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CAPITULO II
Situación general.
La situación general no puede ser encajonada, ni negada, ni guardada para nuestros adentros en la idea de no herir susceptibilidades. Si bien no hay necesidad de detenernos en los hechos más cotidianos de los grandes problemas económicos y políticos que sufre la población, es importante tomar en cuenta sus diversos aspectos (superexplotación, bajos salarios, despojo de la tierra, violación de derechos, falta de libertad, desigualdad, insalubridad, etc.), en relación con el proceso social que se está desarrollando.
No hay modo de desconocer que la etapa actual en la historia de nuestro país se caracteriza por el encumbramiento de la oligarquía financiera, la definición política de sus principales fuerzas: fascismo, socialdemocracia y chovinismo en la reyerta cotidiana de sus disputas internas, y la consumación de un poderoso aparato estatal para la defensa de la gran propiedad y el gran capital, los defensores de este régimen solo se aferran a la idea de que tal estructura trae las bondades sociales.
Como se llegó a esto en medio de un vertiginoso despojo, explotación y opresión sobre las masas, se trata de un régimen en crisis, desacreditado ante el pueblo; régimen que ha sabido mantenerse gracias a la coacción, la corrupción, el engaño, la represión, su poderosa estructura, y las graves limitaciones proletarias y populares para sostener un proceso de luchas.
Especialmente las capas más destacadas de la oligarquía financiera han copado los espacios en distintas estructuras políticas, secretarías de Estado, consejos empresariales, bancos, etc., lo que le asegura la conducción del país, lo que también le enfrenta a fracciones menores interesadas en su propio ascenso y el crecimiento de los mercados, es decir, les interesa una apertura económica, política y social que les sea favorable y les permita escalar en la lucha por la hegemonía interna que trae consigo la garantía de máximas ganancias. Si ponemos atención a las disputas entre industriales, entre financistas, entre comerciantes, hoteleros y políticas, veremos siempre que este es el patrón en disputa, y la forma de negociar o resolver el dilema, su característica peculiar.
Prueba de esa “fortaleza” en medio de sus crisis, es que a pesar de grandes acciones de masas, el sistema sigue avanzando según lo decide la oligarquía financiera y los imperialistas, nomás que cada vez con mayor dificultad.
Al momento las posturas financieras subrayadas en el Pacto de Chapultepec son las únicas que prevalecen en el seno de todos los partidos políticos, dictando el programa del siguiente gobierno, centrándose la disputa en otros renglones, a veces al margen y a veces conectados directamente a los dictámenes fondomonetaristas. Así, la economía mexicana está prácticamente subordinada a los imperialistas, sin que ello sea punto de disputa entre los llamados “actores políticos”, propiamente hablando, las disputas interburguesas en nuestro país, se centran en realidad en cómo las diversas fracciones oligárquicas (restringidas o ampliadas, innovadoras o arcaicas, nuevas o viejas, asentadas o en desarrollo) obtendrán mayor ventaja de uno u otro aspecto del programa imperialista de activación del capitalismo y se redistribuirán la propiedad paraestatal, los presupuestos, los puestos, etc., y cómo crearán alianzas con las burguesías medias, cómo doblegarán a las clases populares. De ahí que lo importante resulta del hecho de que las clases explotadoras se encuentren divididas por el reparto del botín, mientras que en el fondo todos siguen saqueando al país, todas las capas de la burguesía incorporadas o no a uno u otro partido siguen tan rapaces como siempre, y sus partidos siguen tan entregados como siempre a aceitar los mecanismos del aparato político de control.
En este tiempo hemos sido testigos de la represión brutal a todos los sectores populares con el acuerdo entre los principales partidos de la burguesía, se nos ha ofrecido la cara del fascismo como próxima manifestación de la política estatal sin que alguna de las fracciones de la burguesía tuviese inconformidad, ni sus partidos la intención de defender los intereses “plebeyos” más profundos.
Así, con el final de las elecciones llegamos a una situación en que la política burguesa de los principales partidos políticos: PRI, PAN y PRD se sustenta en: 1.- asegurar a la oligarquía financiera el control de la economía nacional, 2.- permitir la concurrencia del capital internacional, 3.- asegurar el eslabonamiento de la producción capitalista internacional, 4.- tener como ejemplos rectores del desarrollo del mercado nacional a los grandes monopolios, 5.- administrar el aparato estatal bajo el protagonismo de estos grandes partidos.
