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CAPITULO III
Se abre una epoca de lucha social.
Un impulso por sacudirse las cadenas largamente aceradas y la política de hierro que los monopolios han puesto en práctica por decenios, es lo que acontece en la actualidad, haciendo esfuerzos por aprovechar diversos escenarios.
Corren por toda la sociedad las acciones de las clases en disputa, las represiones se suceden en todo el país, las manipulaciones mediáticas para establecer una y única opinión pública, coacciones contra las organizaciones populares y hasta contra las corporativizadas, maquinaciones entre los grandes políticos, instigaciones de bandas fascistas y amagos desmovilizadores preparados por las clases dominantes para con sus subalternos y con los desposeídos, corren entre la misma clase explotadora los complots, los chantajes y las componendas, corren crecientemente desde abajo las preocupaciones por incidir en la lucha, las acciones populares y la insubordinación a los poderosos. Los partidos de la burguesía predican estar con todos, pero hacen la política de la dominación, las organizaciones populares pugnan por asumir su papel y sus tareas democráticas y revolucionarias.
En contraste con la forma en que la estructura estatal, el corporativismo, la acción de los partidos políticos y el aparato ideológico, mantiene el nivel del agua sin que se desborde; los peligros vienen de que un repentino oleaje, o desequilibrio pueda irrumpir con la tradición política burguesa y su control sobre los desposeídos. Por más que se quiera aludir al “imaginario popular”, la cercanía del bicentenario y centenario de las revoluciones acaecidas en México, el hecho está en que cualquier situación que imposibilite la acción así sea momentánea de la burguesía y su Estado, o que éstos tropiecen en sus constantes represiones y saqueos con una mayor resistencia popular, ante situaciones venideras como el fallo legal sobre lo electoral, el bandolerismo con que se reparten el botín del Estado, el desenlace represivo que se prepara en Oaxaca y en el conflicto minero, las renovadas dificultades financieras luego del despilfarro electoral, las catástrofes naturales que en poco se intenta prevenir, la atención a la revisión del TLC, las reformas estructurales replanteadas para cerrar el año, la trágica situación de las masas, el intervencionismo imperialista, entre muchos más factores que amenazan con incidir, pueden llevar a un cambio en el escenario de luchas populares. Nos encontramos en una fase en que los problemas sociales largamente pospuestos y desarrollados acusan por estallar.
Esto genera un nerviosismo bastante fundamentado que recorre a los explotadores, los lleva a tomar sus precauciones con un muy limitado alcance ante tantas divisiones, continuándose la desatención de unos u otros conflictos que malamente intentó corregir, pues son tantas las lacras del régimen, que el pivote estatal pierde sus potencias de contención, basta que asome la menor dificultad para que fomente las inestabilidades de su decadencia.
Ninguno de los viejos artificios de la burguesía pueden revertir sus síntomas de decadencia y descomposición, ni los límites de sus tendencias políticas de cara a la sacudida actual de la lucha de clases. Por más empeño que haga la burguesía en postularse como defensora del progreso y el desarrollo del pueblo, ya esto nadie lo cree, al actuar sirviendo solo a sus intereses, su papel en las luchas actuales es netamente reaccionario, sirviendo a los más obscuros intereses del imperialismo.
La burguesía al seguir manteniendo los derechos democráticos, laborales y económicos del pueblo encerrados en un puño, sin avanzar en salidas que como antaño permitieron el desarrollo del capitalismo, salidas que poco tienen que ver con el voluntarismo y más con condiciones que hoy ya no existen por haber agotado simplemente sus posibilidades; no hace más que convocar un cambio profundo en la correlación de fuerzas: La revolución proletaria en México, es un problema planteado que espera una urgente solución.
Objetivamente al encumbrar un extremo de la sociedad capitalista y arruinar a otro de inmensas mayorías, no se hace otra cosa más que poner en posición de combate a quienes nada tienen que perder con la destrucción de éste régimen más que sus cadenas. Los oligarcas apostaban a sus patrañas de que las clases oprimidas no deseaban cambiar la situación, mientras que ellos mismos se encargaban de que en el país no pasara nada , pero han bastado algunos huecos en la dominación capitalista para que millones se movilicen e inicien su aprendizaje político de clase, los explotados no vamos a dejarles que nos descuarticen bajo el capitalismo, no vamos a permitir que éste régimen subsista, no vamos a esperar a que la política burguesa se recicle y nos mantenga a reserva de sus viejos patrones nacional-revolucionarios ni del gremialismo, ni del economicismo, tenemos luchas qué empujar.
En este año fueron muchos los brotes de descontento, que ni siquiera los marcos electorales hicieron enmudecer, lejos de esto, solo se trasladaron crecientemente a los sectores que la lucha legal electoral había copado. Resaltan ahora millones de trabajadores del campo y la ciudad en un clamor por defender sus intereses, esta nueva vertiente popular aguarda a la espera de nuevos acontecimientos, va a jugar un rol clave en la aceleración y ascenso inmediatos de la lucha de clases contra la oligarquía financiera y el imperialismo.
El proceso revolucionario pasa por estos contingentes y se plantea una direccionalidad, que si bien recoge las justas reivindicaciones nacionales y democráticas más elementales, las conduce a la acumulación de fuerzas con un filo anticapitalista, socialista. Si lo negáramos, estaríamos reduciendo todo el alcance y posibilidades históricas a las tradicionales posiciones burguesas, sucumbiendo irremediablemente ante los intereses del capital, lo dejaríamos todo en el campo de las contradicciones interburguesas. La política revolucionaria tendrá que probarse así en todos los frentes, en todas las condiciones, en todos los escenarios, pero solo alcanzará certidumbre en la medida que sea bandera de las amplias mayorías, tema del que hablaremos más adelante.
Como tampoco negamos que sean las reivindicaciones nacionales y democráticas más elementales las que conduzcan por un tiempo la tendencia dominante en la lucha de clases inmediata, siendo que enfocamos nuestras posiciones a que esto sea un momento transitorio en el proceso insurreccional de las masas. Ello puede acontecer, tiene condiciones al efecto ciertas, y le plantea a la revolución nuevas tareas de elevación de las luchas del proletariado y sus aliados contra el imperialismo, la burguesía y el reformismo en pro de un gobierno provisional revolucionario.
Los espasmos de agudización de las contradicciones sociales recorren la sociedad capitalista, han dejado de ser un simple supuesto, la explosión de estas contradicciones deja de ser una lejana posibilidad para convertirse en factor determinante de la historia venidera. Detrás de las manifestaciones populares, detrás de las primeras huelgas, detrás de las renovadas acciones campesinas y populares, detrás de la reorganización del movimiento estudiantil y juvenil, se encuentra la lucha de intereses frente a la burguesía y el imperialismo, se enfrenta el desarrollo político de la clase de los proletarios y su manifiesto de guerra al mundo burgués.