Año 1 Número 1 Enero-Marzo de 2007
Nacional

México
en la dominaión del capital

Están en puerta acontecimientos ineludibles en la sociedad capitalista que llevan a nuestra organización a actuar en una nueva escalada de actividad revolucionaria, haciéndose indispensable el empleo adecuado de todas nuestras fuerzas. Como hemos venido avanzando sobre la base de una dirección centralizada y la orientación de nuestros procesos, tenemos elementos para reafirmar nuestra convicción de que sabremos cumplir con nuestra responsabilidad.

Hemos nacido de procesos de enorme dificultad para hacer al Partido, sostenerlo, luego proyectarlo, en medio de la agresión revisionista, oportunista, el nacionalismo y el anticomunismo, esto nos vino templando indiscutiblemente, aunque bien pagamos la cuota, mas estamos de frente y firmes a vencer los obstáculos que se nos presenten.

La marca de estas condiciones ha hecho que nuestro Partido además de la firmeza revele nuevos rasgos de organización y se manifieste con un claro sentido de la realidad en torno a las dificultades a vencer, tanto como por una conducta estructuradora de sus tareas, y un sentido de la práctica destacado para aprovechar cada espacio que se nos presenta.

La aceleración de la lucha de clases partiendo desde abajo, desde los explotados y oprimidos, imbuye nuevos ánimos y perspectivas al trabajo que hemos tomado a cuestas, esencialmente nos dota de la seguridad de que cuanto avancemos tiene firmes pilares y arraigo en los desposeídos; estamos viviendo una etapa en la que el resurgimiento de las luchas populares es garantía de una inclinación natural al divorcio frente a los explotadores, tanto como indicador de que auténticamente y no por complicados mecanismos de control, son las masas por voluntad propia las que se deciden a luchar en medio de las acciones represivas y la ofensiva capitalista.

Ese aspecto nos coloca al Partido Comunista en el lugar de fuerza surgida y atesorada en el seno del movimiento de masas, cimentado sobre la base de la defensa resuelta de los intereses de clase que hoy se expresan con tanto vigor en grandes y pequeñas acciones. Con nuestra presencia, nuestra táctica y nuestro Programa, el fenómeno de masas actual, asegura el ascenso de nuestro Partido como representante fiel de los intereses del proletariado, de ahí que la importancia del momento tenga que ser aprovechada empeñando todas nuestras fuerzas.

Podemos ver que esta es la tendencia de la lucha de clase en cuanto a las perspectivas del Partido, dicha tendencia no resuelve las tareas, sólo nos bosqueja la marcha y los ritmos a emprender, el resto, que no es poco, depende del grado de preparación, madurez, organización y actividad que hagamos.

Si somos capaces de superarnos en el estado actual en que nos encontramos, superándonos en torno a un obrar aún segmentado, esquemático en varios aspectos, sin mucho conocimiento sobre las causas de los diversos fenómenos, un actuar bajo ciertas inercias espontáneas, si somos capaces de superar el simple concentrado de hechos y acciones para dar paso a su ordenamiento de acuerdo a su importancia, si somos capaces de superar nuestro conformismo con el manejo superficial de las cosas, si somos capaces de superar esa marcada conservación de métodos artesanos; habremos cumplido con la parte interna para el despliegue de nuestras fuerzas.

I. Problemas del momento

a) La crítica clasista: ¿“anticapitalismo” o revolución proletaria?

Existe una crítica al capitalismo que aprovechando las circunstancias de su crisis, hace énfasis en las repercusiones económicas y políticas del desenfreno financiero, pero deja sin cuestionar a fondo las bases generales del sistema, dicha crítica está bastante de moda. Si bien a bien entre las masas permite acrecentar su concientización, ésta crítica topa con barreras infranqueables a menos que se supere la forma en cómo se cuestiona al sistema, es decir, la forma de la denuncia común que implica una alta dosis de pensamiento pequeño-burgués de gran presencia en el movimiento.

