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IV.
El imperialismo y los imperialistas
Las grandes potencias buscan transformar la necesidad del país de recursos, de comerciar y activar la producción nacional en la órbita de sus complejos industriales y sus mercados. El despotismo y la arbitrariedad de los monopolios internacionales han caído sobre nuestro pueblo.
Bastante hemos hablado del dominio imperialista sobre México, por lo que ahora sin dejar de hacer algunas referencias de los mecanismos de dicho dominio, nos iremos abocando cada vez más a señalar las acciones de la oligarquía financiera internacional en el país.
Los imperialistas una vez que han logrado ocupar las posiciones dominantes en la economía, buscan rematar el tejido de las relaciones internacionales de producción con ellos como centro, haciendo del país una neocolonia plenamente subordinada a sus intereses.
En el dominio imperialista destacan en primer plano la presencia de sus monopolios en asociación con la burguesía nacional o por separado. Es de notar su presencia en:
a) El control absoluto la producción automovilística (Ford, General Motors, Daimler-Chrysler, Wolkswagen, y otros), minería (Anaconda y otras).
b) El control primordial del comercio internacional de México, de los 100 principales monopolios exportadores e importadores, solo 6 son de capital nacional, estas son: PEMEX (paraestatal, pero sujeta a las maniobras del Grupo Monterrey, Extrade del Grupo Modelo (de Aramburuzavala), Met Mex Peñoles (Alberto Bailleres), Leiser del Grupo Mabe, Servicio Panamericano de Protección, Transportes SEPSA.
c) La banca y las altas finanzas, así como la mayor parte de la deuda pública.
d) Mantienen fuerte presencia en la hotelería, energía, industria alimentaria, química, farmacéutica…
e) Inversión en otras áreas antes de dominio exclusivo para la burguesía nacional.
Con esto, y a través de organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OEA y otros organismos más, así como por medio de los gobiernos norteamericano y europeos), la oligarquía financiera internacional sustrae grandes ganancias por el pago de intereses de la deuda externa y presiona sobre la política nacional para socavar la estructura productiva nacional y eliminar las trabas a su penetración ulterior.
La oligarquía financiera y en general el capital monopolista internacional presiona para que se continúe y profundice en el país la política económica que se viene haciendo desde hace aproximadamente 20 años, de desplazamiento de los sectores controlados por el aparato estatal y la burguesía nacional. Sus éxitos quedan a la vista con la adquisición de la banca, su posicionamiento en la minería, la manufactura y otras áreas, pero no le es suficiente en virtud de la fuerza que cobra la Ley de Maximización de la Ganancia y la competencia feroz que afrontan en el plano internacional, recurriendo a las guerras y otras medidas con el mismo propósito del reparto de las riquezas producidas por los pueblos.
La oligarquía financiera nacional e internacional está apoderándose de la industria petrolera nacional, de la industria eléctrica, de los recursos acumulados para la pensión de los trabajadores, de las tierras y recursos del campesinado del país, y ahora busca liquidar las trabas que encuentra a su paso para finiquitar el proceso de las privatizaciones, empleando todo su poder e influencias. Buscan permanentemente reducir los salarios al nivel de los países más pobres del planeta, socavan por todos los medios a su alcance la organización sindical de los trabajadores, y en ello están en plena comunión, pues son conscientes de que con este hecho se aseguran la perpetuidad del sistema.
Veamos solamente el control que ha adquirido la oligarquía financiera internacional en la banca en nuestro país, desplazando de sus posiciones a la burguesía nacional, pasando a detentar el grueso del capital bancario: