El deporte, como toda actividad humana, va cambiando su función social de acuerdo al rol que asume en el funcionamiento de una sociedad, en una fase de su desarrollo histórico. Actualmente los monopolios y la oligarquía del deporte(1) han impuesto una ambigüedad teórica y conceptual para referirse a la institución deportiva en la sociedad capitalista.
Antecedentes históricos
En la sociedad esclavista, en la antigua Grecia, el deporte adquiere una gran importancia social, constituyéndose institucionalmente los Juegos Olímpicos Antiguos (JOA), que reproducían en su formato de participación la diferenciación social existente en esa sociedad. Sólo podían participar los ciudadanos griegos: hombres libres con derechos políticos y bienes de fortuna (propietarios de tierras y de esclavos); es decir, la élite económica, política y militar. Por lo tanto estaban excluidos las mujeres, los inmigrantes y los esclavos.
Las instituciones deportivas eran reproductoras de la ideología dominante, la organización de la participación en los JOA retroalimentaba y reforzaba la vigencia de la organización político territorial existente: las polis o ciudades-estado con cierta autonomía, en las cuales los ciudadanos eran los únicos miembros de la sociedad que ejercían derechos políticos. Entonces los JOA eran una institución reproductora de la ideología dominante porque:
Los hombres competían para obtener prestigio y reconocimiento social de manera individual y para la polis de origen, por lo que reproducían en cada competencia la idea de polis como la única forma de organización político-territorial posible.
Los ciudadanos además de ser soldados(2) eran competidores de los JOA, por lo que reproducían el soporte principal del modelo de hombre (atleta-guerrero-ciudadano) del esclavismo. “Son el escenario social que sintetiza… los máximos logros alcanzados a nivel de atleta por la sociedad, contribuyen con la preparación del guerrero y refuerzan la identificación social con la condición y función del ciudadano”(3).
Los JOA durante Roma esclavista cumplieron la función ideológica de entretener a la población (“pan y circo”) y fortalecer el poder del imperio.
En el proceso de conformación de la industria capitalista se configuran la naturaleza, sentido, significados y valores del movimiento, orientado, esencialmente, a la comparación del rendimiento del cuerpo y medición de la productividad. En este contexto surge el deporte entendido como “la comparación de rendimientos corporales para designar campeones, registrar récords u obtener medallas y trofeos, (D-R-R-C)(4).”
El surgimiento de la Organización Deportiva Mundial -con la creación del Comité Olímpico y de las federaciones deportivas-, significa la constitución de la institución encargada de orientar teórica y prácticamente, de administrar y dirigir el deporte con las nuevas características adquiridas.
Los Juegos Olímpicos Modernos (JOM) son un producto de la organización socio-económica capitalista al hacerse mundial. Surgen en 1896 respondiendo a la necesidad de presentar un espacio social de igualdad, fraternidad, lucha noble, en oposición a los conflictos, enfrentamientos entre las potencias capitalistas que -como es conocido- desembocaron en las dos guerras mundiales; se trata de convertir el “deporte-rendimiento-récord-campeón” en un espacio social universal de igualitarismo absoluto, en contrapartida a las aberrantes diferencias en producción, consumo y disfrute de bienes existentes entre las naciones y entre las clases sociales, y sirviendo de justificación de tales desigualdades.
Con el desarrollo de la sociedad capitalista las funciones del deporte institucionalizado se han ido fortaleciendo de una forma más acabada y completa. Los medios masivos de comunicación han contribuido de manera fundamental a la conversión del deporte en un espectáculo cotidiano de alcance mundial, casi aniquilando cualquier debate teórico-conceptual sobre éste.
La industria monopólica del deporte
ón del capital ha traído aparejada la internacionalización deportiva, dando como consecuencia la transformación del deporte en una empresa transnacional productora de espectáculo y entretenimiento. En otras palabras, la industria capitalista que en su búsqueda de acumulación de capital y maximización de la ganancia, crea nuevas ramas industriales y nuevas necesidades sociales para la realización de la plusvalía generada en éstas; por lo que encontró en el deporte una mercancía rentable creando así la industria deportiva.
La oligarquía del deporte está conformada por: la Organización Deportiva Mundial; los países cuyas selecciones nacionales y competidores individuales tienen protagonismo mundial, como Estados Unidos, Canadá, China, Rusia, Alemania, Italia, etc.; un reducido grupo de poderosos clubes o equipos profesionales, por ejemplo, Milán, Barcelona, Real Madrid, Manchester United, Chelsea, Boca Juniors, Arsenal, América, Guadalajara, etc., y; grandes empresas transnacionales de medios de comunicación (Microsoft, Sky, Grupo Globo, Televisa, Tv Azteca, etc.), de bienes y servicios-patrocinadores (Coca-Cola, Pepsi, Hyundai, Emirates, Sony, etc.), y de artículos e implementos deportivos (Nike, Puma, Adidas, Converse, Reebock, Umbro, etc.)
