Las últimas dos décadas en nuestro país fueron para el proletariado y las amplias masas populares, los tiempos de expoliación más nítidos que hasta entonces hayan vivido.
La puesta en práctica de toda una serie de “virajes” en cuanto a la formación y la administración del Estado burgués fueron, en materia económica, tiempos de reajustes integrales de la política social y económica de la burguesía nacional sujeta por entero al carro del imperialismo, implicando con ello la perdida sistemática de la soberanía nacional (privatización de la banca, apertura al campo de la “inversión privada” al sector energético-paraestatal, cancelación del desarrollo industrial y supeditación de este a los ritmos y esquemas de la economía yanqui principalmente, el uso, firma y expedición de tratados comerciales lesivos, la parálisis total de la economía agrícola, el paso desmedido al sistema de monopolios.
Finalmente el desarrollo de nuevas formas de intensificar la explotación fabril y la articulación de medidas monopolistas de producción y de mercado tendentes a lograr una mayor división del proletariado en los aspectos económico, organizativo e ideológico a fin de contrarrestar su fuerza potencial y reafirmar su dominio sobre nuestra clase.
Ya en los últimos años, se ha podido comprobar científicamente como es que, en medio del fortalecimiento del Capital Monopolista de Estado las pugnas inter-burguesas para asegurar su conducción, tienden no sólo a evidenciar lo decadente del capitalismo en su fase imperialista en cuanto a la cuestión política, sino también para profundizar su crisis económica bajo las líneas de la anarquía en la producción, el objeto de esta y el sector oligárquico al que representan. De esto hacen testimonio fiel los jaloneos, escándalos y descalificaciones que todas las corrientes políticas burguesas estuvieron protagonizando a lo largo del sexenio anterior.
Sería un necedad el pensar que todo lo ocurrido en materia de la economía burguesa se debe a la puesta en escena de tales o cuales personajes; en definitiva existe por encima de todos ellos un programa estratégico de consolidación del capitalismo en nuestro país que responde a los intereses específicos de su clase sin importar mucho que tanto varíen entre sus propios grupos; no obstante, la dialéctica del desarrollo de las sociedades nos impone escudriñar y desmenuzar lo máximo posible todo aspecto del desarrollo de estas, en nuestro caso específico ello incluye el valorar los cambios que se han operado en el terreno económico a partir de la consolidación de tal o cual fuerza burguesa en los últimos años.
Todavía aún cuando el PRI representaba de manera mas o menos amplia los intereses de la alta burguesía nacional y algunos de la extranjera, este se encontraba al frente no sólo de la discusión política de las grandes esferas del poder, sino también delante de éste; sin embargo, los años pasan y con ellos, los cambios que se manifiestan en la sociedad, su conducta, sus necesidades, imponen otros más en la forma en que se está llevando el rumbo de la economía-política. Así aquello que ayer representó un avance en la consolidación de tal o cual posición hoy necesita ser revisado y rediseñado en la perspectiva de mantenerse firme, fue lo que hizo la oligarquía antes de acabar con el PRI.
La llegada del PAN a la presidencia de la república en el 2000 para nada representó un avance en la democracia y la “participación ciudadana” como pretenden hacer creer los ideólogos burgueses y sus aparatos ideológicos, sino mas bien, la puesta en práctica de esos nuevos elementos que, en el terreno político, garantizaran el nuevo proceso por el que había de atravesar el capital para su propio reordenamiento.
Es así como se manifiesta en lo concreto el fenómeno que durante estos seis años se vino desarrollando en la vida industrial de nuestro país, a saber: el desmantelamiento de la gran industria y el eslabonamiento de otros sectores a la cadena de mando imperialista de manera definitiva.
Lo anterior se observa con el reordenamiento que ha seguido el capital del que hemos hecho mención más arriba y que en lo particular representa el reajuste en cuanto a la composición orgánica del capital de manera general en nuestro país; es decir, de un proceso de largas décadas donde el capitalismo y la burguesía ponían mayor énfasis en el capital constante por encima del capital variable en el terreno industrial, hoy se ha dado paso a la usanza de fórmulas flexibles de producción que, sin desdeñar del todo el papel de la modernización industrial, es decir, sin asumir una fórmula inversa por completo en la composición orgánica del capital, su principal soporte consiste en la explotación descarnada de la fuerza de trabajo del proletariado por métodos “acordes” a las necesidades de la industria.
