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2.- Crisis política de la burguesía y su régimen
Al tiempo que las contradicciones entre la burguesía y el proletariado, entre la burguesía y las masas en general se agigantan, fuertes pugnas interburguesas se manifiestan en el país, paralizándolo y deteriorándolo, esta situación en que se debate la clase en el poder se presenta esencialmente porque aún entre la oligarquía financiera existen diferencias provenientes de la propiedad privada, de la anarquía de la producción, del diferente grado de repercusión de la crisis económica, de las distintas afectaciones con que se acumulan capitales; manifestándose en una feroz competencia que la agrupa en fracciones en desacuerdo con respecto al grado de control imperialista, el desarrollo del mercado interno, los destinos del presupuesto estatal, el control de las empresas paraestatales y otras cuestiones de gran interés para los oligarcas.
Son visibles tres poderosas tendencias, algunas de las cuales frecuentemente se afirman como fracciones oligárquicas que arrastran tras de sí a otros sectores burgueses y las burocracias: 1.- Una tendencia oligárquica, integrada plenamente al mercado exterior norteamericano, y por ende la más presta a las concesiones frente al imperialismo, que por ello cuenta con el respaldo de los monopolios yanquis, el grupo Monterrey se ubica en esta tendencia, 2.- La oligarquía financiera que resguarda la industria del centro y la banca internacional y nacional ligados al mercado interno, que con Slim (del Grupo Carso) a la cabeza afirman su disposición con los imperialistas, pero compartiendo posiciones y exportando capitales, 3.- La tendencia oligárquica agraria, industrial, de servicios y financiera en cierto grado, reacia a las transformaciones económicas pero con una situación débil, con grandes dificultades financieras y atrapada por los monopolios internacionales, dispuesta a conservar el aparato estatal en su poder para reactivarse a partir del presupuesto público.
En general dichas tendencias ya operaban desde décadas, solo que las agravantes condiciones de la crisis general del capitalismo, la acrecentada virulencia de sus crisis económicas y el enorme control que han logrado los imperialistas, están trastocando sus antiguas condiciones sobre las que establecían relaciones que les permitían solventar sus contradicciones. Así, la crisis política parte de las contradicciones señaladas a las cuales arriba hoy día el capitalismo, mismas que son elevadas a otras dimensiones y que no permiten a la burguesía salir de este marasmo. Si ya de por sí la sociedad burguesa padece de las consecuencias devastadoras de sus contradicciones, que merecieron el señalamiento de Marx y Engels en su celebre Manifiesto del Partido Comunista de que “…se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros.” (Obras escogidas, Tomo I, p. 37 Editorial Progreso, Moscú); las presentes condiciones del desarrollo capitalista en México, su crisis económica y política llevan a la clase capitalista a una situación de catástrofe sin precedentes en nuestra historia.
Las empresas grandes y pequeñas tienen definiciones que en esencia se circunscriben a los programas de estas tendencias, llegando a formar algunos bloques un tanto inestables en su organización, pero manteniéndose a manera de posiciones. Si se observa con atención se verá hasta dónde los partidos burgueses están inmersos en las contradicciones de estas tendencias (en ciertos casos, se trata de fracciones de gran influencia), dibujan las posiciones de unos y otros bandos hasta al interior de cada organización burguesa. En general, en los partidos burgueses es natural encontrar posiciones de todas las tendencias, esto es normal, puesto que todas ellas se aseguran condiciones favorables al seno de los partidos, los estimulan en algunos sentidos y los atacan en otros…, en esos menesteres es común que alguna fracción de la oligarquía se imponga en los partidos burgueses, y se mantenga como la corriente principal.
En el seno mismo de la burguesía media, y como queda asentado entre algunos monopolios (cámaras y empresas), que por la rama en que tienen ocupados sus capitales sufrirán más drásticamente las repercusiones de tal política, existen divergencias frente a la oligarquía, que aunque no son antagónicas, tienden a crear ciertas dificultades al grupo hegemónico, siendo un factor influyente en la paralización de las iniciativas de reformas estructurales. Esta situación materialmente sigue presentándose porque el foxismo no les ha resuelto en lo concreto ninguna de sus demandas, pero, su capacidad de resistencia se debilita ante la aplicación de medidas disuasivas y divisionistas del régimen.
Entre los partidos políticos ha sido aún más patente la lucha del foxismo contra las posiciones políticas que defienden a aquellas burguesías, haciendo uso de las presiones, el destape de las cloacas, la compra de esbirros a todo nivel, las artimañas y argucias para atolondrar y desorientar a sus enemigos, el desplazamiento de algunas figuras políticas, los asesinatos, subterfugios, complots y otros enjuagues tan característicos de la burguesía en el poder, etc.; situación que introduce al régimen en una espiral de graves consecuencias para el ejercicio de su control sobre el país, ya que los resultados son pobres, crean incertidumbre, aceleran el desgaste de sus instituciones y el enrarecimiento del ambiente político burgués.
