Año 1 Número 1 Enero-Marzo de 2007
Nacional

Crisis agrícola

I. Situación en el campo mexicano

A lo largo y ancho del país la situación en el campo es ruinosa: la pobreza alcanza al 85.5% de la población rural(1), de la cual, el 55.3% se encuentra en la pobreza extrema; millones de hombres son orillados a abandonar sus pueblos y comunidades. Hay más del 80% de las familias con al menos un miembro viviendo fuera de su comunidad; 45% de las familias ejidales con un familiar en Estados Unidos; los 10 millones de mexicanos en este país, en su mayoría son de origen rural.

Según la Secretaria de la Reforma Agraria, las tierras cultivables en nuestro país(2) (23 millones de hectáreas), se laboran por su forma de propiedad en su 50% como tierras comunales y ejidales, y el otro 50% son de propiedad privada, de éstas últimas, su mayoría son propiedad de grandes terratenientes que comparten la explotación de las mismas con los monopolios agropecuarios nacionales y extranjeros, a través de la renta de esas tierras o en sociedad con ellos, dejándole a los campesinos pobres y medios las peores tierras, los cerros, las barrancas, las zonas más secas, orillándolos al abandono de sus tierras o a la vida miserable de sobre vivencia en su propia tierra.

La miseria se extiende en todo el campo mexicano. Millones de campesinos lo abandonan de manera definitiva, emigrando a los Estados Unidos, a las ciudades más industrializadas del país y otros a cualquier ciudad cercana(3), así al quedar disueltas sus formas de organización, millones de campesinos arruinados son obligados a someterse a una brutal explotación en los estados del norte del país o en los Estados Unidos(4).

La explotación de los jornaleros agrícolas en el norte del país se caracteriza por: a) una sobreexplotación extrema con la prolongación de la jornada laboral durante más de 12 horas diarias y en las plantas empacadoras hasta 16 hrs., todo ello con unos salarios de hambre, carecen de las prestaciones sociales básicas, regularmente viven hacinados en reducidas habitaciones proporcionadas por los empresarios (lo que le es descontado de su salario), no hay contratos formales sobre las condiciones de compraventa de la fuerza de trabajo, b) la proletarización de la mujer campesina, explotación de niños y ancianos sin consideración alguna, pues de los aproximadamente 6.6 millones de proletarios agrícolas, el 40% son adolescentes y niños, del total un gran número son mujeres.

La válvula de escape que, hasta cierto punto, ha permitido que las cosas no estallen en el campo mexicano, han sido las remesas de dólares que envían a sus familias los trabajadores emigrantes en Estados Unidos; el irse a ese país a tratar de ganar dólares para enviar a sus familias ha sido el respiro y la alternativa que año con año toman los campesinos arruinados en México.

En México, los grandes monopolios agropecuarios y agroindustriales extranjeros (Monsanto, Bayer, Syngenta, Nestlé, Unilever, Cargill), sobre todo los estadounidenses, controlan la producción y el mercado, además de la tecnología en maquinaria y accesorios para el campo, asociados o en contubernio con unos cuantos burgueses agroindustriales nacionales. En materia productiva su control es absoluto como lo demuestra la importación en México de miles de toneladas de granos, carne, leche y muchos productos agrícolas más, producidos con el trabajo, sudor y sangre de millones de campesinos arruinados, por millones de proletarios agrícolas de nuestro país y otros países, que trabajan en las peores condiciones en los campos gringos (el 82% de las importaciones agropecuarias del país provienen de EU, por ejemplo el 75% del arroz consumido proviene de EU), en comparación con la producción de autoconsumo de los campesinos medios y pobres del país, cuyas tierras son ambicionadas por los grandes monopolios.

Los campesinos pobres y medios han sido condenados a la ruina por los monopolios agropecuarios y agroindustriales del imperialismo con la ayuda del Estado mexicano. Lo anterior se ha venido dando de manera más abierta, aguda y brutal a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) de enero de 1994, los monopolios invadieron y controlaron todo el mercado agropecuario mexicano, arruinando hasta la fecha a millones de pequeños y medianos productores. Como una muestra del desmantelamiento imperialista sobre nuestra agricultura, cabe destacar que en el norte del país empresarios agroindustriales y campesinos ricos, con métodos y maquinaria modernos, producen fundamentalmente para exportar al extranjero, con el apoyo fiscal del gobierno mexicano, productos que les reditúan mayor margen de ganancia(5), como son: frutas, flores, forrajes, hortalizas, cerveza, tequila, mezcal(6), entre otros productos, dejando de lado la producción de granos y alimentos básicos como el maíz, fríjol y arroz(7). Sólo en el 2001 se importó más de 10 millones de toneladas en granos y alimentos.