Efectivamente existen divergencias, y hasta “preocupaciones” en el seno de estas fracciones, preocupaciones de las que se hacen eco los distintos partidos, proponiendo las salidas fascista, chovinista o socialdemócrata, según su “feliz corazón”.
No podía ser de otra forma cuando es claro que la burguesía y los imperialistas tienen trazado el plan de asegurar las nuevas bases del control de nuestro país atendiendo prioritariamente la sujeción de la economía a los vaivenes del capital internacional, a evitar cualquier apuntalamiento interno del desarrollo capitalista que ponga en juego las necesidades, las prioridades y los intereses del imperialismo internacional. Saben que esto trae en sí más pauperización para las mayorías, y algunos no permanecen sordos a éstas, se hacen eco de ellas para potenciar su propia perspectiva gran-burguesa desde arriba, apoyándose en las bases económicas establecidas.
Pero mientras que las disputas siguen en las elites, se planifican y se administran las formas de salir a la crisis actual sin cambiar el rumbo del sistema; cierto es que las cosas se complican desde arriba por el avance formidable de la concentración y centralización del capital, y desde abajo por el descontento ante la situación imperante.
En este ambiente, las represiones se suceden una tras otra por diversos puntos del país, las policías incrementan su papel represor, los capitalistas hacen su agosto con la explotación del trabajo, los partidos políticos se enmarañan en su política de Estado; afirmándose la tendencia a la fascistización.
Aunque ahora la socialdemocracia hace esfuerzos por aprovechar la oportunidad que la ultraderecha les brinda al colocarlos como mártires de la democracia, en el fondo, su política de llamamientos populares para que se rectifique el fraude electoral manifiesta su gran confianza en el aparato del Estado, su certidumbre en que los oligarcas olviden cualquier agravio que pudiesen inferirles, que sería difícil juzgar cuál pudo afectarles, simplemente los oligarcas temen que a la socialdemocracia se le salga de control la acción popular una vez en el poder y planteemos nuestras reivindicaciones en condiciones diferentes.
Imbuida de la obsesión por salvaguardar la sociedad actual, en el fondo la política de los partidos electoreros, sigue apegada a los intereses monopólicos, a la manipulación mediática, a catalogarse de defensores de la legalidad y del pueblo, todos sostienen el mismo tipo de principios democrático burgueses.
Sin embargo, en lo concreto, la democracia burguesa es la más “raspada” en este reacomodo de las clases dominantes, quedando sujeta a los intereses financieros, a su vez el Estado despeja su papel de garante para los intereses de la oligarquía financiera.
Los oligarcas mantienen sus disputas pero se enfrentan a un doble juego a causa de lo intrincado de sus contradicciones.
De un lado deben resolver sus diferencias internas en relación a la reagrupación interburguesa, la reordenación de su relación y el programa económico. Esta situación es bastante complicada al darse procesos diferentes y hasta divergentes de la acumulación de capital entre las distintas empresas por su tamaño y competencia, y su relación con los monopolios extranjeros, la oligarquía financiera internacional, los mercados nacional e internacional. Existen fracciones irreductibles en sus pretensiones de no compartir absolutamente nada más que con los imperialistas (Grupo Monterrey), por su parte la más poderosa fracción le da sustento a una integración de las pequeñas y medianas empresas inconformes en la órbita de los monopolios (Grupo Carso), en tanto que otras en cierta forma disgregadas se plantean no dejar al margen sus intereses y asegurarse parte de la política estatal de “aliento empresarial”, de desarrollo de las fuerzas productivas. Así entonces, las fuerzas burguesas libran una batalla entre la imposición absoluta y la concerta-cesión en la disputa de sus líneas económicas.
Los más fuertes cuentan con el poder central del régimen, y con una estructura legal que les da justificación, en tanto que no descartan cobijarse en principios y teorizaciones rebuscadas, en el socialdemocratismo y en la puesta a tono del nacionalismo revolucionario burgués, pero que se percatan de los peligros al ser ampliamente aceptados estos últimos planteamientos en el seno de la burguesía media y otros sectores que aún cuando tienen margen legal en lo general, se ven cercadas en lo particular por diversas reglamentaciones monopólicas que tratan de combatir. De esta manera la política socialdemócrata encuentra una amplia base social a su favor y cree poder manipularla a conveniencia.