¿Cómo se entiende esto de manera concreta, en la vida diaria del obrero?
De una etapa de desarrollo capitalista en que a la burguesía le convenía poner más atención en la inversión industrial de maquinaria, métodos y sistemas competitivos de producción, desarrollo del mercado interno, vigilancia en cuanto a la producción petrolera y energética en lo general, y la armonización de su sistema de libre competencia, incluso en sus últimas expresiones; (hecho que se veía reflejado en el “respeto” a las conquistas laborales y sindicales de los trabajadores a sabiendas que era “su alta” industrialización y competitividad” y no la rendición física absoluta del obrero lo que acrecentaba sus ganancias) hoy se ha vuelto al revés y se prefiere, en primera instancia, sobre explotar al máximo al proletariado, violando incluso toda conquista legal suya como la jornada de 8 horas, a fin de invertir el mínimo posible en nueva maquinaria y todo aquello que dinamice la producción.
Esto ocurre precisamente porque la supeditación industrial que la oligarquía financiera ha convenido en jugar respecto al imperialismo, le llama a ocupar un papel secundario y también “terciario” (como hoy se le dice) en cuanto a la producción y distribución de mercancías y su interés no consiste hoy en aventajar nada en materia de industria de punta, extractiva o energética, sino, en entregarla por entero a los círculos imperialistas detrás suyo.
De esta manera la extracción de la plusvalía y la misma composición orgánica del capital amplían su margen de acción topando también con la necesidad de deshacerse de todo aquello hoy caduco para su avance, en otras palabras, si la legalidad burguesa en materia laboral (Art. 123 Constitucional y Ley Federal del Trabajo) hoy le impide explotar ilimitadamente a la clase obrera; la oligarquía entonces tiende a redoblar sus esfuerzos para conseguirlo aunque para ello tenga que jugar la carta del fascismo e implementar entonces reformas estructurales que le faculten este delicado placer de explotar al máximo la fuerza de trabajo.
A nivel general México ha dado los primeros pasos en el terreno ilegal para la extracción de la ganancia máxima; en todos los centros industriales del país, una u otra fórmula está siendo operada diariamente para obtener plusvalía de la fuerza de trabajo del proletariado ya sea alargando la jornada de trabajo, violando el máximo legal de 8hrs diarias, 46 semanales, desarrollando la llamada flexibilización laboral, atropellando los derechos sindicales de los trabajadores, la autonomía sindical y el Contrato Colectivo de Trabajo.
Expresiones de la explotación
en el desarrollo económico burgués
Como ya se enunció, el proceso que ha seguido la extracción de ganancias en nuestro país se ha profundizado a partir de la necesidad de la consolidación del modo capitalista de producción en su fase imperialista, con la aplicación cabal del dominio monopolista y el perfil político que éste ha venido tomando, fundamentalmente en los últimos seis años.
Lo que ha resaltado con mayor nitidez en estos últimos años es, precisamente, el cómo se viene operando el proceso de la extracción de plusvalía y los cambios que ésta ha tenido, pasando de un periodo de plusvalía relativa a otro de plusvalía absoluta en detrimento del nivel laboral y de vida del proletariado.
¿Cómo entiende esto el obrero en la fábrica?, ¿que elementos son los que ha desarrollado el capitalismo?
En décadas anteriores, cuando la algidez del movimiento obrero permitió la conquista de las demandas más sentidas del proletariado, la burguesía tuvo que dar un viraje en cuanto a la forma de explotar la fuerza de trabajo del obrero para salvaguardar sus intereses; así se valió de la burocracia sindical (charrismo), su corporativismo, el control de la legalidad institucional y las juntas de conciliación y arbitraje y el poder económico para sostener su lento, pero seguro avance, para redoblar su ofensiva contra los trabajadores.