Viene a cuento esta consideración por lo siguiente, muchos de los cuestionamientos al régimen se sostienen apoyándose en los hechos dolorosos, en las tragedias, en la marginación, implicando una síntesis de añoranza por las anteriores manifestaciones de la política burguesa y pequeñoburguesa, así fueren estas del corte más radical. Por tanto, ese punto de apoyo “crítico”, deja de señalar el paso revolucionario en la fortificación y proyección del movimiento de masas proletario y popular, su fusión con la teoría marxista-leninista, la estrategia y la táctica de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado.

Si así suceden las cosas y así se suceden los actos de los diversos grupos al interno del movimiento de masas, tiene mucho que ver con su aislamiento de la clase obrera o por el arraigo a coexistir y a aceptar a ciertas corrientes burocrático sindicales, ciertas corrientes de la aristocracia obrera, etc., aunque de repente se deslicen “criticas” radicalosas contra ellas. El rechazo de sus posiciones obedece pues a una inclinación de clase pequeño-burgués bastante diseminada, que presiona contra el desarrollo de la tendencia revolucionaria en el seno del movimiento, aún cuando tiene que ceder ante la atmósfera de nociones y acciones proletarias que van sucediéndose, también a nuestro avance y a las inevitables evaluaciones tácticas de mayor alcance que proporciona el marxismo-leninismo en la lucha de clases.

Lo que la burguesía logró con la afirmación de las nuevas bases del neocolonialismo y el predominio de los monopolios en México, con todo lo que conlleva de depauperización de la clase obrera, con toda la carga de fascismo y degradación de las condiciones de vida; no fue otra cosa que poner en marcha a esas mismas masas de explotados y oprimidos.

Lo que la pequeña burguesía cuestiona es la ausencia de libertad, democracia y una política de protección a sus formas de producción, consumo y distribución, tanto como enfocan sus baterías contra las posiciones históricas de la clase obrera en torno al capitalismo y la cuestión del poder; ello puede verse hasta en los panfletos y programas de las agrupaciones más diversas, que en el fondo aceptan y defienden uno de los principios más profundos del capitalismo, el de mantener la pequeña propiedad privada al precio de la explotación de la fuerza de trabajo en pequeña escala, de cuya trascendencia podemos darnos cuenta en las formas y estilos políticos en que mantienen su actividad en cada proceso, los procedimientos para resolver las divergencias, al igual que los mecanismos que ponen en acción para erigirse en sectores dominantes, a esos niveles de lo que Stalin resaltó como la superestructura.

Lo que al respecto sostenemos los comunistas es que sin detenernos en el problema de las lamentaciones de siempre con que la pequeñaburguesía y los oportunistas cubren su impotencia de clase, está en el centro el desarrollo de la lucha de clases en una línea de ascenso revolucionario, especialmente de reafirmación del papel de la clase obrera y recuperación de sus tareas emancipadoras. Para nosotros cualquier condición del capitalismo debe transformarse siempre en su contrario, es decir, en la proyección de la actividad independiente del proletariado, en la que nuestro Partido deberá ser su organización revolucionaria por excelencia.

En estos términos, la crítica que los comunistas hacemos contra el régimen no es porque le vayan bien o mal las cuentas a las masas, sin olvidar que cuando las cuentas van mal es cuando tenemos mucha mayor posibilidad de incidir en sus tendencias, sino porque buenas o malas, siguen siendo cuentas de explotados, en tanto de lo que se trata es de subvertir el orden social existente como bien estamos convencidos.

Nuestra crítica a las bases del sistema hoy adelanta muchos pasos, en los diversos elementos de la discusión y acción del movimiento de masas. La existencia misma del Partido es una seria crítica a todos aquellos detractores de siempre, al mismo sistema capitalista, pero siendo válida para los explotados y oprimidos, hoy implica ajustarse a los marcos de las condiciones de la lucha de clases, a las reglas del conocimiento objetivo de la realidad concreta, a la actividad regular y revolucionaria general del Partido, la habilidad para socavar la influencia del pensamiento burgués y pequeñoburgués en el seno de la clase obrera o de sus aliados.