En el otro rol del juego está la disputa por controlar a los trabajadores, misma en la que dos son las posiciones divergentes. Una es la apuesta que ya se ha abierto camino en mayor medida, que consiste en reprimir, militarizar la vida del país y redoblar las leyes contra los pobres, y la otra se propone hacer un trabajo por ganar a las masas para el capitalismo, en empujar a las capas medias a que se desarrollen y encuentren su realización económica, de esta manera promueven que la represión se use para “casos excepcionales”, algunos no tan excepcionales como en Guerrero, el caso es que sustentan darle mayor margen de acción a las relaciones capitalistas, que no reparan en abandonar para hacerle a la rapiña como forma “peculiar” de fomentar una nueva burguesía.
Si las cosas marcharan como antes, los oligarcas claramente se definirían definitiva y resueltamente por la primera opción, pero no sucede así, en todas las capas de la burguesía se ha incrustado el apetito por ganancias máximas. Si bien a la oligarquía financiera sabiéndose con mejores ventajas económicas para retenerlas, no le satisface perder sus ganancias en aras de la burguesía media y otras capas menores de su clase. Ni el hecho de permitirse el desarrollo de la organización de los oprimidos así sea bajo el control socialdemócrata, pues ello ofrece sus peligros y sus desavenencias con los programas de flexibilización laboral. Pero, como las manifestaciones de rechazo a ésta capa extrema de la burguesía son patentes, persistentes y cada vez más belicosas, se ha puesto a urdir la mejor forma de resolver sus problemas.
Los problemas del capitalismo en México están aquí: ¿Cómo resolver por partida doble el siguiente momento de la acumulación capitalista sin que las masas se desborden en una disputa de intereses antagónicos?, ¿Cómo reestablecer internamente los pactos sin afectar el nuevo papel de la oligarquía financiera y su Estado?, ¿Cómo hacer el trabajo a los imperialistas para que las ganancias propias no se vean afectadas? Difícil la tienen, pues cada minuto transcurrido les suma descontentos por miles.
Así plantean diversas salidas ante el desgaste del delfín favorito, Don Fecal, acabar políticamente con otro de sus hombres, aunque no tan apegado económicamente, es decir, con vínculos “respetuosos y de honorabilidad”, lo que si bien deseaban, ahora ven la inconveniencia, pues si desarticulan a AMLO y no se desarticula el movimiento en su favor, y lejos de esto, se desborda, llevarán gran desventaja en un proceso al que pueden arribar otras estructuras políticas populares y proletarias.
Con estos flancos abiertos los grandes capitalistas se ven en la necesidad de fomentar una política de descomposición del movimiento popular apoyándose en los supuestos de la legalidad burguesa y la probada efectividad del desgaste de las dilaciones y concesiones mínimas, sin importarles ponerse en entredicho o cuestionar en los hechos sus propias instancias (IFE y TEPJF), intuyen que una salida legal con amplio respaldo social podría desarticular las diversas luchas del pueblo para recomenzar las cosas como en cada sexenio. Al cabo que desde la misma socialdemocracia hay los que aseguran que tan solo en relación con la protesta contra el fraude, la culpa no fue del IFE, ni del TEPJF, ni de los consejeros, ni de los magistrados, sino “quesque se vieron presionados”, ¡por favor!, ¿Quién no sabía que les iban a presionar?, en efecto les presionaron desde todos los ángulos, pero el eje rector de la democracia burguesa ya trazaba los actos de farsa y fraude, este intento de argumentación lleva un fin velado, debilitar la pugna contra la gran burguesía para reducirla a una protesta marginal.
El fin de toda esta intensa pugna por la legalidad es, que las manifestaciones se desarticulen, que todo se reduzca a reclamos legales donde se pueda manipular más fácilmente la situación, llevar las cosas al terreno imbatible del Estado de derecho, del “papel del gobierno frente a las demandas sociales” donde todo queda dicho y no hay queja que valga y por esa razón Fecal, que ya se siente Presidente sin serlo, ofrece una reforma electoral planteando que el entramado electoral que mantiene en vilo, “ha sido rebasado”.
