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CAPITULO III
El advenimiento del proceso democrático-revolucionario de masas.

En esas condiciones resulta evidente que el gobierno estatal es incapaz de atender sus asuntos cotidianos, nomás dar un paso práctico le acrecienta el rechazo popular, no administra sus asuntos, de plano sus instituciones están abandonadas por sus titulares, ni asegura al 100% los intereses gran burgueses, el señor la pasa escondido de mansión en mansión, de hotel en hotel, los tribunales de su justicia están desarticulados, y sus escarnecidas fuerzas represivas no funcionan como hasta hace poco lo hacían, así que solo les resta el disimulo y la reconcentración para una nueva asonada represiva.

Cierto que los burgueses se mueren de ganas por reprimir al movimiento, mas ni eso parece ser factible mas que al precio de una insurrección popular, pero su política consiste precisamente en que mientras no puede actuar, hacer creer que su auténtica incapacidad obedece a una conducta legal y pacífica hasta colocar todas las premisas del ejercicio monopólico de la violencia.

Si de una parte la acción de las fuerzas burguesas obedece a la defensa intransigente de sus intereses más sagrados, también se debe en alto grado al declive histórico del capitalismo y la agudización de sus contradicciones. Las clases sociales explotadas y oprimidas están dando cuenta de importantes síntomas de separación de las clases dominantes, acusan una pugna superior contra las mismas bases del sistema y por esto los capitalistas se han empeñado en dar nuevas lecciones de su poder.

Las ofensivas del capital se han sucedido una tras otra sin parar en las consecuencias, generando una crisis política y económica que mueve a millones de seres a repudiar y combatir el estado de cosas existente, resultando Oaxaca con sus tradiciones de protesta uno de los escenarios más destacados de la lucha de clases actual. La dictadura del capital se ha metido en el torbellino de la política demagógica y fascista, es aquí donde las patéticas debilidades del sistema, los compromisos imperialistas y el desgaste de las viejas formas de control hallaron su respuesta abonando el camino de la lucha popular.

La lucha de clases en Oaxaca ha rebasado los márgenes regionales colocándose en un destacado lugar con respecto de la lucha nacional de la clase obrera y los campesinos pobres de nuestro país, en buena medida ha sido la propia burguesía la que ha llevado el conflicto a este nivel.

La ligazón interna entre el sistema capitalista y el fenómeno democrático-revolucionario oaxaqueño enfrenta obligadamente ese contraste, es decir, son los antagonismos que engendra el capitalismo (en el centro el de trabajo contra capital) los que llevan a las masas urbanas y rurales del estado de Oaxaca a disputar el poder a la burguesía mediante la APPO como la forma que posiblemente cobre un gobierno obrero, de campesinos pobres y popular, nada más necesario y nada más indispensable en estos momentos.

La acción popular en Oaxaca viene a elevar la definición de la lucha revolucionaria como emanación de las contradicciones entre explotados y explotadores, lo cual se requería urgentemente porque en el mundo contamos con nociones instrumentalistas de la actividad social, en especial del curso revolucionario, de concepciones sustentadas en idealizaciones absurdas y sectarias, así como del rechazo abierto y la separación de la actividad política de sus bases clasistas, de las condiciones materiales de existencia de las fuerzas productivas y de su empalme con la inmortal ideología científica de Marx, Engels, Lenin y Stalin . Concepciones que en distintos aspectos dañan un proceso sujeto a unas condiciones objetivas y subjetivas, lo alejan de sus orígenes en el seno de nuestra sociedad.

Con la aceleración de la dinámica productiva del capitalismo, la lucha de clases se ha recategorizado a fuerza de que sus procesos son parte cotidiana en la vida de cada país. En el mundo se han colocado de firmes los lazos de un modo de producir, que se sostiene a base del expansionismo del capital financiero, hecho de múltiples implicaciones. Solamente observar que esta realidad confronta a unos cuantos miles de monopolios con millones de explotados nos lleva a valorar la actuación de éstos últimos en una lucha constante contra los primeros.

Y nos preocupa superar un error frecuente: sectores sociales reivindicadores de una acción revolucionaria evaden su responsabilidad de trazar con amplitud sus posiciones, ofreciendo una posición vulnerable, y muchas veces se encuentran ante el dilema de las fuerzas retrógradas que hace tiempo han adelantado su análisis y su acción en el arte de desarticular los procesos de lucha bajo la visión de que Oaxaca es un caso marginal, aislado o de fenómenos de la sociedad factibles de corregir, a causa de que no siempre se coloca nuestra crítica al centro de los procesos sociales, por supuesto, en algunos casos son limitaciones que los revolucionarios tenemos.

A pesar de lo cual esas posiciones ya avanzan en el planteo de una crítica contra el sistema de dominación, aunque todavía con resabios de tendencias inclinadas a resolver para sí uno u otro mal del capitalismo, por ejemplo, las pugnas centradas en las demandas reivindicativas y de una mayor participación social sin trastocar el régimen; en otros casos la evidencia señala que se trata de la crítica radical revolucionaria pero con elementos escasos y herramientas limitadas para proyectarse, como las asambleas populares y frentes en varios países que instintiva e insuficientemente se orientan a la lucha por el poder político-económico.