b) El fascismo

Hemos ubicado al fascismo en México como el último recurso del imperialismo y la oligarquía financiera en plena descomposición política para acallar, para contener el rechazo popular. El hecho fundamental ha consistido en que la oligarquía financiera y sus monopolios consiguen crear una estructura social-económica capitalista acorde con el desarrollo del sistema bajo la dominación imperialista, en forma tal que se ha generado una sociedad donde los antiguos derechos sociales concedidos bajo presión popular son sustraídos, luego suplantados por códigos carcelarios y represivos a fin de incrementar la explotación del trabajo, bien decía el camarada Jorge Dimitrov: “El fascismo, es la dictadura más terrorista y más sanguinaria del capital financiero contra la clase obrera y las amplias masas populares”.

Nos parece que esta es una cuestión que debe desarrollarse y volverse una parte destacada de nuestra crítica al régimen y de agitación política entre la clase obrera y sus aliados. Naturalmente que siempre sobre la base de los hechos concretos y las situaciones que van propiciándose por parte de la clase dominante.

Debe señalarse que en esta cuestión, si de una parte las masas trabajadoras no han alcanzado una conciencia clara de la dimensión del problema, sostienen un rechazo instintivo de clase, lo cual por el momento resulta ser nuestro mejor punto de apoyo. Esto trae peligros en los que no abundaremos, simplemente se plantea en estos términos para que enfoquemos nuestra reflexión colectiva a lo que se debe hacer a fin de ubicarnos en otro nivel más elevado de la lucha antifascista. La parte más delicada del momento está en que importantes sectores y aún capas de la clase obrera más activa, no solo no se percatan del problema, sino que lo desdeñan o minimizan, confiados en que la política burguesa puede recuperar terreno y continuar sin contratiempos en sus antiguas tradiciones nacionalistas y liberales.

De los discursos antifascistas, los que no se dedican con exclusividad a la denuncia de las atrocidades fascistas del régimen, e interpretan con más cuidado el asunto, no logran superar la posición de que se trata de sectores aislados, o bien de capas de la gran burguesía y no de un movimiento del capitalismo en descomposición.

Para nosotros la cuestión se plantea entre revolución y contrarrevolución, que en particular toma la forma inmediata de pugna entre el fascismo y el proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas, acaso existan un par de fuerzas más que vislumbren los escenarios en esta dimensión, y por tanto debemos esforzarnos por crear a toda costa un frente común de esclarecimiento y toma de posición al respecto, lo cual permitirá hacer una labor mucho más extensa en ese sentido. Pero esto no es en sí el problema al que nos circunscribimos definitivamente, el asunto consiste en que el desarrollo del Partido, el desarrollo del movimiento de masas y esta tendencia de acumulación revolucionaria de fuerzas se dan bajo la amenaza y el asedio del fascismo.

El fascismo ha cobrado fuerza como política pública, se trata de un fascismo administrado en dosis diferenciadas según los casos y las exigencias de cada lucha, pero particularmente atado a la necesidad de la oligarquía financiera para remontar la crisis política a efecto de asegurar que su crisis estructural no derive en revolución proletaria.

El Partido debe desplegarse, desarrollarse en este entorno, así como la burguesía hace de éste un fascismo “preventivo”, nosotros estamos obligados a prever sus dimensiones y los métodos para impedir la estrangulación del movimiento revolucionario de la clase obrera en su cuna.

Ya los procesos de la lucha de clases en el 2006 demostraron que efectivamente vamos a intercambiar golpes con el fascismo, que vamos a sufrir las consecuencias de su desesperación, y por tanto, no podemos ser tomados desprevenidos, no debemos ser tomados desprevenidos o ello daría al traste con un proceso de construcción del movimiento, del Partido y sus organizaciones que bastante ha costado, trayendo tiempos más obscuros para el pueblo mexicano.

El primer triunfo serio en la lucha contra el fascismo será sin duda la activación de la clase obrera contra éste y contra todas las acciones de la burguesía para seguir explotando.

Este triunfo es posible en cuanto observamos que con el capitalismo imperialista la clase obrera y sectores importantes de las capas medias arruinadas son puestas por el capitalismo en condición de fuerzas democráticas contrarias al fascismo en tanto política del capital financiero que acrecienta sus problemas fundamentales.