Desde luego la represión política también jugó su papel, pero esto se entiende como algo inherente a una sociedad dividida en clases donde el Estado es el órgano profesional de la violencia de la clase en el poder. En ese tiempo, la extracción de ganancias se mantenía con el aumento del grado y la intensidad del trabajo bajo ritmos industriales más severos, la mezquindad productiva y la especulación del trabajo mismo para reducir los salarios de los obreros en activo aprovechando el factor de la desocupación entre una serie de medidas que, de tanto aplicarlas, se convirtieron en parte de la forma de vida del proletariado industrial hasta conseguir su sujeción.
La industrialización seguía su ritmo general, lento, constante, sin embargo, ofreciendo expectativas de empleo y desarrollo social integrando al mercado productivo, proletarizando al campesinado pobre y las capas sociales urbanas que veían en el crecimiento del capitalismo la oportunidad perfecta para vender al mejor postor su fuerza de trabajo.
No obstante la crisis económica que trajo consigo la puesta en práctica del esquema neoliberal para la política burguesa en nuestro país, no hizo mas que desgarrar los hilachos con que pretendían encubrir el cuerpo de la explotación y esclavitud asalariada que no daba más en cuanto a las demandas de vida de los trabajadores en la ciudad y el campo, quedando claro entonces la putrefacción y decadencia del capitalismo imperialista incapaz de garantizar la propia vida a sus esclavos.
La oligarquía, no obstante, prepara y asegura su viraje político, aquel que pueda no sólo garantizarle su permanencia en el poder político del estado, sino también, reforzar su sistema de dictadura burguesa consolidando el Capitalismo Monopolista de Estado y con ello, el papel hegemónico del capital financiero como eje fundamental para la extracción de la ganancia máxima en todo orden de la vida social.
Así es como en el 2000 la burguesía mas reaccionaria y la más identificada con los intereses imperialistas, da paso al posicionamiento político del fascismo como corriente alternativa de conducción política del país, corriente que, no obstante el descalabro político de sus personeros, logra imponerse el 2 de Julio de 2006 tras el fraude electoral, a fin de dar continuidad al proyecto de nación que la oligarquía gobernante ha trazado para sí en compañía de los organismos económicos internacionales, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, etc.
De esta manera, el desarrollo del proceso de explotación del proletariado se hace más sistemático, más amplio aún que con el priismo, y el viejo esquema de la plusvalía relativa queda rebasado por el desempolvado sistema de la plusvalía absoluta.
La campaña fascista por la reforma a la Ley Federal del Trabajo, la implementación de la flexibilización laboral, la nueva cultura de trabajo y sobre todo, el cercenamiento descarado contra los derechos laborales y sindicales del proletariado.
En todo el país se están operando estos esquemas de súper explotación industrial, como lo es el alargamiento ilegal de la jornada de trabajo, la contratación individual y no colectiva del personal obrero, la precarización de las condiciones de trabajo, la disminución del salario con la flexibilización laboral (esto es, la reducción del salario nominal del trabajador maquillada con los llamados “bonos de eficiencia y puntualidad” que el patrón maneja a su libre albedrío) y en concreto, la ofensiva contra los sindicatos y la vida organizativa de los trabajadores en todos los centros de trabajo, pequeños o grandes del país.
Otro fenómeno de esta nueva forma de extracción de plusvalía es, precisamente, el lugar productivo que ocupa nuestro país dentro del sistema de la división internacional del trabajo imperialista, donde, los países integrantes de las zonas de influencia, tienen un puesto específico referente a lo que ha de producirse, comercializarse o consumirse en cada país y región. De esta manera, la industria secundaria o de la transformación, de la construcción y alimentación en nuestro país ha venido a ocupar un lugar importante en cuanto a economía se refiere pero sobre todo, esta industria, al igual que las demás (extractiva, de punta, energética, etc.) ha sido “terciarizada” con el factor servicios que vienen desempeñando en la súper explotación del proletariado las compañías contratistas y sub contratistas.
