo 5.8 millones, ganan de uno a dos salarios mínimos 9 millones y reciben de dos a tres salarios mínimos 9.4 millones de trabajadores. Todo esto nos da un 66% de la población ocupada registrada por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), que sobrevive en la pobreza y miseria. Sin embargo, estos sólo son los elementos más visibles que muestran el deterioro del salario.
Los capitalistas, con toda su experiencia en la manipulación política e ideológica, utilizan varias formas para acrecentar la explotación de las masas trabajadoras, a veces directamente, otras tantas de manera velada. Una de las formas de deteriorar de manera directa el nivel de vida y las condiciones de trabajo de los asalariados, es con la violación a los Contratos Colectivos o Condiciones Generales de Trabajo, ya pactadas de antemano en las relaciones laborales por la vía sindicato-patrón. En este caso, los trabajadores percibimos de manera directa cómo el patrón, la mayoría de las veces coludido con líderes sindicales corruptos, se apropia de la mayor parte de las ganancias obtenidas por nuestra explotación y cómo afectan nuestras condiciones de vida y trabajo.
Sin embargo, tenemos como otro ejemplo, que se han convertido prácticamente en un hecho las reformas al Régimen de Jubilaciones y Pensiones de los trabajadores del IMSS. Se dio una larga y combativa lucha en contra de ello, a pesar de la cual los compromisos del charrismo sindical, producto de prebendas y canonjías de varias décadas, pudieron más y dejaron desgastar el movimiento, incluso lo encabezaron, para esperar el momento más adecuado de darle el tiro de gracia.
Los promotores de esta reforma, argumentaban para poder imponerla, que sólo afectaría a los futuros trabajadores del IMSS y hoy vemos cómo el régimen capitalista pretende tomarla como prototipo para reformar otros regímenes de jubilaciones, principalmente estatales o de gobierno, caso específico de la Compañía Federal de Electricidad, Petróleos de México y para todos aquellos que están en el régimen del ISSSTE. De esta manera, podemos ver cómo existe una propensión a acrecentar el número de trabajadores que tendrán que laborar más años para poder acceder a la jubilación, además de que la tendencia es a aumentar los descuentos hacia los trabajadores para su fondo de pensiones y estas disposiciones impuestas a la regulación laboral de miles de trabajadores, viene a deteriorar el nivel de vida de los trabajadores y su capacidad de compra.
Otro ejemplo es el de los trabajadores mineros, quienes producto de largas luchas y a pesar de los intentos divisionistas de las empresas y el entreguismo de los líderes sindicales, cuentan con un sindicato único, cosa que les ha posibilitado contar con vida sindical en la mayoría de las secciones, elegir representantes y mantener la unidad en las negociaciones salariales y contractuales. Esto ha dado como resultado que la mayoría de las veces en las secciones más combativas, se rompa con los topes salariales impuestos por el Estado, caso especifico de Sicartsa, el ejemplo más significativo y combativo. Esto ha llevado a que los empresarios, después de intentos fallidos por crear un sindicato blanco en esta rama de la industria, al rechazarlo de manera categórica la base minera, vienen intentando hoy por medio de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) imponer por la fuerza a un títere sindical al frente del Sindicato Minero Metalúrgico. Esto no pretende otra cosa que negociar en el futuro, las revisiones salariales y las condiciones de trabajo, con líderes más afines a los capitalistas, lo que les permitiría bajar los salarios y el nivel de vida de la clase obrera minera, mermando con ello el poder adquisitivo de la clase obrera en este sector.
