Año 1 Número 1 Enero-Marzo de 2007
Lucha ideológica

Reseña de textos
El sistema y la revolución
Profesor Felipe Cuevas Mendez*

El método empleado en este libro de próxima aparición, tiene como finalidad colocar parte por parte las piezas materiales en su lugar, sin adelantarnos a una sola noción si no hay lugar a ella o si no concordase en los procesos. Esta manera de abordar los problemas no descarta la concentración de elementos históricos y leyes sociales avanzadas hace tiempo por grandes movimientos humanos en todas las latitudes, ni suprime las enseñanzas revolucionarias de innumerables teóricos salidos de entre los pueblos; antes al contrario, se busca ponerlas en juego según sus alcances y según sus premisas dentro del sistema.

La revolución se hace necesaria de cara a que el capitalismo en sus formas estatales y económicas más avanzadas logró despojar a las grandes masas de enormes recursos, tanto como el acceso a los poderosos medios de producción, al tiempo que la riqueza se concentra en unas cuantas asociaciones de capitalistas, y se afirma la predominancia de su forma superior el capital financiero. En consecuencia se creó una estructura social con distintas variables en el mundo, pero ajustada a esta línea fundamental del poder capitalista.

Debido a las graves condiciones a que finalmente llegó el mundo burgués, los intereses de las clases sociales contrarias, deriva en un movimiento de la burguesía orientado a la degradación sistemática de los proletarios, tanto por razones económicas fundamentales como por razones políticas estratégicas.

La marcha del capitalismo que conduce actualmente la oligarquía financiera va hacia la consolidación de una estructura internacional que haga uso de todas las formas y mecanismos para extraer el máximo de beneficios de la explotación del trabajador, haciendo sucumbir a éste último a los esquemas de una vida inferior de conformismo en la condición de esclavo asalariado.

Los capitalistas se ven arrastrados a esta línea demarcada por el interés de obtener más ganancias, por la fuerza de su propiedad monopolizada y su poder, no pueden resistir esas grandes fuerzas que van en su propia lógica de clase poseedora de riquezas. Esta clase social no está en condiciones ni remotamente de enfrentar la esencia de su poder, este le viene de su condición de vida y determina su existencia. Por eso le resulta descartable e incuestionable cualquier otro interés social fuera de los suyos y su horizonte.

Toda la producción material que se realiza significa la edificación al fin lograda del burgués, pues como demostró Carlos Marx hace más de 150 años, es ahí donde la burguesía aquilata sus tesoros extrayendo plusvalía de los seres a quienes antes arrebató los medios de producción. La producción social actual es el interés del capitalista atado de por vida a las leyes económicas que impuso para el resto de la sociedad. El desarrollo del capitalismo es, digamos, el interés histórico del capitalista y a éste busca atar a toda la población bajo el mandamiento de que esta es la forma única de alcanzar la realización suprema de la humanidad.

Estos frenos que la burguesía antepone en los diversos escenarios, son los suyos propios, los de su clase, los que guardan sus sagrados intereses, ocultan el origen de sus bienes, desarticulan el avance revolucionario de la lucha de clases; empero los intereses en disputa se conservan y ensanchan porque así lo dicta cada nuevo progreso del capitalismo, cada nueva empresa que se establece, cada nuevo negocio que se abre, cada nuevo monopolio que se fusiona, cada país neocolonizado.

Los excedentes de la producción y los capitales acumulados guardan a espera de ser embarcados en el ciclo, mas la burguesía no puede resolver sus dilemas excepto al precio de sacrificar muchas de esas riquezas en aras de superar sus modernas recesiones. Este hecho mundial tiene implicaciones de gran calibre y proyecta nuevas luces sobre el devenir del capitalismo, concretamente determinado por la parálisis del ciclo de reproducción del capital, la sobreproducción relativa de mercancías y recursos que están fuera del alcance del proletario, el empleado o el campesino, socava los cimientos de la forma de producción burguesa por orientarse al lucro indiscriminado y al agotamiento de las potencias de un modo limitado por la capacidad de compra que se ha forjado al precio de la miseria generalizada. El interés capitalista se descubre así como hostil al interés general de la sociedad y antagónico al del proletariado.

El proletariado al plantearse la consecución de sus propios intereses como trabajador productivo, y allegarse a la lucha del resto de sectores populares, alineándolos unos tras otros en un programa general que representa el conjunto de intereses sociales democráticos y revolucionarios con los que avanza consecuentemente a confrontar a sus jurados enemigos. Su interés emanado de las condiciones de existencia se concentra en torno a la lucha contra la propiedad privada, los monopolios, el Estado burgués y el sistema de trabajo asalariado capitalista.

El obrero desea los objetos producidos y no hay nada extraño en ello, los considera su obra colectiva, tan preciada como la tierra al campesino, la escuela a los trabajadores de la educación, el hospital a las trabajadoras de la salud, el establecimiento al pequeño productor o el mar al pescador. La burguesía por supuesto hace prodigios para descartar que los desposeídos deseen para sí los medios e instrumentos de producción, a ésta dedica una nueva evangelización seudocientífica sobre la propiedad privada y el Estado de Derecho.

*Miembro del Frente Popular Revolucionario
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