En este sentido destaca el proletariado como fuerza específicamente revolucionaria totalmente en contraposición con las tendencias del fascismo inscritas en el encarecimiento de la vida del trabajador, los bajos salarios, la anulación de sus derechos laborales y su pacificación en la empresa para prestarse mejor a los procesos de producción capitalista. Máxime su repudio a las posiciones abiertamente represivas, al ir directamente contra sus intereses puesto que la acción de los fascistas en México y el mundo ha significado la degradación y el retraimiento económico-social de nuestros hermanos de clase.

c) El Frente Único

Por encima de las discrepancias que estallan en áreas específicas como las telecomunicaciones, los energéticos, y la industria manufacturera por el control del mercado y los derechos de explotación, es claro que la burguesía y el imperialismo han establecido un frente común contra el pueblo en general. Este frente común ha puesto a la cabeza al panismo y al Yunque para crear una nueva correlación de fuerzas entre los partidos gran burgueses.

Los fascistas saben que si se pierde esta correlación se pierde todo, porque en ella consiste precisamente una dirección más vertical y oligárquica con una mengua en las tendencias burocráticas tradicionales y otra predominancia sobre el socialdemocratismo que en estas condiciones queda mayormente subordinado a las líneas exigidas. A su vez, al perderse esa correlación de fuerzas de las clases dominantes, los imperialistas también están conscientes que pronto aparecerán los brotes de una posición que potencie el desarrollo de las fuerzas productivas por la vía de la socialización de los medios de producción y todo el capital acumulado; de ahí los gastos extraordinarios en policías y militares. Los políticos burgueses se percatan de que las más mínimas concesiones democráticas al pueblo generarán condiciones de lucha y nuevas exigencias de libertad, por lo que se aferran a preservar las actuales líneas de represión incluso aún aquellos socialdemócratas que pregonaban el pacifismo hace poco tiempo como el gobernador de Michoacán.

En una valoración materialista de las cosas nuestro Partido viene resaltando el reconocimiento de sus fuerzas propias, de sus condiciones, y en especial de las condiciones generales del movimiento obrero, campesino y popular, arribando a la noción de que el Frente Único es el factor esencial para precisamente cambiar la correlación de fuerzas en nuestro favor.

El planteamiento nuestro se encuentra en otro nivel del desarrollo de la lucha de clases, si tiene elementos defensistas, contra el fascismo y el imperialismo, lo estamos categorizando por las condiciones en un papel de aglutinador y organizador de las tareas revolucionarias de las masas.

Consideramos que el Frente Único tendrá en primer plano de su línea política la alianza práctica y de intereses entre la clase obrera, los campesinos pobres los sectores populares, y pone en un justo lugar de integración de los aliados temporales en las luchas inmediatas para enfrentar al régimen.

Al existir importantes organizaciones en una línea frentista de las que destacan en mayor grado la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo y el Diálogo Nacional, por ser los referentes que en buena medida han roto con antiguas estrecheces políticas, la táctica de nuestro Partido viene consistiendo en consolidarlos y trazarles una política mucho más amplia que la actual.

Existe indudablemente una noción errónea en muchos otros frentes como lo es en La Otra Campaña, donde, siguiendo la tradición pequeñoburguesa, los frentes se dislocan en estructuras sectarias donde sus protagonistas se erigen por encima de las necesidades tanto como de las posibilidades del movimiento. Esto no deja de ser una dificultad para el conjunto, puesto que este tipo de estructuras derivan en una labor antifrentista que encuentra en la separación y la diatriba contra los otros frentes una de sus mayores tareas en el supuesto de que eso contribuye a “jalar a las masas”, ocultando los propios intereses caciquiles, ocultando también las nociones de corte auténticamente pequeñoburgués radical en el mejor de los casos.