Así podríamos describir cómo el Estado capitalista, por medio de todo tipo de argucias, en varias ramas de la producción ha ido reduciendo el salario de la clase trabajadora. Sólo por indicar algunos ejemplos más, podemos mencionar el caso de la industria hulera, donde el Sindicato de Euzkadi, única organización sindical de lucha en esta gremio, fue durante muchos años factor determinante para que en las revisiones, tanto salariales como de Contrato, se mantuviera este sector con un nivel de vida un poco arriba de la pobreza promedio y por esta situación, fue que los empresarios del ramo, coludidos con las autoridades laborales de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje se volcaron para su destrucción. Otros casos similares son, por un lado el de los trabajadores del transporte, organizados en el Sindicato Único de Trabajadores del Autotransporte Urbano Ruta 100 (SUTAUR 100) y el del Sindicato de Costureras “19 de Septiembre”, donde a pesar de una larga resistencia, por distintas rutas y medios acabaron con estas organizaciones sindicales, para poder homologar a la baja los salarios de la clase trabajadora de estos sectores.
A estas formas que adquiere la explotación asalariada, podemos sumar otros aspectos, como el alargamiento de la jornada laboral, las privatizaciones, el subcontratismo y la reforma, en la práctica, de la Ley Federal del Trabajo. Para que una familia promedio pueda subsistir, se hace obligatorio laborar jornadas extenuantes y de esa manera evitar morir de hambre; cuando ello no es suficiente, otros miembros de la familia desde temprana edad deben abandonar estudios y muchas de las veces incluso emigrar a las ciudades y de esa manera empezar a competir con quienes cuentan con un empleo, además de convertirse en carne de cañón de las miles de empresas subcontratistas, que se han extendido por todo el territorio nacional y penetrado las empresas, tanto publicas como privadas, logrando con ello bajar aún más las percepciones salariales y por lo tanto el poder adquisitivo.
Para organizar la lucha en contra del tope salarial y lograr resarcir la pérdida del poder de compra de la clase trabajadora, se organizó a principios de año lo que se llamó Jornada Nacional e Internacional por la Restitución del Salario y el Empleo, haciendo frente común diversas organizaciones sindicales, sociales y populares, pero poniéndose a la cabeza principalmente la Unión Nacional de Trabajadores y los sindicatos universitarios, quienes pusieron en el centro de la lucha la desaparición de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM). Esto se fue desvaneciendo con las revisiones que fueron pactando los charros sindicales de varios sindicatos universitarios.
El caso de la lucha de los trabajadores universitarios
Como se comenta, a principios del presente año, se presentó una oportunidad de revertir todo el proceso de varias décadas para mermarle al salario su poder adquisitivo. Si bien la tarea de organizar la resistencia y la lucha en contra de esta política neoliberal del régimen, no puede ser obra de un sólo sector de trabajadores, de cualquier manera, debido a la dispersión organizativa de la clase trabajadora, hoy puede y debe haber un sector que se convierta en detonante y centro del descontento, girando alrededor de el la solidaridad y organización de todo el pueblo trabajador afectado por esta política. Por ello, los logros en las revisiones salariales se pueden convertir en el ejemplo a seguir por otros sectores de trabajadores y estimular la lucha para conseguir romper el tope salarial.
Sin embargo, las maniobras divisionistas del charrismo sindical, hoy continúan siendo un lastre que impiden organizar la fuerza del pueblo trabajador, en todas y cada una de las ramas de la producción. Para el caso de los sindicatos universitarios, existe una diversidad de federaciones y confederaciones: (Frente Amplio de Sindicatos Universitarios y de Educación Superior, Confederación Nacional de Trabajadores Universitarios, Federación Nacional de Sindicatos Universitarios, Coordinadora Nacional de Sindicatos Universitarios y de la Educación Superior) que iniciaron su construcción, al calor de la lucha ideológica y política al interior de este sector hace tres décadas, para llegar a convertirse en lo posterior, en feudos de diversas corrientes político-sindicales y ello, ha sido un impedimento para lograr elevar las condiciones de vida y trabajo de los asalariados; al contrario de sus propósitos iniciales, se ha convertido en un elemento más para que la patronal logre su deterioro.
