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CAPITULO IV
La táctica y la estrategia en el contexto general
1.- Las dificultades históricas internas del movimiento
En este despertar político de las masas, resulta impostergable el trabajar porque el proceso no se frustre ante las irresponsabilidades del sectarismo, la estrechez de miras y el ultraizquierdismo, que son tan graves como las del oportunismo.
Desde el infantilismo izquierdista llegan frecuentes golpes a la capacidad de acción de las masas, particularmente entre las pequeñas agrupaciones políticas siempre acostumbradas al trabajo artesanal y a medir a los proletarios por el rasero del pequeño burgués. Su nocividad no tiene límites y actúa de conjunto con el oportunismo aunque con el supuesto de defender “la gran causa”. El sectario no logra apreciar los niveles en que las masas van asimilando sus tareas, ni los grados en que la acción popular va elevándose, asume mecánicamente una serie de líneas y métodos de acción, se ciñe a ellas de por vida sin percatarse de que esas líneas sirven bajo unas u otras condiciones, menosprecia la labor entre las masas y fácilmente es lanzado al aventurerismo. Naturalmente en este mundo el sectario puede hacerse con la dirección de un movimiento, cuando eso sucede, si no se cambia el accionar, se sabe de antemano lo que ocurrirá, las masas se estancan, su lucha pierde lo más valioso, que es la orientación revolucionaria por más que se siga hablando de una serie de preceptos abstractos. El sectario como el oportunista no abandona sus “principios organizativos” y busca circunscribir al pueblo a ellos, con lo que no crea formas de organización nuevas y superiores a tono con el desarrollo de la lucha y de la conciencia política de los trabajadores.
El oportunismo y el ultraizquierdismo tienen algo más en sus afinidades frente a la táctica y estrategia del proletariado. En el centro de muchos de sus planteamientos, está instaurada la prerrogativa siempre negada de soslayar el papel, la capacidad y el potencial del proletariado y el campesinado pobre, cuando se plantea la tarea inmediata de su organización, ellos han preferido las estructuras “civiles” a las estructuras de clase. Así entran en la labor de zapa contra las masas, sus organizaciones y sus métodos de lucha (entre ellos, la pugna contra la Huelga General y la lucha por conquistar los sindicatos), pues ellos no quieren ceñirse a los rigores de una disciplina y al cumplimiento de deberes para con la clase. Con esto restringen la capacidad de lucha del pueblo, confunden sus objetivos, crean estructuras frágiles, no logran golpear al enemigo de clase, no atienden las tareas organizativas, dejan incólume el aparato de control político de la burguesía. En este sentido su actuación puede llegar a ser devastadora si no se le trata a tiempo.
Aún cuando puedan seguir hablando largo tiempo de revolución y otros temas “de gran calibre”, los ultraizquierdistas y oportunistas dejan de cumplir las tareas revolucionarias, descomponen el verdadero sentido de las organizaciones populares y objetivamente aminoran la combatividad de estas frente a la burguesía, imponiéndoles en el mejor de los casos programas democrático burgueses fuera de toda posibilidad de aplicación en esta etapa de Capitalismo Monopolista de Estado; a ese paso, con sus esquemas organizativos pretenden disolver las insalvables diferencias de clase al colocar en disputa cuestiones que no pueden ir al centro de la lucha bajo las condiciones concretas.
Entre otras razones esta situación ha obedecido a que nuestro país vivió un largo proceso de preponderancia pequeño burguesa aún bajo condiciones de ruina, quedando asentadas durante mucho tiempo las más diversas tendencias pequeñoburguesas fácilmente enquistadas en una economía que obedecía a esas formas de actuar dentro de una atmósfera interna de desarrollo de las fuerzas del capitalismo en ascenso. Pero las cosas cambiaron, hace ya tiempo que el proletariado se constituyó en la clase mayoritaria y determinante de la producción social, hace rato que nuestro país se ha proletarizado a un grado extremo, a una marcha que ni en algunas potencias capitalistas es posible ver (de 104.8 millones de mexicanos existe una población económicamente activa de 54.7 millones de personas en el país, a los que cabe agregar 10 millones en el exterior, principalmente en Estados Unidos, para darnos un total global de 64.7 millones de mexicanos en edad laboral, de la PEA en México son obreros y jornaleros agrícolas: 24 millones, desempleados o ejército de reserva: 10.4 millones, que sumando los proletarios emigrantes nos dan un total de 44.4 millones de proletarios imposibles de esconder, aparte de los 5 millones de niños y niñas que se ven obligados a trabajar, mas nuestros millones de viejos proletarios), así también se mantienen en difíciles condiciones 9 millones de campesinos pobres. El capitalismo lleva rato en su declive como sistema social caduco; es tiempo de poner todo en su lugar, pero antes de desviarnos del tema, debemos ubicar otra de las problemáticas que obstaculizan la lucha de clases.
El problema de construir la unidad se ve amenazado continuamente por las aspiraciones grupistas que rompen con las oportunidades que se presentan para el movimiento. Estas tendencias se crean expectativas de control del movimiento para hacer una política favorable a sus estructuras y contraria a los más grandes deberes por desarrollar las fuerzas motrices de la próxima revolución y sus intereses.
Bajo algunas situaciones hemos visto también que no siempre las organizaciones revolucionarias consecuentes asumen un papel firme en torno a la acumulación revolucionaria de fuerzas, se desgastan en polémicas bizantinas, se atormentan con las implicaciones de la alianza obrera, campesina y popular, sobrevaloran y mitifican el papel de las capas medias, no asimilan los pasos y la naturaleza clasista del proceso, tanto se aceleran como se enfrían ante situaciones en que se requiere los contrarios.
Combate y apoyo no son antagónicos en este contexto, nosotros combatimos tenazmente esas tendencias, y en la medida de nuestras posibilidades los comunistas debemos ayudar a todos esos grupos que las sostienen en el ánimo de que se supere sus debilidades o bien sus limitaciones para que se mantengan y desarrollen al seno de la clase obrera como revolucionarios convencidos.