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CAPITULO V
Perspectivas inmediatas.
Sin un paso práctico, así sea el más humilde en la dirección del combate al capitalismo, de nada sirve ver o prever los acontecimientos. Los problemas prácticos de la revolución son los que a continuación se nos plantean para reclamar solución urgente de manos de las masas.
La persistencia del cretinismo socialdemócrata, las ensoñaciones de las capas pequeñoburguesas, los sectarismos de la pequeña burguesía arruinada, y nuestra presencia limitada con respecto a la escasa capacidad de movilizar a los trabajadores dificultan a ciencia cierta los procesos de coordinación frentista, y amenazan ahora por mantener los niveles del movimiento espontáneo sujeto a la política burguesa socialdemócrata de derecha e izquierda.
Ese es un aspecto de lo político muy presente en todos los escenarios, sin embargo nos plantea el retraso con que esas fuerzas actúan con respecto de las condiciones y perspectivas del movimiento de masas.
En estos momentos ha alcanzado cierto grado de madurez un conjunto de líneas de acción que concurren por continuar las movilizaciones de masas, pasar a las acciones huelguísticas y de clase, así como consolidar espacios de unidad popular como bastiones de organización de las clases y sectores populares. Estas son cuestiones que reclaman urgentemente salir a la luz como parte del pensamiento y la práctica de las masas, puede verse cómo sus brotes se manifiestan en la lucha por la defensa de la voluntad popular, en la huelga de Sicartsa, en la Asamblea Popular del Pueblo Oaxaqueño, en la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, en el Diálogo nacional, en la lucha por el Frente Único, por un Gobierno Provisional Revolucionario, por una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular, Por una Nueva Constitución, por un programa histórico democrático-revolucionario. Esta es la perspectiva que funde el momento actual con el triunfo de la revolución proletaria y la instauración de la dictadura del proletariado.
La lucha de clases actual nos marca las perspectivas y tareas siguientes:
La lucha por el programa democrático-revolucionario no debe despegarse ni un minuto de los procesos que actualmente confluyen, sean de naturaleza legal o ilegal. Nuestro Partido hace esfuerzos serios por contribuir a prender los elementos del programa al cuerpo de la movilización, así sea destacando por momentos solo algunos aspectos según sean las condiciones y necesidades que se van suscitando.
Sobre la cuestión de la acumulación revolucionaria de fuerzas pasa por una etapa de prueba en torno al debate entre las consignas oportunistas y las democrático-revolucionarias, que los revolucionarios debemos tener el cuidado de conducir según las condiciones que se presentan, debemos anteponer las condiciones a nuestros deseos, sin menguar nuestro carácter revolucionario, sin olvidar que estamos en una etapa de acumulación de fuerzas y no de una situación pre o revolucionaria.
La cuestión contra el fraude electoral y por el respeto a la voluntad popular, teniendo cierto paralelismo con la de 1988 en lo que concierne al problema y su naturaleza, se ve rebasada por la conjugación de las condiciones de ruina de las masas, el resquebrajamiento de la credibilidad en la política neoliberal y el acumulado de luchas en los últimos años, de tal manera que nos ofrece la amplia perspectiva de insertar las tareas revolucionarias en ésta y ligarlas a las banderas democráticas y progresistas, aún más, se abre la perspectiva de levantar la consigna de Frente Único de las clases explotadas y oprimidas, ante las inconsecuencias y limitaciones de la política legalista de los socialdemócratas, contribuyendo a la ruptura de las masas con todas las tendencias de la política gran burguesa. Todo el proceso de la táctica nos indica preservar el rumbo en cada viraje, en cada coyuntura, en cada escenario, aprovechando las contradicciones y arraigando las banderas socialistas en las mayorías trabajadoras.
Las banderas por la independencia económica, la soberanía nacional, y en general las antiimperialistas adquieren plena actualidad, y ameritan ser empujadas con vigor por las clases verdaderamente interesadas en éstas. Ostentosamente la socialdemocracia, los fascistas y los chovinistas han renunciado a ellas, son en cierto modo, los socialdemócratas quienes pretenden procesarlas “de acuerdo a las condiciones de globalización” (nos dicen), para quitarles todo el filo revolucionario, lo que no anula que en el seno del pueblo se anhele honesta y sinceramente la libertad en estos sentidos y se inserte en sus proclamas, siendo entre otras cuestiones, de prioridad para la clase obrera el contar con mejores condiciones de lucha nacional en defensa de su propio programa y ligadas a éste mismo así la revolución proletaria es nacional por su forma pero por su contenido es internacional.
Con lo que respecta a la superioridad de fuerzas del régimen, se nos presenta una situación que resalta su tendencia a la merma, acentuada en estos momentos por la elección de Estado, y por tanto se crean las condiciones materiales para una extensa lucha popular en los marcos de la debilidad de la burguesía para callar a las masas. Situación que partidos burgueses, la estructura estatal y las agrupaciones económicas y sociales de capitalistas ya no pueden resolver como antaño, caso que nos vienen demostrando las capas populares del aguerrido pueblo oaxaqueño que apunta claramente al sentido de la Comuna de París y las del Distrito federal que particularmente acrecienta el desarrollo de la política proletaria de masas. Las posibilidades represivas del Estado están vistas, son grandes, pero frente a las posibilidades que se abren para las masas, la balanza puede inclinarse a nuestro favor.