¿Quiere decir que como sugieren nuestros críticos pequeño-burgueses radicales, que en lo expuesto renunciamos a la acción consciente en virtud de que los elementos “lo disponen todo”?, ¿quiere decir que a los comunistas solo nos guía la inercia de estar en todas partes?, ni eso, ni inseguridad alguna, nuestras pausas obedecen a que en la definición de los contornos de la revolución proletaria contra el sistema capitalista exigen su rigor; simplemente la dinamización de los elementos nos convoca a una nueva adecuación de nuestras acciones, de nuestra política unitaria, de la táctica de masas, haciéndose menester observarlos, comprenderlos y ubicar nuestra actuación como clases sociales interesadas vitalmente en el desarrollo de la historia.

La APPO es un primer ejemplo de que las masas son capaces de organizarse, combatir al régimen y trazarse un nuevo tipo sociedad sustentada en los intereses de clase de las mayorías, en una especie de ley histórica de oponerse resueltamente al poder de los capitalistas y alentar las transformaciones revolucionarias en el país.

La APPO ha retomado la alta tarea de encabezar en Oaxaca la derrota del sistema de relaciones sociales omnipotente, una tarea muy elevada que no se resuelve en unas cuantas batallas; pero que sin embargo debe impulsar apoyándose en sus fuerzas motrices fundamentales que en el estado resultan ser el magisterio, la población urbana arruinada, la juventud, los campesinos y la clase obrera, esta última numéricamente pequeña, pero estratégicamente fundamental para la conducción posterior del proceso; por ello es urgente apuntalar su programa estratégico que les aglutine con mayor firmeza y les garantice su incidencia nacional. Con ésta y la acción decidida del pueblo oaxaqueño contamos con nuevas herramientas para que todos los sectores populares del país comprendan la relación entre la convergencia contra el régimen-frente único y la revolución proletaria.

La acción histórica de los trabajadores del campo y la ciudad que como siempre enfrenta el rechazo de la burguesía, es el único medio para que el proceso avance. Los objetivos inmediatos de la lucha popular son más claros, se agrupan en torno a la lucha contra el imperialismo y la oligarquía financiera, frente al orden despótico antidemocrático, en la lucha contra el fascismo y los principales instrumentos de la política burguesa.

Así la APPO se coloca como uno de los principales bastiones del movimiento popular nacional, afianza la perspectiva democrática y revolucionaria de los pueblos como única salida a la crisis económica y política del régimen. En su radicalización vemos una verdadera tribuna del pueblo contra sus opresores, y la más consecuente acción frente a éstos, por ello cuenta con inmensas fuerzas de respaldo por todo el país.

Estas tareas la llevan a conducir el proceso de la lucha popular, y por tanto a hacer una política flexible de aglutinación y unidad de todos los sectores populares progresistas, democráticos y revolucionarios, a cultivar las tradiciones de lucha y a contribuir al impulso del Frente Único de los explotados y oprimidos.

Su muy posible transformación de gobierno obrero y de campesinos pobres la coloca en un escenario atrayente entre las masas de nuestro país, resultando además una necesidad para su desarrollo, en torno al cual las banderas estratégicas del proletariado se colocan como las fundamentales del proceso, de entrada apuntalando la lucha por una asamblea estatal-nacional constituyente democrática y popular, por una nueva constitución local-nacional y la instauración de una república democrática y popular.

La profundidad de los antagonismos en el momento actual presenta al movimiento popular un punto de ruptura frente a la burguesía en un nuevo orden, en el orden de que los trabajadores requieren proclamar y hacer su política de clase, su pugna contra el capitalismo y su lucha por el socialismo, sin esta trascendencia simplemente no cabe hablar ya de movimiento revolucionario de las masas, esto es el rasgo que distingue el proceso actual de los anteriores en que fue suficiente en cierta forma el puro accionar defensivo contra la oligarquía y sus medidas económicas.

El problema organizativo fundamental de la APPO estriba en el de afirmar la organización de todos los sectores populares en el estado, sin los cuales serán insuficientes las próximas acciones. Este problema está subordinado a lo siguiente:

a) Que el programa de la APPO contemple los intereses y demandas fundamentales de la población, como lo son los de los recursos públicos, la tierra, la educación, el trabajo, la salud, la expropiación de los monopolios y el poder proletario.

b) Que los sectores populares se constituyan en verdaderos actores de su política, a que su agrupación obedezca a una posición de clase que encuentre sus espacios democráticos en los marcos de la alianza obrera, campesina y popular, superando su incorporación masiva con su organización.

c) Que se consolide la unidad de sus principales sectores en donde la línea a seguir sea discutida por las bases y resuelta de común acuerdo por las instancias de la APPO.

d) Que la organización afiance la ruptura de clase frente a la oligarquía financiera y su Estado.

e) Que las afecciones gremiales, economicistas y sectarias sean superadas bajo las premisas de la estrategia democrática y popular.

La visión de la oligarquía financiera en Oaxaca continúa careciendo de objetividad, no están considerando en absoluto el estado de ánimo popular, se sostiene a reserva de éste y proclama que “todo volverá a la normalidad” sin mayor problema.

En esto la APPO debe continuar socavando el poder burgués y extender su organización, acelerando las luchas en todo el territorio, levantando las banderas populares y llamando a las masas a controlar la vida del estado, a fortalecer un orden democrático y revolucionario, poner al centro la pelea por una nueva constituyente estatal que se apoye en las tradiciones comunitarias de los pueblos y en la solidaridad proletaria universales y oaxaqueños, hará más ancho el camino que ya abrió la revolución proletaria oaxaqueña.

 

 




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