Pero no todo ha sido negativo para el caso del pasado periodo de revisiones salariales en los sindicatos universitarios a principios de año. Los intentos del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Veracruzana, Colegio de México, Chapingo, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV) y otros, por romper con el 3.8% impuesto para todos los trabajadores, evidencia varios aspectos. En primer lugar muestra la simulación legal y de los procedimientos laborales, que supuestamente debieran seguirse en el marco de la legalidad burguesa, para “negociar entre Capital y Trabajo el equilibrio entre los factores de la producción”, toda vez que en la práctica se impone a todos y cada uno de los trabajadores de las diversas ramas productivas, el aumento salarial; además que los emplazamientos a huelga por revisión salarial o contractual se han convertido en meros trámites burocráticos. Si bien se compensa con aumentos en prestaciones, ello no resarce en ningún modo el deterioro del salario, logrado por varias décadas de política antipopular y proimperialista del capitalismo.
Si bien en los sindicatos universitarios, algunas direcciones sindicales sujetan a la voluntad de la mayoría de sus agremiados, las medidas a tomarse para la negociación salarial, como la huelga o los paros, en la mentalidad de los trabajadores que deben tomar la decisión, existe como premisa, la posibilidad de lograr o no, un triunfo en base a sus experiencias anteriores y ello inhibe las posibilidades de irse a una aventura, que podrían llevarlos a un desgaste innecesario. Esto es así, porque la desarticulación que existe en el sector, más las traiciones anteriores, como en el caso reciente del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores del Colegio de Bachilleres, donde prácticamente la dirección de este sindicato, continuando con su trayectoria traidora a los intereses del gremio, ha dividido a éste Sindicato, visualizaba la imposibilidad de un resultado victorioso. Sin embargo, aún así las direcciones sindicales de diversos sindicatos universitarios, se vieron forzadas a realizar las acciones necesarias, como las asambleas, las votaciones y otras prácticas democráticas; que les permitan justificar su lugar en la dirección de los Comités Ejecutivos, para posteriormente, por medio de su papel conciliador, logren convencer de las bondades de la negociación y aceptar el aumento impuesto por la patronal, como la decisión más acertada.
Por otro lado, el hecho de que en diversos sindicatos universitarios se tenga que amenazar con la huelga y muchas veces simular una lucha, significa el reconocimiento de la fuerza que puede adoptar la unidad de los trabajadores del sector, por eso el charrismo sindical se ve obligado a conducirla. Si bien los resultados de las recientes revisiones salariales no fueron satisfactorios, se dieron muestras de lucha de los trabajadores, quienes manifiestan expresiones de combate; si bien no han logrado revertir las experiencias de cada año, de todas formas están dispuestas a ir a la huelga, a pesar del reconocimiento de los sacrificios que esto significa.
La lucha contra la reforma a la Ley del ISSSTE
La aprobada reforma a la Ley del ISSSTE, afecta a los actuales y futuros trabajadores, quienes tendrán que someterse al régimen de ahorro individual, dedicando su vida a engordar los bolsillos de las administradoras de fondos para el retiro (Afore) pública o privada para recibir una pensión muy inferior a su salario base, no digamos a su salario integrado que se verá reducido a una tercera parte. Esto se suma a los raquíticos salarios que hoy perciben los trabajadores, que según estadísticas, apenas alcanzan a cubrir en promedio cuatro veces el minisalario, lo que equivale a un salario mínimo conforme al concepto del mismo, definido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Lo que se busca con urgencia, es lo planteado por el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens: una reforma fiscal con propósitos recaudatorios, porque el presupuesto no alcanza para cubrir los múltiples compromisos actuales del Fondo Bancario de Protección al Ahorro-Instituto para la Protección al Ahorro Bancario, rescate carretero, proyectos de impacto diferido en el registro del gasto, absorción de cuota patronal del Instituto Mexicano del Seguro Social, rezagos educativos y ahora el incremento a las aportaciones del ISSSTE por más de 50 por ciento para poder pagar la privatización de sus servicios médicos. De esta manera, el ISSSTE se convierte en la solución de una parte de los problemas financieros adquiridos por quienes administran el Estado capitalista, para de esa manera garantizar las ganancias y evitar una crisis; todo ello sobre las espaldas de los trabajadores. Pero además, con estos nuevos fondos de pensiones en manos privadas, se busca fortalecer las fortunas de los capitalistas, quienes a través de las AFORES serán los encargados de concentrar, administrar y disponer de las pensiones de los trabajadores.