En encarecimiento de la vida, el aumento de impuestos sobre el ingreso obrero, la contención y disminución salarial, la flexibilización-precarización del trabajo, el diseño de políticas laborales y sindicales aún más corporativas y alejadas de la realidad obrera, etc.
Cuestión legal del problema
Para la oligarquía y el capital financiero esta claro lo que requieren para avasallar por completo a la clase obrera y aplastar su resistencia, antes necesita endurecer su propio régimen, volverlo más agresivo y ello significa no otra cosa que su fascistización. Esto tiene por objeto no sólo acabar con las organizaciones clasistas del proletariado (sindicatos) y su vanguardia revolucionaria (su Partido Comunista Marxista-Leninista) como señalaba; sino también con el proletariado mismo entendido esto como el proletariado como clase para hacer de él una simple masa amorfa políticamente, incapaz de revertir esta situación.
Sin embargo, la oligarquía no tiene interés en reconocer esta verdad científica, hacerlo para ella equivale a reconocer su bancarrota histórica al frente de la sociedad y por ello se sujeta con todas sus fuerzas del último recurso que le queda para tratar de consolidar al capitalismo y ese recurso es el fascismo.
En materia laboral, Calderón, el Yunque y la alta burguesía han preferido dejar el trabajo en aquellos con más experiencia en el refinado arte de expoliar al obrero, para ello han llamado a Javier Lozano Alarcón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) quien entre su haber tiene el de estar a cargo de la Dirección de Autorización y Control de Crédito Externo Privado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y coordinador de Asesores del Subsecretario de Normatividad y Control Presupuestal, junto con el cual diseño los primeros programas de ahorro para el retiro de los trabajadores. Es decir, a este personaje le debemos el que la patronal y el Estado hayan logrado evadir su responsabilidad en cuanto a la jubilación laboral para entregarla como factor de especulación a la banca y después se iniciará, como se hace hoy, la campaña contra el derecho legitimo laboral a la jubilación y la pensión de los trabajadores.
En cuanto al terreno sindical, la oligarquía y su muchacho: Javier Lozano Alarcón, tienen grandes planes a desarrollar, tales como el desmantelamiento de las organizaciones clasistas del proletariado y la “administración” de su autonomía sindical. Nada extraño si se observa que ésta fue en lo fundamental la línea que siguió a su cargo Francisco Salazar Sáenz (ex titular de la STPS) y el foxismo. Ya en su reunión de “trabajo” con la dirección neocharra de la Unión Nacional de Trabajadores, Javier Lozano dejó entrever que su oficio no es el de mediador político entre la patronal y el proletariado; sino, juez y parte de la burguesía en lo que el llama “el respeto no negociable de la ley laboral”. De esto a la realidad existe el enorme tramo pantanoso de las propuestas fascistas de reformas estructurales donde la reforma laboral burguesa tiene particular importancia en ser aprobada.
Así que, el problema legal del asunto del fascismo en su ofensiva contra los trabajadores y sus conquistas, tiende a resolverse en la calle, donde las movilizaciones proletarias y populares ganan terreno y dan sus primeros choques con los grupos policíacos del régimen luego de décadas de relativa paz y garantías constitucionales.
Conceptos:
Plusvalía: valor que el trabajo no pagado del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia gratuitamente el capitalista.
Plusvalía absoluta: es la obtenida de plusvalía extraída mediante la prolongación de la jornada de trabajo, uno de los procedimientos de que se valen los capitalistas para intensificar la explotación de los obreros.
Plusvalía relativa: plusvalía que surge a consecuencia de disminuir el tiempo de trabajo necesario y de aumentar correspondientemente el tiempo de trabajo adicional como resultado del crecimiento de la productividad del trabajo.
Ganancia máxima: La necesidad de obtener beneficios máximos empuja al capitalismo monopolista a dar pasos tan arriesgados como el sojuzgamiento y el saqueo sistemático de las colonias y de otros países atrasados, la conversión de países independientes en países dependientes, la organización de nuevas guerras --que son para los jerifaltes del capitalismo moderno el mejor «business» para obtener beneficios máximos-- y, por último, los intentos de conquistar la dominación económica del mundo.
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