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CAPITULO IV
Gestación y presión de tendencias

Brevemente hemos de registrar los antagonismos que en lo económico y lo político plantean irreversiblemente el combate entre las clases sociales, y del cómo estos fueron fecundados por la propia dinámica del capitalismo y el imperialismo en el seno de nuestra sociedad.

En particular en las condiciones presentes y de cara a una evaluación correcta de las diversas tendencias sociales en conflicto, debemos retomar un aspecto básico, a saber, según Lenin:

“Los hombres han sido siempre y seguirán siendo, en política, víctimas necias del engaño de los demás y del propio, mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de tales o cuales clases. Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo, mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de estas o aquellas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de estas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a las fuerzas que puedan - y, por su situación social, deban – formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo. (Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

He aquí la clave para el análisis que nos incita a la comprensión, el esclarecimiento del fin que persiguen las clases sociales, como uno de los grandes problemas del aturdimiento y concurrencia de tantas posturas en el mundo, frente al neoliberalismo, el liberalismo, el bolivarismo, el juarismo y el pensamiento pequeñoburgués en todas sus manifestaciones. Cabe destacar que todas las capas de la burguesía hacen uso sin discreción de los diversos componentes ideológicos habidos, recurren al empleo de todas las variantes ideológicas según sus necesidades, por ejemplo el financiero Carlos Slim ni se inmuta en coquetear con el nacionalismo, el bolivarismo, ll “socialismo del Siglo XXI”, etc., en tanto que grupos pequeñoburgueses recurren al fascismo en defensa de sus intereses económicos.

Como era de esperarse en la sociedad capitalista están concurriendo en mayor medida sus diversas tendencias gran burguesas, burguesas y pequeñoburguesas, en tanto que la proletaria sigue afrontando los problemas del control y la cerrazón del sistema.

Así, en la lucha, los escenarios iniciales se agolpan en pro de uno u otro programa de corte burgués o pequeñoburgués, y solo en la medida que el proletariado despliegue sus fuerzas y rompa las ataduras por más de 100 años reforzadas, su elemento consciente se podrá abrir paso aceleradamente.

No obstante las tendencias subyacentes fortalecen los procesos de confrontación. Sus intereses tienen un nivel de disputas tal que aseguran al proletariado la oportunidad de incidir de forma creciente en la lucha.

Sin olvidar su horizonte de clase, los intereses que se disputan la oligarquía financiera, la burguesía media y la pequeñaburguesía permiten también que se fortalezca el campo inicial para el combate popular.

Por su parte la oligarquía financiera sabedora de que controla el proceso de desarrollo del capitalismo monopolista de estado , suscita una impresión de éxtasis social (sensación de vértigo sobretodo cuando se obtienen 17 millones de dólares diarios como ganancias por uno solo de sus prohombres: Carlos Slim Helú), en pro de sus políticas y mueve sus piezas para que la sociedad camine por donde sus programas de atesoramiento de ganancias dan la pauta, hace caso omiso de las miserias que engendra y da indicaciones a sus partidos políticos para que le resuelvan la crisis acorde a las directrices programáticas establecidas en el Pacto de Chapultepec, con ello supone que todo está resuelto en su favor. Esta tendencia dominante niega a las otras en virtud de su amplio poder económico, político e ideológico. Al hacer su política en nombre de la legalidad, las instituciones, la gran empresa y la propiedad, pierde su capital político ante los desposeídos que solo han recibido la opresión del Estado.

