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CAPITULO II
Crisis política
1.- Situación social
La situación ha sido conducida a la ruina de la economía nacional, la pérdida de soberanía del Estado burgués frente al imperialismo internacional y particularmente de la superpotencia yanqui, la preponderancia de la oligarquía financiera internacional y nacional, la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, al saqueo y la rapiña sobre todo lo que represente algún valor, y al despojo de las masas trabajadoras.
Las ciudades y el campo están en ruinas, el país se ha convertido en el primer exportador mundial de fuerza de trabajo. Del entorno latinoamericano México es el país donde más se ha contraído el salario de las masas trabajadoras (70%) en los últimos 20 años, tal es el sentido de la política de “productividad” y flexibilidad laboral, tales son las consecuencias del dominio burgués.
La esencia de la política del régimen actual se ciñe con fuerza al mantenimiento del poder gran burgués e imperialista sobre el país, agudizando las contradicciones del sistema y llevándolo a una grave crisis política.
El régimen está desprestigiado ante las masas por estas mismas razones de la política económica que sustenta al dedicarse a mantener bases firmes al desarrollo capitalista y especialmente de los monopolios internacionales a costa de los intereses del pueblo. Los personeros del régimen crean una atmósfera de encanto en torno suyo, aunque solo se trata de homenajes por encargo .
La democracia burguesa se ha revelado como un sistema altamente operativo para el dominio de los monopolios aplastando los intereses de las masas; pero ahora esta misma legalidad burguesa es reajustada a las nuevas condiciones del dominio imperialista.
La complacencia y complicidad del régimen y de los oligarcas que lo sostienen (en primer plano por la gran burguesía exportadora, los grandes financistas y los monopolios comerciales), con respecto de las relaciones con Estados Unidos son obvias si tomamos en consideración que Fox y su partido fueron llevados al poder por el capital yanqui a través del parapeto “amigos de Fox”, y que todo lo que hasta ahora ha realizado el foxismo ha sido profundizar las relaciones de dependencia y subordinación con los imperialistas norteamericanos.
Para todo esto, desde las tribunas del régimen naturalmente se desorienta al pueblo trabajador con respecto a los objetivos del capital, y hasta se predica que se actúa en sentido contrario a lo que son las cosas, lo cual no deja de ser una burla mediocre y patética de una clase incapaz de decir abiertamente sus fines depredadores, cuya divisa política son la perfidia y la corrupción. Y no faltan los que con toda hipocresía llegan a atribuirle al régimen un sentido patriótico, nacionalista y popular, pero las evidencias son sobradas en la dirección de que patentizan su proimperialismo…
Sin duda alguna entre la oligarquía financiera nacional y los imperialistas se mantienen contradicciones fuertes, tanto por su naturaleza de clase como por los procesos encontrados de la acumulación de capital; sin embargo lo que prevalece son los grandes puntos de acuerdo en torno al futuro del país en la pretenciosa integración panamericana a merced de los imperialistas. Aunque son claras las coincidencias de principio, las contradicciones interburguesas se manifiestan en el campo de la aplicación de las recetas fondomonetaristas, del control imperialista de los recursos petroleros, del gas, de la generación de energía eléctrica, la eliminación de aranceles, la emigración y el ingreso de los recursos que estos envían al país, además del papel de México en la ONU. La discrepancia ha estado para las clases poseedoras de México y Estados Unidos, en lo que se pueda obtener de la negociación, el chantaje, las provocaciones, etc.
El régimen foxista trata de negociar, a cambio de nuestros intereses y de los recursos del país, mejores condiciones comerciales para la burguesía nacional, solo que sus cálculos son poco realistas, la posición de los imperialistas ante los grandes problemas económicos que se les presentan es de quedarse con todo el botín.
Así pues, el régimen burgués juega con los intereses de las masas trabajadoras, y se dispone a colocarlas en las más bárbaras condiciones de explotación y opresión frente al capital financiero internacional. El foxismo solo propugna por los intereses del imperialismo y de la oligarquía financiera nacional, el régimen ha cedido sobre el control estratégico de las fronteras, el espacio aéreo, el control de los mares nacionales, la misma seguridad de las masas queda amenazada con el padrón electoral secuestrado por los imperialistas, la utilización moderna de bancos de datos sobre la actividad de cada individuo. En los hechos, el régimen ha cedido sobre el comercio, energía, política exterior e interior, soberanía de su territorio, inversión extranjera en nuevos rubros, legalidad interna, etc.
Está en disputa para “mejorar” la relación con los imperialistas, el abrir el sector energético hasta ahora reservado mayoritariamente a la burguesía nacional (petrolero, electricidad, gas), casi nada, solo la columna vertebral de la economía nacional. Fox ahora tiene el pretexto de las presiones imperialistas (entre ellas la del pago de la deuda, la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, la emigración uso de las pensiones en la bolsa de valores de Nueva York), para volver a la cargada con su política privatizadora, empujando una nueva reforma constitucional o bien otra constitución entreguista que reacomode el país a los intereses de la oligarquía financiera al precio de pulverizarlo.
Reforma de la que se habla con insistencia en los medios de comunicación, en la que la prioridad será entregar al gran capital los recursos naturales, mejores condiciones de inversión de capital extranjero, bajos salarios, restricciones a la organización sindical, educación, industria. Este es el sentido de la incorporación a la producción norteamericana.
Por supuesto que aquí tenemos algunas contradicciones entre la burguesía nacional y los imperialistas, pero más que un si o un no a la privatización, las diferencias, como lo han revelado los oligarcas (Carlos Slim, principalmente) y los monopolios imperialistas interesados, consisten en los porcentajes en que se repartirán las empresas paraestatales, que hoy se inclinan en mayor grado a favor de los monopolios transnacionales.
La hondura destaca especialmente en las presiones de los organismos internacionales, la ingerencia de Washintong, las visitas frecuentes de personajes del imperialismo, y las presiones del embajador yanqui, que demandan para la Maratón Oil , El Paso Corp., Sempra, Chevron, Electricitet de France, Exxon y Mobil entre otras, la apertura de la industria petrolera, la compra de yacimientos petroleros, la hipoteca de los yacimientos de gas natural y la inversión privada en las paraestatales de energía eléctrica. Todo esto se urde con falsas premisas y falsos dilemas sobre la “superioridad de la empresa privada”, “la crisis viene de las paraestatales” y otras patrañas destinadas a desorientar a las masas en el sentido de que no hay otra alternativa, y de presionar a la burguesía, sus partidos políticos (PAN, PRI, PRD) y su Estado a resolver a favor de los imperialistas.
La cesión del país, sus recursos, su industria, su mercado interno, su fuerza laboral y sus potenciales a los imperialistas es obra de la burguesía nacional y su Estado, para quienes la alternativa es asociarse con ellos aunque sea en calidad de subordinados, sin importarle la ruina de las masas, algo que hemos constatado sobradamente durante bastante tiempo. La burguesía mexicana funda su seguridad como clase en una política sin principios y sin escrúpulos para saquear al país, en su santa empresa de acumular riquezas. Las posibilidades del capitalismo se agotaron y la burguesía es consciente de ello, por eso cierra filas con los imperialistas, todas sus tendencias son incapaces de ofrecer otra cosa que no sea más explotación y opresión, su declive como clase es un hecho.