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4.-Por la forma en que se presentan.
Esta base de la composición de clases en la alianza de obreros, de campesinos pobres y capas populares, y muchos otros elementos de carácter interno se manifiestan de una forma concreta. Los problemas que enfrenta el movimiento por esta diferenciación de clases aliadas en la lucha contra el capitalismo, pueden verse detrás de consignas exclusivistas que encajonan la lucha. Daremos un vistazo a algunas de estas:
a) El localismo y los regionalismos.
El localismo y los regionalismos son efecto del insuficiente desarrollo del capitalismo en las regiones del país y una tendencia a la fragmentación capitalista promovida por las burguesías locales, por la oligarquía financiera, el Estado y los imperialistas para mejor explotar al pueblo y debilitar su unidad, por las insuficiencias en la ligazón del mercado nacional, por las limitaciones de la pequeña producción y de algunas concentraciones aisladas, y/o por el enorme retraso de la conciencia de las masas. Estos, se han revelado hasta hoy día como problemas que afectan a la unidad popular, que limitan los alcances de las luchas, las que degeneran frecuentemente en disputas de aldeanos para gusto de la clase dominante.
Esta situación fomenta entre las clases populares y sus dirigentes una actitud resistente a elevar la unidad al plano nacional y de clase. En ocasiones contribuye a ello una escasa comprensión de sus intereses concretos ya sean inmediatos o superiores, que en vista de ello les inclina a dar luchas restringidas a áreas y por demandas disminuidas en aras de obtener alguna conquista ante la abrumadora presencia de terratenientes, burgueses, el caciquismo, los partidos de la burguesía y el aparato estatal. Nosotros necesitamos llevar a todas partes la visión de conjunto del proletariado y sus aliados, debemos dar confianza y ayudar a estos sectores y sus organizaciones a que se desembaracen de dichas ataduras, debemos demostrarles concretamente cómo la unidad superior de intereses resuelve con mayor facilidad y contundencia no simplemente sus reivindicaciones inmediatas y otras más que se les hacen inalcanzables, sino la orientación, la superación de sus problemas locales, la organización general de frente único contra sus opresores.
La labor consiste en que cada paso de ruptura con el localismo, permita a las capas populares el convencerse de que la renuncia a los estrechos marcos de una lucha aislada es necesaria para consolidar la gran alianza que queremos. Por supuesto, que esto entraña batallas político-ideológicas contra determinados prejuicios, contra el espíritu de secta, contra nociones y estructuras que rechazan la actuación y concientización generales, nosotros tenemos que llevar a cabo una lucha educativa con el ejemplo, con la persuasión, con el convencimiento pleno, con la inserción de los principios proletarios, y al mismo tiempo, prestar una ayuda concreta para que se aseguren la solución de sus demandas, para que puedan seguir luchando más y mejor, para que superen las debilidades del localismo que frecuentemente les colocan a merced de los burgueses más rapaces.
b) El gremialismo.
De la mano del localismo va la actitud del gremialismo, consistente en maniatar a la clase obrera y sectores sindicales y de otros contingentes, a luchar exclusivamente por sus intereses, aún cuando la alcanzan a emprender sobre una base política. Los elementos de la estructura de las empresas, el desarrollo desigual de las formas de lucha y de organización, así como la legalidad, acrecientan esta conducta, impidiendo continuamente que los grandes movimientos sindicales y populares (véase por ejemplo la CNTE, Atenco, la Huelga del CGH en la UNAM, Fertinal, Euskadi, etc.) avancen y rompan plenamente con la política democrático burguesa.
El gremialista llega al extremo de que cuando se le plantea la unidad señala estar de acuerdo, para lo cual “recogen” propuestas de acción de los “otros”, con el fin de “procesarlas” internamente y determinar sus propias medidas, a las que intenta supeditar al movimiento partiendo de la política del gremio que se traspone como política general, lo que vemos particularmente entre los grandes sindicatos. El movimiento necesita especialmente que aquellos bastiones de la lucha sindical avancen en la política unitaria, en la definición de una política tendiente al frente único, que luche por un programa democrático y revolucionario, que arme a los trabajadores con la conciencia de clase, que rompa con lo que a simple vista parece más ventajoso desde el ángulo del gremio, pero que en realidad se convierte en una atadura a la política de componendas con la burguesía en detrimento de otros sectores que aún no luchan y que necesitan que sus banderas también sean enarboladas, para estar en mejores posibilidades de romper con el cerco de la burguesía. La obligación de cada sector de la clase obrera que se desprende de la influencia de la burguesía y que despierta a la lucha es de contribuir con sus hermanos de clase y sus aliados estratégicos a sentar las bases de la unidad, superando sus luchas económicas y políticas y resaltando su carácter netamente revolucionario.
c) El “caciquismo”.
