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CAPITULO II
La acción de los grupos financieros, el Estado y sus partidos.

La acción de la oligarquía financiera y sus políticos en torno a Oaxaca revela las dinámicas propias de una democracia burguesa plenamente sujeta a las labores de sojuzgar al pueblo. Ninguno de los poderes de la burguesía mantiene otro propósito que no sea el de desgastar, socavar y poner de rodillas a los explotados y oprimidos de Oaxaca, ninguno de los monopolios u organismos empresariales ha tenido otro objetivo que no sea el de exigir, calumniar, escarmentar y asesinar a los luchadores populares para que se les deje seguir saqueando el estado sureño y conservar sus instituciones retrógradas, exclusivas y alejadas de las masas.

Los capitalistas saben que ahora no les es factible alejarse de los negocios públicos, saben que ahora más que nunca requieren de la mano dura del Estado para compensar sus pérdidas económicas y el odio de clase que las masas les guardan, y por eso actúan celosamente en Oaxaca como hace poco lo hicieron en Michoacán, en Coahuila, en Tabasco, en Chiapas, como lo hacen preventivamente en Jalisco, en Guanajuato, en Hidalgo, en Guerrero, en Baja California, en todas partes, coludiéndose con los viejos caciques, comprando políticos y abriendo el paso a nuevos peleles del tipo de Felipe Calderón.

En Oaxaca, pese a las contradicciones internas entre monopolios, caciques, terratenientes, grandes comerciantes, narcotraficantes y otros rapaces explotadores, las coincidencias entre estos ante el estallido social no se han hecho esperar, desde sus inicios, como para asegurar sus negocios comunes, Ulises Ruiz se colocó como fiel representante de todos, pero en particular de los monopolios, para acallar el descontento social, para imponer el silencio y permitir que los grandes negocios proyectados por el imperialismo no tuvieran la menor oposición, bajo el argumento de que la protesta social no tiene razón de ser, que todo marchaba bien, que en poco tiempo se vería el progreso, que los ingresos del pueblo no podían ser motivo de queja.

Sin lugar a dudas, los magnates, cada día obvian la parte de miserias que va engendrando su actuar, y solo la toman en cuenta como arma a favor de su política, enredo del que no pueden evadir sus responsabilidades. Por ejemplo, el sistema de patronos que prevalece en nuestro país da cuenta que todo lo fundamental cuanto se orienta en las instancias públicas solo beneficia a unos cuantos y empobrece a las inmensas mayorías, como ha sido muy especialmente el caso del turismo en el estado que ha encarecido las condiciones de vida, que el magisterio ha denunciado y para lo que plantea su demanda de rezonificación por vida cara, pero el turismo además ha traído la emigración en masa, el hambre, la indigencia, la prostitución y otros males, las políticas estatales contra el ejido tuvieron este mismo impacto sin que se inmute la clase capitalista.

De esta manera, las riquezas obtenidas en Oaxaca, la burguesía no las hubiese logrado ni remotamente sin el auxilio de sus gobernantes, ubicando a Ulises Ruiz en un papel más definido alrededor de los intereses empresariales, por lo que en definitiva éste personaje no es simplemente un “mal político” que llegó bajo maniobras fraudulentas, como nos quieren hacer creer los oportunistas, ya que por la simple concentración de los recursos para la vida política todo se ha convertido en corrupción, farsa y fraude con el único objetivo de que el sistema siga funcionando. Precisamente para esto el aparato político es indispensable con sus manipulaciones, maniobras, presiones y chantajes sobre la población, valiéndose frecuentemente de un discurso en la dirección opuesta, o sea, afirmando que se está construyendo un régimen donde prevalezcan los intereses populares, llegan al descaro de sostener que a un año de los desastres naturales, han remediado la situación de la población y actuado bajo el principio de primero ayudar a los desposeídos, cuando es bien sabido que solo favorecieron a los grandes hoteleros, asimismo predican una democracia donde los ciudadanos participen solo que todo debe quedar en manos de las sacrosantas instituciones del capital, sean estas las estatales o las organizaciones partidistas gran burguesas en el marco del “Estado de Derecho”.

En el estado de Oaxaca los burgueses impusieron un gobernador de su propio gusto y medida, controlan las instituciones públicas con sus personeros, instalan sus propias leyes y llevan a cabo una explotación extrema de bajos salarios, compra de productos agrícolas del campesinado a bajos precios, otro tanto hacen con sus tierras, les arrebatan el agua a las poblaciones, degradan los servicios públicos, saquean el patrimonio cultural de los pueblos, encarcelan y asesinan a los luchadores sociales y hacen prevalecer la impunidad de su accionar.

Tal política es sin duda lo que les ha llevado al descrédito y al desastre como ocurre en muchas partes del país, las turbulencias e inestabilidades del sistema son originadas por las propias leyes económicas y agravadas por el accionar de la clase capitalista, desde antes de que el pueblo se pusiera en pie.

