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CAPITULO V
La cuestión del poder.

Hemos llegado al grado en que se hace indispensable hablar de la cuestión del poder desde el punto de vista proletario y popular. Este aspecto se caracteriza en que ahora la abordamos bajo marcos más concretos y objetivos de la lucha de clases actual, especialmente en lo que tiene que ver con los progresos del movimiento en Oaxaca.

Para que en ese estado del sur llegara al momento en que la cuestión del poder se le presenta como un asunto vital, tuvo que transcurrir una serie de acciones y aprendizajes, una serie de padecimientos y penalidades impuestas por la política gran burguesa que en apartados anteriores hemos ubicado. Pero fundamentalmente, que arribara a una comprensión más clara de sus condiciones reales y las de la democracia burguesa que actualmente nos rige a voluntad de los monopolios en tiempo de crisis.

La cuestión del poder presenta diversas problemáticas vinculadas a la carga de años de opresión y adoctrinamiento de las masas a las formas del dominio burgués, así como al rol de la propiedad privada. Esas problemáticas han impedido que la necesidad urgente de un poder de los obreros, los campesinos pobres y sectores populares quede velada y supeditada a encontrar dentro de los marcos del régimen actual, estructuras gubernamentales menos agresivas, que resultan producto de sueños utópicos inalcanzables para las masas.

Efectivamente, aún cuando en nada se corresponde con la realidad, es una utopía diseminada aún en amplios sectores la lucha por gobiernos “democráticos”, que, preservando las bases del sistema capitalista y particularmente del Capitalismo Monopolista de Estado, pretenden al mismo tiempo defender los intereses de las masas. Se trata de una ilusión incentivada también por la política demagógica burguesa y de las experiencias pasadas de capas pequeño-burguesas que se abrían paso a estratos más elevados de la pirámide social.

Son ilusiones fomentadas para mantener la “expectativa” de progreso y desarrollo dentro de las clases sojuzgadas por el capitalismo e impedir de mil maneras que estas irrumpan contra el sistema, es decir, para dificultar aún más la ruptura revolucionaria. Son también, ilusiones cultivadas a través de las instituciones del Estado en torno a un supuesto carácter democrático del mismo, carácter que llama al colaboracionismo y la integración de todas las clases en torno a la vida social civil burguesa. Son ilusiones que reflejan el basto alcance de las fuerzas del capitalismo para forzar la renuncia masiva a la lucha por una nueva sociedad sin explotados ni explotadores. Son ilusiones alimentadas además por el temor, la inseguridad y la amenaza de las masas con respecto a lanzarse contra los fundamentos del sistema capitalista.

Y claro es, también se trata de titubeos, de vacilaciones naturales de las masas respecto del alcance de sus potencias, de su posibilidad de vencer al enemigo de clase, de la confianza en sus propias fuerzas para doblegar a los explotadores y levantar las estructuras vitales de la democracia proletaria.

El pueblo de Oaxaca reencontró de una manera histórica la forma que debe tener su propio poder proletario y popular en torno a sus asambleas, su forma de organización estatal; logro que los trabajadores del país valoraran en todas sus dimensiones, pues en éste se encuentra expuesta de forma práctica la idea del socialismo, de la lucha y organización contra toda explotación, contra toda opresión.

Esta forma en que se nos presenta la construcción del poder, idea en perspectiva, puesto que no hay cabida para el ejercicio del poder de los de abajo dentro del capitalismo, se encuentra ante la disyuntiva de cómo orientarse en su misión histórica e impedir involucionar los pueblos de Oaxaca hacia una estructura sujeta a los vaivenes de la política burguesa en el papel de núcleo oposicionista, peor aún, terminar en el economicismo o la integración al cuerpo general de las agrupaciones burguesas como ha sucedido en muchas otras ocasiones. Lo cual no es una cuestión para especulaciones, sino una cruel realidad repetida en cada proceso en que las masas han logrado irrumpir y trazar su divorcio con respecto del poder burgués.

Ahora que la derrota de Ulises Ruiz se hace más evidente, todas las fuerzas de la burguesía en su trama interminable, se aprestan a cerrar el paso a la asunción del pueblo al poder, imponiendo los mecanismos tradicionales del “Estado de Derecho”, de la búsqueda de alternos y alternativas a la crisis para que el mando capitalista se restituya sin sufrir mella alguna sus instituciones.

Y alerta, que es en lo que la prensa burguesa, tanto como todos los políticos burgueses y pequeño burgueses vienen insistiendo para que al pueblo de Oaxaca se le cierren todos los caminos posibles y se encuentre en la condición de movimiento desgastado, sin más alternativa que sucumbir ante unos u otros bandos que ya se disputan Oaxaca como botín. Si se examina con atención los mensajes que constantemente nos envían los señores explotadores, y que se han vuelto parte de la labor cotidiana de toda discusión política no revolucionaria; se verá que en todo prevalece la idea de que no hay más camino que el de las instituciones del gran capital, que no hay cabida para ninguna otra posición en torno al poder del Estado.

Si bien, a últimas fechas queda demostrado que la burguesía no puede doblegar al movimiento por la vía de la fuerza, aún le queda en la manga jugar la carta de encadenamiento del proceso a su sistema legal, institucional de poder. Con ello su política se concentra en: engaño, manipulación, represión y constitucionalismo.

Hasta en organizaciones izquierdistas e intelectuales democráticos sólo se presenta la perspectiva de que en todo caso se vuelva a una normalidad constitucional, adquiriendo los pueblos unos derechos que ya de por sí tienen, pero que en poco coadyuvan a la defensa de sus intereses. En este sentido, es natural que en todos los sectores populares que conforman la APPO, se manifieste la inseguridad en torno al camino que se vislumbra una vez derribado el chacal Ulises Ruiz, pues aunque la cuestión del poder está planteándose en forma rotunda y clara por las condiciones materiales de decadencia capitalista, la amenaza del cerco a cualquier poder emanado del pueblo hasta su total aniquilamiento está más que patente en las declaraciones de la burguesía y sus partidos.

Sin embargo, el aspecto de “las posibilidades” ha trascendido a la condición de la necesidad urgente del poder proletario y popular, contando con las simpatías de todo el pueblo mexicano, de la clase obrera, los campesinos pobres, los trabajadores en general y el resto de los sectores populares.

Un poder que ponga al centro la democracia extensa para millones de explotados y oprimidos, que priorice la solución de sus intereses, no puede más contar con el apoyo directo, entusiasta y material de los trabajadores de todo el país. La burguesía, perderá una base importante que irradiará al resto del país nuevas fuerzas democráticas y revolucionarias en su lucha contra los designios imperialistas y oligárquicos. Siendo fundamental la consolidación de la acción, organización y unidad de las fuerzas motrices de nuestra revolución, la cuestión está en que las masas en Oaxaca deben trazarse urgentemente la crítica directa frente al poder burgués, para lo que cuentan con inmensas fuentes demostrativas de la naturaleza rapaz de los capitalistas, esa crítica esconde el trazado de una nueva república democrática popular basada en el poder de las masas a través de sus asambleas populares.




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