Dentro de las empresas exportadoras más fuertes tenemos a: Nestlé, Bimbo, Del Monte, Herdez, Maseca y Savia. Podemos decir que los ricos del campo mexicano, la burguesía agroindustrial y agropecuaria exportadora en el campo mexicano, se han enriquecido poniendo a producir a los trabajadores en sus empresas, alimentos para los extranjeros o para sus animales, a costa de la carencia de alimentos y granos básicos en el mercado mexicano, condenando a la dependencia alimentaría del país(8).

México vive una crisis alimenticia sin precedentes concentrada en la población rural y urbana de bajos recursos, por ejemplo, dicha población en el 2004 fue afectada en 80 por ciento por la desnutrición debido a la disminución, entre 2003 y 2004, de 29 por ciento en el consumo de alimentos básicos. Es importante hacer mención que esta crisis no se debe a la escasez de alimentos básicos, sino a la imposibilidad de los trabajadores de acceder a estos debido a su cada vez mayor empobrecimiento y a la cada vez mayor carestía de dichos productos.

1.- ¿Quienes son los responsables de la ruina en el campo mexicano?

Los responsables son: el sistema capitalista, los terratenientes, la burguesía, la oligarquía financiera, el imperialismo y el Estado burgués mexicano.

En el modo de producción capitalista el campesino pobre y medio está condenado a la ruina, a la perdida de sus tierras, a desaparecer como clase. En el capitalismo, en su fase imperialista, el campesino pobre y medio se enfrenta a la competencia desigual de los monopolios agropecuarios y agroindustriales, los cuales controlan la mayor cantidad y las mejores tierras, la mejor maquinaria, aditamentos y tecnología para el trabajo en el campo, controlan el capital, los créditos, controlan la producción y el mercado, invaden este último con sus productos, imponen los precios a su conveniencia. Estos monopolios, en busca de grandes ganancias y con el apoyo del Estado, las leyes, y sus instituciones, buscan por todos los medios legales e ilegales arrebatarnos las mejores tierras y aplastar la competencia que los campesinos medios y pobres representamos.

En México las condiciones materiales antes planteadas condicionan la ruina progresiva del campesino medio y pobre, su proletarización forzada, manifestada en una primera etapa en su ruina como pequeño productor que sucumbe ante la desigual “competencia” con los monopolios, y en una segunda etapa en la pérdida de la tierra, en la perdida del carácter de pequeño propietario y pequeño productor, en la desposesión forzada de la tierra como medio de producción, en la proletarización.

Los capitalistas en México y su gobierno están arruinando a los campesinos medios y pobres en su afán de desarrollar las relaciones agrarias capitalistas en el campo, buscando la máxima ganancia, la sumisión del campo mexicano a la nueva fase agroalimentaria impuesta por los monopolios y los instrumentos de estos como la Organización Mundial de Comercio.

En México la política económica neoliberal, impuesta por el Estado burgués mexicano, que en el campo mexicano se expresa en:

a) Las reformas legales (a la legalidad burguesa mexicana) necesarias para arruinar al campesino pobre y medio, y para quitarle su tierra (ejemplos: la reforma de 1992 al articulo 27 de la constitución, el decreto por el que se desaparece BANRURAL, el decreto por el que se desaparece CONASUPO, el decreto por el que se crea el PROCEDE).

b) Los acuerdos o tratados del Estado mexicano como servidor de los monopolios mexicanos, con otros gobiernos servidores de sus respectivos monopolios, para garantizar a ambos monopolios, mercados y grandes ganancias, ejemplo: el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), el Plan Puebla Panamá (PPP), los diversos tratados con países de la Unión Económica Europea y de Asia.

Lo anterior demuestra que en el sistema capitalista, para los campesinos pobres y medios en el capitalismo, sólo hay ruina, miseria, y tragedia, ese es su destino en caso de guardar esperanzas en el capitalismo, su estado e instituciones.