A su favor, la calaña de sus partidos políticos, desde el amasiato fascista PRI-PAN, la inconsecuencia social-traidora del PRD y el contubernio de las “conveniencias” de sus pequeños partidos amantes del presupuesto; son el sustento de los grandes intereses financieros en el estado, que en el conflicto actual han demostrado la afinidad de intereses privados y públicos bajo el capitalismo. Los compromisos hablan por sí solos, desde el momento en que se fijan montos exorbitantes para que los partidos políticos se dediquen a difundir las ideas del capitalismo en sus diversas variantes y a sembrar la premisa de que en Oaxaca debe prevalecer la paz de las instituciones así sean estas ultrarreaccionarias, así también sus representantes sean de la peor especie, como recientemente lo confirmó el fastuoso Senado de la República , en un intento más por conciliar lo inconciliable entre el pueblo y sus explotadores, recordándonos aquellas épocas en que para imponerse los poderosos recurrían al juicio de que las instituciones se respetan y punto, con la salvedad de que ahora es una normatividad del sistema.

Los magnates se dan cuenta que en Oaxaca sus posibilidades de manipular a la población son cada vez más limitadas, y por eso recurren en primera instancia a las instituciones del Estado, a los partidos políticos, a sus intelectuales, y al alto Clero para que se reciten las eternas leyes de la propiedad privada y el eterno derecho privado a explotar a los demás, mas tampoco es suficiente, sus facultades tropiezan con la resistencia tenaz de la población, especialmente de sus sectores arruinados, obligando a la burguesía a emprenderla con todo en un nuevo intento de ahogar en sangre al movimiento de masas.

Consecuentemente Ulises Ruiz respaldado por los magnates, por el PRI y en los amarres con el PAN, recurrió a nuevos trucos de cabildeo para asegurarse la única victoria que a la fecha ha tenido, (aunque la inmensa mayoría de los oradores en tribuna dijo lo peor del sátrapa URO, para consolar a los combatientes, como el Tribunal Federal Electoral quiso consolar a los electores, finalmente votó contra el pueblo oaxaqueño y a favor de los monopolios y la democracia burguesa) que el Senado no declarara desaparecido los poderes del estado de Oaxaca; naturalmente lo consiguió porque en general así conviene a la oligarquía financiera y al resto del aparato político que no desea crear precedentes de tal calibre en estas condiciones en que la lucha de clases tiende a agudizarse, esa es la esencia de tal alianza tendida en breve plazo, misma que ha permitido a otros gobernantes mantenerse en el poder hasta el final de sus mandatos sin importar cuánto saquearon al pueblo, cuánto le arruinaron y mataron a sus dirigentes.

Pero veamos que en el México contemporáneo la forma preferida de resolver los problemas sociales es no otorgando ninguna concesión al pueblo y sentando precedentes legales para la represión, es decir, ambientar el único camino con que se quiere tratar al pueblo para mantenerlo atemorizado, inseguro y dócil. Es seguro que el intento por poner en manos de la SCJN el caso, las auditorias, el referéndum, el plebiscito, el juicio político y la revocación de mandato, conducirá a la misma charca. Solo el crecimiento de la correlación de fuerzas y la profundización de la lucha de clases con mayor y mejor organización clasista reventará la hegemonía gran burguesa en la definición del proceso.

Es típica de esta clase de personajes pululantes a lo largo de la historia del capitalismo su conducta nefasta, y a veces cuestionada por sus propios auxiliares o compinches. Ulises Ruiz se ha montado definitivamente en una compleja trama de intereses gran burgueses en que concurren los propósitos estratégicos del Estado por no perder el prestigio que le dan dos siglos de opresión; el anhelo capitalista de mantener inquebrantables una sola de sus instituciones; su aspiración a pasar la crisis política sin una sola pérdida; tanto como los intereses burgueses involucrados en la región que se debaten en torno a las proyecciones del Plan Puebla Panamá y en torno al tradicional despojo cotidiano de nuestro pueblo.

Ulises Ruiz está aprovechando de común acuerdo con los políticos de su partido y en arreglo con el panismo su manutención y su compromiso de velar por los grandes intereses financieros en la región; Ulises Ruiz está aprovechando el cobarde silencio de los socialdemócratas del PRD que hoy muestran tener más miedo a la revolución que al fascismo.

Fuera de todo esto Ulises Ruiz no es más que un simple político burgués sanguinario cuyo poder se sustenta en que sirve a los intereses de los monopolios, este personaje solo es moneda de cambio para los capitalistas.

Esta arquitectura de la política del capital en sí es la base de las alianzas de la gran burguesía para el caso de Oaxaca, que si bien no es del todo homogénea, pues alguien saldrá raspado, por ejemplo los mismos terratenientes van a sufrir las consecuencias cuando los grandes monopolios los desplacen del mando regional que aún sustentan en varias partes de la entidad, y hasta los grandes comerciantes y hoteleros nacionales van a perder las viejas prerrogativas, de cara al dominio que los imperialistas tienen proyectado, en suma, sus posiciones y ganancias van a disminuir ineluctablemente ante la competencia monopólica trasnacional.

