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3.- Tendencias generales de la lucha de clases
El país va descendiendo en el abismo de la crisis económica y política, producto de las leyes generales del capitalismo especialmente agudizadas por la oligarquía financiera, en cuanto que esta es la dueña del poder y no una simple junta mafiosa como se pretende entre los medios burgués-nacionalistas.
En nuestro país la lucha de clases va en ascenso, a su paso encuentra un terreno fértil para las transformaciones revolucionarias. Las fuerzas motrices de la revolución se están poniendo en acción. Las manifestaciones populares son difíciles de acallar, en uno u otro extremo del país explotan los conflictos agrarios, municipales, acciones obreras, grandes y pequeñas manifestaciones, defensa de derechos sindicales y laborales, etc. Si se toma cada una por separado es claro que no se nota una gran efervescencia, pero si se les ve de conjunto en cuanto acciones de la lucha general de las masas, el descontento, los deseos de luchar por todo nuestro pueblo son lo que destaca en primer plano.
Sin ir demasiado lejos, es notorio que la lucha de clases ha venido avanzando lenta e imperceptiblemente, teniendo por momentos brotes que exponen una gran beligerancia, y luego relajando un tanto las aguas, este ritmo es explicable a raíz de las acciones del Estado y diversas situaciones que afectan al movimiento. Lo que prevalece en este oleaje es un incremento de las acciones de masas, que encuentra fuerte inspiración en las condiciones económicas, políticas y sociales establecidas por el sistema capitalista.
Pese a la carga legal burguesa en lo laboral, el corporativismo, el charrismo, el oportunismo o bien la ausencia de sindicatos, la clase obrera también da muestras de avanzar a la movilización, algunos sindicatos democráticos, corrientes y grupos obreros están impulsando batallas contra el capital, subiendo de tono a la protesta e impulsando las tareas sindicales necesarias para empujar la lucha con renovado vigor.
En general todas las capas populares han sido fuertemente afectadas en sus condiciones de vida, su situación económica se empeoró constantemente durante décadas, y la intuición sobre los responsables se convierte en certeza.
No debemos suponer que esto es suficiente para aplastar el régimen, hace falta mucho más. A pesar de todo el movimiento está lejos de alcanzar su nivel, inmensas capas de la población permanecen al margen gracias al control político, a la manipulación mediática, así como la ausencia de estructuras organizativas de corte o de orientación clasista. Tampoco las masas activas han logrado una plena movilización tanto por sus acciones como por la proyección de sus intereses.
Este es un flanco débil por donde la legalidad burguesa de todos los extremos intentan denigrar y aplastar a las masas en lucha, cada cual para obtener victorias que apuntalen sus posiciones y objetivos, procurando sostener la correlación de fuerzas que hoy les resulta favorable. La burguesía y sus partidos aprovechan las debilidades de la clase obrera, de los campesinos pobres y todas las capas populares para hablar en su nombre, para colar la lista de demandas del capital, para afirmar su hegemonía e impedir que el movimiento trascienda.
Sí, sí, los socialdemócratas también usan el nombre de las masas, aprovechan sus sacrificios, utilizan sus protestas limando el filo anticapitalista y revolucionario de sus banderas, en el espíritu de impulsar su política anonadante de defensa del sistema “conforme a derecho” y en pro de una democracia más equilibrada para la burguesía respetando sus rangos, es decir, al fin de cuentas dejando las cosas como están al mando de los grandes monopolios y la clase más poderosa que los tiene.
Las aguas se tornan turbulentas, pues en las acciones populares resalta una característica que hay que trabajar sistemáticamente: la beligerancia, hasta dotarla de revolucionaria. El espontaneismo amenaza con mantener el estado de la lucha en la simple protesta, algo que ya ha ocurrido bastante, donde la burguesía apuesta a la “incapacidad” de las masas de orientarse en la persecución de sus intereses estratégicos.
Los deseos de bienestar, de libertad e igualdad en nuestro pueblo se afirman como rasgo natural, pero aún no han encontrado ni construido un proceso revolucionario que les de cause, de tal forma que, incubar los elementos para que el proceso se desarrolle es una tarea de gran importancia. Este es uno de los grandes cambios o virajes que debe dar la lucha de clases a nivel de la más amplia movilización y el empuje del proceso revolucionario en forma consciente.
Las masas de nuestro país tienden intuitivamente a superar el estado actual de sus luchas, a buscar una nueva perspectiva, y deben marchar conformándose en una fuerza templada que aprende de su práctica a diseñar sus consignas, a defender sus intereses estratégicos, a estimar y velar por sus organizaciones, a identificar a sus enemigos de clase, a superar el ostracismo y las diferencias minúsculas que las contienen en ciertos estados lamentables de individualismo y gremialismo, pero para todo ello requieren de orientación revolucionaria y democrática.
De entre el pueblo solo una clase está en condiciones de orientar el rumbo, la clase de los proletarios . El proletariado al encarnar un carácter antagónico contra el capital y encontrar en la aplicación de sus banderas la disolución de este régimen construyendo otro sin explotación ni opresión, es la clase llamada a ejercer un rol dirigente en el proceso de lucha de las masas, a darle sentido a todas las demandas del pueblo, a crear la alianza indestructible con este. El proletariado será el combatiente de vanguardia en ofensiva contra la burguesía y sabrá dirigir todo el proceso, bajo todos los vaivenes bajo todas las plataformas de ascenso progresivo que arriben a la revolución socialista y la instauración de la dictadura del proletariado.
El proletariado y sus aliados, deben aprovechar las contradicciones interburguesas de manera conscientes para extraerles todas las victorias y enseñanzas posibles, en la línea de arrebatar posiciones al enemigo de clase generando de este modo condiciones propicias hacia nuevas batallas. Esto es algo que en los marcos del espontaneismo rinde ciertos frutos “inesperados”, pero de lo que no nos beneficiamos al máximo, o sucede que no tenemos claro cuándo se ha consolidado una situación para dar pasos en otro nivel, con lo cual el movimiento se estanca en un plano. Otras dificultades resultan de la falta de claridad ideológica y el hecho de que no se supere cierta concepción de los fenómenos y cierto atraso político, influye seriamente en que se de pie a la sub-utilización de las conquistas y hasta en que se les desaproveche.