BAJAR EL DOCUMENTO COMPLETO EN WORD (117KB)
CAPITULO I
Condiciones previas.
Nuestras primeras consideraciones sobre la situación general en el país, dentro del engranaje de la dominación imperialista sobre América Latina, parten de la ubicación del malestar en torno a las condiciones que atenazan nuestras vidas a una esclavitud asalariada en sus peores manifestaciones de arrasar con nuestra condición humana para sujetarnos exclusivamente a las máquinas y arrastrar la penuria más espantosa al grado de exportarla por millones de seres.
Bajo la dominación capitalista en México la sociedad quedó encerrada completamente en los marcos del proceso de explotación y subyugación a manos de la clase burguesa nacional e internacional. Los problemas fundamentales para este sistema consisten en salvaguardar en primera instancia la acumulación de riquezas, maximizarla , resguardando por tanto a los que las detentan.
Tal es el devenir al que por todas las formas la burguesía y su Estado intentan circunscribir la marcha de la historia. Una perspectiva que, en las condiciones del neocolonialismo, de la extrema concentración y centralización del capital, la pauperización del trabajador, la preponderancia política oligárquica, el control administrativo, la injusticia acentuada, la manipulación y represión social; choca frontalmente con los intereses populares en un grado superlativo.
Una marcha muchas veces revestida de principios libertarios, y democráticos como repasando viejos ideales de las clases dominantes en sus épocas mozas, a fin de mantener el estatus actual, reforzarlo en todo, nociones de las que en ocasiones encontramos sus ecos entre otras filas, creyendo haber logrado resolver el nudo gordiano de las contradicciones capitalistas para que el sistema “nunca más” vuelva a padecer las “lacras del pasado”. Nada más grato, pero nada más desapegado de la verdad, de nuestra realidad social. Oímos a diario que vivimos un retraso de las formas del capitalismo, que en otras latitudes ya han resuelto satisfactoriamente, pero eso ni es cierto, ni toma en cuenta nuestra vida nacional como parte de un todo en el cual, junto con otros pueblos y regiones, nos toca hacer funcionar los mecanismos causantes de nuestra propia tragedia soportando la carga de enriquecer por partida doble a la burguesía nacional e internacional.
Cierto que también se nos dice desde fuera que no es posible sigamos viviendo así, que debemos modernizar el capitalismo para que nos vaya mejor ¿Será verdad que algo así pueda hacerse?, pero ello resulta sumamente insuficiente y precario para resolver las grandes contradicciones que corroen el sistema actual, ni siquiera alterar las bases económicas que lo sostienen, encubriendo de paso prejuicios sobre el atraso histórico-cultural de nuestros pueblos con respecto a otros. Un prejuicio que los imperialistas alimentan con renovadas interpretaciones sociales seudocientíficas, de alcances tan extensos que se reciclan entre las corrientes de pensamiento al seno de la población mundial para hacerle creer a la que vive en las grandes potencias que toda lucha se reduce al modernismo y el cosmopolitismo, que el atraso es cosa de otros pueblos, y a nuestros pueblos orillarlos a persistir en el progresismo y el desarrollismo, haciendo a un lado en ambos casos la lucha contra el sistema capitalista.
Anotemos aquí el hecho de que con tales prédicas queda patente el límite de las distintas capas de la burguesía y sus intelectuales ante la historia, cuya última consecuencia es la prédica en torno a superar el atraso de “ciertos países” (la mayoría de la humanidad), como máxima política, es decir, esto de la democracia burguesa como forma de vida para todos, es el fin en sí de la historia política del capitalismo . Aún no les queda claro que un puñado de potencias goza o creen gozar de una democracia extensa, en buena medida gracias a la opresión del resto del mundo, acaso esto moviera en la década pasada a muchos intelectuales de diversas filas de la burguesía y la pequeña burguesía a plantearse como fin último de la historia humana la consecución de una “sociedad abierta civil”, una democracia política que no afectase los intereses de la oligarquía financiera.
