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CAPITULO SEGUNDO
la esencia del régimen y el momento actual
I.
México en la órbita del capital financiero y el imperialismo
1.-
El lugar del régimen foxista
Así, sin más qué buscar, el régimen ubicó los imperativos económicos de la gran burguesía nacional en relación con los imperialistas, poniendo bajo control del imperialismo la economía nacional. Ahora para la gran burguesía nacional el problema de su supervivencia como clase ya no está en las nacionalizaciones o la producción nacional, sino en la articulación de sus capitales y su industria con la gran potencia.
El régimen foxista, fiel servidor de la burguesía mexicana llegó al punto de consolidar sus posiciones de satélite del imperialismo. Sobre esta condición busca avanzar “nuevas” condiciones de lucha desesperada por tener un lugar en el concierto mundial de los explotadores bajo aparatosas teorías neocoloniales sobre las “ventajas comparativas” a favor del control monopolista.
El régimen trabajó en base a la ambición, la irrealidad y la demagogia su posición de crecer al ritmo de la etapa de industrialización comprendida entre 1960-1980, sin contar con elementos sustentables de tan pomposa pretensión, relativamente hablando; pues era de esperarse la contracción de su crecimiento ante la tendencia de la composición orgánica del capital del país, es decir, del capita frente al trabajo, la dependencia del imperialismo y el cambio brutal en sus esquemas de enriquecimiento con miras a la exportación de capitales y la fusión subordinada con los monopolios internacionales.
Dicha situación sin embargo contradice profundamente la dinámica de acumulación de la estructura económica y la estatal, creadas con anterioridad, tanto como a sus partes ideológicas políticas culturales, nacionales, militares y hasta lingüísticas.
Algunos elementos de esta situación se avizoraban como resultado de la derrota del PRI y su desplazamiento en un grado importante del aparato estatal, aunque ello no acaba de profundizar la crisis política. Circunstancia sin duda significativa, pero que, al igual, en su momento fue consecuencia| (un punto en la caída), de la agudización de las contradicciones capitalistas que hemos señalado en el documento sobre La táctica y la estrategia del proletariado , haciendo énfasis en las implicaciones de la acumulación y concentración de capital en el país y los elementos que lo llevaron a la actual crisis económica y política.
Indudablemente el atraso económico y político de México se deja sentir en la conducción del país, tanto como los desequilibrios del cambio de operadores y la ruina de las superestructuras políticas; lo que no exime de sus responsabilidades a la casta gobernante.
No podríamos decir que la burguesía mexicana y sus políticos fuesen lo suficientemente hábiles para sacar el mejor partido de su difícil situación, lo que hemos constatado es que se trata de una clase bastante medrosa frente a los imperialistas, incapaz de sostener una diferencia por largo tiempo, e incapaz de anteponer sus más caros sueños ante la oligarquía financiera internacional.
En alto grado la venta de las paraestatales, la entrega de los bancos a la gran banca internacional, el desmantelamiento de la industria nacional, el aceptar el TLC, el ser comparsa promotora del ALCA, el colocar a PEMEX en desmantelamiento y quiebra, en recurrir a su sabotaje, en promover una situación de dependencia de contratos por diversos trabajos con monopolios norteamericanos, someter esta paraestatal a subasta de los monopolios como Halliburton, Grupo Monterrey y los gigantes internacionales del petróleo, al igual que colocarlo en dependencia del mercado norteamericano de hidrocarburos, meter en la misma dinámica a la industria eléctrica, aceptar plenamente la imposición imperialista de la línea económica fondomonetarista, y hasta la puntual entrega de los intereses de la deuda externa; muestran a una clase social decadente, incompetente ante las cuestiones claves de su propio régimen, que ya no puede mantener las riendas de la sociedad.
Hoy día la burguesía mexicana no está en condiciones de tomar alguna decisión por sí misma, forzosamente necesita el concurso y el mandato de los imperialistas, así lo vemos en la economía y en la política nacional: 1.- Programas del FMI y el BM, 2.- “Modelos” económicos por confección de Harvard, 3.- Política monetaria made in Wall Street, 4.- Política estatal de corte empresarial dictada desde Washington, 5.- O rientación en la arena internacional acorde con el Consejo de las superpotencias en la ONU, y, 6.- Pago de los intereses de la deuda a los imperialistas mermando las capacidades del país como para “alejar toda sospecha de que no quisiese o no pudiese hacer honor a las obligaciones…para despertar la fe en la moral burguesa…” (Carlos Marx, en Las luchas de clases en Francia de 1848 a1850 , Obras Escogidas T.I, p.138, Editorial Progreso, Moscú). De plano la burguesía y sus políticos carecen de astucias y mañas para anotarse algunos éxitos siquiera en las cuestiones mínimas de la política internacional.
Cabe destacar que la política exterior del régimen manifiesta su entreguismo a los monopolios, a la oligarquía financiera internacional y a los imperialistas yanquis por haberse posesionado estos de la economía nacional, y ser ahora el “polo orientador” de la actividad económica del país. Como hemos dicho, tal política se caracteriza por un particular entreguismo, inconsistencia, vacilación perpetua, ante los propios problemas que le afectan de cara al capital internacional. México hoy más que nunca en su vida como país tiene un Estado burgués débil y subordinado al imperialismo con todas las agravantes de neocolonialismo y recolonización.
En esta tambaleante situación, la oligarquía financiera como clase parasitaria está extrayendo las fuerzas fundamentales de las masas con la intención de doblegarlas y retenerlas cautivas. Pretende encadenar al proletariado en la agonía, en el estancamiento y el retroceso de la vida social, incentivados por los medios de comunicación embrutecedores y sus instituciones represivas. La oligarquía financiera confía su suerte a los imperialistas y a la inercia de la esclavitud asalariada.