“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” (Carlos Marx. Onceava tesis sobre Fuerbach)
Cada día son más duras las condiciones de explotación y opresión que los capitalistas mantienen sobre la clase obrera y las masas populares, que avanzan en cuanto a formas de lucha y métodos de organización.
La lucha de clases
y los problemas teóricos
La dialéctica del movimiento proletario y popular se alza sobre la contrarrevolución en dignas escaramuzas que cualifican el carácter del Estado que sigue la lucha de clases. Las embestidas fascistas –por ejemplo en Atenco y Oaxaca- van adquiriendo mejor respuesta de parte de las masas, incluso llegando a niveles sin precedentes en lo que se refiere a organización, madurez en las relaciones entre las organizaciones y conciencia de las tareas rumbo a la revolución.
En este contexto de algidez de la lucha de clases sale a flote la verdadera esencia de cada clase, del alcance de sus propuestas y proyectos de cambio o permanencia de las condiciones de existencia en nuestro país. Se pone en la superficie el fondo del carácter reaccionario de la dominación de la oligarquía, la bancarrota de sus propuestas y lo brutal de sus métodos de dominación en aras de la conservación del status quo.
Esta efervescencia de la lucha instruye a las masas muchísimo más que miles de cátedras. “Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas”, señalaba Marx. Y en ésta agitación se perfilan los métodos de cada clase que resiste contra el régimen, que van desde los lamentos pequeño burgueses a las formas de autodefensa en la lucha callejera, donde el proletariado cuenta con su Partido de vanguardia, como ese elemento consciente que debe elevar el nivel de conciencia de clase de las masas. De aquí la importancia del pensamiento filosófico de la clase obrera como síntesis más general de la experiencia acumulada en la lucha por su emancipación.
Para los marxista-leninistas la revolución no es una hipótesis, es un problema de primer orden, "El mundo se encuentra en una fase en que la causa de la revolución y de la liberación nacional de los pueblos no es solamente una aspiración y perspectiva, sino también un problema planteado que espera solución".
La lucha emancipadora de la clase obrera aporta elementos valiosos para el desarrollo de la teoría, entendiendo por esta la síntesis de la experiencia. Así se desarrolla la teoría revolucionaria y se salta de la espontaneidad a la cientificidad de las propuestas de emancipación social.
La filosofía marxista en el combate por la revolución
Por regla general, los filósofos de oficio, junto con los propagandistas defensores del régimen se ocupan de “la creación” de complicadas teorías que buscan, supuestamente, desentrañar los misterios de la realidad social. Pero el papel que juegan objetivamente en la lucha de clases los pone en su lugar.
La realidad viva y las lecciones en los combates callejeros aportan mucho más al desarrollo de la teoría revolucionaria y científica, que sus doctas cátedras. Puesto que en cada asunto hay que ver a quién beneficia, como señalaba Lenin, en la enorme mayoría de los casos, la filosofía se dedica a sabios consejos separados de la vida práctica y los problemas más urgentes de la senda revolucionaria.
Decía Engels: “Si es cierto que la técnica, como usted dice, depende en parte considerable del estado de la ciencia, aún más depende ésta del estado y las necesidades de la técnica. El hecho de que la sociedad sienta una necesidad técnica, estimula más a la ciencia que diez universidades.” De manera análoga, los problemas de la filosofía surgen del desarrollo de la lucha de clases y no en los cubículos académicos, el análisis de la vida social en perspectiva revolucionaria aporta sin duda al impulso del pensamiento científico-filosófico.
Así, en el reconocimiento de la objetividad de las leyes del desarrollo material y espiritual, de la necesidad de profundizar en la filosofía y sus disciplinas, de aprender de ellas y de enriquecerlas con la síntesis del desarrollo de la vida material; ahí se encuentra el verdadero carácter proletario, con la mira en la revolución.