2.- El Estado como instrumento de los monopolios en el campo

En 1992 se reformó el artículo 27 constitucional, sentando las bases jurídicas para acelerar el predominio del capital financiero sobre el campo, mediante la desaparición del ejido y la propiedad comunal de la tierra, a fin de dar certidumbre jurídica a los capitalistas para acaparar las tierras y explotarlas, como se sabe, con dicha reforma se permite que los ejidatarios vendan, renten o hipotequen su ejido.

También se eliminó la prohibición para la formación de asociaciones de producción con otros agricultores o empresas, justificando legalmente la existencia o la creación de las medianas y grandes propiedades para la explotación capitalista de la tierra por los monopolios, lo que implica que éstos pueden legalmente absorber a los campesinos pobres y medios. Y por último, dicha reforma canceló el reparto agrario con el argumento de que ya no había tierras por repartir. Derivada de la anterior reforma, el Estado mexicano creó un programa destinado a acabar con la propiedad social de la tierra: EL PROCEDE, que tiene como fin convertir a propiedad privada las tierras ejidales y comunales para su posterior apropiación por parte de las grandes empresas monopolistas.

En el 2001 se promulgó una Ley indígena burguesa en contraposición a la propuesta de ley indígena que planteaban los pueblos y comunidades indígenas del país, esta ley dentro de otras cosas, plantea la afectación del territorio de los pueblos y comunidades indígenas; reconoce que particulares (léase capitalistas) pueden explotar las tierras y recursos naturales que se encuentren dentro del territorio de un pueblo o comunidad indígena, jugando el Estado un papel esencial al ser responsable de concesionar los recursos; en esencia pues, le quitan el derecho a los pueblos indígenas a decidir sobre su territorio y les arrebatan sus tierras.

Se firmó el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (en 1994) aún a sabiendas de lo que esto ocasionaría, mintiéndole a los pequeños y medianos campesinos sobre la entrada a la “modernidad”, “globalización”, “competitividad y más y mejores mercados”, al igual que tratan de hacerlo hoy con las reformas estructurales, y la apertura total de los acuerdos comerciales ahora que se llega la revisión del TLCAN.

A su vez, se han promulgado leyes a favor de patentes en tecnología para el campo, con la finalidad de que sólo sean los monopolios imperialistas los que puedan tener el control y beneficio de estas tecnologías.

No hay un subsidio, ni apoyo real para el campesino pobre y medio, el PROCAMPO, ALIANZA PARA EL CAMPO y demás programas, son una burla, pues no constituyen ningún esfuerzo serio por apoyarlos, son más bien, programas mediatizadotes pensados sólo para evitar que los campesinos pobres se mueran de hambre y para evitar que estos se rebelen, son migajas dadas para mantener la “gobernabilidad”.

De la misma forma, se desmanteló la Compañía de Subsistencias Populares (CONASUPO) fundamentalmente en perjuicio de los campesinos pobres y medios.

La Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), con su programa sectorial de agricultura, ganadería y desarrollo ha funcionado como la secretaria de la agricultura de los ricos, aplicando la política anticampesina del gobierno mexicano para el campo, cuya característica principal es que: el desarrollo rural en un sentido nacional, ya no le importa al gobierno mexicano, sólo le interesa la sumisión del campo mexicano a la nueva fase agroalimentaria impuesta por los monopolios trasnacionales y los instrumentos de estos como la Organización Mundial de Comercio.

El gobierno mexicano apoya sólo a algunas grandes empresas agrícolas en el país y campesinos ricos; y a connotados políticos burgueses como el ex secretario de Agricultura: Javier Usabiaga, “el rey del ajo” quien levantó un gran monopolio agro exportador que ha formado en dos décadas, con el apoyo de instituciones como el Bancomext, y cuya empresa tiene fuertes vínculos con la multinacional MONSANTO.

El apoyo del gobierno ha sido mediante subsidios en pago de energía eléctrica, uso de aguas, permisos, etc., y con financiamientos millonarios en efectivo, por ejemplo, en el 2003 FINANCIERA RURAL otorgó 38 mil millones de pesos para sanear BANRURAL (esa cartera no recuperada del banco corresponde en su mayor parte a unas cuantas empresas agropecuarias grandes), y en cambio a pequeños y medianos productores, esta misma financiera, sólo destinó 4 mil millones de pesos en el mismo año, dándole preferencias, para otorgar dicho subsidio, de nuevo a las grandes empresas agropecuarias y campesinos ricos.

