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CAPITULO III
El sentido de la táctica y estrategia del proletariado

1.- Acumulación revolucionaria de fuerzas

La acumulación revolucionaria de fuerzas es una etapa necesaria para el arribo a otra superior que pondrá en primer plano una situación pre-revolucionaria de alistamiento bajo poderosas manifestaciones de la clase obrera y las masas en general con estructuras de organización firmes y consolidadas, de abierta confrontación contra el régimen en preparación de las condiciones objetivas y subjetivas de una situación revolucionaria que trastoque el régimen social existente.

La estrategia y táctica de nuestro partido se abunda en una serie de documentos sobre la Convergencia Nacional de Oposición Popular contra el Régimen, la Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular, las resoluciones del IV Congreso “Camarada Sergio Barrios”, el Programa máximo. En estos y algunos otros se expresa la firme decisión del Partido Comunista de México (marxista-leninista), las organizaciones que dirige y el Frente Popular Revolucionario de avanzar en la lucha hacia la acumulación revolucionaria de fuerzas dándole un sentido clasista y socialista.

Esta amplia elaboración ha jugado un papel importante en estos momentos para ondear con fuerza las banderas democráticas, progresistas y revolucionarias, a pesar de que no han encontrado el eco entre amplios contingentes de las masas por una compleja raigambre de fenómenos y circunstancias de los que destacan como lo principal: 1.- el control político de las masas 2.- la represión, 3.- el liberalismo burgués, 4.- la socialdemocracia, 5.- el populismo, 6.- el revisionismo, 7.- diversas teorías pequeñoburguesas reformistas y ultraizquierdistas, 8.- la ausencia de lazos organizativos de nuestras organizaciones con las masas, 9.- la falta de penetración al seno de la clase obrera, 10.- el lento desarrollo del Partido, 11.- una serie de dificultades de la unidad con otras fuerzas.

Pero nuestras propuestas tácticas y estratégicas no están hechas para que jueguen solo un papel crítico de la realidad, su papel pleno está en que sus lineamientos prendan entre las masas, que éstas las hagan suyas y aterricen en el impulso revolucionario que necesitan para destruir el sistema de opresión y explotación.

Los explotados y oprimidos guardan un potencial revolucionario y anticapitalista del cual tenemos que asirnos con fuerza para impulsar las tareas del proletariado. No se trata por ningún motivo de forzar las cosas a que nuestra táctica y estrategia sean aceptadas por el pueblo con apego a las letras, nuestro interés es que estas actúen revolucionariamente en el sentido que marcan sus intereses estratégicos. Con ello tampoco renunciamos a la táctica y estrategia del proletariado, al contrario, las situamos en el eje central que se proyecta sobre la realidad concreta para la transformación revolucionaria de la sociedad.

La crisis política y económica que atraviesa el régimen reviste proporciones que se agudizan de día en día, en tanto que la lucha de clases se encuentra en un proceso de marcha ascendente; esta realidad crea grandes perspectivas para que la táctica y estrategia revolucionaria sean rápidamente asimiladas por las masas, y nosotros los comunistas debemos saber trabajar sobre el terreno práctico para que eso se cumpla.

Durante bastante tiempo hemos insistido en el movimiento amplio, entre las agrupaciones democráticas y revolucionarias, de la necesidad urgente de cumplir con las tareas generales de la acumulación revolucionaria de fuerzas; como queda establecido, nos hemos enfrentado a un sin fin de dificultades, y el proceso se ha interrumpido. Fatídicas lecciones de la historia presentes en la experiencia de las masas nos enseñan que darle curso a esa cuestión es vital para la clase obrera y sus aliados.

Los explotados y oprimidos siguen dando sus batallas contra el régimen, la mayoría de ellas defendiendo posiciones gremiales y economicistas, lo cual no está mal, el problema ha estado en que todo su potencial revolucionario queda desperdiciado en cuestiones menores, aún cuando hablemos de enormes montos de recursos que puedan ser arrebatados a la burguesía, alguno procesos de lucha han llegado a vislumbrar la necesidad de democracia y la solución de demandas económicas, otros hasta la cuestión de orientar una política económica “menos dañina”, pero ninguno a plantearse de manera revolucionaria sus tareas históricas en torno a la lucha de clases.