La nueva Ley del ISSSTE, aprobada fast-track pese a todas las protestas, sustituye la responsabilidad social del Estado en materia de salud sustituyéndolo por el ahorro individual, lo que confirma la incapacidad de las instituciones públicas al abrir la subrogación, con lo que viene a empobrecer más a los empleados públicos, reduciendo aún más sus prestaciones. De esta manera, esta medida de la política neoliberal del régimen, viene a reducir una vez más el poder adquisitivo de la clase trabajadora, medida que no sólo se suma al raquítico aumento a los salarios para este año, sino además servirá para cubrir otras medidas tomadas, como el Seguro Popular y el Programa del Primer Empleo.
Si a esto sumamos, además, que el Banco de México tiene hoy invertidos 57 mil 307 millones en recursos de jubilación de los trabajadores al servicio del Estado, pertenecientes a cuentas individuales y que esos recursos conforman un fondo denominado SAR-ISSSTE, administrado por bancos privados como HSBC, Scotiabank-Inverlat, BBVA-Bancomer, Banamex y Santander Serfin, pero que son invertidos por el Banco de México en valores gubernamentales, sin que se conozca la composición de la cartera en que ese dinero ha sido colocado, podemos observar el sombrío futuro que le esperan a estos fondos, es decir, una política de discrecionalidad en su inversión para poder arriesgar las pensiones y con ello el futuro de los trabajadores.
La diferencia entre el sistema anterior del ISSSTE y el nuevo régimen privatizado de pensiones, es que en el sistema anterior, el derechohabiente obtenía una pensión vitalicia hasta el día de su fallecimiento, además de la opción de poder retirar la totalidad de los fondos de su cuenta SAR en una sola exhibición al pensionarse. En el sistema Afore, el derechohabiente va tener que negociar con la administradora de fondos para el retiro la entrega por parcialidades de su pensión mensual, retiros programados hasta agotar el saldo de su cuenta y sus rendimientos; además, si su longevidad excede la fecha en que se agota ese saldo, queda amparado solamente por la pensión garantizada de un salario mínimo, que le entregaría el gobierno por el resto de sus días, a esto es a lo que llama Calderón, “patriotismo”. Un patriotismo basado en más pobreza para los trabajadores y un mayor enriquecimiento para los capitalistas.
Para desgracia de la clase trabajadora, además de los legisladores, los seudo líderes de las organizaciones sindicales más afectadas (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado), se convirtieron en comparsas de los explotadores y con ello, se les ha caído la careta demagógica de otros tiempos. Ante ello, se abren varias disyuntivas para los trabajadores y sus organizaciones, legales o extralegales, institucionales o no. Por un lado, hay quienes enfocan sus baterías hoy en contra del charrismo sindical por su papel entreguista de los intereses de quienes debieran representar, pero, también quienes ven en ello el peligro divisionista que representa en estos momentos desarticular a la clase trabajadora, o quienes ven como una tarea fundamental el fortalecimiento de las organizaciones democráticas, sindicales, sociales y populares para poder enfrentar al régimen.
De cualquier manera, el problema no sólo consiste hoy en definir una táctica organizativa y de lucha adecuada, sino también en lograr aglutinar a la mayoría de los trabajadores y sus organizaciones alrededor de esa táctica, para poder enfrentar tanto las medidas proimperialistas ya aprobadas por los legisladores y que van en detrimento de los intereses de la clase trabajadora, como aquellas ya negociadas entre el Estado, los partidos políticos que hoy legislan y los sindicatos traidores, que se mantienen en puerta, entre ellas la privatización de los energéticos y la Ley Federal del Trabajo.