Se caracteriza a la filosofía como abstracción de la realidad material en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Estos tres aspectos engloban el conjunto de lo que se puede llamar universal y se perfila de la siguiente manera:
- En la naturaleza, en su aportación a la ciencia que la estudia, adquiriendo mejores elementos de observación de este todo en movimiento, con sus concatenaciones internas y las relaciones de mutua dependencia entre su producto más peculiar, el hombre, y ella misma. Profundizando en la interpretación dialéctica materialista para ver cómo se “domina” en sentido armónico de su desarrollo y de la naturaleza misma, en tanto que entorno necesario para la vida humana.
Lo anterior diferenciando la apropiación burguesa de la naturaleza con la apropiación proletaria de nuevo tipo, que retoma el abordamiento riguroso y sistemático de este entorno en su necesidad científica; como eje único retoma y pone sobre la mesa su verdadera relación intrínseca e interdependiente: hombre-naturaleza.
De lo que se desprende la concepción del ser humano como la naturaleza que se piensa a sí misma, al ser éste su producto más avanzado y el grado mayor de su desarrollo.
- En la sociedad, al poner a flor de piel la manera en que la ciencia y la filosofía burguesas no han logrado superar su objetivismo, que no es más que su pretexto preferido para hacer ver “sus motivos” como las razones para toda la sociedad, dejando de lado que el capitalismo (léase explotación) es la esencia de la actual sociedad, que no se puede hablar de intereses generales del mundo, del “bien” de la humanidad, de ”todos”; porque es precisamente en este mismo mundo donde se saquea, se oprime, se explota a la mayor parte de la población. Esa es la realidad del “bien para todos”. Cuando no se toma en cuenta la realidad de la lucha de clases se pasa por legitimar el orden de explotación. Y ese detalle lo olvidan con frecuencia los científicos y filósofos oficiales.
Negando las verdaderas raíces de la descomposición social, buscan recetas para “curar” la sociedad de su consecuencia natural: la degradación y la involución del hombre como creador y productor en objeto de explotación y obtención de plusvalía. Este recetario va desde las dosis de moral y valores, hasta la clara actitud fascistoide de presentar como enemigos e inadaptados a quienes difieren del esquema general de homogeneidad burguesa moderna.
- En el terreno del pensamiento, de las ideas, donde se reflejan las relaciones económico-sociales y se aparenta la pureza del producto de la cabeza como creación independiente y divorciada de su base material; y esto en dos sentidos:
El primero, en tanto que las ideas, el pensamiento, las recepciones captadas por los sentidos y su abstracción, hace necesaria la base física-material donde tienen lugar tales ideas y reflexiones. Esto es, no hay pensadores sin cerebro.
Por otro lado, en tanto que refleja la realidad social material viva, en tanto que el pensamiento es determinado por ésta, se debe a ella y se plantea abierta o veladamente problemas que tienen que ver con este entorno real. No hay Papa o místico que no coma y que no se pueda ubicar en un lugar y momento, esto es que no pertenezca a una sociedad históricamente determinada. “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”
Filosofía proletaria
ía del proletariado es el materialismo dialéctico; que representa la síntesis que recupera las aportaciones de la humanidad considerándolos en sus aspectos más universales y como producción intelectual de toda la sociedad, al ser creación de la inteligencia de cada época sobre la base material construida por los trabajadores de cada periodo histórico.
En cada etapa histórica se realizaron avances científico filosóficos, pero la necesaria determinación clasista que prescribía la división social en antagonismos insalvables los convertía en simples instrumentos de opresión. Es el surgimiento del proletariado como clase desposeída y productora que es capaz de tomar el destino histórico en sus manos, con el propósito de implementar su dictadura de clase e ininterrumpidamente pasar a la supresión de las clases sociales y su propia desaparición (es decir, en su propia negación); se hace posible cambiar la esencia de los avances y descubrimientos científico-técnicos en instrumentos de liberación y cualificación de los niveles de vida de las masas.
Sólo en estas condiciones es viable hablar de una filosofía verdaderamente universal, es decir, la filosofía de la clase más revolucionaria de la sociedad, a la que no se le ve atada con nada porque no posee nada y es a la vez la base social sobre la que descansa todo el aparato del modo de producción; es quien produce todo y no tiene nada.