No podemos negar que algunas fuerzas se plantean las transformaciones revolucionarias, su problema ha estado en la limitación de sus formas de lucha, en la orientación hacia las fuerzas motrices y el alejamiento sistemático de las masas por aplicar métodos fuera de las condiciones de estas.

En el centro ha estado el problema de los referentes que hacen posible orientar un proceso revolucionario, es decir de los bastiones organizados de la clase obrera, con los cuales hoy no contamos, pero que ya asoman en la lucha.

Los revolucionarios tampoco hemos logrado hacernos fuertes en los más amplios contingentes de masas y establecer vínculos político-orgánicos articulados bajo la más firme conciencia de clase. El pueblo lucha por sus demandas cualesquiera que estas sean, pero el fermento revolucionario en las luchas no se crea por simple exposición al Sol en las manifestaciones, sabidos de las condiciones en que las masas se encuentran, los revolucionarios que venimos naturalmente de las mismas masas, nos agrupamos para filtrar e impregnar de sentido revolucionario sus luchas, su corazón y su mente.

Parecerá molesto acaso, pero tampoco es suficiente el resolver los problemas para plantear las tareas generales de la revolución, o lograr que el proletariado adquiera conciencia sobre su enemigo de clase, o lograr que las masas impulsen un programa general revolucionario.

Hay que alistar a las masas en pelotones, batallones, brigadas, cuerpos de ejército, estado mayor, ejércitos enteros…, el proceso revolucionario solo puede avanzar si consolida tal plan en todas sus implicaciones. Esta necesidad debe hacerse cumplir esclareciendo continuamente el rol de primer plano del proletariado, destacando la importancia de que éste empuje sus propias acciones en esa dirección, en la búsqueda de los intereses comunes, en la anteposición de sus intereses superiores, en el más intenso trabajo porque adquiera una conciencia definida del por dónde y cómo empezar a poner los cimientos de su organización de clase.

Interesa en extremo que al trabajar por estos objetivos, el proletariado al tiempo que teje su organización y sus propios gérmenes de poder para arrebatárselo definitivamente a la burguesía; adquiera la capacidad de enfocar las baterías y todo su fuego contra objetivos que le ganen amplios sectores que todavía no dan muestras de acción, al ver reflejados la defensa de sus intereses y al ser constantemente incitados al combate. Este papel se cumple con una serie de programas de corte democrático y progresista por su forma, pero revolucionarios en cuanto el proceso que instauran y los objetivos de largo plazo que persiguen.

De dichos programas tanto nuestro Partido, sus organizaciones y el FPR como otras fuerzas han dibujado suficientes consignas, algunas o muchas de las cuales pueden armonizarse siempre que no se diluyan los horizontes, para arribar a batallas de masas, que generen nuevas condiciones de lucha con una más elevada efervescencia política. Nosotros sabemos que muchas consignas aunque válidas, los oportunistas y revisionistas las convirtieron en trampas para aturdir el filo revolucionario de la lucha de clases, sin embargo, tienen una base cierta, que son consignas válidas entre las masas, por ello debemos distinguir el grano de la paja, al revisionismo y al oportunismo los van a vencer las masas revolucionarias confrontándolos con la práctica, desenmascarándolos por las consecuencias prácticas de su accionar mediatizador, haciendo que las masas descubran dentro de aquellas consignas los hilos del capital y arrancando solo lo que sirva para continuar la lucha. El combate contra esas posiciones proburguesas y pequeñoburguesas está encontrando una mejor arena en el marco de la lucha de clases.