Las tendencias de la mediana burguesía recurren en primer lugar a la componenda y al restablecimiento de viejas canonjías, a la integración a los negocios con “los grandes” bajo mejores ventajas, al precio de reforzar la opresión de los de abajo, por lo cual hasta aquí se presentan más casos de contubernio y fusión de intereses. Políticas que aún así no consolidan su situación ni mejoran su condición subordinada, generándose la división en dos grandes bloques, uno de los cuales insiste en su cercanía con el neoliberalismo y el otro se propone en casos “más radicales” el confrontar algunas políticas estatales que tienen que ver directamente con la salvaguarda de sus empresas, como puede apreciarse en la pugna de la cámara textilera, como entre los maquiladores y hoteleros, resultando un enfrentamiento de los más ricos y los que padecen la competencia china, yanqui y de sus “aliados”. De esas disputas se desprende una clara línea al desplazamiento de las burguesías medias en su antiguo rol nacionalista, para supeditarse con o sin ventajas “competitivas”, “por las buenas o por las malas”, al capital financiero. Tal tendencia junto a una fracción minoritaria de la misma oligarquía financiera esperan de la socialdemocracia un empujoncito, pero saben que al no distorsionarse el dominio monopólico, será poco lo que se logre, de ahí que vacile crecientemente, a más de su contumaz recelo a las posiciones políticas que pregonan defender los intereses de los de abajo e impulsan programas que les recorta su entrada de recursos estatales (este es un nuevo aspecto de su crisis política, ninguna de las visiones políticas logra satisfacer definitivamente sus intereses en medio de la crisis económica, todas tienden a ser unilaterales, prestándose cada vez más a un pragmatismo todavía peor).

Aún cuando los oligarcas lograran resolver sus diferencias con esta y las otras capas para asirlas a sus proyectos, cierto y mil veces cierto que por la reconcentración de la producción en el monopolio y porque los núcleos de capital actúan a absorberse unos a otros, las condiciones para resolverles sus problemas son escasas y precarias, con su sistema no hay cupo para tantos, y siendo así… sin piñatas no hay posada , es decir, la situación en este punto es compleja y contradictoria a la vez, une y separa a esas entidades del capitalismo.

La pequeñaburguesía que mayoritariamente ha perdido su creencia en los grandes oligarcas, a razón de verse diezmada con sus políticas (quiebra de las microempresas, suspensión de contratos y producción, mengua en los llamados apoyos estatales, etc.), y despojada mucho tiempo atrás de sus espacios de poder, marcha a su radicalización, se aferra con fuerza a las viejas banderas desarrollistas. Esta clase social bastante numerosa y con vínculos de clase con diversos sectores de empleados, hoy apuesta a una salida nacionalista, cree fervientemente en las promesas de la socialdemocracia y no ha escatimado recursos en apoyarla, pero con las propuestas socialdemócratas su panorama se obscurece, pronto vendrá a manos contra la cabeza y el ala oligárquica del PRD, pronto avanza a proclamar sus reivindicaciones, pero desconfía del proletariado. Las propias limitaciones de esta clase, su estrechez material y espiritual, su aislacionismo y dependencia largamente resguardados por la gran burguesía le llevan a vacilaciones en la actualidad e intentan contraer sus perspectivas de unidad con el resto del pueblo, pues tiene ante sí la amenaza de fatalidad por desacato a sus tradicionales dirigentes de entre la clase dominante, mismos que hoy de un lado la movilizan y de otro le restringen el marco de acción al pacifismo, el patriarcalismo y el legalismo cuasi religiosos. Esta capa manifiesta tardíamente un patriotismo decadente que vela las relaciones sociales de producción, los antagonismos y el desenvolvimiento histórico de la sociedad capitalista bajo un aura de unidad nacional.

En síntesis, sin tomar en cuenta los grandes intereses del proletariado por destruir este régimen de explotación, las tendencias anteriores hasta aquí se enfrentan en torno a: 1.- los programas económicos estatales, 2.- los espacios de poder, y, 3.- los mecanismos para que la plusvalía no escape de sus manos y se transfiera de unos a otros. Se enfrentan por un espacio en pro de su realización como clase y sectores de clase, se plantean combatir “los lastres” (corrupción, salarios y derechos populares metidos en un mismo saco) que perjudican el proceso de acumulación en tanto que no les favorecen y menguan sus ganancias. Encima de todo esto, sus conflictos se agravan porque la reconcentración del capital financiero resulta ser el obstáculo fundamental a que el resto de fuerzas capitalistas avance por el mismo rumbo, en medio de lo cual pretenden mantener la vida social bajo estándares de legalidad convencional, reaccionaria y sombría que reserven íntegras las fuerzas del capitalismo, y erigir en principio social inmutable su decadente democracia del dinero.