Los brincos de la pequeña burguesía radical han llegado a su límite, y se ha entrampado con la ralea de tendencias disolventes contra la política de Frente Único de una manera que le impide corregirse siquiera en los marcos de lo que acontece para abrirse a las amplias masas, su política moral es a su vez otra de las fuentes de calamidad, que le impiden ver la marcha del capitalismo y sus contradicciones, y sobre todo les incapacita para ver la clara perspectiva democrático-revolucionaria que se hace patente en diversos escenarios en que los trabajadores alcanzan hasta instintivamente a reconocer que solo una política con esos fundamentos puede sacar el país de su marasmo.
La táctica de Convergencia Nacional de Oposición Proletaria y Popular Contra el Régimen y de Frente Único debe lanzar una nueva ofensiva en la PUNCN y el Diálogo Nacional, de cara a superar la anterior etapa de escepticismos con respecto al carácter del régimen, las elecciones, la democracia burguesa y sus partidos políticos, trazándose lo que se puede apreciar como el plan de lucha general, el manifiesto de combate del pueblo mexicano para ejercer sus formas de lucha contra la burguesía, el Estado y los imperialistas, para cambiar la correlación de fuerzas y levantar la consigna de una Asamblea Nacional del Pueblo Mexicano.
En el despertar del proletariado, las nuevas condiciones nos llaman a estar atentos a los cambios, a ubicar que si bien existen zonas o estados bastante atrasados políticamente, existen otros donde la lucha cobra grandes proporciones, y no deben detenerse ni dar marcha atrás, hay que plantear a las clases explotadas las orientaciones políticas, hay que avanzar donde se pueda a consolidar su organización y combate frente a la burguesía, aún dando pasos de instauración de frentes estatales o regionales, sus asambleas o consejos populares, pues esto crea nuevas posibilidades para la organización de las masas, de los demócratas, de los revolucionarios en su lucha contra la burguesía y el imperialismo.
Concerniente a las formas fundamentales de lucha en esta etapa, queda claro que debe avanzarse en asegurar el ejercicio nacional de la manifestación, el paro, la huelga, la toma de dependencias públicas, la organización de los oprimidos, las acciones legales, semilegales e ilegales de un periodo preparativo de grandes demostraciones y combates contra la oligarquía financiera. Esto debemos impulsar, cuidándonos del radicalismo pequeñoburgués, el aventurerismo revolucionario que desprecia la correlación de fuerzas y el oportunismo de apego a las normas burguesas.
Los revolucionarios, los comunistas no debemos cegarnos a que las cosas puedan avanzar lenta o rápidamente a que se presenten condiciones de sublevación general o focalizada a las que debemos responder prontamente con nuestra resolución a respaldarlas aún cuando aspiramos a llegar a una mejor organización de las masas, cuidándonos de no caer en el juego a la insurrección como fácilmente lo hacen los grupos que en largo tiempo de existencia se encuentran aislados, desconfían de la organización como instrumento de los explotados y se van con las posiciones ultraizquierdistas.
Debemos contribuir a que las contradicciones en el seno de la burguesía se agudicen, fomentando las luchas en el seno del pueblo, presionando a las distintas capas burguesas y sus representantes a tomar posiciones claras, concretas y prácticas en torno a los diversos problemas.
Asimismo, la contradicción capital-trabajo debe destacar cada día más en el contexto político nacional de tal forma que el proletariado se haga escuchar e inaugure la nueva etapa revolucionaria, lo que tiene que ver con el grado de concientización y organización que se alcance a desplegar al seno de la clase revolucionaria.
Así cubriendo estas líneas de la lucha de las masas serán derrotados los explotadores, si bien el rumbo que hemos emprendido requiere de la maduración primera y el despliegue continuo de más y más fuerzas proletarias y populares bajo las formas de lucha más aguerridas, rompiendo las ataduras que el socialdemocratismo y los fascistas quieren imponer bajo el supuesto de que esto es la “civilidad por el bien de México”.
Estos defensores del sistema no hacen caso de los acontecimientos mas que en una interpretación reduccionista portavoz de los intereses del capitalismo, temen que la línea del movimiento democrático-revolucionario se despliegue con fuerza inusitada como en efecto está a punto de suceder, temen que las bases mismas de sus estructuras organizativas se les separen y abracen la lucha general como también está aconteciendo en forma espontánea, temen que los intelectuales progresistas renuncien a su control como viene manifestándose, temen que el pueblo les reclame sus inconsecuencias y entrega a los capitalistas, tiemblan ante los embates del pueblo por todo el país, les alarma la radicalidad que han tomado las luchas en Oaxaca, temen la organización popular y de clase.
Este complejo mundo de la lucha de clases reclama sin más que todas las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias atesoremos uno a uno los nuevos baluartes del movimiento revolucionario superándonos en pro de arribar nuevos estadíos.