Ello no presupone renunciar a nuestras tareas de esclarecer ante los explotados y oprimidos el papel de aquellas tendencias en forma correcta, camaraderil, responsable y solidaria, como tampoco supone el estar creando constantemente los mejores escenarios para la lucha ideológica de cara a evidenciar el papel de las clases, nuestra idea es que, incluso en la lucha ideológica, en primer plano destaca la lucha de las masas, en esta, la disputa por afirmar su orientación táctica y estratégica, la lucha contra las tendencias que pretenden reafirmar el régimen de esclavitud asalariada, y al seno de todo, dar la batalla por la defensa de la ideología y el programa histórico del proletariado. Esto sienta nuestra condición divergente contra aquellos grupos izquierdistas empeñados en no hacer avanzar la lucha hasta que se diriman sus posiciones ideológicas, lo cual es ir contra el sentido práctico revolucionario que nos dice que los pueblos aprenden precisamente de la lucha y solo así en armonía con los factores subjetivos del bacilo revolucionario, logran elevarse hasta posiciones socialistas.

Adviene una cuestión más, para el proletariado una vez que cuentan con cierto grado de conciencia respecto de sus tareas democráticas y revolucionarias, la cuestión de la acumulación de fuerzas no concluye con reconocer su necesidad, para este, es de gran importancia obtener éxitos constantemente, pequeños y grandes, cada acción debe capitalizarse tanto por su implicación de lucha de clases, como por sus logros concretos frente a la burguesía o de lo contrario sus luchas desfallecen ante las terribles condiciones de vida que enfrentan y las repercusiones que vendrán en cada derrota conociendo al implacable y criminal enemigo que tenemos. Resulta singularmente valioso para el proletariado y sus aliados la obtención de éxitos concretos frente a la burguesía y el Estado, de lo que viene la imperiosa obligación de empeñarse a esos éxitos que sirvan de aliciente a las masas ante las precarias condiciones de vida y de trabajo, ante el desarrollo de sus inquietudes, su conciencia de clase y su voluntad de lucha.

No se puede prescindir de la conquista de una serie de reivindicaciones generales y concertar un rumbo definido, sin embargo es necesario asegurarse que contemos con la más firme decisión de luchar, que sepamos golpear a la burguesía y su Estado, que manejemos la realidad del sistema y las condiciones políticas que presenta, que sepamos discernir de entre periodos de acumulación lenta y paciente, de los de ofensiva y enfrentamiento a la política general de la burguesía, que sepamos aprovechar no solo los errores políticos que llegan a darse eventual o continuamente por el régimen, la oligarquía financiera, la burguesía como clase y el imperialismo, sino especialmente, que podamos hacer que las masas adquieran una dinámica de lucha propia, revolucionaria, bajo los objetivos que marca esta etapa de acumulación de fuerzas.

El Partido, sus organizaciones y el FPR deben apoyar al proletariado, a los campesinos pobres y todas las capas populares para que perciban todas las paradojas de la lucha de clases, insistimos en considerar al respecto lo siguiente:

a) Conocer y reconocer a sus enemigos de clase, ubicar en primer plano a la oligarquía financiera nacional e internacional, a la burguesía como clase y sus representantes políticos.

b) Reconocer el carácter de clase burgués del aparato estatal y la esencia del Poder político-económico.

c) Comprender el sentido de la acción táctica y estratégica de los enemigos del pueblo.

d) Interpretar a tiempo las acciones de éstos enemigos.

e) Considerar toda la política de sus enemigos y las condiciones actuantes para ajustar su programa y hacer que sus golpes sean contundentes.

f) Descubrir el velo de aquellas situaciones que tienden celadas al movimiento en aras de que este se vea subordinado a la política burguesa de sus diversas fracciones.

g) Articular las banderas de todo el pueblo para afirmar su unidad y alianza.

h) Saber tomar la iniciativa en la lucha para pasar a la ofensiva contra el régimen y asegurar la acumulación revolucionaria de fuerzas.

i) Asegurarse los bastiones de la lucha de clases, una amplia estructura organizativa y centralizadora de las luchas, y nuevos espacios de acción frente nuestros enemigos.

j) Despegar de la influencia reformista y oportunista agudizando la lucha de clases.

k) Practicar la más amplia solidaridad nacional e internacional en el empuje y recuperación del internacionalismo proletario.

l) Crear los gérmenes materiales para la destrucción del viejo poder del capital y para la construcción del poder de la clase obrera para irradiar a todos los explotados y oprimidos las tareas inmediatas y las perspectivas generales.

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