Su mercado es el mundo entero, ya que éste está inmerso en la lógica y la dinámica deportiva. Ostenta prácticas monopólicas, porque no tiene competidores, despliega el monopolio exclusivo de la preparación y realización del espectáculo deportivo, por ejemplo, la Copa Mundial de la FIFA.
La industria deportiva ha sido un importante instrumento del capital para mercantilizar el tiempo libre de las masas a nivel mundial. Esto es porque:
Es la única actividad social que concentra la atención mundial simultáneamente en determinados períodos.
Es extremadamente fácil acceder al espectáculo deportivo y convertirse en espectador.
Es cada vez más cotidiana, definitivamente diaria, la presencia del deporte en la vida moderna.
Los monopolios y sus ganancias
La industria y el espectáculo del deporte es sin duda uno de los negocios más rentables a nivel mundial, las ganancias que alcanzan los monopolios y la oligarquía del deporte son inimaginables para el espectador. La Revista Forbes a principios de este año realizó un estudio de las ganancias generadas por los eventos deportivos en Estados Unidos, donde se han creado enormes espectáculos deportivos internos que se proyectan a nivel mundial y así extender sus ganancias; pero también, acaparando las ganancias generadas por los eventos deportivos internacionales, obteniendo en su conjunto cuantiosas cantidades multimillonarias.
Otro indicador lo vemos en las cuantiosas cantidades para organizar los Juegos Olímpicos, “En 1896 en Atenas cuando se realizaron los I Juegos Olímpicos Modernos, el costo de estos fue de 1,5 millones de dracmas (unos $250,000 dólares, conforme a la paridad vigente entonces). En 1996, los de Atlanta costaron $1,700 millones de dólares”(5).
La creciente mercantilización del movimiento olímpico y los intentos por profesionalizar algunos deportes con el pretexto de incrementar la calidad y por tanto el interés del público, sólo ha aumentado la distancia en materia deportiva, entre las naciones imperialistas y las neocolonias oprimidas por el capital internacional. Pero también es una forma de expresar esa superioridad económica.
“Paradójicamente, existe una percepción generalizada del deporte como modelo ideal de convivencia humana, de igualitarismo absoluto, a pesar de que en términos de apropiación de ganancias y de resultados de las competencias, se reproducen las abismales diferencias que existen entre los países en lo económico, político, militar, científico-técnico, cultural…
Los ganadores en las competencias internacionales, los que obtienen la mayor cantidad de triunfos y medallas, son los mismos países que concentran los beneficios de la globalización, las potencias económicas mundiales, el llamado Grupo de los Siete, constituido por EE.UU., Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Japón y Canadá.
Igualmente, los mayores beneficios producidos por el espectáculo deportivo son apropiados por empresas, Estados y atletas de estos países(6).”
Las ideologías irracionales, como el nazismo y el fascismo italiano, han intentado, a través del deporte, demostrar superioridad racial, muestra de ello fueron los mundiales de fútbol de 1934 y 1938, donde Italia desplegara una amplia campaña de propaganda, siendo éste tema de Estado.
Veamos como están eslabonados los monopolios en el mundo del deporte. Gran parte de los equipos de fútbol son empresas que pertenecen a otras empresas: La Juventud de Turín pertenece a la Fiat, del grupo Agnelli; el Milan es una de las más de trescientas empresas del grupo Berlusconi; el Parma al Parmalat; el grupo financiero Bayer cuenta con dos equipos en la primera división alemana, Bater Leverkusen y Bayer Uerdingen; y así vemos que empresas como Mazda, Mitsubishi, Nissan, etc. y en México ni hablar de los consorcios que son el América de Azcarraga y Guadalajara de Jorge Vergara, que ha extendido filiales en América Latina, en Estados Unidos y ahora en Europa.
Otro ejemplo, es la preparación y realización de los Juegos Olímpicos, que según las regulaciones del Comité Olímpico Internacional (COI), cada prueba olímpica debe ser patrocinada entre 10 y 12 “compañías de prestigio mundial” de diferentes industrias. Y el Comité Organizador del país anfitrión tiene el derecho de seleccionar de 10 a 15 patrocinadores más en un concurso. Es decir, es una competencia intermonopolista por el patrocinio, y por tanto gozar de las bondades que brindan los Juegos Olímpicos. Por esta razón desde mediados del 2003 el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Beijing presentó el concurso internacional para decidir quiénes podrán ser patrocinadores, cabe destacar que los Juegos de Beijing se realizarán hasta el 2008.
