Estados Unidos tienen una historia destacada en lo que a lucha obrera significa, es precisamente de su historia donde se toma la referencia para la celebración del Día Internacional del Trabajo, a partir de la gesta de los “mártires de Chicago”. Pero el centro del imperialismo mundial no se caracteriza en los últimos tiempos por ser un referente de lucha obrera. Salvo las grandes marchas de los migrantes a mediados del año pasado, no se han registrado grandes movilizaciones proletarias.
Las razones del inmovilismo en Estados Unidos no son casuales, se deben fundamentalmente al estado en que permanece su economía y al riguroso control político, expresado en la legislación ultra reaccionaria que hoy rige. En efecto, aunque el capitalismo enfrenta una dura crisis, la economía norteamericana ha logrado mantenerse a flote, a costos muy graves para los trabajadores.
La oligarquía financiera norteamericana que rige el centro del imperialismo viene dictando una política de guerra que le ha permitido oxigenar su economía, canalizándose hacia la industria militar por un lado y por otro garantizando el control de los energéticos. A la vez que tiene protegido el control geoestratégico de medio oriente como reserva.
A pesar de la intervención nivel económico de las masas norteamericanas no mejoró, seguía subiendo el precio de la gasolina, los créditos y los servicios médicos eran inaccesibles por su costo, mientras, el salario estaba estancado. Las mejoras inmediatas para la vida de las masas no se vieron por ningún lado.
En lo que a la lucha proletaria se refiere, las grandes centrales corporativas sindicales se plegaron al discurso patriotero, como era de esperarse, así que contuvieron la mayor parte de las protestas en los centros de trabajo por mejoras salariales, servicios de salud y asistencia social. Es importante mencionar la privilegiada posición de los trabajadores norteamericanos en EEUU, donde gozan de importantes prebendas a costa de la expoliación de materias primas de países dependientes y el aprovechamiento de la mano de obra prácticamente regalada.
De hecho, el beneficiarse con un bajo costo de la fuerza de trabajo, fue lo que hizo que los grandes consorcios industriales, agrícolas y de servicios fueran poco a poco reemplazando las contrataciones de trabajadores anglosajones por trabajadores migrantes.
Un argumento socorrido por los reaccionarios y racistas en Estados Unidos, es que se debe parar el cruce ilegal porque los mexicanos se quedan con los trabajos de los estadounidenses. La verdad de las cosas es que los trabajos que venían realizando los migrantes en nada se comparan con los que eran tradicionalmente ocupados por los trabajadores nativos: campos agrícolas, jardinería, servicios, etc. En una palabra: los trabajadores migrantes ocupaban plazas que los otros no estaban dispuestos a trabajar.
Pero poco a poco se fue expandiendo la fuerza de trabajo migrante, ilegal y legal. La grave situación de pobreza en México y el resto de países latinoamericanos, y los bajos salarios obliga a buscar en el norte mejores posibilidades de sobrevivencia. La gran burguesía yanqui no pierde con la inmigración ilegal, por el contrario, tiene las condiciones idóneas para mantener la superexplotación con la máxima plusvalía y mantener el control del proletariado con estatus legal.
Las medidas fascistas, como la militarización de la frontera y la construcción de más muros en la línea divisoria, más que buscar detener el cruce ilegal, busca controlarlo; manejarlo a su completa conveniencia de acuerdo a las necesidades de la producción: si requieren fuerza de trabajo, flexibilizan el cruce, reducen el número de oficiales que vigilan la frontera; si los puestos de trabajo están satisfechos, detienen con mayor rigor el paso. De tal manera que con este recurso se evitan el manejo del ejército proletario de reserva en su propio país.
Un ejemplo para demostrar lo anterior esta en las razzias y deportaciones masivas en grandes empresas donde previo al día de pago “aparece” la migra (policía migratoria gringa) y detiene a trabajadores antes de cobrar, quedando así la empresa libre para nuevas contrataciones y con un “gran ahorro” en los bolsillos.
Lo descrito, hizo que el protagonismo de la lucha se trasladara hacia los trabajadores migrantes, especialmente los mexicanos y procedentes de América Latina. Ya que las grandes centrales sindicales gringas que agrupan a la aristocracia obrera vienen deteriorándose y evidenciando su incapacidad en la lucha obrera.
Por ejemplo, -sólo por citar un caso reciente- en la huelga de trabajadores de la Goodyear, iniciada el 5 de octubre del 2006, que involucró a 14 mil obreros y que tuvo una duración de 12 semanas; terminó con la aceptación de un contrato colectivo que recortaba más de mil plazas de trabajo y varias prestaciones. Sin contar que durante la huelga se utilizaron métodos de lucha que no paralizaron por completo las actividades productivas de las plantas.
A diferencia de esta huelga, en noviembre pasado los trabajadores mayoritariamente mexicanos de la planta Smithfield Packing Company, en Carolina del Norte; lograron parar en seco los despidos masivos de esta planta procesadora de carne que es la más grande del mundo. Y si bien no ganaron la batalla completa, que incluye el alto total a las deportaciones y la sindicalización, representa un referente de gran importancia para el movimiento obrero actual en Estados Unidos, a la vez que marca la pauta de las acciones a seguir, porque el método de presión utilizado fue el paro laboral, y al calor de la movilización se dio la solidaridad de trabajadores mexicanos, hondureños, negros y anglosajones. Más significativo aún en el contexto de región de EEUU que tiene de las legislaciones mas antiobreras.
Un referente más es la victoria de los trabajadores de servicios en Houston, Texas; donde lograron la sindicalización, aumento salarial, más horas de trabajo (en EEUU la jornada es por hora, no por día), seguro médico, vacaciones y días de fiesta pagados. Una vez más los actores principales fueron los trabajadores mexicanos y latinoamericanos.
De esta forma es fácil entender cuál es la tendencia, sobre todo si a esto agregamos las históricas jornadas de lucha de emigrantes de mayo del 2006. Se levantó la fuerza obrera y tomó las calles. A pesar de los importantes esfuerzos de las organizaciones, partidos, grupos y personalidades; no hubo unidad de acción más allá de la inmediatez del movimiento.
Las organizaciones hicieron gala del sectarismo, se mantuvieron aisladas entre sí por diferencias secundarias, algo que no se podía permitir en este momento de flujo de la actividad de masas.
Evidentemente las dificultades que tendrá que sortear la clase obrera norteamericana son enormes, reagrupar al movimiento de los migrantes, la tarea por construirse instrumentos de lucha al servicio de los intereses históricos de la clase obrera, romper el cerco entre los trabajadores anglosajones e inmigrantes y poner al centro de lucha la construcción de la política revolucionaria , antiimperialista e internacionalista.
|