Los comunistas y los revolucionarios, marcamos aquí una primera diferencia entre reconocer simplemente algunos antagonismos de manera contemplativa y positivista guardándose de trastocarlos más allá de lo que los monopolios toleran, y el dar pasos consecuentes a que los explotados y oprimidos los supriman revolucionariamente, pues incluso en el entendido de los márgenes de atraso existentes (decimos más bien que se trata de ataduras en el desarrollo de las fuerzas productivas y su contraparte administrativa, cultural, política, etc., ingeniosamente dispuestas por los imperialistas y las burguesías de los distintos países), apegarnos a una lucha intestina por reorganizar la estructura que los causa, resulta una plataforma raquítica por demás carente de perspectivas.
Lo mal visto de esta posición no es que los marxistas-leninistas y los revolucionarios seamos “abstractos y principistas” como se nos etiqueta, por supuesto que no, eso es solo propaganda reaccionaria, lo que en verdad “cae mal” a nuestros detractores es esa insistencia en que las masas hacen la historia , dicen muchos que eso es de lo más chocante, que no hace falta plantearlo, que nos dejemos de esas complicaciones, así nos vienen hoy día especialmente los socialdemócratas y los recién adaptados al discurso del viejo nacionalismo revolucionario burgués.
A estos señores les resulta exasperante que las mayorías de este país se levanten y proclamen en pro de una causa contra el régimen de explotación, se planteen ante sí y para sí la participación en el primer plano de la historia, así que amenazan “aténganse a nuestras propuestas de apego a derecho o los de arriba se pueden disgustar”, que al cabo “hay resistencia civil-pacífica para rato” sin que les preocupe gran cosa que la cuestión de la represión se haya convertido en todo un sistema en la aplicación de la política de masas por otros medios, como nos lo indica tan solo el plan de despliegue policiaco-militar en Oaxaca conducido por el régimen para salvar al chacal Ulises Ruiz del repudio popular y ahogar en sangre los esfuerzos del pueblo por replantearse la cuestión del poder.
Por encima de toda pretensión futurista, nosotros simplemente nos apegamos a las fuerzas que hoy pugnan por salir al escenario, mismas que objetivamente llevan a millones de explotados y oprimidos a labrarse su propio camino, y con ello a entrar de firmes en la historia, esta situación vino preparándose a lo largo del sexenio foxista, es en su final cuando se exacerba en virtud de sus propias inconsecuencias y miserias legal-burguesas.
Hay que ver en los sucesos recientes el anhelo popular por cambiar la situación social, por incidir de forma determinante en la situación, por aferrarse a una perspectiva de acción que conlleve a recomponer la correlación de fuerzas, pues si solo apreciamos el protagonismo de la política socialdemócrata y sus consignas, corremos el riesgo de perder los amplios horizontes que hoy se abren a la lucha de clases.
Basta ubicar el peligro que se corre de contraer nuestras aspiraciones e intereses, para que con nuestra acción contribuyamos a que eso no suceda y el escenario actual con patentes tendencias de acumulación revolucionaria de fuerzas encuentre el cause conductor de las aguas.
Está visto, por encima de los personajes que parecen disputarse el destino del país, destaca un proceso de incorporación de las clases sociales antagónicas, a la vida política, a la confrontación aún soterrada de sus intereses, por ejemplo, los campesinos hablan de defensa “del voto y del maíz”, los trabajadores destacan “los derechos laborales y el voto”, el pueblo oaxaqueño proclama “fuera Ulises, viva la asamblea” y esos binomios los encontramos desde el Cecop, Sicartsa, Atenco, PUNCN, FSICISP, DN, CNTE, ATM, en defensa del agua y de la tierra, los Marez, las JBG, los caracoles, las organizaciones guerrilleras insurgentes, hasta cada fibra tocada por La Otra Campaña y cada movilización empujada por los distintos proceso que componen la convergencia nacional de oposición proletaria y popular contra el régimen, binomios-polos que el Partido Marxista-Leninista y el Frente Popular Revolucionario tienen como tarea, develarlos, como gérmenes de revolución proletaria. Fenómeno que vaticina un enfrentamiento mayor al persistir las diversas posiciones y tendencias de los capitalistas y al crecer el malestar de los de abajo con las formas en que la oligarquía financiera amarra sus asuntos de clase dirigente.
Por cuestiones que incumben a su desenvolvimiento “natural”, el dominio reconcentrado de la oligarquía financiera y sus monopolios, irremediablemente trajo en el país una nueva situación económica, política y social caracterizada por: 1.- el reforzamiento de su poder dictatorial contra cualquier otra tendencia, acentuó las cargas de la sociedad en general y mayormente de los proletarios, 2.- sumió al pueblo en los patrones de explotación y opresión más extremos, y, 3.- rompió las antiguas alianzas burguesas.