“En el ámbito productivo se registra una reducción sustantiva de las intervenciones y los recursos del Estado en el campo (política de precios, subsidios, crédito, inversiones)” (...) “Varios datos prueban el desmantelamiento de las instituciones e instrumentos de apoyo a los pequeños y medianos productores fundamentalmente dedicados a la producción de cereales y oleaginosas, que son alrededor de 3.5 millones. El presupuesto destinado a desarrollo rural se ha reducido drásticamente (76%) entre 1981 y 2000”(9). Del presupuesto de egresos de la federación para el 2004, se destinó para programas de apoyo al sector agropecuario $10,800 millones de pesos, en cambio para deuda pública (fundamentalmente para pago de deuda a los imperialistas gringos) se autorizó $145 mil 860 millones de pesos y $38 mil 030 millones de pesos para programas a ahorradores y deudores de la banca (apoyo encubierto a grandes banqueros, monopolios industriales y agrícolas).

El gasto en pago de deuda pública constituye, aproximadamente, el 71% del presupuesto de egresos. En el 2005, de forma rabiosa, el presidente de la republica: Vicente Fox rechazó aumentar el subsidio al campo, proponiendo que dicho subsidio fuera, inclusive, menor al del año pasado, interponiendo una controversia constitucional con tal de que en el presupuesto del 2005 se lograra ese objetivo. Para el 2006 la propuesta del gobierno federal fue disminuir de 48 mil millones de pesos a 37 mil millones de pesos los recursos asignados al campo, además para la Secretaría de la Reforma Agraria, relacionada con los conflictos en las comunidades, la disminución presupuestal, en el 2006, es de más del 42 por ciento de lo que se asignó el año pasado, y en materia de medio ambiente se redujo de 24 mil millones de pesos a 17 mil millones de pesos, este 2007 tampoco depara nada bueno para los campesinos pobres.

II. Táctica del campesinado pobre en el presente periodo

Por lo anterior podemos tener claro que los enemigos de los pobres del campo, y responsables de su ruina, son: los grandes terratenientes, la burguesía, la oligarquía financiera, el imperialismo y el estado burgués mexicano.

¿Ante esta situación qué deben hacer los pobres del campo: los jornaleros agrícolas, los braceros y campesinos pobres?

Primero: luchar por la unidad del movimiento campesino y su proyección como movimiento político revolucionario en todo el país, y al mismo tiempo:

Segundo: luchar por la unidad férrea del movimiento campesino, de la clase de los campesinos con el movimiento proletario, con la clase de los proletarios, buscando la toma del poder político para ejercer la destrucción del capitalismo y su estado, e instaurar de un gobierno de obreros y campesinos pobres.

Tercero: luchar por fortalecer el proceso de unidad nacional de los trabajadores contra el régimen, luchar por la unidad férrea del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos con el demás pueblo trabajador explotado y oprimido buscando construir una gran convergencia nacional de oposición proletaria y popular contra el régimen como proceso que contribuya al punto anterior.

Unidad del campesinado y su proyección
como movimiento político revolucionario

El movimiento campesino va en ascenso a lo largo y ancho del país, en la última década ha habido un auge y crecimiento del movimiento campesino, derivado de la situación de crisis, ruina y miseria en el campo, constantemente en todo el país se desatan movilizaciones de campesinos, tomas de dependencia, tomas de tierras, enfrentamientos de campesinos contra la policía, etc. Cada acción con sus demandas gremiales particulares, unos pidiendo solución a conflictos agrarios, luchando contra los caciques de su región, luchando por la defensa de sus recursos naturales, otros exigiendo mayor precio a su producción, pidiendo apoyos de gobierno para su producción, oponiéndose al PROCEDE, peleando para que no les quiten sus tierras, en lucha por la defensa de las formas de tenencia colectiva y social de la tierra -ejidal y comunal-,otros pidiendo la anulación del TLCAN, etc.; pero en su conjunto constituyen el movimiento campesino del país, el cual por su falta de perspectiva y proyección de clase se encuentra disperso y sin ser enfocado hacia sus enemigos: la oligarquía financiera y el imperialismo.

