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Lo que apremia a la oligarquía financiera a destruir algunos de los viejos elementos del aparato estatal y la estructura republicana burguesa del país, es su inminente desesperación y ansia por aumentar sus riquezas, en cumplimiento de dictámenes imperialistas, en interés de cortar las posibilidades a otras capas burguesas para controlar ciertas áreas del aparato estatal, en interés de destrabar por todo el país algunas normas no monopólicas en la vida de las masas, esto último especialmente en el campo.
Una enorme muchedumbre de plumíferos clientes del imperialismo y la oligarquía financiera nacional, se han dado a la tarea de “reunir argumentos” que demuestran la magnificencia de los poderosos, con lenguaje ampuloso agreden a los trabajadores, les tachan de “privilegiados” sin el menor juicio, ni la menor piedad, velan la mezquindad de clase con que actúan, a través del monopolio informático quieren si no convencer, por lo menos abrumar al pueblo e impedir su actuación, para que todo quede en manos de “los de arriba”.
Nosotros no podemos tomar partido por contradecir simplemente a los de arriba, o pretender convencerlos de “su error” como buscan algunas capas medias y sus representantes en el forcejeo interno del PRD, entre sus jefes y algunos grupos pequeño burgueses; eso sería soslayar el papel de las masas, además de ser una empresa inútil que revela la vieja fe en los amos, la creencia en la “imparcialidad” del sistema democrático burgués.
Quedaron atrás las ligerezas con que actuó Fox y su grupo entre septiembre y diciembre del 2003 para imponer aquellas medidas tan necesarias solo a la oligarquía y al imperialismo. Si bien a Fox pueden atribuírseles todas las torpezas del mundo, lo cierto es que ha actuado como buen capitalista, él y sus administradores se han dedicado a sembrar el caos entre los partidos, a acrecentar el descrédito del PRI, el PRD, el PVEM, etc., aún a costa del descrédito propio, se han dedicado a contrarrestar la influencia de los políticos de la misma oligarquía que buscan salidas menos onerosas, pero con las mismas repercusiones, donde no se despeguen de lo sustancial en las privatizaciones, la penetración de capitales, la reforma laboral, el uso de los fondos de pensiones, etc. (como prueba de su aprendizaje está el caso de las reformas a la Ley del IMSS, recientemente aprobadas por la Cámara de Diputados Federales bajo la alianza entre el PAN y el PRI y el respaldo del PVEM y que puede ser aprobada o no en la de Senadores o la exoneración de Luis Echeverría, dependiendo de los enroques hacia el 2006); para este fin, se reúnen, conciertan acuerdos de alcoba, procuran bienquistarse entre los jefes, mantener su vida suntuosa, concederse beneficios mutuos, otorgarse nuevos deberes ante el Estado, rendirse honores, relegar a los agresivos, darse sus agasajos a costa del presupuesto estatal, y muchas cosas más que vemos a diario a través de la prensa sin que nadie de los políticos burgueses se inmute en el fondo de las cosas, aunque algunos simulen cierta inconformidad.
Los foxistas han sembrado nuevas formas del llamado terrorismo de Estado; han roto con las normas burguesas de hacer política; han comprado no solo con sus altos salarios, sino con otras prebendas a las cámaras parlamentarias, hundiéndolas en la corrupción y el adormecimiento comodino. Así también en el seno del pueblo se han dedicado con mucho celo a crear una atmósfera artificiosa de bonanza; a presentarse con una faceta humanista que resulta de lo más falaz y ridículo, pero que atrae a ciertos sectores; a minimizar los grandes problemas; a ridiculizar las protestas populares contra el régimen; a crear una opinión favorable a su política proimperialista. Por esta pendiente el foxismo se ha dedicado a crear una estructura fascista “popular” entre la pequeña burguesía solvente, en torno a problemas que la involucran como el de la seguridad o entre campesinos medios y ricos, con miras a que pueda jugar un papel activo que apuntale sus reformas y sus aspiraciones de grupo burgués para el 2006. Naturalmente, algunas cuestiones entrañan serias dificultades, y no se trata de pedir un deseo para que la oligarquía financiera por ese simple hecho obtenga su gracia, por ello decimos que trabaja con el talento que tienen los grandes explotadores y opresores, que consiste en dividir, calumniar, mentir, engatusar, saquear y sobretodo, en impedir que los de abajo se insubordinen en este juego entre ricos para tragarse a los pobres.
El foxismo está encontrando un punto de apoyo en un sector de la pequeña burguesía dispuesta a todo con tal de no descender en la escala social. Se trata de una capa social que el capitalismo está destruyendo, es una capa que en su estrato superior cree poder restablecer y ascender sus fortunas en el mismo tenor que la gran burguesía, ese estrato está separado del pueblo, no le interesa las causas de la crisis, ni sus responsables, sino la salida que para ella solo pueden conducir los grandes oligarcas. Es un estrato parasitario que espera (y ahora actúa) por que el foxismo se consolide y le asegure algunas migajas. Ese estrato en desesperación, que se engaña y se deja engañar con las promesas de arriba, es la materia prima del fascismo.
Para los manejos del país, el foxismo se ha hecho de grandes recursos provenientes de los fondos del Estado y de los generosos magnates nacionales e internacionales, se ha dedicado a acrecentar los recursos a su disposición para imponer sus reformas, para darle a los imperialistas, una base más segura al neocolonialismo y las posibilidades posteriores de la recolonización.
Cuando la burguesía y sus políticos reputan de noble sus propuestas de reformas, no hacen más que mostrar la más ruin mezquindad a la hora de abordarlas en concreto: impuestos, sustracción de recursos, bajos salarios, miseria, explotación extrema, apropiación de las empresas estatales, etc.
La salida a la crisis que propone la oligarquía financiera es que sus ganancias sigan creciendo a través del arrebato de la mayor parte de los recursos públicos del Estado mexicano. ¡Bien pensada la tienen los magnates y el régimen!
La situación en los marcos de la república y legalidad burguesas, marcha a la componenda entre los partidos burgueses, dirigida por la oligarquía financiera, conducida por décadas de experiencia de la “gran política”, en términos obviamente favorables a los dictámenes de esta oligarquía financiera. El único elemento que puede marcar la diferencia en esto, es la actuación política de la clase obrera, el campesinado pobre y todas las demás capas populares. Estas clases y sectores de clase pueden cambiar el rumbo del país.