Esto define en lo general una nueva correlación de fuerzas, de un lado (con evidentes fracturas), la oligarquía, la burguesía nacional y las capas medias dependientes directas de los negocios monopólicos, de otro lado (con debilidades orgánicas y unitarias), el proletariado, sus aliados naturales y las capas medias arruinadas hoy desplazadas de antiguos espacios de acción.
Por su misma dinámica, las clases dominantes se vinieron fracturando para aliarse a los sectores más reaccionarios del imperialismo internacional, creándose diversas corrientes que siguen planteándose un discurso nacionalista con algunas diferencias en su programa económico para “prender el corazón” de la producción capitalista nacional, sin que ello implique la ruptura con los imperialistas, sino la activación para que haya más magnates, el fomento para más miembros de su clase, la acumulación de capital, y la perspectiva para la pequeña burguesía alta de subir de estrato social de acuerdo a una tradición probada desde los tiempos de la independencia, reafirmada en el constituyente de 1917, y procesada en su ascenso industrial del siglo XX, no olvidemos los orígenes pequeñoburgueses de la burguesía industrial de los años 40s.
No es difícil vislumbrar tales tendencias en el escenario político, antes al contrario, estas saltan a la vista y tienen gran recepción en las capas medias arruinadas, entre los campesinos pobres y aún entre sectores del proletariado, lo cual no es una sorpresa, sino un adelanto consecuente de la separación primaria respecto de la política descarada de la oligarquía financiera y el imperialismo, pero que todavía les ata a la política burguesa en general.
En ese sentido los comunistas apreciamos su importancia, aunque no dejamos de subrayar sus limitaciones, sus intereses latentes, indiscutiblemente muchas banderas en el seno del movimiento en general, y en el reclamo a la voluntad popular por la vía del voto, hoy resultan incuestionablemente los más objetivos de los planteamientos. Se trata en este orden, de ilusiones de que todo se resuelva para bien sin tener que alterar nada, son ilusiones venidas desde el seno de un pueblo que quiere luchar, de una tendencia natural, por decirlo así, de los pobres , válida, necesaria y quizá indispensable como punto de partida para abrir brecha, que surge en el momento, bajo las circunstancias apremiantes, con el deseo de adelantar pasos contra los opresores, y aunque simples ilusiones en términos de su irrealización sin derrumbar a la clase de los capitalistas, sus aspiraciones son apoyadas por los comunistas planteándonos la tarea de hacer avanzar el movimiento en su sentido emancipador, dotarlo de los rudimentos político-sociales que sustituyan las concepciones falsas y las acciones sin contundencia, en el sentido de que aquí lo más trascendental será la reafirmación de la alianza de obreros, campesinos pobres y sectores populares, conducida y bajo la hegemonía de la clase de los proletarios.
Objetivamente los sucesos actuales, pese a las evidentes limitaciones de programa, de táctica y de acción, juegan un papel positivo en el desarrollo de la lucha de clases. Sin lugar a dudas las demandas democráticas, igualitarias, de respeto a la voluntad popular, laborales y económicas trazadas hasta en sus líneas más generales constituyen necesidades vitales para el pueblo mexicano, cumplen un papel de gran importancia para el despliegue de su movilización.
No queda la menor duda que cada clase social, cada sector y cada organización de clase hace sonar sus campanas de una forma especial, alude a un programa concreto, pone el acento en un aspecto más que en otro, enfoca sus baterías a algo en particular, por lo que el proletariado y los campesinos pobres son quienes no deben albergar ilusiones, lo más sustancial en lo inmediato va estar en confrontar al enemigo común, como resultado lógico del grado que han alcanzado las contradicciones sociales.
En tanto que los diversos partidos y políticos de la burguesía trabajan para que “todo se arregle antes de que sea demasiado tarde”, las clases explotadas y oprimidas, se construyen el camino para que “por todos los medios” se resuelvan sus intereses, ni la contrarrevolución, ni la revolución pueden hacerse por encargo, todo está sujeto a condiciones sociales, económicas y políticas que vienen preparándose larga y profundamente, hasta que finalmente sus fuerzas se despliegan y desatan.