Los caciquismos llevan una penosa existencia para los movimientos. Cuando la unidad, la organización y la conciencia de las masas se ven restringidas a aquellas luchas económicas de gremio, fácilmente se desarrolla en su seno el caciquismo de los jefes que aún en sus mejores deseos no están en condiciones de comprender el daño que causan a la democracia proletaria y en sí a la misma lucha de clases. Hay que combatir el caciquismo promoviendo la participación amplia, asambleísta, democrática y revolucionaria de las masas en la vida sindical y popular y en las luchas que emprenden, para que su fuerza sea probada en toda su magnitud y los patrones no simplemente tiemblen ante nuestras acciones, sino que retrocedan.
d) El protagonismo.
El protagonismo se manifiesta en varias acepciones:
- De la pequeña burguesía radical, con todo y que aporta a las luchas, también resulta perjudicial para consolidar la unidad y la organización del pueblo. Al proletariado vienen gran cantidad de elementos pequeñoburgueses que en los momentos de auge han abrazado sus consignas y se han comprometido en la lucha contra los males del capital; pero esto no es definitivo, muchas veces se limitan a la lucha democrática y progresista y a ella pretenden circunscribir las luchas del proletariado, se descubren sus inconsecuencias y se manifiestan contra la lucha por el socialismo. La lucha del proletariado en nuestros días tiene sus dificultades, no lo negamos, levantar las banderas de la revolución proletaria resulta muy duro a estos elementos, por lo que nosotros sin dejar de ayudarles a elevar su conciencia hasta el nivel revolucionario proletario, tenemos que velar porque tales elementos no contaminen a la clase obrera y sus aliados con sus titubeos e inestabilidad, pues dicha inestabilidad socava la unidad, limita los alcances de la alianza y puede llegar a volcar todo lo acumulado en pro de una clara política pequeñoburguesa.
- De los sindicatos y organizaciones (en vínculo orgánico con el gremialismo), que en momentos concretos aparecen como los que mejor alcanzan a aglomerar el descontento general, se fundamenta en una limitada comprensión de su papel para con la clase obrera y la lucha de clases. En la historia pasan las batallas de telefonistas, transportistas, electricistas, automotrices, maestros, indígenas, universitarios, trabajadores de la salud…, se les señala comúnmente o ellos se reconocen como los ombligos de la lucha, se trata de viejas creencias de que la lucha del contingente que más resalta en un momento, es la que determina la dirección del proceso en su conjunto, y no la clase que lo sostiene; para ello hasta la burguesía se dedica a encausar a través de estos sectores todo cuanto se demanda, concediéndoles a las burocracias sindicales un espacio importante de interlocución aún cuando no resuelva sus demandas, para impedir que descubran el rol que pueden y deben jugar como bastiones de la lucha de clases en las tareas, las banderas y las consignas generales. Con esto, se convierten en procesos que solo apuntan la consolidación de cotos de poder, o en el mejor de los casos a reciclar sus acciones sin aventurarse a cumplir con sus tareas democráticas y revolucionarias unitarias y de clase. Claro está que esto revela por otro lado la importancia de desarrollar el Partido Comunista al seno de los sindicatos, pero no será motivo de nuestro análisis en esta ocasión, a dicho propósito nuestro Partido cuenta con planteamientos específicos.
- De algunos grupos que se dedican a alabar a dichos contingentes y sus representantes, a enaltecerlos llegando al grado de ocultarles las contradicciones internas de dichos movimientos, negando las dificultades de la unidad para cantar loas que solo aturden al proletariado y al pueblo en general, que les velan el papel del charrismo, impidiéndoles asumir compromisos concretos para con la clase; en la pretensión de controlarlos y capitalizarlos al fortalecimiento de sus propias estructuras.
e) El grupismo.