Necesidad de la unidad de la clase trabajadora
En los últimos tiempos se han vivido momentos de ascenso de la lucha de clases, éste ascenso tiene su explicación como una respuesta a la política proimperialista y antipopular de los regimenes en turno ya descrita, en abierta obediencia a los intereses del imperialismo representados principalmente por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Ejemplos de lo anterior son las luchas que se han dado en Atenco contra los intereses capitalistas que deseaban despojar de sus tierras a los ejidatarios; la resistencia de los obreros mineros, donde destacan los de Sicartsa que vienen dando una lucha contra los intentos gubernamentales de intervenir en su vida sindical interna e imponer a un títere al frente; la lucha que dieron los trabajadores del IMSS contra las reformas a su Régimen de Jubilaciones y Pensiones; la lucha contra las llamadas Reformas Estructurales, el caso de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, donde a pesar de las desavenencias, se logró poner en jaque los intereses del sistema capitalista y la lucha que se organiza contra las reformas al ISSSTE, retrogradas y regresivas en materia de seguridad social.
A la par han existido varios procesos unitarios de lucha organizada, tal es el caso de la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, el Frente Sindical Campesino Indígena Social y Popular, el Diálogo Nacional, La Otra Campaña, la Convención Nacional Democrática, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la Asamblea Popular de los Pueblos de México, la organización del Consejo Nacional de Huelga alrededor de la resistencia contra la reforma del ISSSTE y para preparar la huelga nacional, entre otros, que si bien han tenido sus momentos álgidos y de reflujos, juegan todos un papel importante para contener los planes económicos capitalistas y los avances del fascismo, como política del régimen capitalista. Uno de los méritos de estos procesos es que se han logrado mantener como referentes organizativos y no se han disgregado ante distintas coyunturas, por ejemplo, la electoral, como sucedía en otros tiempos. En estos procesos juegan un papel importante las organizaciones sociales, políticas y de trabajadores que vienen persistiendo desde los mas diversos frentes en la movilización y la lucha, jaloneando a otros procesos unitarios que se mantienen impregnados de reformismo, que de alguna manera todavía titubean y confían en el sistema, sin embargo, esta política conciliadora poco a poco pierde terreno y es rebasada por la disposición a la lucha del conjunto de los trabajadores.
A pesar de la percepción que existe de que una gran mayoría de la clase obrera y de los trabajadores, está al margen de muchos procesos y luchas, esa percepción se debe a la falta de organización en los centros de trabajo de una gran mayoría de asalariados, sin embargo, su participación se ha venido mostrando de otra manera, en los mas diversos frentes de lucha, por el problema de la represión política abierta y selectiva. Precisamente por ello, los capitalistas y sus comparsas, los charros sindicales, se atreven a mantener a raya los salarios e impulsar sus reformas, porque antes han calculado la capacidad de respuesta que pudiera haber de parte de la clase trabajadora para poder revertir esta situación, porque el problema de los bajos salarios de los trabajadores y sus condiciones de vida y trabajo, están íntimamente ligadas a su grado de organización, ello nos lleva al problema del charrismo sindical, el cual no es un problema de personajes, sino un problema de política sindical, de sindicalismo entreguista y conciliador, o de lucha apegada a los intereses de la clase trabajadora.
Por ello, hoy la lucha de la clase trabajadora debe diseñarse acorde a las tareas organizativas que requieren nuestros tiempos, haciendo frente común contra los capitalistas en todos los terrenos, contra las reformas estructurales, contra el PENSIONISSSTE, contra la privatización de la energía, contra la reforma a la Ley Federal del Trabajo, contra el fraude electoral, por democracia sindical, por mas salario, etc.; en el entendido que ninguna fuerza por sí sola detendrá la política antipopular y proimperialista del régimen en turno y del sistema capitalista.
Las tareas de la clase obrera y los trabajadores hoy más que nunca, además de acabar con el yugo del corporativismo sindical y construir organización por centro de trabajo y por rama industrial, debemos ligar esta lucha a las tareas democrático-políticas de todo el pueblo trabajador y las masas oprimidas y ello requiere de la mas amplia unidad de todos los explotados, para poder conseguir ya no sólo conquistas para el gremio o el centro de trabajo, sino la conquista de las demandas que por diversos medios se vienen enarbolando de parte de la clase trabajadora.