El campesinado ha demostrado en su lucha cada vez más radicalidad, destacando que hay capas del mismo que están dispuestas a dar una lucha revolucionaria, hay infinidad de ejemplos pero bastarán los más conocidos: el movimiento indígena campesino del EZLN en Chiapas, el movimiento de San Salvador Atenco, el movimiento de campesinos contra la construcción de la presa La Parota en Guerrero, y el movimiento campesino de OXCUM en Yucatán.
En general, las principales características del movimiento campesino en México, son las siguientes:

a) La falta de unidad en el movimiento campesino; constantemente en todo el país tenemos noticias de la lucha campesina mediante diversas acciones, cada acción con sus demandas gremiales, particulares y a la vez dispersas.

b) La dirección de las organizaciones campesinas no oficiales y movimientos democráticos, no ha estado en manos de los revolucionarios, jornaleros, agrícolas y campesinos pobres, sino del reformismo y la socialdemocracia (en esencia de la pequeña burguesía), por ejemplo el Barzón, el Congreso Agrario Permanente, el Campo no Aguanta más, La UNORCA, La CCI, La CCC, La UCD, etc., lo que ha originado que el campesinado dé una lucha gremial y particularista, por demandas muy concretas y se mantenga disperso.

c) Las organizaciones, otrora oficiales, que el gobierno y la burguesía utilizaron para corporativizar al campesinado están en crisis: la otrora poderosa Confederación Nacional Campesina (CNC) filial del PRI, cada año ve salir de sus filas a miles de campesinos.

Ante el panorama antes expuesto, los campesinos deben hacer todo lo posible por buscar que el movimiento campesino, que por ahora está disperso, y aislado, sea un solo movimiento, un movimiento que busque la solución de raíz a la ruina y miseria del campo, un movimiento revolucionario, un movimiento contra el régimen.

Sin embargo, en el campo las clases sociales, hay una burguesía agroindustrial, campesinos ricos, campesinos medios, campesinos pobres, proletarios agrícolas y capas intermedias como el semiproletariado, por lo que la crisis en el campo afecta de manera distinta y en diferentes grados al campesinado, recayendo los efectos de mayor ruina y miseria en los campesinos pobres y medios. Aunque algunos burgueses agroindustriales y campesinos ricos tienen ciertas contradicciones con la oligarquía financiera y el imperialismo, éstas no son irreconciliables, en cambio, es otra cosa cuando hablamos de los campesinos pobres y medios, pues sus contradicciones con la oligarquía financiera y el imperialismo son de vida o muerte, son de una lucha por evitar desaparecer como clase. Por lo tanto cuando hablamos de unificar el movimiento campesino y proyectarlo en un sentido revolucionario hablamos fundamentalmente de la unificación de la lucha de los campesinos pobres con la lucha de los campesinos medios contra sus enemigos de clase: los campesinos ricos, los terratenientes, la burguesía agropecuaria y agroindustrial, y el imperialismo.

Hay ciertas condiciones objetivas y subjetivas de las que dependen la unificación del movimiento campesino y su proyección en un sentido revolucionario:

a) El rumbo que tome el movimiento campesino dependerá de las clases que a su interior lo dirijan, es decir, si es dirigido por los campesinos ricos y/o la burguesía agroindustrial definitivamente su perspectiva será reaccionaria, en perjuicio de los intereses de los campesinos medios y pobres, en cambio, si ese mismo movimiento es dirigido por el campesinado pobre y proletariado agrícola, tendrá perspectivas revolucionarias, a favor de los intereses de los campesinos medios, pobres y jornaleros agrícolas. Es en este punto que la labor de los revolucionarios y comunistas juega un papel fundamental, pues sin su influencia, sin su dirección los campesinos pobres, por su esencia de clase pequeño burguesa, no podrán más que enfocar el problema de su movimiento con una visión pequeño burguesa del mismo. Es tarea de los comunistas y revolucionarios, por un lado, darle una visión proletaria del problema agrario a los campesinos pobres, mostrarles la diferencia de clase e intereses que hay en el campo, mostrarles a sus verdaderos enemigos, y a sus posibles aliados, y por otro, organizarlos para la lucha junto al proletariado, contra el régimen.

b) El proceso de unificación del movimiento campesino y su proyección en un sentido revolucionario debe ser dirigido por el campesinado pobre en estrecha alianza y bajo la dirección del proletariado agrícola.

c) El campesinado pobre debe dotarse de las palancas o instrumentos organizativos necesarios y de las consignas del momento para atraerse tras de sí al resto de las masas campesinas.