Hoy día muchos predican que esto no es cierto, aseguran “solo ocurre que las oligarquías no saben negociar frente a otros intereses”, por supuesto, en ningún lado acontecen delicadas negociaciones, ni mucho menos se desprenden ventajas serias a las capas medias (el Estado y la burguesía “negocian” con amenazas, evasivas y dilaciones para sostener sus intereses únicamente y que los demás capitulen bajo el manto de las concesiones, como en los acuerdos para el campo), a no ser que una posible modificación en sus tradiciones refuerce al capital financiero en su papel rector, ahora que si se quiere educar a los oligarcas, debemos decir que eso es la mayor pérdida de tiempo para el proceso.

La política de “concesiones” en estos términos no es más que un instrumento de la gran burguesía y los imperialistas, muy extendida ahora con el social-civilismo a política social de “consenso general”, que pretende olvidar las ataduras con que se enarbola una línea de arreglos dentro de la estructura capitalista, no pierde su importancia naturalmente en las luchas cotidianas siempre que los explotados comprendamos para cuando se nos llama a negociar, la necesidad de usar una diplomacia correcta que centre nuestros objetivos sin caer en el juego burgués, despojando la “política de concesiones” de su encanto fantasioso sobre el arreglo de los antagonismos y las supersticiones del progresismo capitalista. El dogmatismo socialdemócrata pregona una cierta abstracción del Estado e incluso de la oligarquía financiera y sus partidos, capaz de superar con más “ cultura política ”, todo antagonismo hasta lograr acuerdos que complazcan a todos, que el problema de elegir libremente una u otra opción no tiene necesariamente que verse afectado por los intereses materiales, se niegan a aceptar que los asuntos de la democracia están en dependencia de esos mismos intereses materiales hoy bajo presión de antagonismos mayúsculos.

A la vez en las disputas interburguesas entran los aspectos de la política a ejecutar frente a los esclavos asalariados, ya que a unos beneficia su relativa recuperación salarial (consumo de mercancías y dependencia directa de este mercado), y la estabilidad de esta extensa clase social en términos de que el proletario no sobrepase sus límites sociales establecidos, ni incurra en el delito de rebelión.

Apoyándose en la historia del capitalismo estas tendencias de clase sueñan con repetir mil veces sus ciclos, confían en sus inercias y dinámicas de reproducción del espíritu de empresa, se saben partícipes de un modo de producción labrado durante dos centurias, tienen arraigado el más profundo esquema de vivir del trabajo ajeno, aunque en sus capas arruinadas esto ya solo es una vieja ilusión.

Existen capas de la pequeña burguesía y sectores populares que definitivamente han perdido toda esperanza en la burguesía, se atienen a reivindicaciones hechas a su imagen y semejanza, pero tienen escasa capacidad de influencia en el desarrollo social, rechazan el capitalismo mas no aceptan aún dar un salto político en dirección de la clase obrera e incluso plantean la idea de dirigirla a un socialismo de tipo pequeñoburgués.

La clase de los proletarios, que en su gran mayoría permanece pasiva a los acontecimientos, pero dotada de sectores estratégicos ya en combate, empuja y empujará, cada día más un principio clave que le abrirá las puertas a una política revolucionaria, y que hoy va ganando batallas entre otros sectores populares. Este principio es el de la alianza obrera, de campesinos pobres, de semiproletarios, de las capas populares y de la pequeña burguesía arruinada. Con esa alianza le da vida a sus tácticas, plantea su programa democrático-revolucionario, y señala las pautas para suprimir la gran propiedad monopolista preparando el tránsito a la supresión de la explotación capitalista.

Las contradicciones de las clases explotadoras se destacan con más evidencia, utilizan las plazas, las cámaras de diputados, la prensa, la radio, la televisión, las fuerzas armadas del régimen, las leyes, el estado de derecho, las legalidades, para defender sus intereses, e intentan restringir todavía con gran éxito la acción huelguística obrera.




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