De ahí, particularmente en relación a la cuestión electoral piensan hacer prodigios porque Calderón sea ceñido con la banda presidencial sin menoscabo de las facultades del régimen frente a la sociedad, por ello a este señor lo han puesto a decir disparates sobre la legalidad, a discursar fuera del tiempo en aras de que adquiera cierto rango de hombre honesto y fiel a la Constitución y a la democracia, que se le logre investir de autoridad legal y jurídica, lo cual dista mucho de ser posible más que en la pantalla chica, la radio y la prensa burguesas. Y de no ser posible consumar este objetivo, seguir aletargando las cosas hasta que se cree una situación bajo cualquier argucia legal para que se sienten premisas de colocar un interino con las mismas prerrogativas del capital financiero a través de las cámaras, encargo que Elba Esther Gordillo y otros señores ya vienen empujando con el arrobo con que le sacaron los votos de las mismas bolsas del pantalón a Roberto Madrazo según lo dispusieron los monopolios, Fox y Salinas. El Rector carnicero Juan Ramón de la Fuente y el mapache (exMAP) José Woldenberg ya empezaron su precampaña presidencial interina por si la oligarquía requiere de sus oficios .
Cualquiera de estas dos perspectivas inmediatas por donde la socialdemocracia queda colgada de la brocha y acrecientan la naturaleza ultraderechista del régimen no hacen más que llevar a nuevos escenarios los antagonismos de las clases sociales.
Las preocupaciones de los socialdemócratas precisamente se inscriben en que la oligarquía financiera persista en sus líneas más reaccionarias, “sucumba a la tentación del fascismo” y la espiral de la violencia toque todos los estratos subordinados provocando la repulsa popular. Temen a ciencia cierta que con todo esto se aleje la posibilidad de que el PRD controle el poder ejecutivo y tenga que ponerse a disposición de las fuerzas de la reacción, un camino que ya fue allanado desde el momento en que su dirección política fue copada por eminentes reformistas de derecha, mercaderes sin principios y mapaches de viejo cuño. Su única posibilidad estará como se puede constatar por las insinuaciones oligárquicas en que Obrador esté rodeado por ministros del PAN y el PRI, y conceda una política social reciclada por los financieros, con intervención de éstos y con posibilidades de ganancias, por supuesto, que en todo lo demás los cambios que se susciten sean para que nada cambie.
Si bien los socialdemócratas e importantes sectores populares seguirán reivindicando a Obrador, y su nombre o el de cualquier otro sea empleado para la agitación, la lucha de clases pasa a nuevos escenarios que destacan las banderas contra la burguesía, exigen replantear los intereses en disputa y el programa con que hay que sacarlos a la luz en los distintos espacios legales, semilegales e ilegales.
Los perredistas se conduelen de las “traiciones internas”, pero no ven en ellas el pago con la misma moneda ni el hecho de que su política terminó en brazos de la derecha a fuerza de persistir en el camino de conservación del aparato estatal. Con esto solo se buscan una publicidad fácil de consecuentes defensores del pueblo, pero todo cuanto critican apenas hace un año lo impulsaban con todo descaro, el arrinconamiento de Cárdenas, su desplazamiento, su aniquilamiento y el de las tendencias “más izquierdistas” que lo defendían, ahora podemos apreciar qué tan izquierdistas eran los viejos izquierdistas del PRD, y hasta dónde mienten, se entrampan y manipulan en aras de cotos de poder.
Por esto nuestras organizaciones insisten fundamentalmente en la lucha por: 1.- los derechos políticos, 2.- la conquista de libertades políticas y sociales, 3.- el respeto del sufragio universal, que Calderón propone reformar para que sean las instituciones del Estado las que se encarguen de designar a los triunfadores sin que nadie tenga la osadía de impugnarles, 4.- el respeto a la voluntad popular, como aspecto de defensa de condiciones legales de lucha que todos los partidos políticos al lado de la burguesía se empeñan en cerrar.
Las libertades políticas y democráticas conculcadas por la oligarquía a través de su aparato estatal no pueden ser abandonadas ni dejadas a que los socialdemócratas les sujeten a su muy particular enfoque cuando les es conveniente (por ejemplo, no hace mucho estaban contra las manifestaciones sociales y hoy las convocan bajo control), sino que son banderas del pueblo, con todo y que en la actualidad este derecho les favorece y favorece al capitalismo, a pesar que las eminencias burguesas sostengan lo contrario, que como sabemos, solo hacen pronósticos orientados desde las oficinas de unos cuantos ejecutivos. ¿Y que decir de Chiapas, como ejemplo, de que el PRD a través de la Coalición por el Bien de Todos y de la mano del fascista Pablo Salazar hace exactamente lo mismo que el PAN en lo que ahora tenemos como restos del 2 de julio?