El campesinado pobre debe luchar por atraerse tras de sí a los campesinos medios que hoy se encuentran en organizaciones dirigidas por la burguesía y su gobierno ¿como?, empujando sus demandas, presionando a que sus dirigencias oportunistas también lo hagan y si no lo hacen o se muestran inconsecuentes, se evidencien como los traidores del movimiento campesino que son, ganémonos a estas masas campesinas luchando con ellas por sus demandas inmediatas e históricas, demostrándole en los hechos que los campesinos pobres revolucionarios de manera sincera y consecuente combatimos junto a ellos la ruina en el campo.

Así pues, el campesinado pobre revolucionario debe:

a) Luchar por atraer y unificar en un solo movimiento de todo el país a los campesinos que luchan de manera aislada.

b) Debe esforzarse por atraer a la lucha, al movimiento general del campesinado, a los campesinos que aún no luchan, ¿cómo?, identifiquemos las necesidades más sentidas de los campesinos en cada lugar y región del país, luchemos por la solución, así sea parcial de esas demandas, elaborémosles consignas de lucha de sus demandas concretas, hagámosles luchar por esas consignas, luchemos por lograr éxitos concretos, triunfos grandes y pequeños, que en la vía de los hechos les demuestre que en la política que les están proponiendo los revolucionarios es la correcta, pues a la luz de los hechos es la que les esta resolviendo sus necesidades inmediatas mas sentidas, les está garantizando superar sus angustias inmediatas y combatir en perspectiva su ruina .

c) En el sentido de dotarse de las palancas o instrumentos organizativos necesarios, los campesinos tienen ante sí una tarea urgente para el presente periodo, la cual es: la creación de una organización nacional de campesinos revolucionarios, una Central Campesina Revolucionaria, que sea la expresión material y organizada del movimiento campesino revolucionario contra el régimen en México, no para aislar o gremializar la lucha de los campesinos, sino al contrario para permitir que los campesinos acudan a la lucha de clases como un solo movimiento centralizado y con objetivos políticos y programáticos bien definidos que en unidad con el demás movimiento popular dé la lucha contra sus enemigos de clase y su régimen. Para que los campesinos pobres y medios acudan al movimiento general del campesinado en México, a la unidad con el movimiento popular en general, claramente diferenciando sus objetivos de los objetivos reformistas y oportunistas de otras organizaciones campesinas.

d) Otra tarea urgente para el campesinado revolucionario y sus palancas o instrumentos organizativos, es el desarrollo de una correcta política de alianzas con movimientos y organizaciones campesinas que hoy se encuentran dispersas o dirigidas por la pequeña burguesía.

e) El campesinado pobre debe dotarse de un programa agrario revolucionario, que exprese sus intereses y los del campesinado medio.

f) No cabe duda que los campesinos pobres en especial requieren que en su seno también se desarrolle la organización revolucionaria de los proletarios, es decir, su partido revolucionario.

Alianza obrero-campesina

Sólo luchando contra el imperialismo, destruyendo al capitalismo, podrá el campesinado pobre y medio arrancar las raíces de su ruina, y dicha destrucción pasa necesariamente por la derrota y destrucción del instrumento de opresión y represión de la burguesía y el imperialismo: el Estado burgués, dicha destrucción pasa, pues, por la toma del poder político(10). Para dicho objetivo no es suficiente la fuerza del movimiento campesino, son necesarias muchas más fuerzas, que sólo pueden venir de aquellas clases que no tengan interés en que el capitalismo se mantenga, de aquellas clases que estén siendo directamente afectadas por dicho modo de producción.

Además de la toma del poder político es necesaria la realización de un programa que permita la abolición del capitalismo y la construcción de un nuevo modo de producción en beneficio de los obreros, campesinos y masas populares, dicho programa es el programa del proletariado, el cual reivindica el programa de los campesinos. En el capitalismo no hay clase más decidida e interesada en enterrar a dicho modo de producción que el proletariado, no hay movimiento más consecuente y decidido a enfrentar al capitalismo a la burguesía y al imperialismo, que el movimiento proletario, no hay programa político más completo que contemple las exigencias mas sentidas de las clases sociales explotadas y oprimidas, y cuya aplicación implique la destrucción del capitalismo, que el programa del proletariado. El campesinado pobre y medio, sólo podrá hacerle frente a sus enemigos, a los responsables de su ruina y vencerlos si lucha en estrecha alianza y bajo la dirección de los proletarios.


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