El fenómeno de la corrupción del aparato estatal es de cabo a rabo un elemento de la actual crisis política, que demuestra la naturaleza del sistema imperante y las formas en que el capital se abre paso. La corrupción afecta todos los órdenes de la política burguesa y el gobierno, ningún partido político, ninguno de los poderes constituidos, ningún monopolio pueden estar exentos de este mal, se trata de una cadena que llega hasta las estructuras locales que soportan el poder en todo el país.
Una parte sustancial de esta crisis política consiste en que las instancias parlamentarias se encuentran inmersas en el decadentismo político y las poses aristocráticas, el despilfarro de recursos por medio de altos honorarios y otras subvenciones (bueno, esto también se da hasta en las presidencias municipales). Aunque aún con las dificultades que afrontan en el cumplimiento de su papel, los parlamentos federal y estatales no lo han perdido como elemento que legitima el sojuzgamiento de las masas; como ha dicho nuestro Partido, las cámaras son el palacio de mercaderes donde los intereses de las masas están ausentes.
Hoy hasta la participación política de las cúpulas eclesiásticas metidas de lleno en la defensa de la propiedad privada, del régimen y de los oligarcas, tienen serias limitaciones para generar ecos entre las masas, cubriéndose del desprestigio público.
Un factor que influye en la crisis política es el crecimiento e influencia del narcotráfico con sus dosis de violencia y gangsterismo, agudizado por su inserción en una serie de ramas de la economía, contribuyendo a la alteración y desequilibrio de las industrias y otros sectores económicos, a la descomposición del ejército, las policías y de la legalidad burguesa.
La miseria en que la burguesía ha hundido al país repercute en el sentir de las masas, a cada momento saltan las luchas populares, y no podría ser de otra forma puesto que, la política foxista no ha logrado convencer a las masas, que instintivamente ubican los graves daños que vienen para su economía, es notorio que las masas no simplemente se resisten a la política del régimen, va cobrando forma la defensa de sus derechos políticos, el pueblo va destrabando los “candados” de la legalidad burguesa que oprimen y constriñen su acción, cuando la burguesía repudia sus manifestaciones y trata de imponer criterios ultra reaccionarios contra toda tentativa de lucha, el pueblo llano empieza a plantear su inconformidad y su convicción de defensa. Esta es una situación que se seguirá desarrollando, propiciando su beligerancia frente a la burguesía, a la vez que la incapacidad de ésta para hacerse imponer.
Dicha crisis es compleja y general, afecta todos los órdenes de la política burguesa. Se acrecientan las dificultades para que la oligarquía financiera pueda continuar bajo el mismo patrón de acción, y lo sabe, por eso se prepara para dar paso a la plena fascistización del país. La política del régimen encierra una lucha frontal contra el proletariado y sus aliados, pero esto no es lo único, por todo el país se ha emprendido una ofensiva contra el pueblo y sus conquistas históricas, la burguesía no da tregua a los obreros que se movilizan hasta por las más insignificantes demandas, se combate los derechos sindicales, se enfrenta ideológicamente contra las manifestaciones populares, mantiene a raya a los obreros bajo la fuerza policial, jurídica, los engendros del corporativismo y el charrismo sindical, no da respiro al movimiento estudiantil, y un largo etcétera, lanza continuamente sus amenazas, busca hacer retroceder las leyes, tipifica viejos derechos del pueblo como nuevos delitos contra la propiedad privada, fortalece a las policías, las unifica, veladamente coloca al ejército en cumplimiento de labores “civiles” de acción (Tropa, PM, PFP, AFI).
La oligarquía financiera, y particularmente los monopolios adjuntos a la economía imperialista inmersos en plena descomposición y deseosos de extraer las máximas ganancias, al aislarse de otras fracciones y grupos se dedican con tesón a impulsar su política proimperialista para asegurar su status a costa del país, entregándolo a los imperialistas sin importar las consecuencias, hasta en el cambio de las acciones diplomáticas entreguistas complacientes con Bush como en el caso de la guerra en Irak, los derechos humanos, la cuestión de Cuba y el más fiel encubrimiento a la naturaleza depredadora de la oligarquía financiera.
El foxismo dialoga y juega a la concerta-cesión con el puño cerrado, naturalmente esto lo lleva a confrontarse con algunas capas de la burguesía y sus representantes, tanto como estas lo confrontan, pero bajo los mismos lineamientos de la política burguesa. Especialmente se agudiza la disputa entre las fracciones oligarcas y entre sus partidos políticos, en las pretensiones de control del aparato estatal y la negociación sobre las reformas.
Ya que no pueden dar solución a las condiciones económicas del país, la burguesía y sus políticos se dedican a crear una anarquía ventajosa a sus intereses, a apoyarse en la demagogia, a realizar campañas difamatorias contra sus enemigos, a soliviantar a los grupos fascistas, a acrecentar la inestabilidad política, se da pie al aventurerismo de derecha, a obscurecer la conciencia de los trabajadores y en especial a dirimir las diferencias interburguesas por métodos degradantes y calumniosos clásicos, en el ánimo de alcanzar sus objetivos. La burguesía sabe que solo así podrá mantenerse en el poder, pero eso no hará más que agudizar su inestabilidad.