Para nuestro Partido los conflictos que tiene la política de Frente Único consisten de una parte en una paciente labor entre las fuerzas pequeñoburgués radicales que la rechazan por no ajustarse a su concepción hegemónica anticlasista, induciéndoles a la participación activa, a la toma de posición frente a los acontecimientos generales donde sus bases puedan ver las coincidencias en diversas consignas y presionar a acuerdos de mayor envergadura. No son estos los únicos conflictos, pues otras fuerzas que aceptan marchar al Frente Único predican y trazan una política acorde a intereses cortos de tipo gremial y una subordinación a sus posiciones internas, por lo que mientras nuestro Partido no construya su posición y ésta sea respaldada en los sindicatos, no podemos cambiar mucho esas posiciones, aún cuando en efecto los vamos haciendo avanzar en diversas luchas pero siempre bajo sus premisas (obsérvese los resultados del 1 de noviembre y 1 de diciembre, en lo que derivó la lucha en defensa de Atenco y en lo que puede derivar la lucha al lado de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) e intereses que a la vuelta generan riesgos claros de disolución.

Y la más grande dificultad deviene de toda la acción de la burguesía contra el desarrollo de esta política y organización entre las masas. Esto consiste en sostener: 1.- una legalidad antifrentista, 2.- calumniar y atemorizar a las masas, 3.- socavar la unidad popular, 4.- corromper o amagar a diversos sectores en lucha, 5.- desatar el terror represivo contra el movimiento, 6.- resaltar la unidad burguesa en torno a la sociedad, el Estado y la gran propiedad, y 7.- hacer andar la maquinaria de la democracia burguesa para canalizar toda acción a su Estado de derecho.

El Partido tiene por tanto una misión de primer nivel para que el Frente Único se construya así sea partiendo de la comunidad de intereses generales entre los diversos frentes, allanando el terreno a las disputas interiores de los diversos sectores de la pequeña burguesía y subrayando en los hechos la acción proletaria en el terreno unitario. Esto es: Desarrollar la convergencia nacional de oposición proletaria y popular contra el régimen convirtiéndola en Frente Único.

En esta ruta tenemos aliados más o menos dispuestos a actuar de común acuerdo y mantener canales orgánicos haciéndolos regulares. Sobre todo, lo que dicta nuestra política es la defensa de los intereses generales del pueblo que encuentran en el proletariado una expresión democrática y revolucionaria de la unidad, y éste debe hacer arribar a nuevos contingentes y cuadros dotados de cualidades unitarias, afirmados en esa defensa y dispuestos a abrirle paso a la alianza de clases que necesitamos, cuadros y contingentes que asuman en primera instancia las tareas del proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas.

Otro rol que puede y está en condiciones de jugar el desarrollo del Frente Único, se determina por la concentración de los diversos programas democrático-revolucionarios en torno al Gobierno Provisional Revolucionario de obreros y campesinos pobres, la Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular, una Nueva Constitución y la República Democrática Popular y la democracia popular, en el plano general del movimiento. Sabemos que la política de Frente Único no necesariamente debe ajustarse a la lucha por un nuevo régimen, mas siendo dialécticos, se abren inmensas posibilidades para que así suceda y para que al cobrar vida, se ponga al centro la lucha por el socialismo.

II. La organización

a) El Partido de nuevo tipo

Debemos reconocer que al lado del duro batallar por levantar el Partido de los proletarios, viene a imponérsenos salir adelante nuestra acentuada integración a la lucha de clases actual, las exigencias de elevar la táctica y la estrategia a niveles de contundencia que propicien una reafirmación en lo concreto de las líneas marxista-leninistas. Tal camino es acelerado al momento por el alcance de las contradicciones del sistema capitalista, su descomposición, así como el ascenso de la lucha proletaria y popular.

De tal suerte que el proceso discurre por la natural debacle de la clase dominante, permitiéndosenos mal que le cueste, una actuación por todas las resquebrajaduras de su sistema. Esta inevitable situación a que los capitalistas han llevado su régimen merece toda la atención de los comunistas de cara a decantar posiciones tanto como a asumir la labor en pro del Partido de nuevo tipo. Esta labor que consiste en levantar el Partido leninista-stalinista hoy va encontrando un mejor terreno para su desarrollo al hacerse mucho más visible que antaño para todos los explotados u oprimidos esa su particular condición de clase.

