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CAPITULO I
Intereses capitalistas en Oaxaca .
Fuera de las características particulares de tipo territorial, étnico, cultural, de atraso económico y social, la política que las clases dominantes ejercen en Oaxaca tiene escasas diferencias con la de sus pares en el resto de la república mexicana, en Oaxaca como en el resto del país, dominan unos cuantos monopolios nacionales y extranjeros, que auxiliados por el aparato estatal oprimen con toda impunidad; pues a todos los gobiernos estatales les guía la aplicación de las mismas líneas monopolistas, financieras y antipopulares.
Sin embargo, son evidentes las condiciones en que la burguesía y sus monopolios mantienen a las clases trabajadoras en ese estado del sur, Oaxaca está sumido en la más grave falta de electricidad, drenaje, agua potable, vivienda con pisos y paredes dignas, los ingresos del pueblo oscilan alrededor de los $2,578 mensuales, el 80 % de sus municipios se encuentran postrados en la miseria, sus principales ciudades arrojan un saldo de más del 40 % de sus habitantes sin los servicios básicos, las condiciones de hacinamiento son también alarmantes, pues en la arruinada vivienda del pobre viven generalmente 7 personas en promedio, en general sólo 65.5 % de de la población cuenta con agua entubada, el 80 % de nuestras mujeres padecen desnutrición; ¡Y los capitalistas aseguran no percatarse de sus responsabilidades!
En todos los estados se suceden las represiones, el autoritarismo y los intereses de los capitalistas, en todos ellos prevalece el mando de personajes reaccionarios, mercaderes de la política, estranguladores del pueblo; en todos los estados los magnates y caciques, insolentes todos con el trabajador sencillo, no hacen más que repartirse el botín producto del saqueo del país; en todos los estados las clases dominantes no hacen más que empeñarse en sustraer hasta la última gota el trabajo ajeno; en todos los estados la oligarquía financiera se dedica ferozmente a promover sus negocios (con los recursos del pueblo), a impulsar nuevas formas de enriquecerse pisoteando los intereses de los trabajadores elevando nuestra miseria a lo indecible.
La burguesía y su Estado, atados a los imperialistas, cerrados a la pura y llana búsqueda de ganancias, degeneran en todos los órdenes, y no hay fuerza suficiente que pueda desviar esta marcha, misma en la que el fascismo viene en acompañamiento para asegurar sus intereses de la única manera posible en las actuales condiciones. La avanzada descomposición del régimen, hace parte de la debacle mundial del capitalismo y particularmente de la economía yanqui a la que México se encuentra subordinado.
El tema de Oaxaca, con sus complejidades como proceso social vivo, exige que no nos dejemos llevar por los señuelos especulativos y oficiosos, que afrontemos las realidades de los objetivos capitalistas tal cual se presentan, pues solo así puede cobrar sus contornos.
Concurren en Oaxaca los intereses de todas las clases sociales para definirse en muy dispares concepciones y reivindicaciones, tanto con muy diferentes fuerzas, recursos y posibilidades para actuar. Precisamente por esto, antes que lanzarnos a hacer vaticinios, nos concentramos en plasmar el proceso actual como es, sus tendencias y trascendencias; de esta manera queremos librarnos del enredo innecesario en el área de los romanticismos o las impugnaciones que bien a bien permiten identificar la posición que se tiene o se busca cimentar, aunque nada dicen acerca del fenómeno concreto del que se habla y sobretodo de sus perspectivas.
Bajo este entendido, sin apostar a una solución rápida del problema, cabe destacar como elemento bastante marcado por la protesta popular oaxaqueña y la crítica general, en torno a las condiciones actuales, que el capitalismo moderno impone a las masas de todo el mundo un modo de vida “normal” que esconde (o al menos lo intenta encubrir) condiciones de deshumanización material y espiritual en distintos grados y formas, se extrae de nosotros una enorme masa de ganancias, se presiona el ejercicio de un comercio, se incentiva cultivar un tipo de relaciones sociales, se adoctrinan visiones de pensamiento, se inculcan nociones sobre el bien y el mal, se trazan “ideales de vida”, se orientan comportamientos, se disuade, se atemoriza, se amedrenta, se golpea y se asesina para que las cosas no se salgan de curso.
Sopesar esta cuestión hecha política estatal sumamente descarada en el caso oaxaqueño, entra ya, cierto, en una línea de concepciones en que se quiere aminorar el peso de las difíciles condiciones de vida; el peso de las más graves tendencias de explotación; el peso de las fuerzas dominantes que concentran la riqueza; y de todas las contradicciones sociales.
Con todo, las clases dominantes se plantean el problema de la permanencia del capitalismo bajo grandes presiones antagónicas. Como esta cuestión que alcanza a expresarse en un replanteamiento de la política burguesa como fuerza consciente, equilibrada y competente en el ejercicio de su papel, sobre las compensaciones del sistema a los estragos de sus antagonismos, se delinea en todas direcciones adquiriendo una alta importancia y una afinación constante aún bajo el fascismo; sería absurdo pasarla de largo o darla por sobreentendida, y menos cuando es un elemento de argumento que también apunta a las teorías postulantes del progresismo capitalista a “condiciones humanizantes” que tienen en Ulises Ruiz a su peor propagandista, a la vez que a su hombre más ferviente y convencido, sabedor por el lado de la brutalidad de que solo la fuerza del capital las puede imponer sin importar los medios.
Uno de los rasgos modernos del capitalismo imperialista está en haber consolidado su sistema de relaciones internacionales, esta base impulsó la integración de las clases sociales en torno al ciclo de producción, resultando la expansión de sus fuerzas al máximo permisible y asegurando su mantenimiento en todas las latitudes, en tanto el proceso aseguraba cierto tratamiento a los antagonismos; manteniendo inmensas regiones a reserva del desarrollo económico tanto porque nada podían ofrecer los capitalistas, como por convenir su atraso para posteriores despojos. Aquí, como en muchas otras regiones del mundo, se suscriben los arreglos de los poderosos que valiéndose de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) pretenden consumar el despojo en torno al patrimonio cultural, al potencial turístico y al enclave transístmico de Oaxaca, solo que esto ocurre en un mal momento de la crisis general del sistema.
Este fenómeno trae consigo el fortalecimiento de las contradicciones de clase y la agilización de la lucha de clases en torno a todo acontecer social, enmarcado en los intereses populares, magisteriales, campesinos, de trabajadores y estudiantiles, hartos del despotismo del capital. Aún cuando los alcances de las contradicciones están todavía por desatarse en toda su expresión, condición ésta última de un entramado que requiere sus tiempos de acumulación, se trata de una red interactuante de las fuerzas del capitalismo, de la fusión de los ciclos estatales, regionales y nacionales en uno solo de naturaleza internacional, que se construye para eslabonar el dominio de los monopolios y las superpotencias.
Hay sin duda en todo esto una idea más sustancial: que las relaciones económicas, políticas y sociales establecidas, se constituyen en tales mediante la supresión de otras perspectivas para las clases sociales subordinadas, para las que el problema de la revolución trasciende objetivamente como su estrategia segura, a la que eslabona un conjunto de tácticas en confrontación con los intereses del gran capital.