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3. EL ESTADO BURGUÉS Y EL CONTROL POLÍTICO DE LAS MASAS.

El orden social existente sólo puede sostenerse por el sometimiento en todos los sentidos de las masas trabajadoras, lo que constituye una de las fundamentales actividades del Estado. El Estado mexicano es el aparato de explotación y opresión de la burguesía sobre el proletariado, el campesinado pobre y demás masas trabajadoras a fin de mantener una estabilidad política que permita la explotación asalariada con altas ganancias.

Todos los elementos constitutivos del Estado trabajan en mancomunión para reforzar las cadenas sobre las masas trabajadoras.

Estas instituciones formadas por el gobierno central, los gobiernos estatales, el parlamento, los administradores de la justicia burguesa (poder judicial), los aparatos represivos (tribunales, cárceles, ejército y policías), la burocracia, además de valerse de los partidos políticos burgueses y pequeñoburgueses, del complejo instrumental de la prensa, la radio, la televisión, entre otros medios; son los responsables de mantener el status quo actual.

El Estado burgués ejerce el control de las masas en lo ideológico, económico, social, administrativo, jurídico, militar y lo político apoyándose en cada uno de sus aparatos e instrumentos,

A nivel central, el Poder Ejecutivo concentra los hilos del control político central y dirección de los asuntos del Estado burgués, su autoritarismo es un rasgo distintivo en toda república burguesa necesario para sostener el poder burgués. En nuestro país éste adquiere caracteres virulentos, propicia una mayor actividad política de la derecha patrocinada por la oligarquía financiera, el clero y el imperialismo norteamericano, en una clara línea de fascistización.

Las instancias parlamentarias con el condimento oposicionista burgués, son un elemento importante para legitimar el sojuzgamiento de las masas, las cámaras son el palacio de mercaderes donde los intereses de las masas están ausentes.

En la administración de justicia y aún en todos los niveles del aparato estatal impera la corrupción, el influyentismo, el desprecio a los explotados. El aparato judicial al igual que el legislativo, son instrumentos que garantizan la impunidad de la burguesía, de los narcocapitalistas y sus personeros en el gobierno, para imponer una de las más feroces formas de explotación capitalista.

El legalismo constituye un arma esgrimida por todos los representantes del Estado, ha sido pieza clave de la república burguesa, en un periodo las leyes estaban revestidas de un carácter nacional revolucionario, aunque no dejaban de reglamentar el orden de explotación y opresión burguesa pese a contener aspectos democráticos en su seno, sin los cuales difícilmente las masas estarían dispuestas a acatarlas, a todo ello en el último periodo la burguesía, los imperialistas y sus partidos han insertado una serie de cambios reaccionarios a la Constitución, como son las modificaciones al artículo 3º, 27º, etc.

La presión de la lucha del proletariado y del pueblo mexicanos obligó a la burguesía a admitir ciertas reivindicaciones, tales como las garantías individuales, los derechos sindicales y sociales, la jornada de 8 horas y el salario mínimo, no obstante tan sólo han sido derechos formalmente reconocidos por las leyes, en tanto que no se pueden cumplir cabalmente en el sistema capitalista como tampoco la burguesía está dispuesta a que se cumplan. En cada uno de esos derechos la propia burguesía ha impedido su ejercicio mediante una reglamentación secundaria o cláusulas complementarias que niegan, nulifican u obstaculizan su aplicación. Aún y con todo la burguesía pugna por eliminar los derechos democrático-burgueses que el proletariado y en general los trabajadores tienen en el artículo 123 que le restringen explotar más intensamente a la fuerza de trabajo, así como socava la seguridad social integrándola al proceso de especulación financiera (caso de las afores).

Los partidos políticos de la burguesía, el sistema electoral, el juego democrático burgués para la alternancia en el Poder de los partidos burgueses (PAN PRI, PRD, entre otros) como una de las salidas preferidas a las crisis políticas del sistema, el corporativismo, la religión y los medios masivos de comunicación han sido instrumentos de la clase dominante para engañar y manipular a las masas trabajadoras alejándolas de la perspectiva revolucionaría y atándolas al carro de la burguesía.

Finalmente, cuando las masas pasan a la organización y lucha, aparece la brutal represión física, en la que el ejército, las policías, los tribunales y las cárceles, cumplen su papel como instituciones para ejercer la violencia organizada de la reacción, que hoy se manifiesta en un vasto proceso de fascistización en la vida social del país, trascendiendo como una opción efectiva para salvar los obstáculos con que se enfrenta la clase dominante por mantener bajo su control al pueblo. Así la burguesía maniobra en dos frentes, uno, apostando a las salidas parlamentarías y pseudodemocráticas, y el otro, que está desarrollando a la par, es preparando la salida fascista -incluso militar-, a sus crisis políticas.

 


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