Pero al suceder las cosas así y en un proceso superior del desarrollo del capitalismo imperialista, los principios fundamentales del Partido requieren una defensa intransigente acorde con los tiempos, una centuplicada sustentación de sí mismo y el desarrollo de nuevos elementos que reafirman su carácter.

Efectivamente, de una parte es claro ya desde el repaso de nuestros clásicos que encontramos una fuente de inspiración para abundar en la naturaleza del Partido, el desarrollo de sus procesos internos, su organización, sus combates; pues los clásicos del marxismo-leninismo fueron hombres que se introdujeron profundamente en las fuerzas que mueven a la sociedad y supieron interpretar con agudeza el movimiento a seguir para crear una organización de clase especial, distinta por su naturaleza y composición a cuantas habían existido en la historia, hecho que nos permite recoger una y otra vez sus postulados para proyectar a nuestro Partido. Tener siempre a la mano obras como Crítica del programa de Gotha, Del socialismo utópico al socialismo científico, El manifiesto del Partido Comunista, ¿Qué hacer?, y los fundamentos del leninismo, entre muchas otras, es una necesidad para todo militante, para toda estructura que vela por el Partido, pues en éstas se encuentran las claves de nuestros procesos al igual que las orientaciones más profundas.

Mas no nos cerramos, el capitalismo avanza, el sistema de los monopolios ha traído nuevos y complicados procesos de su dominación, mismos que deben ser correctamente asimilados para retomar las tareas colectivas de desarrollar la teoría y la práctica del Partido. Tomamos en primer lugar el punto de apoyo insustituible de la teoría marxista-leninista, a continuación debemos hacer un esfuerzo supremo por sustraer de las modernas fuerzas productivas, de las formas de producción fabril, de los procesos que el instinto de clase le hace desarrollar al proletariado en su inextinguible línea de confrontación con los explotadores.

No se trata de que algún elemento de nuestra teoría haya envejecido, ni mucho menos, se trata de que el capitalismo al realizarse en toda su expresión histórica trajo aspectos que requieren ser detallados partiendo de las tesis generales, que deben ser contrastados con la práctica, para acentuar simplemente el carácter del Partido Proletario.

En primer plano se ha abierto para nosotros un proceso de mayor observación de las diversas variantes ideológicas del capitalismo, de su sistematización para una clara ubicación del entorno y de las labores orgánico-ideológicas del Partido. La elaboración de nuestra concepción considerando tanto los nuevos fenómenos exteriores como las interioridades de la defensa capitalista, arroja nociones más claras de muchos procesos, por supuesto que eso sólo se consigue gracias al acervo de análisis marxista-leninista que la lucha de clases viene acumulando, no obstante pueden apreciarse otros nuevos procesos como el de la evaluación global del papel, carácter y limitaciones de la pequeñaburguesía que en nuestra América Latina describió los mayores trastornos políticos para la burguesía sin superar las bases del sistema, hechos que nos llevaron a una mirada a su esencia de clase, puesto que para crear el Partido implicó su desplazamiento.

Los procesos como se desarrolla la lucha de clases ante el blindaje del régimen en torno a la clase obrera, es decir, su corporativización, también proyectaron nuevos elementos tácticos marxista-leninistas, tendientes a dar el rodeo necesario para tomar aquellas fortalezas, véase por ejemplo la experiencia de la clase obrera minera de la 271 y el conjunto de la clase obrera de la Ciudad Proletaria de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

La atención en el desarrollo del Partido, su aplicación de normas concretas y su ajuste a principios organizativos constantemente en desarrollo son elementos del quehacer actual sin los cuales sería imposible sostener un Partido Comunista excepto que su labor fuere sumamente limitada y rutinaria.

La organización del trabajo por los monopolios lleva a una mayor racionalización de la vida interior del Partido, a una nueva compartimentación, a un estilo mil veces más colectivo de dirección sin impedir el desarrollo de los individuos y la proyección de sus cuadros, destacando siempre el aspecto de clase tanto como la dependencia fundamental de todos los militantes hacia el Partido como colectivo de vanguardia de la clase obrera.