De suyo se entiende que la lucha de clases tiene un aspecto ideológico, un terreno de las ideas en donde se debaten las diferentes posiciones a partir de las cuales se interpreta, se estudia la realidad material y se proponen cambios, reformas o modificaciones a tal realidad. Esto, por supuesto, desde la perspectiva de las diferentes ópticas de las clases que se enfrentan: fundamentalmente la burguesía y el proletariado.
Desde la perspectiva proletaria, enfocada en la lucha a muerte por el derrocamiento del capitalismo y la construcción de la nueva sociedad, lo central es la manera, el método con el que se enfoca y estudia la realidad, a partir del cual se desentrañan sus “misterios” para convertirlos en tesis y leyes objetivas del desarrollo más general de la vida. Este método es el de la dialéctica materialista.
De manera general, la dialéctica materialista, es el método científico-filosófico que aborda la investigación a partir de enfocar los fenómenos en su desarrollo, en su movimiento perenne y su concatenación interna, tomando en cuenta las determinaciones del exterior, del entorno; a la vez que se discierne en su esencia de contradicciones internas. "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento."
Así, se desprenden de aquí leyes, -entendiendo leyes como las constantes en el cambio permanente- que rigen los aspectos más universales del medio natural, social y espiritual. También, del análisis de estos ámbitos en sus formas más generales tenemos la ley de cambios cuantitativos a cualitativos, que representa los saltos que se perciben en el desarrollo de los fenómenos y que explican como un fenómeno se distingue esencialmente de otro, siendo a la vez producto del primero.
La ley de unidad y lucha de contrarios, expone la esencia del desarrollo interior de los fenómenos, al reflejar la médula de contradicción y motor interno de todos los fenómenos. Igualmente la ley de la negación de la negación, que se refiere a la “condena a muerte” de todo fenómeno al contener en su seno el germen de su propia destrucción, así como el embrión de lo nuevo.
A partir de aquí se desprenden áreas específicas de la lucha ideológica en el terreno abstracto, en la generalización más amplia de las ideas, por decirlo de alguna manera. En este terreno, que es el propiamente filosófico encontramos áreas de especialización necesarias para abordar de manera específica problemas del mismo tipo; del modo similar al que las ciencias lo hacen de acuerdo a los diversos terrenos de la vida natural y social.
Dentro de los ejes de esta profundización encontramos a la teoría del conocimiento o gnoseología, que se ocupa de la definición de los diversos tipos de conocimiento, saber y creencias; para distinguir y precisar su rigurosidad y pertinencia como conceptos fundamentales en la construcción constante de nuevas generalizaciones, como aportaciones de los descubrimientos científicos en los terrenos de la naturaleza, la sociedad y el propio pensamiento.
Estrechamente ligada a esta se encuentra la epistemología, que trata sobre el aparato conceptual con el que trabajan las ciencias, que viene a ser la teoría del conocimiento científico. Ambas, la gnoseología y la epistemología abordan aspectos relativos a la definición de verdad, sus criterios y parámetros de verificación o comprobación.
Ligada a estas dos de manera indisoluble está la lógica, que como ciencia del pensamiento trabaja en las leyes del razonamiento correcto, y representa la razón misma de toda filosofía, la manera en que se entiende y discierne. Por supuesto que siempre se ha querido presentar a ésta como desligada de toda práctica, pero estas leyes de la lógica, al igual que las de la filosofía en general, tienen un valor científico porque son objetivas, no creadas por la mente de ningún genio, sino abstraídas (“sacadas de”) de la observación del desarrollo de los fenómenos reales y vivos, de los que se obtienen y en los que se comprueban.
La ética o teoría de la moral estudia las normas y parámetros de comportamiento social en su realidad concreta, y a partir de esta se amplían para comprender cómo se da la determinación de ciertas pautas de conducta en cada sociedad concreta y en cada clase, en particular. Indaga también sobre los valores e ideales a que aspiran las diferentes clases.