Hoy esta política de unidad para su éxito, no se puede permitir anular o desacreditar ningún proceso organizativo existente, sobre la aceptación de que en el devenir histórico de la lucha de clases, se han formado las más diversas corrientes de opinión, algunas organizadas y otras no, con las que, sin abandonar la lucha ideológica, se tiene que convivir en la lucha, bajo la premisa de que sólo bajo una acumulación de fuerzas favorable, es posible detener la actual política económica, laboral y social que impulsa el sistema capitalista, organizar la resistencia y pasar a la ofensiva, que sólo de esa manera es posible aglutinar tanto a los trabajadores organizados y no organizados, bajo un programa o plataforma común.
Ésta posibilidad de unidad, lo más amplia posible, se abre perspectivas en el Consejo Nacional de Huelga (CNH) para el impulso del Paro Nacional 2 de Mayo y posteriormente de una Huelga General, la cual sea cual fuere su resultado, se convertirá en una importante experiencia de lucha y organización de los trabajadores. Pero la fuerza organizada de las masas explotadas y oprimidas, debe ser aprovechada no sólo para subsanar el poder adquisitivo y las conquistas arrebatadas por la burguesía, sino también para derrotar las posiciones conciliadoras y entreguistas a la patronal, vencer tanto ideológica como políticamente al charrismo sindical, se debe mostrar la capacidad y fuerza que subyace en la clase trabajadora, además de ser un paso más para impulsar por un lado, la ampliación de las libertades y derechos políticos, como por otro lado, la revolución social y por consiguiente, la abolición del sistema de explotación asalariada.
A modo de conclusión
Toda vez que la política neoliberal del régimen va orientada a todas las masas explotadas, hoy el carácter de la lucha tiene que rebasar el centro de trabajo y el sector o rama productiva. Para que los actuales procesos de unidad sean exitosos en sus objetivos, debemos reconocer que sólo la más amplia unidad de las masas oprimidas y explotadas, y las medidas de ofensiva, de verdadero combate contra la burguesía, tales como un Paro Nacional o Huelga General, pueden restituir el salario y combatir las reformas estructurales, pero, además y lo más importante, lograr revertir el proceso de desarticulación y desorganización de la clase obrera y los trabajadores.
Las últimas experiencias demuestran esta disposición a la lucha de los trabajadores, lo que significa que hoy se debe implementar una agitación política de masas, que llegue a los más diversos centros de trabajo, llamando a organizar la lucha por las demandas más sentidas, sin renunciar a la lucha contra el charrismo. La amplia respuesta dada por las masas trabajadoras a la lucha contra el fraude electoral y a la formación de la Convención Nacional Democrática da muestra de esa disposición a la lucha contra la burguesía, aún y con la falta de claridad de las tareas actuales por parte de la mayoría de los trabajadores.
En los actuales y más diversos procesos de unidad, debemos tener claridad de los objetivos perseguidos en cada uno de ellos, prever sus alcances, considerar la existencia de las actitudes provocadoras, divisionistas, verdaderos agentes de la burguesía, tales como los charros sindicales, de quienes no se puede desprender fácilmente. Antes bien, buscar las maneras de conseguir que sus estructuras se impregnen de agitación política y orientar la lucha, obligándolos en los hechos a asumir posiciones democrático-revolucionarias.
Por consiguiente, mientras la gran mayoría de los proletarios no logre sacudirse el corporativismo sindical, no podemos sujetar o depender de ello para dar el combate, sino a la par de esta lucha irrenunciable, dotar de estructuras acorde a las circunstancias, que de forma creativa ofrezcan formas de organización donde tengan un puesto de combate todos aquellos dispuestos a la lucha, tales como los Comités de Defensa Proletaria; donde, sea cual fuere su denominación, se asuman los ejes de lucha y necesidades que actualmente permean en la conciencia de los trabajadores.
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