El elemento bolchevique como colectivo y personalidad del Partido en su actuación, que si bien aún no atinamos ni alcanzamos a rescatar en todas las implicaciones leninistas, tiene hoy nuevos aspectos de la vida organizada del trabajo militante, donde los intereses del Partido siguen prevaleciendo pero nos encontramos con un ritmo acompasado de nuestra actividad en condición ascendente.

Resalta más en la forma general que adopta la organización del Partido el hecho de que la organización asume las tareas del proletariado, proyectándose como su representante político-ideológico ante todas las clases sociales, con lo que no sólo se lucha al frente, se retoma el papel de Estado Mayor, sino que el Partido asume el papel de asidero para la misma clase obrera en su jalonamiento del proceso de la lucha de clases, elemento que surgió a partir de la asunción del revisionismo soviético al poder y la desintegración de los partidos comunistas formados por la III Internacional, en donde la siguiente generación revolucionaria educada por Enver Hoxha se atrincheró en las posiciones marxistas-leninistas con que se desarrolló una línea de salvaguarda de las banderas proletarias. Así, del plano ideológico hemos saltado al orgánico, luego al práctico en donde la clase obrera efectivamente encuentra en el Partido su principal punto de apoyo para recobrar su papel histórico, es decir, el Partido Comunista Marxista-Leninista como la herramienta fundamental para la instauración, posteriormente el fortalecimiento de la dictadura del proletariado hasta la extinción de las clases y la lucha de clases, hasta que sea innecesaria la existencia de un “cuasi estado”.

El trazo continuo ya no solo de nuestras tácticas, sino también en gran medida de nuestro desarrollo organizativo es otro de los nuevos rasgos del Partido de nuevo tipo, ya que a todas luces es insuficiente apegarnos a las resoluciones de nuestros congresos debido a que éstas se circunscriben en niveles generales de afirmación de las tesis del rumbo fundamental, en tanto que la vida cotidiana requiere de un enfoque colectivo del proceso tal como se va dando en la idea de prevenir o corregir errores al igual que apuntalamos las líneas certeras de nuestra política.

Y finalmente, ante la tremenda presencia pequeñoburguesa en el movimiento de masas, hemos requerido el desarrollo de toda una extensa línea diplomática de nuestro Partido que asegure en medio de la turbulencia el paso a posiciones democrático-revolucionarias e impedir el cerco a la organización en que muchos quisieran vernos. Dicha línea consiste en que sin descartar la naturaleza de clase de muchos aliados, encontremos un lenguaje común que revele el papel del Partido y su clase, que enfoque los criterios de organización-movilización en términos de abrirle paso al movimiento obrero.

b) Construyendo el Partido para la ofensiva

En el Partido vivimos una intensa labor constructiva que asegura la supervivencia de la organización, su adaptación a las circunstancias reforzando su naturaleza de clase, pero en cuanto al crecimiento o la consolidación de las estructuras los resultados todavía son insuficientes.

No obstante nuestras limitaciones, visiblemente los avances son trascendentes para la actividad ulterior, la batalla librada en su carácter interno, más que ser apacible, transcurre en medio de una gran tormenta por afirmar la ideología proletaria, mérito colectivo que al paso de ir superando los métodos artesanales nos brinda cada vez una mejor agudeza en torno a nuestros problemas y sus soluciones.

Esta labor ha de continuar, y acentuar sus diversos rasgos: división del trabajo, compartimentación, bolchevización, profesionalización, especialización, disciplina, seguridad…, pues son ahora estos los que se colocan en el rol de la discusión de cada organismo en su aspecto concreto, dinámico, dimensionado al detalle según las necesidades fundamentales en cada organización partidaria, más allá de las premuras del momento, librando la batalla contra el inmediatismo al que frecuentemente nos avienta el movimiento espontáneo.