Otra vista parcial de los problemas resulta del grupismo o circulo de combativos activistas alejados de un trabajo concreto de construcción orgánica de masas. Este, es un trabajo de pequeños grupos insuficientemente compenetrados con el movimiento, que se limitan a atacar en todas direcciones, sin que les sea posible consolidar un punto de apoyo a la unidad con otras fuerzas. Tales grupos deben ligarse a un movimiento concreto, a una lucha específica y solo de esta forma podrán superar sus limitaciones, de otra manera en nada pueden contribuir a la unidad y organización generales. Normalmente degeneran en la llamada “acción directa” en la “resistencia activa y pacifica” o en el debate general sobre el objetivo final sin considerar la necesidad de tener una táctica audaz, flexible y revolucionaria. Por ejemplo su aversión a los charros les impide comprender la política de frente único contra el capital.
f) El practicismo y el pragmatismo.
La unidad de los practicistas, exclusiva por “la acción conjunta”, sustentada en que la unidad no debe darse sobre un interés general “ideológico” o estratégico, en realidad no hace más que reciclar una visión pragmática de la histórica lucha del pueblo. Sus dificultades y limitaciones se convierten en el soporte indispensable para repudiar toda tentativa de acción organizada y programática, su situación de inestabilidad les inclina a no mantener compromisos y a despotricar contra toda tentativa de unidad por “desviar” al movimiento de sus bases económicas, no alcanzan a apreciar que la naturaleza económica de la lucha es materia prima para que las masas trabajen por sus intereses estratégicos, que el proletariado no puede y no debe eternizar una sola forma de lucha, que más bien debe utilizarlas todas y empujar las formas inferiores hasta alcanzar las superiores.
g) Dogmatismo e intelectualismo.
El dogmatismo e intelectualismo propugnan por fórmulas y definiciones teóricas acabadas antes que dar cualquier paso práctico que haga avanzar la unidad. Esta peculiaridad hoy se manifiesta con la constante inclinación a crear trabas a la unidad sin el menor ánimo de construir los soportes del movimiento, de esta forma hay quienes para cada propuesta cuentan con una contra-argumentación interminable. Reconocemos que dadas las grandes dificultades entre el pueblo para discernir el camino de la lucha consecuente, dichas posiciones alcanzan a influir no solo entre viejos activistas carcomidos y apolillados, también entre algunos sectores de la juventud estudiantil alcanzan a destilar su hiel inculcando todo un embrollo en torno a sus programas reivindicativos que se derivan en la inactividad y el disloque de su movimiento, pues los activistas juveniles no alcanzan a terminar un programa de acción que acelere el proceso de lucha unificada, porque no es del agrado de los dogmáticos e intelectuales pequeñoburgueses que así hacen un buen servicio al oportunismo y a la burguesía.
h) Ultraizquierdismo y aventurerismo.
El ultraizquierdismo y el aventurerismo de grupos aislados de las masas o que en el camino se aíslan de ellas, que implica su impotencia ante la tremenda preponderancia del capitalismo, definitivamente es un factor muy perjudicial para la unidad general, y como tal hay que combatirlo al seno del pueblo demostrando la vital importancia de su accionar, combatiendo los sueños de lucha individual o de grupo que poco contribuyen al desarrollo de condiciones revolucionarias. Los grupos ultraizquierdistas si quieren luchar de verdad deben ligarse al trabajo entre el pueblo abandonando sus posiciones que en esencia niegan el papel de este en la historia.
i) El trabajo artesanal.
Del trabajo artesanal con que se llega a intentar el trabajo general, indudablemente existen resistencias, pero se tiene que superar con la acción bajo las nuevas condiciones de lucha general y la penetración al seno del proletariado industrial especialmente. De esto hay más de mil dificultades que afrontar, desde la posibilidad de utilizar las contradicciones de la burguesía y sus charros, hasta la forma de agrupar a las bases a partir de su acción y no de declaraciones archirevolucionarias, del trabajo a cuenta gotas; estamos en gran necesidad de aprender de las condiciones de los trabajadores para accionar por encima del charrismo, por filtrarnos en los sindicatos charros y sostener la debida labor, por encima de prejuicios izquierdizantes.
Desde luego en la lucha diaria, por lo menos hasta hoy, ninguno de estos problema se presenta de manera “pura” o aislada uno de otro siempre donde hay uno hay también algún otro, lo importante es atender correctamente el combate a su contenido y su forma manteniendo las posibilidades y las inmensas bondades de la convergencia y la unidad proletaria y popular.