URO no hace otra cosa más que llevar a escena su papel de lacayo del capital financiero, y por tanto, su manera de actuar se ve sujeta a las reglas de un juego hecho a imagen y semejanza de los grandes monopolios, en otras palabras, su comportamiento político es el de cualquier empresario haciendo negocios de su posición política, maniobrando con lo que sabe que tiene, administrando una buena dosis de chantaje con lo que el PAN quiere del PRI, y con lo que sabe que es, vendiendo a buen precio su posición de agente público.

En este caso, Vicente Fox, los senadores, los partidos políticos y Ulises Ruiz demuestran simple y llanamente que los políticos burgueses son incapaces de resolver los problemas sociales, demuestran que llevados por los intereses capitalistas no tienen ninguna intención en solventar la grave situación de las masas, sus problemas sociales, sus necesidades de empleo, de salario digno, de apoyos al campo y a sus pequeños negocios, de auxilio a sus escuelas y universidades, de vivienda digna, de salud…, demuestran que en adelante las instituciones públicas solo pueden garantizar la seguridad de los monopolios haciendo amarres desde sus palacios, sin consulta popular, pero bajo el cobijo de su ejército y policías.

Como señalamos, la acción de los grupos financieros en los medios de comunicación, en el Senado, en el poder ejecutivo y en los poderes estatales, no ha sido suficiente, en la medida en que las capas populares respondieron con la organización; viéndose obligados a tender y ejercer otros mecanismos de presión y manipulación como lo son la división del movimiento popular que tradicionalmente les traía buenos resultados, pues ante la desesperación general, en ocasiones las fuerzas negociaban recursos a costa de fracturar la unidad y los procesos de lucha en tiempos en que de una u otra forma la burguesía tenía con qué chantajear y el movimiento no atinaba a encausarse con una política independiente.

En esos términos los enemigos del pueblo vienen emprendiendo campañas que buscan quebrantar la unidad, fundamentalmente dividiendo al magisterio de los sectores populares, auxiliándose también del oportunismo, sabedores de que la estructura magisterial de la Sección 22 posibilitó una rápida organización del descontento, además de que se reconoce en los intereses populares una radicalidad superior de cara a la lucha contra el régimen, cuyas repercusiones van trascendiendo en el plano nacional. Y la alternativa aplicada ha sido la de otorgar nuevas facultades a la Gordillo para que ejerza sus influencias en el estado donde más se le ha desenmascarado (la tiene difícil).

Una extensión más de la política burguesa en descomposición es la liberación de delincuentes para reclutarlos y capacitarlos desde las instancias represivas, agrupándoles en bandas de sicarios “al margen de la política” que asolan el estado y siembran la muerte en nuestras filas, y de cuya responsabilidad los capitalistas se desentienden, pero tampoco convencen dadas las evidencias por el armamento, por el objetivo que persiguen ese enjambre de bandas y por su disposición a defender a Ulises Ruiz, a los caciques y a los grandes empresarios. Esta expresión de la política burguesa se encuentra en fase de convertirse en lo que se suele llamar “cuestión de rutina” para arribar a su legalización en los marcos de que supuestamente se trataría de “ciudadanos que solo buscan defenderse”.

El siguiente truco ha sido sembrar el supuesto de que el régimen “ya resolvió”, que ahora le toca a las organizaciones populares desistir de sus luchas y renunciar a sus intereses. Dicho así, y repetido millones de veces en todas las formas posibles, hacen suponer que el Estado efectivamente algo hizo en beneficio del pueblo, que se fue “receptivo”, pero que la resolución tomada fue adversa y por tanto no queda más que acatarla. Pero en este como en muchos casos, el Estado burgués simplemente confirma sus posiciones, no atiende en lo más mínimo los anhelos de la población, porque no es este su propósito, y lo que resuelve definitivamente es doblegar como sea a los descontentos en cualquier parte del país.

Ahora los políticos burgueses dan nuevas cartas al fascismo que cree llegado el momento de actuar para disolver al movimiento popular y especialmente a ese “engendro revolucionario” que resulta de la constitución de la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca, identificada como estructura de lucha por el poder para los explotados y oprimidos. Los burgueses dan nuevos ánimos al chacal Ulises Ruiz y le incentivan a pasar a la ofensiva una vez más, a encarcelar a los representantes populares y amedrentar a las masas con una nueva escalada de violencia, en tanto el régimen foxista se evade, los otros poderes se desentienden y pretenden no estar implicados, cuando estos mismos son los que colocan a URO en las condiciones de reprimir a un movimiento justo y necesario. Pero la fuerza de la APPO que le viene dada por las energías democrático-revolucionarias de la población oaxaqueña está lejos de haber sido derrotada, sus condiciones y la situación en que la coloca la clase dominante le crean un escenario mayor para su lucha.

 




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