Esos arreglos son pactados por los administradores de los certámenes deportivos que muestran sumisión a los grandes monopolios. La Copa Mundial de la FIFA es la plataforma internacional de mercadotecnia más eficaz, ya que llega a miles de millones de personas en más de 200 países de todo el mundo. En su página web oficial, la FIFA hace mención de que “a fin de poder organizar un acontecimiento de tal magnitud, el apoyo de los afiliados comerciales, encargados de proveer servicios indispensables y soporte de productos para todas las operaciones del torneo, es crucial.” Cómo no lo van a decir, hace falta dar un vistazo para ver las “reglas monopólicas” para patrocinar la Copa Mundial de la FIFA.
El paquete estándar de derechos incluye:
El uso de las marcas oficiales.
La publicidad dentro y fuera del estadio, en todas las publicaciones oficiales y en el sitio web oficial www.fifa.com
Reconocimiento de su apoyo mediante un completo programa de reconocimiento a los patrocinadores de la Copa Mundial de la FIFA.
Asegurar protección contra la mercadotecnia ilegal.
Oportunidades de hospitalidad.
Publicidad directa y oportunidades de promoción y de acceso preferencial a la difusión de la publicidad de la Copa Mundial de la FIFA.(7)
Veamos cuáles son los resultados de esos “derechos” que otorga la FIFA:
“En 1998, Coca-Cola firmó un contrato sin precedentes de ocho años de duración, como socio exclusivo de la FIFA en la categoría de bebidas sin alcohol, que se convirtió en el primer acuerdo con el que un patrocinador amplía su asociación a más de una Copa Mundial de la FIFA de una sola vez.”(8)
El deporte se ha convertido en un negocio de unos cuantos monopolios de la industria deportiva, desapareciendo las modalidades y usos educativos, enajenando al pueblo, y enmascarando los conflictos sociales intrínsecos del capitalismo, esto a la par de darle multimillonarias ganancias.
A manera de conclusión
El imperialismo nos presenta al deporte como la forma en que debemos ver al mundo, una serie de aspiraciones, ideas, sentimientos y comportamientos, lo ha transformado en una ramificación más de la ideología dominante.
Se ha emulado la racionalización del tiempo y movimientos corporales de la fábrica capitalista (taylorismo), actuando esta de la misma forma sobre el deportista como lo hace sobre el obrero: degenerando su mente y su cuerpo y enajenándolo de su actividad.
El deporte, como movimiento intrínseco al ser humano, ha perdido su esencia liberadora y de desarrollo íntegro de las características humanas (a partir de la educación del sujeto a través de lo físico), enajenándose del deportista dando paso al mercantilismo, egoísmo y la desnaturalización del deporte y del “deportista”.
El capitalismo ha impregnado el individualismo burgués al deporte, al grado de descomponer las cualidades mentales y fisiológicas del deportista, dopajes, esteroides, drogas, anorexia, bulimia, etc. La competencia en el deporte ha llegado a magnitudes irracionales, como la exaltación de los nacionalismos más agresivos y chovinistas. La industria deportiva es una muestra más de la cualidad del capitalismo de convertir toda actividad humana en mercancía, tener nueva industrias y continuar con la carrera de la maximización de la ganancia.
(1) El inmenso complejo industrial del deporte está conformado por las siguientes unidades económicas: la Organización Deportiva Mundial (la ODM es encabezada por el Comité Olímpico Internacional y las federaciones internacionales, como la FIFA), empresas de bienes y servicios patrocinadoras o “sponsors”, empresas de artículos e implementos deportivos, empresas de “marketing” o patrocinio, los medios de comunicación, estados nacionales, clubes o equipos profesionales, empresas organizadoras de espectáculos deportivos (distintos a los organizados por los clubes y por la ODM), deportistas-competidores, público-consumidor.
(2) En la sociedad esclavista la guerra era una necesidad permanente, por lo que se requería un ejército permanente que estaba constituido por ciudadanos.
Altuve Eloy, Debate teórico sobre deporte y globalización: necesidad o despilfarro de tiempo, septiembre de 2005.
(3) Op. Cit.
(4) Lara Junco, Heriberto. Capitalismo y Deportes. Habana, Cuba. 2000.
(5)Altuve Eloy. Op. Cit.
(6)En www.fifa.com
(7)Ibídem.
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