Como en los demás aspectos de la filosofía, los pensadores de cubículo se esfuerzan en encontrar las verdades eternas que darían luz a los principios inmutables que deberíamos seguir, según sus sesudos esfuerzos. Pero la dialéctica de la vida social se impone, echando por la borda tales intentos y poniendo a flote su verdadero carácter de justificaciones del orden de explotación. Intentan presentar valores válidos para todas las clases, un vez más, logrando sólo una caricaturesca versión de nuevos mandamientos religiosos para la expoliación capitalista.
Por lo que al papel de la creación artística y las conceptualizaciones sobre el rol del arte en la vida social, la estética atiende estas cuestiones, presentando de manera científica la función educativa revolucionaria de la producción intelectual artística como elemento potencial de las ideas nuevas sobre las viejas, de la revolución frente a la reacción.
La estética define, también, en su contexto histórico y social el valor del arte de otras épocas como producción humana que sintetiza los ideales de una clase determinada en una época determinada, precisando su verdadera dimensión relativa en tanto que representaciones de estadios del desarrollo humano, adquiriendo de esta manera mayor valor el arte creado para revolucionar la sociedad, para acabar con la explotación y el sistema de dominación del hombre por el hombre.
Tradicionalmente la filosofía se ocupa de problemas especulativos y los mantiene en este terreno. Pero la filosofía del proletariado supera este atascamiento con las aportaciones del pensamiento científico y el método más revolucionario, que lejos de inventar conclusiones, describe las tendencias reales del desarrollo, éste es el método dialéctico. Y al quitar el velo oscurantista de la filosofía y su purismo abstracto, se presenta una resistencia decidida de los pensadores a sueldo de la burguesía, que en comodato con el clericalismo disfrazado y abierto se empeñan en mantener en el atraso a la reflexión filosófica.
Pero la superación de este estancamiento es un asunto irreversible, en tanto que el pensamiento se corresponde con determinadas condiciones materiales de vida y de trabajo. Recordemos que en otros momentos históricos se superó la alquimia con la química, de tal suerte que ahora recurrimos a fórmulas científicas de los elementos de la naturaleza.
Hoy más que nunca tenemos elementos teórico metodológicos para superar de manera científica y no especulativa estas áreas al presentar de manera rigurosa, sistemática y con evidencias de comprobación lo que antes se quedaba en la pura especulación. Así que el papel objetivo de los místicos y metafísicos en la filosofía no tienen otra función que la de mantener en la ignorancia a las masas, para evitar que emprendan la lucha por su emancipación.
De aquí que los ideólogos de la reacción, se esfuercen en “profundizar” los misterios de la reflexión metafísica y los “límites” de las ciencias, esforzándose por dejar en lo oculto lo que se puede resolver recurriendo a la investigación filosófica.
Así ha ocurrido con el desarrollo también de la tecnología, donde a partir de sistemas concretos de aplicación –de medios de comunicación, por ejemplo- se teoriza sobre todo un sistema de “redes” donde se inventan novísimas teorías de interacción social y sepulta la lucha de clases. Cuado se enredan para explicar las luchas reivindicativas de las masas, se inventan nuevos “misterios” para teorizar sobre los procesos que permanecen ocultos y aparentan una masa amorfa que se mueve ciega a las profundas preocupaciones de los filósofos de púlpito, y regresan de nuevo a “descubrir” que el modelo neoliberal está agotado y que es necesaria la lucha, enterrando, por supuesto, el papel dirigente de la clase obrera, la revolución y la “autoritaria” dictadura del proletariado.
Pero esto es la lucha de clases, no puede ser de otra manera, y tanto en la filosofía como en la ciencia, se presenta la misma esencia de la confrontación entre interpretaciones y proyectos de las diferentes clases en pugna. A los marxista-leninistas, no nos extraña que los filósofos burgueses se empeñen en ocultar la realidad, por el contrario, los obreros que construyen los cubículos y las universidades donde se abastecen estos personajes, deben pertrecharse de la ciencia y filosofía del materialismo dialéctico para rebatir y desenmascarar a los defensores teóricos del régimen: “marxólogos” y revisionistas, los curas sin sotana y los místicos, con la verdad de la práctica revolucionaria en el terreno teórico.
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