La antigua labor militante consistente en hacer el esfuerzo en el movimiento a veces sin que mediara la vida del organismo, o bien sin rendir cuentas puntualmente, ya no puede encontrar cabida entre nosotros. Es claro que la dinamización de la vida militante a través de las estructuras resulta fundamental, un aspecto del que la totalidad de la militancia no vacila en manifestarse de acuerdo, pero que encuentra sumamente difícil sostenerlo. La manifestación de muchas problemas en este entorno encuentra su sostén en una especie de transición de un lado en la influencia de los viejos estilos artesanales, del otro entre los métodos de organización proletaria que no alcanzan todavía a afirmarse en el conjunto, pero lo peor que podemos hacer es renunciar a la marcha y quedarnos con lo que tenemos, definitivamente no, se exige de nuestro Partido el manejo de los métodos organizativos colectivos de toda la cadena de actividad comunista: conocimiento de la realidad-discusión colectiva-toma de decisiones-impulso de orientaciones-práctica-acción practica-evaluación/informe, retorno al ciclo.

Suplantar o descartar una de esas partes está visto que atenta contra el Partido, violar algunas de éstas (trascendidas o no a normas), es simplemente retroceder en las posiciones del proletariado para asumir diversos roles del estilo organizacional de la pequeña burguesía. O si no, tomemos en cuenta que cuando nos salimos de ruta, reestablecemos la horizontalidad, la incursión en cuestiones fuera del campo de responsabilidades, inevitablemente nos vemos dañando a la organización.

Estos u otros elementos problemáticos que el Partido va enmendando a paso firme, desde el momento en que sus planes se volvieron concretos y objetivos; han sido el talón de Aquiles en la construcción, mas lo importante fue haberlos abordado e ir resolviéndolos apoyándonos en cada nueva fuerza que acumulamos, este va a ser el mecanismo a seguir hasta agotarlos definitivamente. Así, sólo así lograremos “un organización que le de fuerza, continuidad y firmeza a la lucha”, una fuerza increíble con capacidad para convertirse en una palanca con la cual transformar el mundo.

Es muy notorio en la actualidad que el militante está encontrando en las tareas encomendadas, la seguridad de que está contribuyendo al Partido en su construcción, poniéndose a atenderlas en serio, contribuyendo a ahorrar los esfuerzos del colectivo para que éste rinda más y mejor, con sencillez, con firmeza; de suerte que su vida la organiza para entregar sus mejores fuerzas, y si se equivoca sabe que cuenta con el respaldo de sus camaradas para corregirse. En resumidas cuentas, sabedor de sus debilidades tanto como de sus fortalezas, el militante que se desarrolla en este entorno es un militante dispuesto a los mayores sacrificios por su clase, interesado vitalmente en ampliar sus horizontes, sus expectativas, su labor; ese va a ser uno de los mejores rasgos del bolchevique de nuestros días, esos son los constructores del Partido Comunista que estamos necesitando.

Es de destacar que después de tantos golpes, finalmente hemos asegurado una dirección a sus diversos niveles, que permite continuar una a una las diversas tareas bajo orientaciones concretas que revelan eficacia. La observancia de cuadros más enfocados a cubrir aquello que les es encomendado, esa dirección general va a jugar un papel destacado en nuestra movilización de cara a las necesidades de centralización de los golpes fundamentales a la burguesía y el imperialismo, de cara a la organización revolucionaria de las masas obreras, de campesinos pobres, juveniles y populares. Se trata de una dirección que el Partido va haciendo romper con los esquematismos burocráticos, de la misma forma que frente a las imposturas pequeñoburguesas para allegarse como elemento dirigente a las prioridades, a las tareas vitales de nuestro movimiento.

Todo esto encuentra una razón de ser al igual que una racionalización del trabajo comunista para que nuestra organización logre estar en condiciones de fundirse con las masas en los marcos de organización de vanguardia, algo para lo que nadie más trabaja. Hoy vivimos el Partido en concreto como forma de organización de combate de la clase obrera, no estamos subjetivizando acerca de su importancia, esta la sabemos cierta y la trabajamos sobre la marcha de la lucha de clases, ¡Honor y gloria eterna al Camarada Sergio Barrios! Que junto a otros comunistas fundaron el Partido Marxista-Leninista-Stalinista, mandando al basurero de la historia la tesis revisionista de la imposibilidad histórica de la construcción del partido proletario.


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